En busca de la comprobación de que el ser humano no es monógamo por naturaleza se han realizado diversos estudios, tanto en etología (comportamiento animal) como en psicología evolutiva y en otras especialidades. Dentro de toda la investigación alcanzada en pro de la poligamia humana se halla un efecto conocido como Efecto Coolidge.
La idea central de este efecto es que los machos de muchas especies mamíferas (y algunas hembras) incrementan el interés sexual cuando aparece una nueva compañera sexual distinta a la habitual.
El nombre de este efecto proviene de Calvin Cary Coolidge, 30º presidente de los EEUU (desde 1923 hasta 1929), el cual visitando una granja avícola con su esposa dio lugar a un chascarrillo, por una ocurrencia aguda.
La esposa del presidente paseaba por la granja avícola, accedió al área de las gallinas, y advirtió que uno de los gallos se apareaba con mucha frecuencia. Le preguntó al encargado por la frecuencia de estos apareamientos, y éste le respondió: «Docenas de veces al día». La Sra. Coolidge dijo: «Cuénteselo al presidente cuando pase por aquí». Tras habérselo contado, Coolidge preguntó: « ¿Con la misma gallina cada vez?». La respuesta fue: «Oh, no, señor Presidente; con una gallina distinta cada vez». Coolidge concluyó: «Cuénteselo a la Sra. Coolidge». (Relato hallado en: http://es.wikipedia.org/wiki/Efecto_Coolidge).
Así tanto machos como algunas hembras muestran un aumento en la disposición sexual cuando tienen cerca una nueva/o compañero sexual. En ratas por ejemplo, una investigación llevada a cabo con estos animales, comprobó que cuando tenían a un macho encerrado con varias hembras en estado de estro, este se apareaba frecuentemente con ellas, hasta que se habituaba y descendía la cantidad de interacciones, pese a que ellas le instaban a más sexo, él exhausto acababa reusando las invitaciones, pero en cuanto le pusieron una nueva hembra distinta a las anteriores, este macho volvió a sentirse vigoroso y realizó el coito con la nueva “amiga de juegos íntimos”.
En humanos ha quedado comprobado que cuando realizamos el acto sexual, en los hombres se produce un periodo refractario del pene tras el orgasmo y la expulsión de semen, pues bien si en este momento refractario se halla una nueva mujer dispuesta al coito, este periodo se acorta o se extingue, para dar paso a una pronta erección y predisposición al acto sexual. Incluso algunas investigaciones han ido más halla y han comprobado que mantener relaciones sexuales con alguien nuevo incrementa la producción de semen. Parece que ante estímulos nuevos nos comportamos más vigorosos y excitados.
De ahí a que surja la cuestión ¿el ser humano al final prefiere la calidad o la cantidad en las relaciones sexuales? Tras lo leído, parece que al menos la mayoría de machos mamíferos prefieren la cantidad, a un nivel biológico e inconsciente, puesto que es su organismo el que les predispone a la variedad sexual. Quizás el ser humano está más cerca de la poligamia que de la monogamia que queda instaurada a nivel social. Pero no por ello debemos convertirnos en infieles para apoyar la causa. Siempre hay soluciones para afrontar la relación en pareja (soluciones monógamas).
Resulta que muchas quejas en la consulta del psicólogo provienen de la disminución de la frecuencia y variedad del acto sexual en la pareja. Pues cuando la pareja amorosa lleva tiempo practicando el acto sexual puede producirse un proceso de habituación-saciación donde la gratificación sexual se reduce con el paso del tiempo, pues la novedad ha expirado entre ambos y se puede agravar si incluso las pautas del acto sexual son repetidas, es decir si siempre practicamos el sexo de la misma forma y en el mismo lugar.
Para solucionar este problema de habituación (y de encaminamiento humano hacia la promiscuidad), debemos aprovechar que los humanos son seres lúdicos e imaginativos por naturaleza, para no habituarnos al sexo monótono en la relación de pareja y realizar el acto sexual con nuestro cónyuge utilizando la imaginación y abstrayéndose de los tabúes y de la educación represiva que tanto daño hace a la renovación de la pareja y por supuesto a la renovación sexual.
Practica el sexo de forma divertida, huyendo de la habituación que sabemos que existe, alejándonos de las pautas monótonas sexuales y acariciando la novedad con experimentos y juegos que nos hagan volver a sentir tan excitados como la primera vez.
Delirios sobre el amor,el enamoramiento, la sexualidad, las relaciones interpersonales, los celos, el equilibrio, las emociones, el deseo, el humor, la imaginación y la conducta humana.
miércoles, 27 de junio de 2012
jueves, 21 de junio de 2012
Sobre el deseo y las relaciones de pareja
El deseo es un sentimiento fundamental para el ser humano y este puede activarse en cualquier momento en nuestra mente, ya sea cuando recordamos eventos, en el trabajo, mientras estudiamos, etc.
Debemos señalar, como afirma Helen Fisher, que deseo y amor romántico son dos elementos distintos, “el deseo y el amor romántico están asociados con distintas constelaciones de regiones cerebrales”. Puede que, en un primer momento, el deseo desencadene en amor romántico (podemos tener sexo con alguien a quien no amamos y acabar sintiéndonos enamorados) o que el amor romántico incorpore al deseo en sus entrañas. Así, el deseo inicial que sentimos por alguien que nos atrae, pueda desembocar en amor, pero también puede haber tipos de amor en los que el deseo esté soslayado y por último, el amor romántico puede desencadenar el deseo, estimulando el impulso sexual.
Lo importante que debe quedar claro es que el deseo y el amor romántico no son lo mismo, puesto que el primero puede formar parte del segundo, siendo este un elemento más complejo que el mero deseo y que este último puede ser el único elemento en el acercamiento de dos personas, que solo sienten un deseo sexual que les atrae (dos personas que no se quieren pero que mantienen una relación sexual provocada por el deseo mutuo).
Y la hormona que nos domina cuando deseamos a alguien es la testosterona. Esta provoca, cuando emana vigorosamente en nuestro cuerpo, una mayor excitación sexual (tanto en hombres como en mujeres).
Los hombres alcanzan sus mayores niveles de deseo sexual y libido cumplidos los veinte años, puesto que en esa etapa sus niveles de testosterona son más elevados. En las mujeres cuando suelen subirle los niveles de testosterona es en el punto más álgido de su ovulación.
La testosterona puede fluctuar según nuestro estado de ánimo y nivel de estrés. Puesto que niveles muy altos de estrés, (por causas laborales, familiares etc.), pueden provocar el descenso de la libido y por otro lado, un estado de estrés mínimo puede causar aburrimiento y pereza, lo que también promueve que la testosterona brille por su ausencia, con la correspondiente baja motivación sexual y carencia de deseo. Los estados depresivos también suprimen el deseo sexual, quedando este incluso en estado comatoso.
La edad y la testosterona también poseen cierta relación. Conforme avanzamos en el transcurso de la vida, nuestros niveles de testosterona suelen descender reduciendo, en algunos casos, el deseo sexual, aunque este hecho parece más acusado en los hombres, puesto que un tanto por ciento (alrededor de un 66% de la población femenina estadounidense) de las mujeres afirman no manifestar una disminución del deseo sexual. Quizás los posibles problemas de impotencia que afectan a los hombres maduros, este detrás de su menor deseo sexual, ya que pueden verse sometidos a una presión en la que su hombría queda en tela de juicio. Pero no todo hombre o mujer mayor manifiesta un deseo sexual bajo debido a las contrariedades de su testosterona, otros factores como una vida sana, alimentación y deporte, pueden beneficiar en la vida sexual, haciendo que los efectos del descenso de la testosterona, sean menos acusados o inapreciables.
Otra sustancia que afecta al deseo sexual es la dopamina. Así pues dopamina y testosterona interaccionan mutuamente para inducirnos un estado de deseo sexual activado. Las situaciones nuevas, como viajar o hacer algo novedoso en pareja, activa la secreción de dopamina, provocando un efecto dominó en el deseo, es por ello que hacer cosas nuevas juntos alimenta la sensación de deseo sexual.
Para Helen Fisher en nuestros cuerpos se produce una conexión entre la química del amor romántico (dopamina) y la química del deseo (testosterona). “Esta conexión química entre el amor romántico y el deseo tiene sentido desde el punto de vista evolutivo. (…), si el amor romántico ha evolucionado para estimular el emparejamiento con otro individuo “especial”, debería estimular también el impulso de practicar el sexo con esta persona amada”.
