Delirios sobre el amor,el enamoramiento, la sexualidad, las relaciones interpersonales, los celos, el equilibrio, las emociones, el deseo, el humor, la imaginación y la conducta humana.
jueves, 27 de octubre de 2022
Breve reseña del libro: Profesorado, cultura y postmodernidad de Hargreaves
Breve reseña del libro: La posmodernidad de Lyotard
miércoles, 26 de octubre de 2022
Breve reseña del libro: La revolución transhumanista de Luc Ferry
Breve reseña del libro: Ortodoxia de Chesterton
sábado, 22 de octubre de 2022
Breve reseña del libro: La suerte moral de Nagel y Williams
Breve reseña del libro: La criminalización del pensamiento de Roitman
martes, 22 de febrero de 2022
¿Cómo combatir la posmodernidad? Realismo Ilustrado: el freno necesario pero no suficiente ante la barbarie posmoderna
Si aceptamos la máxima “el conocimiento nos hará libres”, tres tipos de opresión ahogan esta adquisición de conocimiento y por ende de libertad: la opresión relativista, la opresión neoliberal y la opresión populista. Cada una de ellas está engarzada a un tipo de poder: el poder ideológico-cultural, el poder económico y el poder político, respectivamente. Estos tres tipos de opresiones son reduccionistas ya que conciben la visión del ser humano tan solo desde una parte del prisma. Y no son solo reduccionistas sino utilitaristas y deontológicamente equivocadas. En ellas lo útil o consecuencialista está por encima de lo verdadero o deontológico. Por ejemplo, una máxima del populismo es que el fin justifica los medios. Si tenemos que engañar a la población suscitando emociones para que nos voten, hemos de llevarlo a cabo pues realizamos esta acción por un bien superior: nuestra forma más pura de gobernar; mejor que la del rival. El neoliberalismo es utilitarista. Aboga por la maximización de lo bueno que en este caso es producir y consumir ya que, desde esta perspectiva, es lo que produce riqueza, aunque no se tengan en cuenta otras circunstancias como la destrucción del planeta. El construccionismo social es consecuencialista. Si la biología nos lleva a un modelo más cruel, por ejemplo entre hombres y mujeres, entonces hay que abolir lo biológico, aunque algunas premisas biologicistas puedan estar amparadas por la ciencia. Las consecuencias supuestamente funestas de asumir algunas conclusiones biologicistas están por encima de que estas puedan tener criterio de verdaderas. Se prefiere exterminar una conclusión verdadera si tiene consecuencias negativas para la humanidad (cuando esta supuesta consecuencia negativa pueda ser subjetiva o puramente ideológica). En definitiva, las consecuencias son más importantes que la propia verdad.
La relación de la libertad con el poder puede interpretarse como directa. Como afirmaba Nietzsche: “Se desea la libertad mientras no se tiene aún el poder”. Quien ostenta el poder es quien puede sentirse libre. Siguiendo a Bobbio el poder se manifiesta a través de tres medio: el de las ideas, el de la posesión de la riqueza y el de la posesión de la fuerza. Cada una de estos tres medios de poder se relacionan con tres sistemas, así tenemos:
· El poder de las ideas: la ideología instaurada como sistema cultural.
· El poder de la riqueza: basado en la economía y el sistema económico.
· El poder de la fuerza: este es el sistema político.
Por ello quien acapara estos tres medios de poder es quien posee la hegemonía.
Veamos qué relación tiene cada uno de estos poderes con la posmodernidad. Entendida esta como el pensamiento o poder hegemónico de la actualidad.
El actual sistema cultural se basa en la ideología relativista, constructivista y construccionista. Donde la verdad es relativa y el conocimiento es construido. No hay universales, ya que todo depende del pensamiento individual de cada cual. Algunos afirman que todo es lenguaje, que todo es cultural y construido, por lo que cada región o cultura interpreta la realidad a su manera, nadie está en lo cierto por lo que nadie está equivocado.
El actual sistema económico se centra en la visión neoliberal. Toda acción humana pasa por lo económico. El ser humano es visto desde el modelo de comportamiento denominado como homo economicus. Vivimos para producir y consumir, esto genera prosperidad y bienestar. Los mercados se autorregulan solos y el Estado tiene que velar activamente por abrir el mercado a todos los sectores en nombre de la libertad económica e intervenir lo menos posible. Es activo en cuento a vigilancia para que se cumpla el ideal económico y pasivo ante la autorregulación del mercado.
Por último, el sistema político actual centra su interés en el populismo. El uso de las emociones para motivar al electorado. Estas emociones pueden ir desde la indignación, la rabia, el miedo hasta generar sentimientos de inseguridad (los inmigrantes vienen a quitarnos el trabajo y son peligrosos). No es tan importante pensar como sentir.
¿Cuál es nuestra hipótesis de trabajo? La hipótesis de partida es que la posmodernidad en la que vivimos es producto de estos tres poderes: el relativismo amparado en el constructivismo y construccionismo social, el neoliberalismo económico y el populismo político. Dichos ingredientes son los que conforman el pastel posmoderno. Combatir la posmodernidad es intentar arrebatarle el trono a estos tres medios de poder. Como podemos observar tanto las ideas de cierta izquierda política que se amparan en el relativismo, el constructivismo y el construccionismo social para explicar y describir al ser humano, como las ideas de la derecha política a favor del modelo neoliberal y del populismo que tanto la izquierda como la derecha están utilizando para atraer votantes, es lo que está en tela de juicio. Son pues, tanto ciertas ideas de un sector izquierdista como de gran parte de la derecha lo que fomenta el auge y amparo del pensamiento posmoderno actual. El poder cultural lo ha ido ganando la izquierda a través de inculcar ideas relativistas y construccionistas sociales. El poder económico lo lidera el ala derecha con la penetración del neoliberalismo en todos los aspectos de la vida humana y el populismo que es alentado por ambas posiciones.
Ya la Ilustración procuró la liberación de la sociedad de las manos del poder cultural sacerdotal y religioso, del poder económico feudal y del poder político principesco. Nos alejó de la oscuridad para entrar en la luz de la razón, a través del combate de estos tres medios de poder. En la actualidad la nueva oscuridad se reencarna en esta visión de la vida relativista, amparada en las emociones, la subjetividad y la individualidad competitiva. De la ilustración, volvimos al oscurantismo posmoderno y es ahora cundo hemos de protegernos a través de una nueva Ilustración amparada en el realismo: un nuevo realismo ilustrado. De la lucha contra la cultura religiosa que llevó a cabo la Ilustración, pasamos a la lucha contra la cultura relativista del nuevo realismo ilustrado. De la lucha contra el sistema económico feudal a la lucha contra el neoliberalismo y de la lucha contra la política de príncipes y reyes a la lucha contra el populismo actual.
Este nuevo realismo ilustrado combate el relativismo amparado en la noción de que la verdad no existe con las nociones de realismo especulativo o nuevo realismo de autores como Maurizio Ferraris o Markus Gabriel, entre otros. Combate al sistema neoliberal de crecimiento económico con un sistema de desarrollo económico basado en el modelo GALA de Amartya Sen y escudados en los supuestos del desarrollo sostenible. Y combate el sistema populista de las emociones con una vuelta a reconocer el papel importante de la razón y el pensamiento crítico.
El nuevo realismo ilustrado vuelve a rescatar los universales frente al relativismo. Existe una realidad independiente del sujeto. Atendiendo a algunas de las ideas de Maurizio Ferraris entendemos que la ontología (lo que hay) precede a la epistemología (lo que conocemos). Existe una realidad (existe un lo que hay) y podemos llegar a conocerla, unas veces con más acierto y otras con menos, por lo que la realidad no es una construcción subjetiva sino una entidad objetiva por descubrir. Existe una realidad inemendable que choca con la arbitrariedad, una esfera real independiente de las interpretaciones. En definitiva, lo que está enfrente a nosotros no puede ser corregido o transformado a través del mero recurso a esquemas conceptuales. Hay un mundo externo respecto de nuestra mente, de nuestros esquemas conceptuales. La ontología es inemendable. Es necesaria una vuelta al realismo para contrarrestar el populismo imperante y la pérdida de la razón. El nuevo realismo, parte de la ontología para culminar en epistemología. Lo que hay es real y podemos llegar a conocerlo. Para ello rescatamos supuestos de la biología defenestrados por le consecuencialismo. Hay una débil naturaleza humana. Débil en el sentido de moldeable pero no por ello inexistente.
Si deseamos que el ser humano vuelva a ser libre hemos de ostentar el poder y para ello modificar los modelos ideológicos, económicos y políticos posmodernos. El conocimiento nos conduce a la verdad y esta a la libertad y la luz. Alejémonos de la nueva oscuridad posmoderna a través del realismo ilustrado, pues aunque nunca será la solución definitiva, puede al menos frenar el avance y tornar el péndulo hacia el conocimiento, la deontología y la verdad.
viernes, 2 de abril de 2021
Volver a lo sólido. Contra la posmodernidad y el neoliberalismo. Advertencias a la pedagogía.
Leer al sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman, en obras como “Amor líquido” o “Sobre la educación en un mundo líquido”, es, desde mi punto de vista, vislumbrar una mirada taciturna, una añoranza de lo sólido. La contraposición entre líquido y sólido, es el antagonismo entre las instituciones asentadas y la fragilidad de la verdad. Entre la estabilidad y la inseguridad, entre las relaciones humanas y las conexiones humanas. Ante lo líquido, todo se desmenuza, se parcela, se descompone; la Episteme deja paso a la Doxa, el conocimiento se rinde a la mera opinión, a los eslóganes poco madurados pero fáciles de subsumir. Todos tenemos razón y nadie tiene razón, el “todo vale” se asienta como la única verdad incontestable.
Bauman achaca esta liquidez a los sistemas basados en el individualismo,
en el miedo y en el frio pragmatismo, adjetivos que entroncan con el llamado neoliberalismo. Un sistema basado en el
mercado, para el mercado y por el mercado, donde lo único que importa es crecer
al menos un 3% más que en el balance anterior. Las personas consumen y son
consumidas; la velocidad no deja tiempo a la madurez. Somos hambre, un hambre
incansable que no degusta, sino que devora. Una sociedad de consumo, que como
afirma Alba Rico en su libro “Capitalismo y nihilismo: dialéctica del
hambre y la mirada”, es una sociedad de destrucción generalizada, donde no
hay diferencia entre lo admirable y lo
banal, entre lo bello y lo feo, entre la verdad y la mentira. Desde este ángulo
todo se convierte en una nada hambrienta que nos encamina a la destrucción.
La posmodernidad se alinea con el neoliberalismo. La posmodernidad
le brinda la relativización de la verdad, el “todo vale”. La Razón deja paso a
la emoción, a los populismos, la doxa; todo se deconstruye, deslizándonos, paradójicamente,
hacia un determinismo social basado en el construccionismo social y en el
paradigma constructivista. Desde esta mirada, ontológicamente, la realidad es
construida, no hay nada ahí fuera, todo está dentro de nosotros, todo es
subjetivo. Epistemológicamente, no hay conocimiento ahí fuera, está dentro de
nosotros, nosotros lo construimos, bien sea individualmente (Constructivismo) o
bien socialmente (Construccionismo social). No hay Universales donde
agarrarnos, pues todo es líquido, esponjoso, moldeable. Todo es “psicologicismo”.