Pero hombres y mujeres difieren a la hora de sentirse sexualmente estimulados, puesto que les atraen diferentes cosas y en grados distintos. La testosterona se encuentra más elevada en hombres que en mujeres, aunque cuando nos enamoramos estos niveles se equilibran en ambos miembros. Aparece un efecto de armonía en la pareja.
Para Goleman “el deseo asume dos formas diferentes, una masculina y otra femenina”. En los hombres el deseo está dominado por la vía inferior y en las mujeres se conjuga la vía superior con la inferior, es decir no se dejan llevar tanto por la amígdala y sopesan más con quién y cómo sienten deseo.
El sentido que utilizan los hombres, fuente de su deseo, es la visión, mientras que las mujeres se motivan más a través de otros sentidos, como el tacto, el olfato o el oído. Según Goleman: “El cerebro masculino parece disponer de detectores de ciertos aspectos clave del cuerpo femenino, en particular, la ratio pecho-cintura-cadera, un signo de juventud y belleza que, en sí mismo, puede provocar la estimulación sexual del varón”. Por lo tanto el hombre se siente atraído por la juventud, pues esta es síntoma de reproductividad y fertilidad.
Por su lado la mujer se siente atraída hacia ciertos olores corporales de los hombres como ya vimos en el post sobre la atracción y el complejo de histocompatibilidad: Olor corporal y atracción genética. Nos sentimos atraídos por ciertos olores corporales..
Parece ser que al hombre le atrae la visión de una mujer y a esta le atrae el olor del hombre.
En lo que se refiere a fantasías sexuales, según Goleman, las más frecuentes son:
Revivir un encuentro sexual excitante
Imaginar que practicamos sexo con nuestra pareja o con otra persona
Practicar sexo oral
Hacer el amor en algún lugar romántico
Ser irresistible al otro
Verse sometido sexualmente
Imaginar que practicamos sexo con otra persona, mientras lo hacemos con nuestra pareja es más común de lo que se creía (siendo al final cuatro las personas involucradas en el coito, los amantes y las personas imaginadas por estos). Por otro lado las fantasías durante la relación erótica (como imaginar que se hace el amor en otro lugar) están bastante equilibradas entre ambos miembros, produciéndose casi en los mismos porcentajes.
En las mujeres suele haber un componente afectivo a la hora de fantasear sexualmente, pues algunas mujeres incluyen y manifiestan desarrollar un mayor nivel de afecto y compromiso en estas fantasías. Una de las fantasías sexuales que encabeza la lista femenina, es la de ceder y rendirse ante el hombre que desea conquistarla. Para Fisher: “Pero así como en el caso de los hombres la conquista es el argumento principal de la mayoría de estas fantasías, en las ensoñaciones sexuales de las mujeres predomina la rendición activa”.
Se entiende pues que el hombre fantasea con conquistar y la mujer con ser conquistada y dominada. Nada tiene que ver esto con la violación, puesto que es una rendición pactada, con cierto encanto en la dificultad (ponérselo difícil, no imposible), pero que al final la mujer queda rendida a los envites masculinos y se deja poseer. Puede que tanto los factores evolucionistas-biológicos como los sociales marquen el destino de nuestras fantasías.
En definitiva el deseo nos motiva a la acción, al encuentro con el otro, a la búsqueda de la satisfacción sexual (aunque a veces nos conformemos con fantasear e imaginar, sin llevar a cabo el deseo físicamente).
Debemos señalar, como afirma Helen Fisher, que deseo y amor romántico son dos elementos distintos, “el deseo y el amor romántico están asociados con distintas constelaciones de regiones cerebrales”. Puede que, en un primer momento, el deseo desencadene en amor romántico (podemos tener sexo con alguien a quien no amamos y acabar sintiéndonos enamorados) o que el amor romántico incorpore al deseo en sus entrañas. Así, el deseo inicial que sentimos por alguien que nos atrae, pueda desembocar en amor, pero también puede haber tipos de amor en los que el deseo esté soslayado y por último, el amor romántico puede desencadenar el deseo, estimulando el impulso sexual.
Lo importante que debe quedar claro es que el deseo y el amor romántico no son lo mismo, puesto que el primero puede formar parte del segundo, siendo este un elemento más complejo que el mero deseo y que este último puede ser el único elemento en el acercamiento de dos personas, que solo sienten un deseo sexual que les atrae (dos personas que no se quieren pero que mantienen una relación sexual provocada por el deseo mutuo).
Y la hormona que nos domina cuando deseamos a alguien es la testosterona. Esta provoca, cuando emana vigorosamente en nuestro cuerpo, una mayor excitación sexual (tanto en hombres como en mujeres).
Los hombres alcanzan sus mayores niveles de deseo sexual y libido cumplidos los veinte años, puesto que en esa etapa sus niveles de testosterona son más elevados. En las mujeres cuando suelen subirle los niveles de testosterona es en el punto más álgido de su ovulación.
La testosterona puede fluctuar según nuestro estado de ánimo y nivel de estrés. Puesto que niveles muy altos de estrés, (por causas laborales, familiares etc.), pueden provocar el descenso de la libido y por otro lado, un estado de estrés mínimo puede causar aburrimiento y pereza, lo que también promueve que la testosterona brille por su ausencia, con la correspondiente baja motivación sexual y carencia de deseo. Los estados depresivos también suprimen el deseo sexual, quedando este incluso en estado comatoso.
La edad y la testosterona también poseen cierta relación. Conforme avanzamos en el transcurso de la vida, nuestros niveles de testosterona suelen descender reduciendo, en algunos casos, el deseo sexual, aunque este hecho parece más acusado en los hombres, puesto que un tanto por ciento (alrededor de un 66% de la población femenina estadounidense) de las mujeres afirman no manifestar una disminución del deseo sexual. Quizás los posibles problemas de impotencia que afectan a los hombres maduros, este detrás de su menor deseo sexual, ya que pueden verse sometidos a una presión en la que su hombría queda en tela de juicio. Pero no todo hombre o mujer mayor manifiesta un deseo sexual bajo debido a las contrariedades de su testosterona, otros factores como una vida sana, alimentación y deporte, pueden beneficiar en la vida sexual, haciendo que los efectos del descenso de la testosterona, sean menos acusados o inapreciables.
Otra sustancia que afecta al deseo sexual es la dopamina. Así pues dopamina y testosterona interaccionan mutuamente para inducirnos un estado de deseo sexual activado. Las situaciones nuevas, como viajar o hacer algo novedoso en pareja, activa la secreción de dopamina, provocando un efecto dominó en el deseo, es por ello que hacer cosas nuevas juntos alimenta la sensación de deseo sexual.
Para Helen Fisher en nuestros cuerpos se produce una conexión entre la química del amor romántico (dopamina) y la química del deseo (testosterona). “Esta conexión química entre el amor romántico y el deseo tiene sentido desde el punto de vista evolutivo. (…), si el amor romántico ha evolucionado para estimular el emparejamiento con otro individuo “especial”, debería estimular también el impulso de practicar el sexo con esta persona amada”.
Pero hombres y mujeres difieren a la hora de sentirse sexualmente estimulados, puesto que les atraen diferentes cosas y en grados distintos. La testosterona se encuentra más elevada en hombres que en mujeres, aunque cuando nos enamoramos estos niveles se equilibran en ambos miembros. Aparece un efecto de armonía en la pareja.
Para Goleman “el deseo asume dos formas diferentes, una masculina y otra femenina”. En los hombres el deseo está dominado por la vía inferior y en las mujeres se conjuga la vía superior con la inferior, es decir no se dejan llevar tanto por la amígdala y sopesan más con quién y cómo sienten deseo.
El sentido que utilizan los hombres, fuente de su deseo, es la visión, mientras que las mujeres se motivan más a través de otros sentidos, como el tacto, el olfato o el oído. Según Goleman: “El cerebro masculino parece disponer de detectores de ciertos aspectos clave del cuerpo femenino, en particular, la ratio pecho-cintura-cadera, un signo de juventud y belleza que, en sí mismo, puede provocar la estimulación sexual del varón”. Por lo tanto el hombre se siente atraído por la juventud, pues esta es síntoma de reproductividad y fertilidad.
Por su lado la mujer se siente atraída hacia ciertos olores corporales de los hombres como ya vimos en el post sobre la atracción y el complejo de histocompatibilidad: Olor corporal y atracción genética. Nos sentimos atraídos por ciertos olores corporales..
Parece ser que al hombre le atrae la visión de una mujer y a esta le atrae el olor del hombre.