La posmodernidad se alinea con el neoliberalismo. No hay verdad,
solo mercado. El nuevo ser humano se despersonaliza, pierde sus referentes,
vaga sin gravedad en un espacio líquido, donde las cosas pierden el
significado, pues son solo consumibles. Hablar hoy de Universales parece cosa
del pasado, de personas encerradas en monasterios; escolásticos trasnochados.
Pero sin Universales donde asentarnos, somos globos de helio que subimos hacia
la nada, para más tarde caer desinflados hacia lo existente, un existente que
ya no reconocemos.
Un Universal, es una idea general
que no desaparece. Yo moriré pero esa idea general permanecerá anclada a
nuestra humanidad, no de manera monolítica, sino revisable, modificable como se
modifican las montañas con el paso del tiempo, pero manteniendo su esencia de “montañedad”.
Un Universal, es aquello que afecta a
todos los individuos, independientemente de la etapa o siglo en el que se viva.
Quizás no haya naturaleza humana, como afirmaba Sartre, sino condición humana, pero para que esta condición humana
sea posible, se necesita de un mínimo de esencia, unos mínimos de
universalidad. Un mínimo exigible para poder entender, para ser realmente
libres, un ancla que no nos hunde sino que nos asienta. Pues con unos pilares
básicos podemos construirnos en y hacia la libertad. La existencia precede a la
esencia pero no la elimina.
La posmodernidad y el neoliberalismo
nos están desgastando, dejando paso a los populismos, a las pedagogías mercantilistas
y relativistas, donde los valores ilustrados quedan tachados de viejas glorias
del pasado, pues ya se venció a la razón. Dos Guerras Mundiales dieron al
traste con el compromiso de la Ilustración y la razón quedó en vergüenza,
relegada y obligada a no volver a abrir la boca.
Hoy tenemos a la emoción como
bandera, tanto en política, como en educación, por poner dos ejemplos. Y aunque
se apela a que emoción y razón son inseparables, indivisibles (Antonio Damasio ha escrito sobre esto),
la tendencia actual es menospreciar la segunda en pos de la primera. No sabemos
mantener el equilibrio, y hoy el subjetivismo emocional devora al objetivismo
racional. Quizás se piense que la balanza estaba desequilibrada a favor de la
razón y que al añadir más peso a la emoción, se produzca una especie de
equilibrio o de “Karma”, pero al hacer esto, lo único que se consigue es un
desajuste en la homeostasis que desequilibra el organismo (educación o la política)
con el despropósito de un posible colapso hacia la radicalidad entendida como extremismo (véase como lo extremo en política
ha ido creciendo, donde la emoción es el fuego y el fundamento que lo aviva).
Pero es tiempo de sobreponerse. La
necesidad de volver a lo sólido nos
impele a enfrentarnos contra los relativismos, los construccionismos y los
constructivismos. Es hora de apelar a un realismo, llamémoslo Ilustrado. Realismo ilustrado, donde la verdad
recobra su estatus. La realidad existe, cambiante pero lo suficientemente
estable como para no sucumbir al hambre enfermizo; una solidez revisable, como por ejemplo, los valores en los que se
asientan los Derechos Humanos. El conocimiento no solo es construido, sino que
permanece ahí fuera. Hay conocimiento y hay realidad, ambas sustentadas en las
ideas ilustradas de Igualdad, Libertad y Fraternidad, que junto a universales
como el Amor, son los escudos y las lanzas con las que enfrentarnos a la “liquidez”
y al “todo vale”. La episteme recobra su fuerza ante la mera doxa, ante el mero
eslogan del que defiende algo sin saber las consecuencias reales.
Los contenidos son tan importantes como los procesos. El que sabe,
tiene el valor y la responsabilidad de enseñar al que desea aprender; el que
aprende tiene que entender que hay conocimientos que merecen la pena conocer
independientemente de su utilidad marcada por el mercado. Conocer es aprender estos universales, que son
el antídoto contra el relativismo y el neoliberalismo. Memorizar es tan importante
como experimentar. Esforzarse es tan importante como aprender divirtiéndonos.
El aprendizaje por deducción es tan importante como por inducción. “Saber” es
tan importante como “saber hacer” y como “saber ser”. La directividad es tan
importante como la afectividad.
La pedagogía no puede olvidar
esto. No puede sucumbir a las modas posmodernas y neoliberales, sino la misma
pedagogía se convierte en una simple moda, vapuleada por los reveses de la innovación
constante, el emprendimiento y lo que dicte la actualidad. No puede olvidar los
pilares que ofrece la filosofía. Pilares sólidos, que ejercen de escudo “antimodas”. La pedagogía actual desea
introducir tanto a la escuela en el barrio, en la comunidad, que la inunda de
mercado, de relativismo. A veces es bueno aislar lo que merece la pena
conservar. Los grandes universales están por encima del barro de las aceras, no
dejemos que ese barro, esas modas, ese mercado, destroce lo que es digno de ser
conservado.
El neoliberalismo, el “turbocapitalismo”,
el constructivismo, el construccionismo social, tienen distintos modos de actuar,
incluso ideologías opuestas (unos defendidos por ideas de derechas y otros por
ideas de izquierdas) pero que consiguen al final promover los mismos resultados,
resultados dañinos para por ejemplo, la educación.
En definitiva, a la pedagogía se
le podría advertir con la frase popular: “ten
cuidado con lo que deseas que se puede cumplir”, pues no es lo mismo lo que
se dice que lo que realmente se está queriendo decir. Al defender ciertas ideas
o paradigmas que creemos que van a nuestro favor, o a favor de toda la humanidad,
posiblemente estemos cometiendo un “delito” contra nuestros propios
pensamientos radicales (de raíz, esenciales, profundos, sin connotación
violenta) e incluso haciéndole un flaco favor a esta humanidad a la que
pretendemos ayudar. Y cuando vean el barco naufragar, siempre se podrá apelar a
que nunca se pudo llevar a cabo tal idea defendida, por las inclemencias provocadas
de los que se oponían. Persistentemente podremos tirar de justificaciones ante
la evidencia del fracaso.
lunes, 8 de marzo de 2021
De íncubos, súcubos y poluciones nocturnas
La sexualidad durante siglos ha sido entendida, por parte de la humanidad, con un cariz oscuro, paranormal y mágico. Que las mujeres pudieran albergar vida dentro de ellas, fue un misterio, que provocó tanto la admiración, como el miedo a lo desconocido. El hombre, quedaba fascinado a la misma vez que aterrado por dicho suceso. A la mujer se la consideraba tanto reina de la naturaleza, como bruja. La desconfianza se cernió sobre ellas; el hombre se sintió inferior y su afán ha sido, durante siglos, el control de la mujer por su capacidad única de albergar vida.
Para contrarrestar dicho
evento, se le dio una importancia esencial y omnipotente
al semen, siendo su composición, la premisa
única de la vida. Se consideró que la mujer solo era un recipiente vacio, que
esperaba al semen del macho para engendrar a un nuevo ser. Este fluido, era la fuerza que daba sentido a
la humanidad, a la creación, dejando a la hembra en un segundo plano, como un mísero receptáculo descontextualizado.
Para muchas tribus, el semen era un producto sagrado, que
no se podía malgastar, pues, su emisión, venia
acompañada de una pérdida de fuerza vital, tal era este desgaste que
podía provocar la muerte, por un desplome de dicha energía. Las nociones
básicas que se transmitían a este respecto eran: “El semen no se malgasta y la mujer es un ser malvado que viene a
desposeernos de energía, sustrayendo el semen para su rejuvenecimiento. Ellos
mueren un poco más por cada emisión y ellas renacen continuamente, apoderándose
y absorbiendo el líquido de la vida”. El
semen, era el protagonista, capaz de dar vida y de desposeerla si se malgastaba
inadecuadamente.
Sexo, poder, control, muerte, magia
y sucesos paranormales, han estado continuamente relacionados durante siglos. Este
es el caso de los íncubos, súcubos y las
poluciones nocturnas.
Los íncubos, eran seres demoníacos macho que aparecían mientras
dormíamos, con el objetivo de mantener relaciones carnales con mujeres humanas y
engendrar vástagos, entrelazando la vida humana y la del averno (el Mago Merlín
era hijo de un íncubo y de una prostituta). Los súcubos son sus homónimos femeninos. Estas surgían para
apropiarse del semen de los hombres, haciéndoles enfermar, pues como hemos
advertido, se apropiaban de este fluido, dejando al ser humano debilitado e
inmóvil.
Las emisiones involuntarias nocturnas
de semen, mientras se está dormido se denominan: poluciones nocturnas. Son emisiones ocasionales que aparecen durante
la adolescencia y que pueden mantenerse en la vida adulta. Surgen por tener
fantasías sexuales mientras dormimos o cuando el hombre pasa cierto periodo de
tiempo sin tener eyaculaciones. La mitología antigua, sobre todo, desde la edad
media, ha relacionado las poluciones
nocturnas al hecho de mantener relaciones sexuales con estos seres demoniacos.
Comprobamos una vez más como, un hecho natural sexual se tiñe de negatividad y
maldad, al reconstruir la realidad biológica con la perversión deshumanizada de ultratumba apocalíptica.
Estos seres, no han aparecido por
excentricidades de alguna cultura maquiavélica concreta, pues resulta, que
estos son mencionados en diversas culturas, apodados, eso si, con otros nombres
(Trauco, Mohán, el Duende, Liderc…) pero con la misma misión sexual: para dar explicación, tanto de las poluciones
nocturnas, como a embarazos no deliberados, puesto que, en este caso, se
concebía por supuestas “infidelidades involuntarias sobrenaturales”.
El ser humano ha divinizado tanto
como “diabolizado” al hecho sexual
humano. Desde el principio de los tiempos, hemos tenido una relación de
amor-odio hacia esta realidad. Somos seres sexuados, el sexo es importante para
nosotros y por ello todas las culturas
durante la historia, han tratado de constreñir
y regular la sexualidad, utilizando, como una de las grandes fuerzas disuasorias,
la mano de un dios (o dioses) que imponía sus reglas subyugadoras para entender
y controlar la necesidad natural humana de sexo. Hoy albergamos una mezcolanza
de tantos tabús añejos que siguen perturbando perjudicialmente nuestras vidas
sexuales. Nos toca desposeer de magia
negra a nuestra transparente, noble y bienintencionada sexualidad humana.
martes, 16 de febrero de 2021
El sexo que nos mató. Sexualidad a cambio de nuestra mortalidad.
El ser humano es un ser finito. Se nos dice desde los comienzos de nuestra vida escolar, que los humanos, como seres vivos que somos: nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Nos reproducimos y morimos. Nos angustia la muerte y la sobrellevamos con la fusión con el otro, con la sexualidad.
Hace miles de años, a ciertas
células, se les ocurrió la maravillosa idea de unirse para adaptarse eficazmente a los entornos y
mantener una vida en común, con el objetivo final de la supervivencia. En ese
momento dejamos de ser asexuales e inmortales. Superamos el mundo de la
clonación y la inmortalidad y elegimos mantener relaciones eróticas, para
incrementar nuestra complejidad y sofisticación como especie. Cada uno de nosotros se convirtió en un
ser único, irremplazable pero mortal. El sexo nos ha vuelto mortales.