En lo que se refiere a fantasías sexuales, según Goleman, las más frecuentes son:
Revivir un encuentro sexual excitante
Imaginar que practicamos sexo con nuestra pareja o con otra persona
Practicar sexo oral
Hacer el amor en algún lugar romántico
Ser irresistible al otro
Verse sometido sexualmente
Imaginar que practicamos sexo con otra persona, mientras lo hacemos con nuestra pareja es más común de lo que se creía (siendo al final cuatro las personas involucradas en el coito, los amantes y las personas imaginadas por estos). Por otro lado las fantasías durante la relación erótica (como imaginar que se hace el amor en otro lugar) están bastante equilibradas entre ambos miembros, produciéndose casi en los mismos porcentajes.
En las mujeres suele haber un componente afectivo a la hora de fantasear sexualmente, pues algunas mujeres incluyen y manifiestan desarrollar un mayor nivel de afecto y compromiso en estas fantasías. Una de las fantasías sexuales que encabeza la lista femenina, es la de ceder y rendirse ante el hombre que desea conquistarla. Para Fisher: “Pero así como en el caso de los hombres la conquista es el argumento principal de la mayoría de estas fantasías, en las ensoñaciones sexuales de las mujeres predomina la rendición activa”.
Se entiende pues que el hombre fantasea con conquistar y la mujer con ser conquistada y dominada. Nada tiene que ver esto con la violación, puesto que es una rendición pactada, con cierto encanto en la dificultad (ponérselo difícil, no imposible), pero que al final la mujer queda rendida a los envites masculinos y se deja poseer. Puede que tanto los factores evolucionistas-biológicos como los sociales marquen el destino de nuestras fantasías.
En definitiva el deseo nos motiva a la acción, al encuentro con el otro, a la búsqueda de la satisfacción sexual (aunque a veces nos conformemos con fantasear e imaginar, sin llevar a cabo el deseo físicamente).
lunes, 11 de junio de 2012
Creencias erróneas en las relaciones de pareja
Podemos definir distorsión cognitiva como: “Juicio o conclusión que no está de acuerdo o es inconsistente con alguna medida comúnmente aceptada de realidad objetiva, y que, por tanto, se considera erróneo ”. Es un pensamiento erróneo, puesto que no se ajusta a la realidad y que suele causar problemas a las personas que los cometen.
En relación al amor y a las parejas, estas pueden tener unos pensamientos, juicios y creencias erróneas que pueden afectar de forma negativa a la hora de mantener una relación sana, por ello debemos señalar cuáles son las creencias más extendidas para comprenderlas y prevenir su aparición. Cada creencia suele corresponder a una etapa de la vida de la pareja, ya sea al comienzo de la relación, en su etapa madura o en los últimos instantes en la vejez.
A continuación la relación de las creencias erróneas más comunes en las parejas:
Siempre tenemos que estar juntos. Es una creencia típica de las primeras etapas de la relación, al comienzo de esta se tiene la idea equivocada de que la pareja debe hacer todo juntos pues de lo contrario el amor podría desvanecerse. El error fundamental de estar siempre y hacerlo todo con el amado es el empobrecimiento de la relación en conjunto y de cada uno de sus miembros por separado, puesto que ambos solo crecen en una dirección conjunta y unidireccional, excluyendo lo que pueden aprender y crecer cada uno por separado. El aislamiento a parte del empobrecimiento mencionado también provoca que todo lo que ocurre dentro de la pareja quede magnificado (provocándoles un síndrome de “Gran hermanismo” ), polarizándose las conductas entre emociones muy positivas a muy negativas, produciendo continúas turbulencias en la relación. Y a estar todo el tiempo juntos, la pareja puede dejar de reforzar al otro con elogios y pasar al castigo, quedando pendientes únicamente de los errores que comete el amado. Para cambiar las consecuencias de esta creencia, lo ideal sería que la pareja pactara tener tiempo libre para realizar otras actividades por separado y entablar conversaciones con otras personas como amigos y familiares. La relación se enriquece cuando cada miembro realiza actividades por separado, puesto que a la vuelta, cuando vuelven a estar juntos tienen experiencias que contar y actividades que luego pueden realizar con la pareja. Por otro lado no hay nada mejor que echar de menos al amado de vez en cuando, para permanecer juntos con más ganas en el reencuentro.
Debemos estar de acuerdo en todos los temas. Es otra creencia que suele aparecer al principio de la relación. A veces buscamos personas que tengan pensamientos lo más parecido a los nuestros y en los momentos en los que se difiere o se contradice, podemos ponernos a la defensiva y pensar que si no está de acuerdo con nosotros es porque no nos quiere. Al ver a la otra persona como contraria en algunos supuestos y creencias nuestras también puede producirse una lucha de egos, marcada por arrebatar y ganarle el poder al otro en la relación, queriendo tener siempre la razón e intentado que el amado decline y se vuelva sumiso aceptando nuestros pensamientos como los únicos válidos. Es cuando se puede producir la dicotomía de roles Sumisión-Dominancia, tan perjudicial en las relaciones, puesto que ha de percibirse un equilibrio de poder por parte de cada miembro de la pareja. La mejor manera de afrontar esta creencia es que los cónyuges aprendan a dialogar a través de habilidades de comunicación, escucha activa, asertividad, empatía, el empleo de la queja sobre la crítica y hacer buen uso de los pactos y negociaciones ante pensamientos discordantes.
Los objetivos y valores de cada uno no cambian: Se puede dar al comienzo de la relación y en estadios más avanzados. Las personas vamos cambiando a lo largo de nuestro ciclo vital, conforme aprendemos cosas nuevas, nos transformamos, vamos creciendo y nuestros objetivos iniciales y valores se modifican, varían, aparecen, decrecen o desaparecen. Una época nos sentimos más dependientes de la pareja otras necesitamos más espacio teniendo la necesidad de ser más independientes, la relación va continuamente fluctuando, no es una foto fija, por más que muchas veces queramos parar el tiempo en alguna situación concreta donde nos hallamos en conexión completa con nuestro amado. El problema surge cuando existe un desajuste y no hay una reequilibración a este estado de conexión con el amado, no se producen los cambios en la pareja para ambos miembros por igual y uno queda estancado en etapas anteriores y el otro desea avanzar a nuevos estadios. Puede ser muy típico que mientras un amante siga hablando de fantasías y de la belleza del amor el otro ya haya caído en las garras de la realidad y empiece a no comprender las actitudes de su pareja aun enamorada, y quiera de esta, otras cosas y facetas, produciéndose un desajuste y un desentendimiento en las necesidades de ambos. Lo ideal sería trabajar el tema de la comunicación fluida entre los miembros de la pareja, para no acabar en casa con un “extraño” al que ya no reconocemos, poniendo siempre sobre la mesa, nuestros cambios y necesidades intentado entender los cambios y necesidades de nuestro amado para restablecer la conexión y el equilibrio entre ambos. Por otro lado a veces no aceptamos los cambios de opinión de nuestra pareja, cuando el ser humano tiene derecho siempre a rectificar, parece que cuando decimos o exponemos una idea a cerca de algo, debemos casarnos con esa opinión y no podemos rectificar y si se cambia puede verse este hecho como una falta de personalidad del amado, que no tiene las ideas claras y vaga como una veleta cambiando de dirección al azar. Pero las personas tienen derecho a rectificar siempre y no debemos atacar por ello a nuestra pareja, sino comprenderla y valorar su nueva posición a través de una comunicación fluida, los “yo creía que tu pensabas esto y resulta que ahora dices lo otro” son errores probables en las relaciones donde no existe o se ha perdido esta comunicación fluida, puesto que podemos cambiar de parecer sobre las situaciones de la vida y tenemos derecho a ello y para que nuestro amado no se lleve a engaño debemos comunicar nuestras opiniones y cambios, para no producir confusiones en el otro.
El amor se mantiene inalterable a lo largo del tiempo. Como he explicado antes, las relaciones fluctúan a lo largo de su ciclo, se producen continuos equilibrios, desequilibrios y reequilibrios. Se pasa del sentimiento a la razón, del sentir al saber, del enamoramiento al amor, de los cambios en los valores y objetivos de cada miembro de la pareja. Debemos saber que los cambios se producen y que la relación se va transformado y junto con ella, nosotros. Por lo tanto tenemos que intentar siempre el equilibrio a través de la comunicación fluida, la escucha activa, la tolerancia y el respeto mutuo.
El amor es un sentimiento. Creer que el amor es solo ese sentimiento inicial que nos arrebata la razón, es la causante de que tantas parejas se desvanezcan cuando esta sensación disminuye. El amor va más allá de las sensaciones iniciales de la atracción y del enamoramiento. Es un estado que requiere de estabilidad y compromiso para su mantenimiento. Las personas que solo viven el inicio de la relación, puesto que lo que viene después ya no les da la chispa ni la motivación necesaria, nunca conocerán, ni podrán ser responsables de una relación completa y gratificante.
Me conoce y adivina mis necesidades. Esta creencia suele afectar más a las mujeres. Es la creencia de que nuestro amado debe de darnos lo que queremos sin pedirlo, porque al pedirlo se pierde la magia y se produce una paradoja de la espontaneidad , puesto que si pedimos algo creemos que el otro lo hace por obligación y no porque lo desea. Pero la realidad es que los seres humanos no tenemos rayos laser que atraviesan las mentes de nuestros seres queridos y la única manera de saber lo que el otro desea es a través de la comunicación y la expresión de sentimientos y necesidades. Y si bien es cierto que al principio podemos hacer algo por el otro que no es espontaneo, más tarde cuando sabemos lo que le agrada a nuestra pareja podemos funcionar y realizar estas conductas por nosotros mismos, siendo tan espontaneas como deseadas por nuestro ser amado. La comunicación vuelve a ser la clave para prevenir las consecuencias de esta creencia errónea.
Si hay discusiones, no hay amor. Las discusiones en la pareja son comunes, puesto que estamos siempre equilibrando y reequilibrando nuestro estado dentro de ella. Yo distinguiría entre discusión y pelea. La primera es necesaria dentro de la pareja, puesto que se ponen de manifiesto dos posturas enfrentadas en un principio con la finalidad de llegar a un acuerdo, compromiso o solución favorable para ambos, en definitiva la discusión es constructiva y fomenta que la pareja se reequilibre, avance y crezca unida. Por otro lado la pelea tiene un componente negativo, puesto que no se llega a un acuerdo y suele aparecer como signo de poder y de lucha de egos, con la única finalidad de imponer una idea sobre nuestra pareja, es de corte destructivo y fomenta la desilusión y la frustración en ambos miembros, sobre todo si uno de los dos siempre suele ser el que siente que ha perdido (Dominancia-Sumisión). Las personas que discuten para nada están abocadas al fracaso, puesto que las discusiones llevan a buenas conclusiones al respecto de lo que se quiere, se desea y se necesita. Es más peligroso evitar discutir a toda costa ante las circunstancias que sean y sobre los problemas que vayan viniendo, puesto que al final uno puede acabar por no conocer en nada al otro, por la falta de comunicación y la inhibición de la necesidad de expresar sentimientos propios, por mucho que puedan generar una discusión. Siempre se ha de discutir temas polémicos a través de la asertividad y la empatía hacia el otro, buscando la queja justa y huyendo de las críticas perniciosas. En definitiva digamos que la discusión se nutre de quejas objetivas sobre una conducta concreta del amado y la pelea se alimenta de críticas destructivas sobre la personalidad del otro.
El amor de pareja es incondicional . La incondicionalidad tiene un precio, y es que al final damos más de lo que podemos acabar recibiendo. Debe haber un equilibrio pactado entre la pareja sobre la oferta y demanda en el cubrimiento de necesidades mutuo, sino se pueden dar casos de abuso del dominante sobre el sumiso. Estableciendo la premisa de que “si no me das lo que requiero es que me estas dejando de querer o ya no te necesito”. Cada pareja establece lo que está dispuesta a dar y recibir, hay parejas en las que se produce un desequilibrio pero al ser pactado, no se establece una relación insana puesto que ambos miembros están de acuerdo, siempre dentro de unos márgenes de humanidad y salud mental. El amor no ha de ser incondicional, todo debe estar dentro de unos límites aceptados por ambos miembros de la pareja.
Un hijo mejora la relación. Una de las soluciones que proponen ciertas parejas a la hora de mejorar la relación es la de tener un hijo, pues creen que así volverán a poseer un vinculo afectivo más estable y a la vez podrán centrase en el bebé más que en los conflictos que tienen sin resolver y estos se irán disolviendo solos con el amor que les otorgará su nuevo hijo. Pero los problemas sin resolver y el estrés adicional que aparece ante el cuidado que requiere un hijo, provoca que el problema se agrave aun más. Un hijo no es la solución a un conflicto no resuelto, sino un problema añadido.
Puedes transformar a tu pareja en alguien mejor. Se asume que los problemas que acontecen a la relación provienen de conductas insanas o inapropiadas (desde nuestro punto de vista) de nuestras parejas. Caemos en la denominada “Falacia del cambio ”, donde creemos que son los demás los que han de cambiar para conseguir nuestro propio bienestar. Pero por mucho que intentemos cambiar las conductas que nos irritan del otro, estas seguirán produciéndose si no hay un compromiso interno para promover el cambio por parte del amado, nosotros solo podemos sugerir que algo no nos gusta del otro y ver si existe la posibilidad de que nuestra pareja desee cambiarlo, pero no podemos externamente intentar cambiar al otro, puesto que lo único que nos provocará será una frustración superlativa y unas expectativas y creencias erróneas de que el otro está cambiando. Lo ideal es llegar a negociaciones y pactos que afecten por igual a los dos lados de la pareja como un “cambio por cambio”• y mantener el compromiso de cambiar la conducta que el otro no desea. También podemos acostumbrarnos a la personalidad de nuestro amado y dejar de ver como negativas ciertas conductas (siempre dentro de los limites de los derechos, deberes y libertades humanos).
Como hemos podido comprobar, muchas de estas creencias erronas se solventan con una comunicación fluida, donde predomina la asertividad, la empatía, la escucha activa, la mención de nuestros sentimientos y necesidades, la tolerancia y el respeto mutuo. Conocer y dejarnos conocer por el otro es la mejor manera de reconducir situaciones problemáticas que a la larga se pueden enquistar sino se solucionan a través de la comunicación.
En relación al amor y a las parejas, estas pueden tener unos pensamientos, juicios y creencias erróneas que pueden afectar de forma negativa a la hora de mantener una relación sana, por ello debemos señalar cuáles son las creencias más extendidas para comprenderlas y prevenir su aparición. Cada creencia suele corresponder a una etapa de la vida de la pareja, ya sea al comienzo de la relación, en su etapa madura o en los últimos instantes en la vejez.
A continuación la relación de las creencias erróneas más comunes en las parejas:
Siempre tenemos que estar juntos. Es una creencia típica de las primeras etapas de la relación, al comienzo de esta se tiene la idea equivocada de que la pareja debe hacer todo juntos pues de lo contrario el amor podría desvanecerse. El error fundamental de estar siempre y hacerlo todo con el amado es el empobrecimiento de la relación en conjunto y de cada uno de sus miembros por separado, puesto que ambos solo crecen en una dirección conjunta y unidireccional, excluyendo lo que pueden aprender y crecer cada uno por separado. El aislamiento a parte del empobrecimiento mencionado también provoca que todo lo que ocurre dentro de la pareja quede magnificado (provocándoles un síndrome de “Gran hermanismo” ), polarizándose las conductas entre emociones muy positivas a muy negativas, produciendo continúas turbulencias en la relación. Y a estar todo el tiempo juntos, la pareja puede dejar de reforzar al otro con elogios y pasar al castigo, quedando pendientes únicamente de los errores que comete el amado. Para cambiar las consecuencias de esta creencia, lo ideal sería que la pareja pactara tener tiempo libre para realizar otras actividades por separado y entablar conversaciones con otras personas como amigos y familiares. La relación se enriquece cuando cada miembro realiza actividades por separado, puesto que a la vuelta, cuando vuelven a estar juntos tienen experiencias que contar y actividades que luego pueden realizar con la pareja. Por otro lado no hay nada mejor que echar de menos al amado de vez en cuando, para permanecer juntos con más ganas en el reencuentro.
Debemos estar de acuerdo en todos los temas. Es otra creencia que suele aparecer al principio de la relación. A veces buscamos personas que tengan pensamientos lo más parecido a los nuestros y en los momentos en los que se difiere o se contradice, podemos ponernos a la defensiva y pensar que si no está de acuerdo con nosotros es porque no nos quiere. Al ver a la otra persona como contraria en algunos supuestos y creencias nuestras también puede producirse una lucha de egos, marcada por arrebatar y ganarle el poder al otro en la relación, queriendo tener siempre la razón e intentado que el amado decline y se vuelva sumiso aceptando nuestros pensamientos como los únicos válidos. Es cuando se puede producir la dicotomía de roles Sumisión-Dominancia, tan perjudicial en las relaciones, puesto que ha de percibirse un equilibrio de poder por parte de cada miembro de la pareja. La mejor manera de afrontar esta creencia es que los cónyuges aprendan a dialogar a través de habilidades de comunicación, escucha activa, asertividad, empatía, el empleo de la queja sobre la crítica y hacer buen uso de los pactos y negociaciones ante pensamientos discordantes.