Morimos porque un día decidimos mudarnos a seres que se reproducirían por
meiosis, abandonando la clonación, necesitando gametos masculinos y femeninos para
crear un ser nuevo, único pero igual de mortal.
La clonación era la que nos hubiera
otorgado el estatus de inmortales. Un ser que se clona a sí mismo
sobrevive indefinidamente, se crea de
nuevo, es autosuficiente, arcaico e inmortal. Sin embargo pagará el peso de la
simpleza. Nosotros somos sexuados y
complejos y la dote que pagamos a cambio es nacer aprendiendo a aceptar que
vamos a morir. Un aprendizaje que se hace más dulce, gracias a que podemos
fusionarnos con otros seres en sesiones de erotismo y “pequeñas muertes”.
Por lo que, desde el inicio de
nuestra existencia, la sexualidad y la muerte han ido de la
mano. No en vano, en Francia, al orgasmo de la mujer y de algunos hombres se le
conoce como la “petite mort”,
pequeña muerte. Esta sucede cuando justo en el orgasmo y segundos después, uno siente una pérdida de conciencia y queda
totalmente extasiado, una primorosa inexistencia efímera, donde parece costar
volver al cuerpo. En este estado, al que no todos pueden llegar y que se
identifica más con el sexo femenino, parece que sexo y muerte se entrelazan, se
rozan y se sienten como uno. Morimos un poco en cada orgasmo. El orgasmo nos
acerca, por unos instantes, a la visualización inexorable de nuestro futuro inconsciente.
La fusión con el otro nos devuelve las ganas de vivir, de estar
despiertos, de sentir plenamente, podemos huir por momentos de la carrera hacia
el fin. La fusión sexual nos da vida, nos hace olvidar que somos finitos. El
amor y el erotismo son nuestras armas contra la mortalidad, funcionando como
una pastilla placebo que provoca el olvido momentáneo de quiénes somos y de
cuánto podemos llegar a durar conscientes en este mundo.
No obstante, puede que donde más
ganas de vivir se experimente, sea en los lugares donde la muerte está más
cercana o presente, en los tanatorios. La
visión de una muerte real, nos conduce a querer seguir viviendo y será a través
de la sexualidad donde deseemos experimentar que aun estamos vivos, que aun nos
emocionamos. Al salir de un tanatorio,
sentimos la imperiosa necesidad de festejar la vida y lo manifestamos al llegar
a casa y fusionarnos eróticamente con el otro.
miércoles, 10 de febrero de 2021
Don Juan y Casanova. Dos maneras opuestas de seducir.
Si tuviéramos que nombrar dos personajes que encarnan, por excelencia, el arte de la seducción, saldrían de nuestros labios los nombres de Don Juan, mito literario y de Giacomo Casanova, conquistador veneciano del siglo XVIII. Ambos conquistadores, pero con grandes diferencias personales, que nos desvelan los por qué, de esta necesidad de seducción y galantería.
La figura del Don Juan fue creada por Tirso de Molina y recreada, más tarde, por José Zorrilla
en el siglo XIX en su Don Juan Tenorio. Mucho se ha hablado de la personalidad de
este mito literario. Un seductor insaciable, que con dinero y contactos, puede
conquistar a cualquier dama que se le ponga por delante. ¿Pero que encierra
la personalidad de este Don Juan conquistador?
Desde
un punto de vista psicológico, podemos encontrar un Don Juan que nunca está
satisfecho, que detrás de su bravuconería, alegría y altanería, esconde una
mirada triste, un vacío existencial que lo devora. No sabe amar. La vida
trágica de este personaje, es la necesidad de redención a través del amor, un
amor que nunca llega, pues está impedido para esta labor. La necesidad de conquista continua, le lleva a
la soledad, al vacío, no es nadie si no conquista y no es nadie cuando
conquista. Subyace en él, una misoginia ardiente. Cree entender a
las mujeres, pero no entiende al amor. Se enfada, siente rabia, no logra una
estabilidad y odia. Conquista mujeres para abandonarlas, para provocarles, la
misma tristeza que siente él, el mismo vacío interior. Menosprecia al sexo
opuesto, lo infravalora, son objetos a los que amar y no sujetos. Así, el
amor es imposible, pues parte de una premisa errónea: los hombres son
superiores a las mujeres. Una asimetría fatal, que conlleva a su enorme
insatisfacción. No podemos amar a lo que consideramos inferior a nosotros, solo
podemos compadecernos, sentir lástima y ser condescendientes. Don Juan es
víctima de sí mismo.
Para otros autores, imbuidos por las teorías freudianas,
consideran que Don Juan posee una homosexualidad latente. Busca acallar
esta homosexualidad exacerbando la necesidad de conquista, la cual le lleva a
un vacío interno, puesto que continuamente se traiciona así mismo. No es lo que
quiere, pues no es lo que realmente siente. En este caso, la imagen de Don
Juan, prototípica de macho varonil se disipa, dando paso a un Don Juan,
barbilampiño, de gestos más gráciles. Donde el “pelo en el pecho” deja paso a
una juvenil androginia neutral.
Según Justo Fernández López, para Gregorio
Marañón, Don Juan era un hombre incapaz de establecer relaciones
interpersonales, que huía de cualquier compromiso o ligazón, lo que algunos
psicólogos catalogarían como
“compromisofóbico” o filofóbico. Marañón clasifica, también a Don Juan como un
bisexual u homosexual latente.
Lo que nos queda claro, es que la forma de
relacionarse de este personaje, es tóxica, tanto para las damas a las que
conquista, como para sí mismo. La tristeza rodea el mundo interno y externo de
Don Juan. Desde la ciencia, este comportamiento, puede ser visto, como un
miedo profundo al compromiso, atrapado en una misoginia que no le permite
valorar al sexo opuesto desde la igualdad, desde el respeto. La seducción se
torna, en este caso, como un arma para hacer daño, una perversión
emocionalmente suicida, donde nadie sale ganando.