Los objetivos y valores de cada uno no cambian: Se puede dar al comienzo de la relación y en estadios más avanzados. Las personas vamos cambiando a lo largo de nuestro ciclo vital, conforme aprendemos cosas nuevas, nos transformamos, vamos creciendo y nuestros objetivos iniciales y valores se modifican, varían, aparecen, decrecen o desaparecen. Una época nos sentimos más dependientes de la pareja otras necesitamos más espacio teniendo la necesidad de ser más independientes, la relación va continuamente fluctuando, no es una foto fija, por más que muchas veces queramos parar el tiempo en alguna situación concreta donde nos hallamos en conexión completa con nuestro amado. El problema surge cuando existe un desajuste y no hay una reequilibración a este estado de conexión con el amado, no se producen los cambios en la pareja para ambos miembros por igual y uno queda estancado en etapas anteriores y el otro desea avanzar a nuevos estadios. Puede ser muy típico que mientras un amante siga hablando de fantasías y de la belleza del amor el otro ya haya caído en las garras de la realidad y empiece a no comprender las actitudes de su pareja aun enamorada, y quiera de esta, otras cosas y facetas, produciéndose un desajuste y un desentendimiento en las necesidades de ambos. Lo ideal sería trabajar el tema de la comunicación fluida entre los miembros de la pareja, para no acabar en casa con un “extraño” al que ya no reconocemos, poniendo siempre sobre la mesa, nuestros cambios y necesidades intentado entender los cambios y necesidades de nuestro amado para restablecer la conexión y el equilibrio entre ambos. Por otro lado a veces no aceptamos los cambios de opinión de nuestra pareja, cuando el ser humano tiene derecho siempre a rectificar, parece que cuando decimos o exponemos una idea a cerca de algo, debemos casarnos con esa opinión y no podemos rectificar y si se cambia puede verse este hecho como una falta de personalidad del amado, que no tiene las ideas claras y vaga como una veleta cambiando de dirección al azar. Pero las personas tienen derecho a rectificar siempre y no debemos atacar por ello a nuestra pareja, sino comprenderla y valorar su nueva posición a través de una comunicación fluida, los “yo creía que tu pensabas esto y resulta que ahora dices lo otro” son errores probables en las relaciones donde no existe o se ha perdido esta comunicación fluida, puesto que podemos cambiar de parecer sobre las situaciones de la vida y tenemos derecho a ello y para que nuestro amado no se lleve a engaño debemos comunicar nuestras opiniones y cambios, para no producir confusiones en el otro.
El amor se mantiene inalterable a lo largo del tiempo. Como he explicado antes, las relaciones fluctúan a lo largo de su ciclo, se producen continuos equilibrios, desequilibrios y reequilibrios. Se pasa del sentimiento a la razón, del sentir al saber, del enamoramiento al amor, de los cambios en los valores y objetivos de cada miembro de la pareja. Debemos saber que los cambios se producen y que la relación se va transformado y junto con ella, nosotros. Por lo tanto tenemos que intentar siempre el equilibrio a través de la comunicación fluida, la escucha activa, la tolerancia y el respeto mutuo.
El amor es un sentimiento. Creer que el amor es solo ese sentimiento inicial que nos arrebata la razón, es la causante de que tantas parejas se desvanezcan cuando esta sensación disminuye. El amor va más allá de las sensaciones iniciales de la atracción y del enamoramiento. Es un estado que requiere de estabilidad y compromiso para su mantenimiento. Las personas que solo viven el inicio de la relación, puesto que lo que viene después ya no les da la chispa ni la motivación necesaria, nunca conocerán, ni podrán ser responsables de una relación completa y gratificante.
Me conoce y adivina mis necesidades. Esta creencia suele afectar más a las mujeres. Es la creencia de que nuestro amado debe de darnos lo que queremos sin pedirlo, porque al pedirlo se pierde la magia y se produce una paradoja de la espontaneidad , puesto que si pedimos algo creemos que el otro lo hace por obligación y no porque lo desea. Pero la realidad es que los seres humanos no tenemos rayos laser que atraviesan las mentes de nuestros seres queridos y la única manera de saber lo que el otro desea es a través de la comunicación y la expresión de sentimientos y necesidades. Y si bien es cierto que al principio podemos hacer algo por el otro que no es espontaneo, más tarde cuando sabemos lo que le agrada a nuestra pareja podemos funcionar y realizar estas conductas por nosotros mismos, siendo tan espontaneas como deseadas por nuestro ser amado. La comunicación vuelve a ser la clave para prevenir las consecuencias de esta creencia errónea.
Si hay discusiones, no hay amor. Las discusiones en la pareja son comunes, puesto que estamos siempre equilibrando y reequilibrando nuestro estado dentro de ella. Yo distinguiría entre discusión y pelea. La primera es necesaria dentro de la pareja, puesto que se ponen de manifiesto dos posturas enfrentadas en un principio con la finalidad de llegar a un acuerdo, compromiso o solución favorable para ambos, en definitiva la discusión es constructiva y fomenta que la pareja se reequilibre, avance y crezca unida. Por otro lado la pelea tiene un componente negativo, puesto que no se llega a un acuerdo y suele aparecer como signo de poder y de lucha de egos, con la única finalidad de imponer una idea sobre nuestra pareja, es de corte destructivo y fomenta la desilusión y la frustración en ambos miembros, sobre todo si uno de los dos siempre suele ser el que siente que ha perdido (Dominancia-Sumisión). Las personas que discuten para nada están abocadas al fracaso, puesto que las discusiones llevan a buenas conclusiones al respecto de lo que se quiere, se desea y se necesita. Es más peligroso evitar discutir a toda costa ante las circunstancias que sean y sobre los problemas que vayan viniendo, puesto que al final uno puede acabar por no conocer en nada al otro, por la falta de comunicación y la inhibición de la necesidad de expresar sentimientos propios, por mucho que puedan generar una discusión. Siempre se ha de discutir temas polémicos a través de la asertividad y la empatía hacia el otro, buscando la queja justa y huyendo de las críticas perniciosas. En definitiva digamos que la discusión se nutre de quejas objetivas sobre una conducta concreta del amado y la pelea se alimenta de críticas destructivas sobre la personalidad del otro.
El amor de pareja es incondicional . La incondicionalidad tiene un precio, y es que al final damos más de lo que podemos acabar recibiendo. Debe haber un equilibrio pactado entre la pareja sobre la oferta y demanda en el cubrimiento de necesidades mutuo, sino se pueden dar casos de abuso del dominante sobre el sumiso. Estableciendo la premisa de que “si no me das lo que requiero es que me estas dejando de querer o ya no te necesito”. Cada pareja establece lo que está dispuesta a dar y recibir, hay parejas en las que se produce un desequilibrio pero al ser pactado, no se establece una relación insana puesto que ambos miembros están de acuerdo, siempre dentro de unos márgenes de humanidad y salud mental. El amor no ha de ser incondicional, todo debe estar dentro de unos límites aceptados por ambos miembros de la pareja.
Un hijo mejora la relación. Una de las soluciones que proponen ciertas parejas a la hora de mejorar la relación es la de tener un hijo, pues creen que así volverán a poseer un vinculo afectivo más estable y a la vez podrán centrase en el bebé más que en los conflictos que tienen sin resolver y estos se irán disolviendo solos con el amor que les otorgará su nuevo hijo. Pero los problemas sin resolver y el estrés adicional que aparece ante el cuidado que requiere un hijo, provoca que el problema se agrave aun más. Un hijo no es la solución a un conflicto no resuelto, sino un problema añadido.
Puedes transformar a tu pareja en alguien mejor. Se asume que los problemas que acontecen a la relación provienen de conductas insanas o inapropiadas (desde nuestro punto de vista) de nuestras parejas. Caemos en la denominada “Falacia del cambio ”, donde creemos que son los demás los que han de cambiar para conseguir nuestro propio bienestar. Pero por mucho que intentemos cambiar las conductas que nos irritan del otro, estas seguirán produciéndose si no hay un compromiso interno para promover el cambio por parte del amado, nosotros solo podemos sugerir que algo no nos gusta del otro y ver si existe la posibilidad de que nuestra pareja desee cambiarlo, pero no podemos externamente intentar cambiar al otro, puesto que lo único que nos provocará será una frustración superlativa y unas expectativas y creencias erróneas de que el otro está cambiando. Lo ideal es llegar a negociaciones y pactos que afecten por igual a los dos lados de la pareja como un “cambio por cambio”• y mantener el compromiso de cambiar la conducta que el otro no desea. También podemos acostumbrarnos a la personalidad de nuestro amado y dejar de ver como negativas ciertas conductas (siempre dentro de los limites de los derechos, deberes y libertades humanos).
Como hemos podido comprobar, muchas de estas creencias erronas se solventan con una comunicación fluida, donde predomina la asertividad, la empatía, la escucha activa, la mención de nuestros sentimientos y necesidades, la tolerancia y el respeto mutuo. Conocer y dejarnos conocer por el otro es la mejor manera de reconducir situaciones problemáticas que a la larga se pueden enquistar sino se solucionan a través de la comunicación.
viernes, 8 de junio de 2012
De la Filofobia a la adicción al amor romántico
Entendamos el enamoramiento y el amor dentro de un continuum, donde el punto medio es el equilibrio y el amor sano, y los extremos se muestran como perturbaciones y trastornos afectivos. En el extremo derecha encontramos la Filofobia y en el de la izquierda, la adicción al amor.
Podemos definir filofobia como un anormal miedo al amor, al enamoramiento y al compromiso. Lo manifiestan personas que se sienten impedidos para enamorase, lo que les comporta un sufrimiento y frustración enorme. La etiología de esta fobia parece de origen ambiental, es decir se aprendió en algún momento de la existencia de la persona, provocando una baja autoestima y un complejo de inferioridad . En la vida adulta los filofóbicos, suelen emprender relaciones tóxicas, o suelen ser ellos los que las intoxican, provocando profecías autocumplidas, puesto que incitan a la pareja con frases destructivas, a finalizar la relación y la pareja acaba cumpliendo la profecía impuesta por el filofóbico. Otras veces se enamoran de personas que no pueden conseguir, amores platónicos (amor no correspondido, que queda en el mero ideal) de los que saben ciertamente que no podrán ser correspondidos.
S. Carter y J. Sokol acuñan un término para describir las personas con miedo al compromiso “compromisofóbicos”, definiendo a estos como personas con un miedo aberrante a comprometerse en una relación amorosa, huyendo de las personas que parecen interesadas en ellos, interesándose por otras personas que también son “compromisofóbicas” , es decir otras personas que tampoco quieran asumir ningún compromiso.
Catalogan varios tipos de “compromisofóbicos”, entre los que podemos encontrar:
Gente programada para ser difícil y critica: gente práctica, del tipo de amor de Lee denominados pragmáticos o amor Pragma, donde se tiene muy en cuenta, de donde proviene el otro, si tiene estudios, de qué tipo de familia procede, cuál es su nivel económico, etc. Pero lo que los diferencia del amor Pragma, es que estas personas solo se fijan en las variables negativas con el propósito de no comprometerse, de no enamorarse.
Gente programada para una comunicación limitada: personas que no expresan sus sentimientos, se cierran en sí mismos, ponen barreras a la comunicación. Parece haber una relación con este tipo de personas y los de apego evitativo. La idea central de estas personas es convertirse en seres estancos, anti-comunicativos, para dificultar así la relación afectiva.
Gente programada para sentirse cómoda con los enfrentamientos: siempre buscan alguna excusa para discutir, su estimulo es la disputa, cualquier situación altera su estado. Posiblemente estas personas aprendieron en la infancia que la mejor manera de afrontar las relaciones era a través del enfrentamiento, este modelo de relación es el que utilizará después con su pareja.
Gente programada para provocar crisis: personas a las que le gustan los dramas, si no ven la vida como monótona y aburrida, sintiéndose vacíos. Suelen relacionarse con gente que también es problemática, ahuyentando a las personas que no son partidarias de los dramas. La crisis se utiliza como canalización para no mantener relaciones íntimas, la idea es huir de la intimidad del otro a través de la crisis.
Gente programada para elegir parejas inaccesibles: se sienten cómodos con otros “compromisofóbicos”. Dos suelen ser los motivos: se sienten entendidos y les resultan familiares estas relaciones. Puede haber un patrón afectivo en la infancia, como un padre inaccesible y áspero que no manifestaba su amor, que provoque la necesidad de buscar en la pareja este patrón de inaccesibilidad.
Gente programada para echarse atrás cuando alguien se acerca demasiado: personas que se agobian con facilidad ante la manifestación de amor de los demás. Hay una probable relación directa con las personas de apego evitativo, pues estas también se agobian ante las manifestaciones amorosas, no queriendo dar ni recibir amor.
Como podemos comprobar parece que se halla una relación comportamental entre los filofóbicos (“compromisofóbicos”) y las personas que tienden a un apego evitativo. Proveniente pues de una vinculación afectiva con padres que tienden a rechazar al niño o que se muestran incómodos expresando sus sentimientos y emociones. Las personas filofóbicas pueden haber sufrido una infancia compleja en cuanto a los sistemas afectivos que la familia utilizaba para interactuar con ellos, una disfuncionalidad que afectará a como ellos verán las relaciones posteriormente, siendo incapaces de tolerar las manifestaciones de amor de sus parejas, huyendo del compromiso que les provoca ansiedad o con distorsiones cognitivas que les llevan a creer que no son buenos para nadie y por ello han de alejarse de los demás, para no decepcionarlos con el tiempo.
Si el sufrimiento por no poder mantener una relación estable llega a estados intolerables, se debe plantear seriamente la consulta con un especialista en relaciones de pareja y terapia familiar, para subsanar el sufrimiento de la persona impedida para mantener relaciones amorosas.
Y no solo tienen problemas las personas que les es imposible mantener una relación, sino que aquellos que dependen de las relaciones también sufren, puesto que se sienten continuamente insatisfechos, con baja autoestima y se infravaloran. Este tipo de personas sufren un trastorno denominado “adicción al amor”.
Podemos definir la adicción al amor como una obsesión incontrolada hacia una persona, relación o romance (enamorados del amor) que dificulta mantener una relación sana y estable, provocando sufrimiento psicológico en la persona que la padece.
Tiene similitud con la dependencia emocional (incluso podemos añadir esta como un subtipo de adicción como veremos más adelante), con la diferencia de que en la adicción al amor se depende de la relación en sí y no de una persona en concreto, por lo que se tiende a repetir con reiteración las mismas conductas independientemente de la personalidad del amado. Los estudios indican que hay una mayor tendencia a que los hombres sean adictos al amor y las mujeres dependientes emocionales.
La adicción al amor deriva de una distorsión de la realidad, provocando un hambre insaciable de poseer al amado y un miedo irrefrenable al abandono, como ocurre en las personas con apego inseguro tipo ambivalente.
Podemos establecer tres tipos distintos de adicción al amor según donde pongamos el centro o el protagonismo del objeto de la adicción:
Adicción sobre una persona: o como hemos comentado antes, dependencia emocional sobre el amado. La persona es incapaz de vivir sin el otro, no puede lograr una independencia.
Adicción a una relación: adicción a la idea de tener una relación, sin importar como es la personalidad del amado, están enamorados de la idea de tener una pareja, una relación, más que de la persona en concreto. La persona a amar se convierte en un ello, la relación que se establece es de yo-ello, por lo que el amado, no es tratado como una persona, sino como un objeto secundario de la pareja, interponiendo la relación sobre las necesidades del otro.
Adicción al romance: búsqueda incasable del romance, de la pasión, del enamoramiento inicial. Estas personas se hallan enamoradas del amor romántico, del chute de emociones que ello le comporta. Búsqueda de la seducción y la conquista por encima de la relación o del otro. Se convierten en depredadores de la pasión. El objeto amado no es relevante sino las sensaciones que le producen, cuando estas se desvanecen cambian de pareja, en busca de nuevas sensaciones, quedan afectados por un síndrome de “Don Juanismo”.
Los tipos de adicciones sobre una persona o relación parecen entablar relación directa con el tipo de apego inseguro ambivalente, donde el miedo al abandono se apodera de ellos y necesitan constantemente manifestaciones de amor, mostrándose celosos y muy susceptibles a los cambios de la pareja, no dejando que tengan una vida independiente. En estos casos se tiene un miedo extremo al abandono y a la soledad, necesitan constantemente al otro o mantener una relación a toda costa, para acallar la sensación de vacío, abandono y soledad. Y como el resto de tipos de apego, la adicción al amor parece entablar sus bases en las relaciones que de niño, el adicto, mantenía con sus vínculos afectivos, teniendo relaciones ambivalentes de amor y rechazo por parte de sus padres, siendo castigados, golpeados, con correspondiente sensación de culpa de los padres y la consecuente manifestación de amor y arrepentimiento, conductas estas azarosas y errantes que provocan en el niño un sentimiento de ambivalencia hacia sus padres. Después estos patrones de conducta los repetirá en la vida adulta, mostrando un miedo intolerable al abandono y la soledad.