Por su lado, Giacomo Girolamo Casanova,
era otro seductor, en este caso, real, con una personalidad diferente.
Escribió, entre otras obras: “Hstorie de ma vie”, donde relata
sus experiencia amorosas con 122 mujeres. Dos hombres, dedicados a la seducción
pero con grandes diferencias de raíz.
¿Cuáles son estas diferencias notorias entre Don Juan y Casanova? Si para Don Juan, lo importante era la
conquista amorosa, en la que la dama se sentía irremediablemente atraída y
enamorada, donde la sexualidad, jugaba un papel secundario, o incluso
innecesario, en Casanova, la sensualidad y la sexualidad, era uno de los
objetivos buscados. Las mujeres, al ver a Giacomo, sabían qué era lo que este
podía aportarles a sus vidas, sin engaños, desde la honestidad. Sensualidad,
juego, placer, intriga, Casanova era más un niño grande, en el que el mundo
era su mesa de juego, donde investigar, donde correr aventuras, sin la
necesidad del engaño, ni el uso de una seducción traicionera.
Casanova si respeta al sexo opuesto, no miente, seduce desde la honestidad, desea
vivir experiencias eróticas. No hay un doble juego. Sí para Don Juan, cualquier
fémina era válida para ser conquistada, para Casanova cada mujer era distinta,
de las que podía o no enamorarse. No eran objetos, sino sujetos a los que
amar.
Don Juan, buscaba la redención en el amor.
Casanova, disfrutaba de la erótica. Don Juan, no desea sexo, esto le es
superfluo, puesto que el objetivo central era, poder al fin, amar a una mujer. En
Casanova, la sexualidad es vivida de modo placentero, como un objetivo en sí
mismo, sin ambages ni ambigüedades.
En el día a día, podemos encontrarnos muchos Don
Juanes, preocupados por la seducción, desde la visión del otro como objeto
y no como sujeto. Desde una mirada toxica. Pero también podemos cruzarnos con “Casanovas”,
personas juguetonas, honestas, que desean vivir aventuras desde la sinceridad.
Aman de verdad cuando surge el amor y viven una sexualidad placentera y
abierta. Ciertamente, por nuestra salud emocional, será preferible cruzarse con
más “Casanovas” que con Don Juanes.
martes, 2 de febrero de 2021
Andorra, Youtubers y la Verdad, la Libertad, la Justicia y la Belleza
Analicemos la actual polémica de
los Youtubers que se mudan a Andorra por el tema de los impuestos. Pero lo
haremos desde la perspectiva de la Verdad,
la Libertad, la Justicia y la Belleza, con mayúsculas.
Desde el ángulo de la Verdad, nos basaremos en la argumentación razonada. ¿Es una
argumentación razonada el hecho de que un Youtuber exponga que se marcha de
España porque paga más impuestos que en Andorra? Nada nos puede hacer pensar
que esta no es una argumentación racional, no falta a la verdad, es un hecho e
incluso una obviedad. Nada hay que reprochar desde esta visión.
Desde la vertiente de la Libertad, entendida como la
capacidad de tomar decisiones
autónomas, sin estar alienado o coaccionado. Desde este prisma, cada uno es
libre de elegir un destino en el que vivir, trabajar y establecerse. Nada hay
que recriminar desde este enfoque.
Desde el ángulo de la Justicia, entendida como el respeto al cumplimiento de la ley.
Desde este prisma, siempre y cuando se cumplan las condiciones legales, no se
produzca fraude de ley y se tengan en cuenta las premisas que Hacienda y los países
pongan como necesarias para que todo se haga de forma legal, nada hay que
reprobar. La pregunta de si es justo o no que una persona que nace y ha vivido
en España, obtenga ingresos elevados y
prefiera irse a otro país porque allí paga menos impuestos, lo vamos a debatir
desde el siguiente punto de vista. Pues concebimos ahí justicia como moral o
ético (una ética estética, por así decirlo) y la moral puede encuadrarse desde el
ángulo de lo bello como justo.
Desde el prisma de la Belleza, entendida desde dos ángulos:
el de la belleza como fraternidad y el procomún
y desde el ángulo de la estética
(juicio estético). Aquí la situación parece tornarse distinta.
Usando el enfoque de la belleza entendida
como estética o juicio de la estética,
podemos juzgar los actos como atractivos o armónico o disarmónico, estéticamente
hablando (una estética que conlleva una ética. No es estético porque nos invade
un sentimiento de "no ético" ). Salir de tu país para pagar menos impuestos,
sabiendo cual es la función de estos para la sociedad, puede atribuirse este comportamiento como poco estético, poco atractivo y armónico por insolidario
e individualista. Este sería el enfoque más superficial de la Belleza, su lado
estético o políticamente correcto por lo que se le pueden hacer objeciones.
Podemos vislumbrar que uno no tiene que actuar pensando si será políticamente
correcto o no (esa “supuesta” visión ética), pues puede tacharse hasta de
argumento populista. Se podrán aceptar estas objeciones, aunque la sensación de
fealdad y actitud poco ética/estética aún seguirá presente.