Por su lado la adicción al romance, parece encajar mejor en el tipo de apego evitativo, puesto que no se ama a una persona, sino a la sensación que produce la pasión inicial, no requiere de compromiso, no ha de explayarse manifestándose como es, sus sentimientos, solo ha de conquistar, buscando relaciones pasajeras, que nunca culmina, por miedo a las relaciones (compromisofobia).
En definitiva, los extremos del continuo del amor, hacen que la persona sufra, puesto que la sensación de vacío nunca desaparece, mostrándose continuamente frustrados, ya sea a corto o largo plazo, según el tipo de trastorno. Tanto huir patológicamente del amor, como aferrase a él son dos extremos perjudiciales para el ser humano, provocando relaciones tóxicas e infelicidad.
El equilibrio parece seguir siendo la cura de todos los males de la humanidad.
Podemos definir filofobia como un anormal miedo al amor, al enamoramiento y al compromiso. Lo manifiestan personas que se sienten impedidos para enamorase, lo que les comporta un sufrimiento y frustración enorme. La etiología de esta fobia parece de origen ambiental, es decir se aprendió en algún momento de la existencia de la persona, provocando una baja autoestima y un complejo de inferioridad . En la vida adulta los filofóbicos, suelen emprender relaciones tóxicas, o suelen ser ellos los que las intoxican, provocando profecías autocumplidas, puesto que incitan a la pareja con frases destructivas, a finalizar la relación y la pareja acaba cumpliendo la profecía impuesta por el filofóbico. Otras veces se enamoran de personas que no pueden conseguir, amores platónicos (amor no correspondido, que queda en el mero ideal) de los que saben ciertamente que no podrán ser correspondidos.
S. Carter y J. Sokol acuñan un término para describir las personas con miedo al compromiso “compromisofóbicos”, definiendo a estos como personas con un miedo aberrante a comprometerse en una relación amorosa, huyendo de las personas que parecen interesadas en ellos, interesándose por otras personas que también son “compromisofóbicas” , es decir otras personas que tampoco quieran asumir ningún compromiso.
Catalogan varios tipos de “compromisofóbicos”, entre los que podemos encontrar:
Gente programada para ser difícil y critica: gente práctica, del tipo de amor de Lee denominados pragmáticos o amor Pragma, donde se tiene muy en cuenta, de donde proviene el otro, si tiene estudios, de qué tipo de familia procede, cuál es su nivel económico, etc. Pero lo que los diferencia del amor Pragma, es que estas personas solo se fijan en las variables negativas con el propósito de no comprometerse, de no enamorarse.
Gente programada para una comunicación limitada: personas que no expresan sus sentimientos, se cierran en sí mismos, ponen barreras a la comunicación. Parece haber una relación con este tipo de personas y los de apego evitativo. La idea central de estas personas es convertirse en seres estancos, anti-comunicativos, para dificultar así la relación afectiva.
Gente programada para sentirse cómoda con los enfrentamientos: siempre buscan alguna excusa para discutir, su estimulo es la disputa, cualquier situación altera su estado. Posiblemente estas personas aprendieron en la infancia que la mejor manera de afrontar las relaciones era a través del enfrentamiento, este modelo de relación es el que utilizará después con su pareja.
Gente programada para provocar crisis: personas a las que le gustan los dramas, si no ven la vida como monótona y aburrida, sintiéndose vacíos. Suelen relacionarse con gente que también es problemática, ahuyentando a las personas que no son partidarias de los dramas. La crisis se utiliza como canalización para no mantener relaciones íntimas, la idea es huir de la intimidad del otro a través de la crisis.
Gente programada para elegir parejas inaccesibles: se sienten cómodos con otros “compromisofóbicos”. Dos suelen ser los motivos: se sienten entendidos y les resultan familiares estas relaciones. Puede haber un patrón afectivo en la infancia, como un padre inaccesible y áspero que no manifestaba su amor, que provoque la necesidad de buscar en la pareja este patrón de inaccesibilidad.
Gente programada para echarse atrás cuando alguien se acerca demasiado: personas que se agobian con facilidad ante la manifestación de amor de los demás. Hay una probable relación directa con las personas de apego evitativo, pues estas también se agobian ante las manifestaciones amorosas, no queriendo dar ni recibir amor.
Como podemos comprobar parece que se halla una relación comportamental entre los filofóbicos (“compromisofóbicos”) y las personas que tienden a un apego evitativo. Proveniente pues de una vinculación afectiva con padres que tienden a rechazar al niño o que se muestran incómodos expresando sus sentimientos y emociones. Las personas filofóbicas pueden haber sufrido una infancia compleja en cuanto a los sistemas afectivos que la familia utilizaba para interactuar con ellos, una disfuncionalidad que afectará a como ellos verán las relaciones posteriormente, siendo incapaces de tolerar las manifestaciones de amor de sus parejas, huyendo del compromiso que les provoca ansiedad o con distorsiones cognitivas que les llevan a creer que no son buenos para nadie y por ello han de alejarse de los demás, para no decepcionarlos con el tiempo.
Si el sufrimiento por no poder mantener una relación estable llega a estados intolerables, se debe plantear seriamente la consulta con un especialista en relaciones de pareja y terapia familiar, para subsanar el sufrimiento de la persona impedida para mantener relaciones amorosas.
Y no solo tienen problemas las personas que les es imposible mantener una relación, sino que aquellos que dependen de las relaciones también sufren, puesto que se sienten continuamente insatisfechos, con baja autoestima y se infravaloran. Este tipo de personas sufren un trastorno denominado “adicción al amor”.
Podemos definir la adicción al amor como una obsesión incontrolada hacia una persona, relación o romance (enamorados del amor) que dificulta mantener una relación sana y estable, provocando sufrimiento psicológico en la persona que la padece.
Tiene similitud con la dependencia emocional (incluso podemos añadir esta como un subtipo de adicción como veremos más adelante), con la diferencia de que en la adicción al amor se depende de la relación en sí y no de una persona en concreto, por lo que se tiende a repetir con reiteración las mismas conductas independientemente de la personalidad del amado. Los estudios indican que hay una mayor tendencia a que los hombres sean adictos al amor y las mujeres dependientes emocionales.
La adicción al amor deriva de una distorsión de la realidad, provocando un hambre insaciable de poseer al amado y un miedo irrefrenable al abandono, como ocurre en las personas con apego inseguro tipo ambivalente.
Podemos establecer tres tipos distintos de adicción al amor según donde pongamos el centro o el protagonismo del objeto de la adicción:
Adicción sobre una persona: o como hemos comentado antes, dependencia emocional sobre el amado. La persona es incapaz de vivir sin el otro, no puede lograr una independencia.
Adicción a una relación: adicción a la idea de tener una relación, sin importar como es la personalidad del amado, están enamorados de la idea de tener una pareja, una relación, más que de la persona en concreto. La persona a amar se convierte en un ello, la relación que se establece es de yo-ello, por lo que el amado, no es tratado como una persona, sino como un objeto secundario de la pareja, interponiendo la relación sobre las necesidades del otro.
Adicción al romance: búsqueda incasable del romance, de la pasión, del enamoramiento inicial. Estas personas se hallan enamoradas del amor romántico, del chute de emociones que ello le comporta. Búsqueda de la seducción y la conquista por encima de la relación o del otro. Se convierten en depredadores de la pasión. El objeto amado no es relevante sino las sensaciones que le producen, cuando estas se desvanecen cambian de pareja, en busca de nuevas sensaciones, quedan afectados por un síndrome de “Don Juanismo”.
Los tipos de adicciones sobre una persona o relación parecen entablar relación directa con el tipo de apego inseguro ambivalente, donde el miedo al abandono se apodera de ellos y necesitan constantemente manifestaciones de amor, mostrándose celosos y muy susceptibles a los cambios de la pareja, no dejando que tengan una vida independiente. En estos casos se tiene un miedo extremo al abandono y a la soledad, necesitan constantemente al otro o mantener una relación a toda costa, para acallar la sensación de vacío, abandono y soledad. Y como el resto de tipos de apego, la adicción al amor parece entablar sus bases en las relaciones que de niño, el adicto, mantenía con sus vínculos afectivos, teniendo relaciones ambivalentes de amor y rechazo por parte de sus padres, siendo castigados, golpeados, con correspondiente sensación de culpa de los padres y la consecuente manifestación de amor y arrepentimiento, conductas estas azarosas y errantes que provocan en el niño un sentimiento de ambivalencia hacia sus padres. Después estos patrones de conducta los repetirá en la vida adulta, mostrando un miedo intolerable al abandono y la soledad.