La Belleza entendida como fraternidad
y procomún. La Belleza provoca un sentimiento de unión con los demás, pues
nos descubrimos iguales cuando observamos universalmente algo bello. Y no hablamos
de ese parecer propio sino del sentido de Belleza que todos apreciamos ante una
puesta de sol, un monumento, o cualquier otro símbolo que, aunque uno muera (yo
muera), el resto del mundo seguirá observándolo como bello. Yo moriré con mi
percepción propia, pero al morir, la belleza de ese símbolo seguirá intacta
pues el resto de personas seguirán viendo Belleza. Y esa Belleza nos hace
concebirnos como fraternales, todos vemos lo mismo y sentimos lo mismo, vamos
en la misma dirección. Comprendemos, cuando apreciamos lo bello de forma compartida,
que la vida debe entenderse como hermandad, la belleza nos une. Y estamos
unidos por un procomún. El provecho
común de todo lo que tiene de aprovechable (sin un sentido neoliberal de mercancía
que hay que consumir) y disfrutable la cultura y la naturaleza. Es todo aquello
que heredamos, que disfrutamos y que en un momento dado esperamos legar. La
sanidad pública, la educación pública, son dos de esos bienes que se han de
mantener, disfrutar y legar. Los impuestos sirven para mantener este legado.
Son un tributo para mantener este procomún. Es lo opuesto al individualismo,
del sálvese quien pueda, del yo primero. Sin fraternidad, toda ciudadanía queda
coja, pues el sentido de Libertad, Verdad y Justicia, quiebra. De nada sirve
una Justicia sin Belleza, sin Fraternidad. Legislamos para proteger al prójimo.
De nada sirve la Libertad sin Fraternidad, sin Belleza. Somos libres para
disfrutar con los demás de este hecho, sin los demás no puedo ser libre. De
nada sirve la búsqueda de la Verdad sino es en y para con los demás.
Por todo ello, desde la visión de
la Belleza entendida como fraternidad y
procomún, es reprochable la conducta de mudarse a otro país con el objetivo
de pagar menos impuestos. La acción de cada persona repercute en los demás. Es
ingenuo pensar que nuestros actos no causan ningún impacto en los otros y menos
en un mundo tan interconectado. Mudarse para pagar menos impuestos significa
asestar un golpe a la Fraternidad, al procomún, a la Belleza. Y como hemos
dicho, sin Belleza, sin Fraternidad, empobrecemos la Libertad, la Justicia y la Verdad. La humanidad deja de ser tan libre, tan
justa y tan verdadera.
Que te vayas a Andorra significa
que dejas a un lado lo bello, lo fraternal, que poco te importa la Verdad, la
Justicia y la Libertad aunque estés apelando a ellas para justificarte. Dices
la verdad (“pago menos impuestos ahí fuera”), te amparas en lo legal de tus
actos (“no hago nada ilegal”) y apelas a tu libertad (“soy libre de ir a donde
quiera”) pero al mismo tiempo fallas a todas esas premisas pues arruinas tus
actos. Dejando de ser fraternal, te alejas de lo Bello, rompes la misma baraja que
dices estar defendiendo. Nos disparas en el pie y con ello te disparas en el
pie. La pena es que aún no ves que la sangre ya ha empezado a llegar al rio.
Pregúntate, ¿estoy siendo Fraternal con este acto? Si eres honesto, tu
respuesta es la misma que la mía. Pregúntate ¿te importan algo los demás, el
procomún? Buen viaje.
domingo, 24 de enero de 2021
La educación sexual que necesitamos. Guía para el siglo XXI
La educación sexual se ha convertido, para bien o para mal, en un tema recurrente en el momento actual, en el que nuestra sociedad está debatiendo qué elementos han de entrar en el currículo escolar y cuáles hemos de dejar fuera, qué papel juegan las familias en todo esto y qué papel el Estado. Muchas son las opiniones, informada y desinformadas que se lanzan en los distintos medios de comunicación y redes sociales, pero ¿qué entendemos por educación sexual? ¿Qué elementos se trabajan en ella? ¿Cuáles son los perfiles profesionales que deberían encargarse de impartir talleres? ¿Qué educación sexual necesitamos? Vamos a intentar desenmarañar un poco este panorama.
La educación sexual es el proceso educativo que pretende
apoyar al desarrollo integral de las personas a través de la comprensión de que
los seres humanos somos sexuados, tratando de conocernos a nosotros mismos,
nuestro cuerpo, nuestros gustos, nuestros anhelos, como a comprender a los
demás, favoreciendo actitudes erotofílicas, responsables y saludables; este
proceso se ampara en la información científica y los Derechos Humanos y
Sexuales. Veamos a continuación, alguno de estos elementos de forma algo más
detallada.
Desarrollo integral de
las personas. En la
actualidad el objetivo esencial del sistema educativo es que el alumnado
alcance un desarrollo integral óptimo. Esto significa que no solo se muestran contenidos
científicos derivados de la mera instrucción a través de la transmisión de
conocimientos, sino que se tendrán en cuenta otros factores que ayuden a
conformar la personalidad de nuestros jóvenes como son los llamados elementos
transversales, la educación para la salud, la educación en valores. Que en las
escuelas se den todos estos temas es un signo de calidad en la enseñanza y la
educación sexual es uno de estos elementos que ayudan al desarrollo integral
del alumnado por ende, a la calidad de la educación.
Los seres humanos somos
sexuados. Nacemos con
dispositivos sexuales que nos preparan para sentir placer y tener la capacidad
de reproducirnos. Desde el nacimiento, el cerebro se muestra operativo para
experimentar placer. Es una necesidad básica de supervivencia que afectará al
desarrollo posterior. Si desde que nacemos no somos queridos, abrazados,
masajeados, cuidados, nuestro cerebro se resentirá pudiendo afectar a nuestra
vida afectiva, social e intelectual, posterior.
Actitudes erotofílica. Son actitudes que una persona muestra
ante los temas relacionados con la sexualidad. En este caso, estas actitudes
son abiertas en cuanto a la sexualidad, no hay miedo, ni sentimiento de culpa o
rechazo hacia lo sexual, pues esta se vive con naturalidad, curiosidad y de
forma no traumática. Es uno de los
objetivos fundamentales de la educación sexual, pues como asevera la OMS, la
salud sexual es un estado de bienestar físico, mental y social en relación con
la sexualidad y este bienestar se alcana de forma satisfactoria gracias a fomentar
posturas o actitudes erotofílicas.
La
educación sexual se ampara en los Derechos
Humanos y Sexuales, son su timón ético, la guía que protege de la
discriminación, la intolerancia, y que asume la diversidad como un elemento
esencial e inherente al ser humano.
Y
desde los estudios que emanan de la Sexología podemos nutrir de conocimientos
científicos a la educación sexual. Desde los desarrollos filosóficos de Freud,
las investigaciones de Kinsey, Maters y Johnson, hasta los actuales manuales de
Sexología de autores como Francisco Cabello y toda la extensa bibliografía del
Catedrático de Psicología de la Sexualidad, Félix López, tenemos una amplia
gama de estudios que dan cobertura científica a la educación sexual, alejándola
de ideologías, opiniones y creencia particulares.
Por
todo ello, la educación sexual tiene un sentido en nuestro sistema escolar,
pues ayuda al objetivo fundamental del desarrollo integral del alumnado, se
basa en una ética fundamentada en los Derechos Humanos y Sexuales y se nutre de
conocimientos científicos aportados por la Medicina y la Psicología compilados
en una disciplina concreta denominada Sexología.
Lo
temas que abarca la educación sexual son amplios, pero haciendo una síntesis,
un taller de educación sexual no puede olvidar trabajar los siguientes temas:
1.
Diferenciar entre sexo, sexualidad y
erótica. Saber qué es la sexualidad, para qué sirve, mitos y tabúes al
respecto, tanto de la sexualidad como de las relaciones de pareja (mitos del
amor romántico).
2.
Infecciones de transmisión sexual y
métodos anticonceptivos. Siempre trabajados desde un modelo positivo de la
sexualidad. Pues la idea no es de hacerles ver los peligros que entraña la
sexualidad, sino de que sean responsables de su cuerpo y de su salud.
3.
Diversidad afectivo-sexual. Entender
las diferentes manifestaciones de la sexualidad, identidades y orientaciones
desde el respeto a la diversidad.
4.
Igualdad, perspectiva de género y Sexología
sustantiva. Entender que los seres humanos somos tanto biología como
cultura y que estamos indivisiblemente conformados por ambos elementos.
Entender las diferencias entre hombres y mujeres tanto desde el enfoque sexual
como el de género.
5.
Educación emocional. Consiste en
trabajar temas como la resolución de conflictos, el manejo de la presión de
grupo a la hora de iniciar relaciones eróticas, la asertividad y empatía.
6.
Derechos Sexuales y ética de la
sexualidad. Conocer cuáles son los Derechos Sexuales que nos amparan y basar nuestras relaciones en
una ética de los cuidados, de la dignidad, la libertad y la igualdad.
7.
Pensamiento crítico. Esta es la raíz
metodológica de toda educación, que el alumnado alcance un pensamiento crítico
propio, basado en los conocimientos científicos otorgados y la reflexión
personal y grupal. Si no fomentamos el pensamiento crítico, estaremos
cercenando el desarrollo integral.
Podemos
ampliar el abanico de temas a trabajar en este ámbito, pero considero
fundamentales estos puntos para alcanzar una educación sexual de calidad.
En
cuanto a los perfiles profesionales
que han de hacerse cargo de la educación sexual, tenemos que entender que no
todo el mundo está preparado para impartir una charla con las responsabilidades
que conlleva que el alumnado alcance una visión erotofílica de la sexualidad.
Muchos profesores y profesoras nos manifiestan que no saben cómo abordar este tema más allá de
los conocimientos que aparecen en los libros de texto sobre biología humana y
reproducción. Y es una percepción acertada, pues asumir esta responsabilidad
requiere de unos conocimientos concretos que no siempre están disponibles en la
formación inicial y continua del profesorado. Entonces ¿quién ha de hacerse
cargo de este cometido? ¿Qué perfil profesional estamos buscando? Buscamos expertos en sexología con conocimientos
básicos en psicología y medicina, con cierta preparación pedagógica que ilustre
su puesta en escena en el ámbito educativo. Y si fuera posible, con conocimientos
básicos en filosofía, pues esta abre el abanico de las posibilidades, del
pensamiento crítico y del método socrático o mayéutica. Los Máster de Sexología suelen contener una
síntesis multidisciplinar que abarca temas desde la psicología, la medicina y
la pedagogía. Por ello, las personas más
capacitadas para realizar talleres de educación sexual son aquellas que tienen
los conocimientos que puede otorgar un posgrado como el de Sexología.
Así
pues, ¿qué educación sexual necesitamos?
Necesitamos una educación sexual que se fundamente en las investigaciones
científicas sobre el hecho sexual humano y las relaciones interpersonales, que
se ampare en los Derechos Humanos y Sexuales, que fomente la igualdad, la
diversidad, las actitudes erotofílicas, el pensamiento crítico y que promueva
el desarrollo integral del alumnado. Para ello contamos con profesionales de la
Sexología con conocimientos básicos en Medicina, Psicología, Pedagogía (y a
poder ser, Filosofía).
DELIRIOS Y LOCURA
Delirios y otros problemas
Nos movemos incesantemente por sendas incautas, ataques de locura anonimos y vulgaridades encendidas por el alcohol de cualquier cantina.
No vengo a vender nada de valor ni a regalar una sonrisa verdadera, vengo para quedarme sentado mientras tu disfrutas de la ignorancia de los demás.
Vengo para quedarme sentado entre tus historias de a media tarde, para escucharlas, leerlas y enmudecer al ver que todos somos tan parecidos, tan complejamente simples.....
Me siento y te escucho. Sientate y escuchate. Sentemonos a escucharnos.Escuchame si puedes.