Por su lado la adicción al romance, parece encajar mejor en el tipo de apego evitativo, puesto que no se ama a una persona, sino a la sensación que produce la pasión inicial, no requiere de compromiso, no ha de explayarse manifestándose como es, sus sentimientos, solo ha de conquistar, buscando relaciones pasajeras, que nunca culmina, por miedo a las relaciones (compromisofobia).
En definitiva, los extremos del continuo del amor, hacen que la persona sufra, puesto que la sensación de vacío nunca desaparece, mostrándose continuamente frustrados, ya sea a corto o largo plazo, según el tipo de trastorno. Tanto huir patológicamente del amor, como aferrase a él son dos extremos perjudiciales para el ser humano, provocando relaciones tóxicas e infelicidad.
El equilibrio parece seguir siendo la cura de todos los males de la humanidad.
sábado, 2 de junio de 2012
Tipos de apego y su relación con el amor
El apego es la manera que tenemos los seres humanos para mantener un vinculo especial con otro ser humano. Se puede definir este como una vinculación afectiva entre dos seres humanos, con la que se proporcionan cuidados, protección y atención empática e incorpora componentes sociales, emocionales, cognitivos y conductuales. Dos son los momentos clave, en la historia evolutiva de una persona, en los que aparece esta vinculación, con la diferencia básica de que el primer apego es asimétrico y el segundo simétrico (o al menos tiende a la simetría), estos dos momentos son: en la infancia, vinculación afectiva madre-hijo y posteriormente en la adultez, con una vinculación afectiva de pareja.
El primer autor que habló de esta vinculación afectiva en la infancia fue el psicoanalista inglés John Bowlby, el cual estableció su “Teoría del Apego”, donde formuló que los seres humanos han desarrollado un sistema innato del apego, integrado este por unas conductas y respuestas fisiológicas específicas. Como afirma el propio Bowlby: “Un niño que sabe que su figura de apego es accesible y sensible a sus demandas les da un fuerte y penetrante sentimiento de seguridad, y la alimenta a valorar y continuar la relación” .
Más tarde Mary Ainsworth, discípula de Bowlby, estableció tres tipos de vinculación afectiva derivados de sus investigaciones con niños de Uganda, caracterizados por unos patrones de conducta particulares en la relación que mantenían madre e hijo.
Y teniendo en cuenta las ideas de Bowlby y de Ainsworth, los psicólogos P. Shaver y C. Hazan, han aplicado estos conocimientos en el mundo adulto, en el segundo tipo de vinculación humana: el amor y la relación de pareja, donde la vinculación obtenida en la infancia cobrará un papel fundamental en el estilo de amar del adulto, manteniendo los mismos patrones afectivos.
Vamos en primer lugar a esbozar y entender los hallazgos de Mary Ainsworth, pues son la base de la investigación que nutrirá las teorías en el amor adulto de P. Shaver y C. Hazan.
Mary Ainsworth estableció tres tipos de vinculación afectiva o apego, según si la ansiedad se adueñaba de la relación que los niños mantenían o no. Estos tres tipos de apego son los siguientes:
Apego seguro: estos niños cuando están con su madre, se acercan y se alejan de ella explorando el entorno. Son niños que suelen cooperar y muestran poca agresividad. La relación con los padres suele ser íntima y relajada. Cuando la madre se aleja, ellos confían en que esta volverá.
Apego inseguro evitativo: Cuando está con la madre el niño juega sin incluirla a ella, pues se muestra indiferente o evasivo. La separación le es indiferente, ya que rara vez llora cuando la madre se aleja y cuando vuelve, no la mira, evitándola. La relación con los padres es baja, con tendencia a ignorarlos.
Apego inseguro ambivalente: Cuando esta la madre se relaciona poco con ella y si lo hace es de forma ambivalente (aproximación y rechazo). No desea separarse de la madre, pero cuando se separan el niño llora constantemente, no parece tener consuelo, aunque cuando la madre vuelve este se acerca pero puede castigarla, chillándole, buscan su contacto a la misma vez que la rechazan. Son dependientes y tienen falta de autonomía.
Más tarde se añadió otro tipo de vinculación para hijos de madres depresivas o alcohólicas, donde la vida familiar suele estar desestructurada:
Apego desorganizado: muestran comportamientos contradictorios e inconsistentes. Movimientos repetitivos de balanceo o posturas extravagantes. Pueden manifestar miedo a los padres.
Con lo visto hasta el momento, podemos valorar la importancia que cobra la educación y el estilo afectivo que los padres mantendrán con sus hijos, pues estos quedaran influenciados y sus esquemas cerebrales impregnados con el afecto recibido por ellos. También es cierto que el ser humano parte con un estilo de apego inicial, aunque como manifiesta la corriente epigeneticista, partimos de unas conductas de corte genético, pero que son modificadas por las experiencias que vivimos, gracias a la plasticidad neuronal que poseemos, es decir, comenzamos con una base genética que es modificada por el ambiente y las experiencias vividas en él, el niño podría tener una tendencia innata a un apego seguro, pero el cuidado ambivalente de los padres podría producir en este un apego inseguro ambivalente. Aunque para autores como Goleman, el apego no parece deberse a la genética, sino que es aprendido desde la infancia.
Como manifiesta Sternberg “cuanto más unida haya sido la familia de una persona, mejor resulta ésta como miembro de una pareja en una relación íntima (…) para que una persona se enamore con éxito, necesita buenos modelos”. Aunque en estos casos también existen los opuestos con la intención de no repetir conductas que rechazamos de nuestros padres, por ejemplo, un hombre que de pequeño vivió el rechazo de su madre, puede este luchar contra el apego que mantenían, intentando hacer lo contrario de lo que vivió en la infancia, siendo atento con su hijo. Pero la tendencia es repetir el patrón de conducta aprendido en la infancia, sabiendo que este puede ser modificado con la experiencia.
Así las conductas de los padres con respecto al afecto mostrado a su hijo, se pueden clasificar de la siguiente manera: Padres seguros, Padres evitativos, Padres ambivalentes, Padres desorganizados.
Según el estilo que los padres tengan sobre el hijo, este afectara posteriormente en como el hijo se comportará con los demás de adulto, cuando mantenga una relación amorosa.
Serian Shaver y Hazan quienes estudiarían los vínculos afectivos de apego en adultos, en las relaciones amorosas, basándose en el concepto de apego de Bowlby y las investigaciones de Ainsworth.
Para ambos psicólogos, los enamorados románticos tienden a adoptar uno de los estilos de apego vistos, en la relación, proviniendo este, en mayor grado, de la vinculación que obtuvo con su madre. Por lo que se puede hacer una clasificación de los estilos en la forma de amar en adultos:
Enamorados seguros: facilidad para acercarse a los otros. La dependencia no les preocupa. No tienen preocupaciones por el abandono de la pareja, no se muestran celosos y no les afecta la proximidad excesiva del amado. Se muestran tanto íntimos como autónomos. Mantienen relaciones felices y confiadas con sus parejas. Expresan abiertamente sus preocupaciones y solucionan sus conflictos de manera constructiva, sin rencor. Creen en la durabilidad del amor romántico. Se muestran interdependientes en la relación. Dan por sentado que su pareja se hallará presente en los momentos difíciles y angustiosos, como ellos lo harán en su caso. Se consideran merecedores de respeto, afecto e interés, y también creen que los demás son amables y accesibles. Sus relaciones son próximas y confiadas. Se establece una conexión adecuada entre la vía cerebral superior y la inferior, hallándose un equilibrio entre ambas que favorecen el clima emocional adecuado en la relación de pareja.
Enamorados esquivos: se sienten incómodos con la proximidad de otras personas, no confían en los demás fácilmente, no quieren depender de nadie. Suelen sentir que sus compañeros desean más afecto del que pueden dar y que los otros dan más de lo que desea recibir. No confían en que el amor romántico perdure. Necesitan ser independientes y autosuficientes. Ante la ansiedad buscan menos apoyo que sus parejas y tampoco ayudan a estas cuando están tensas y ansiosas. Huyen de la intimidad por miedo al rechazo. Reprimen sus emociones y sus sentimientos de angustia y ante esta actúan intentando solucionarla por ellos mismos, sin la ayuda de nadie. Pueden tender hacia la filofobia (miedo extremo al amor). Parece que hay una preponderancia en el uso de la vía superior sobre la inferior, no dejando y restringiendo las emociones primitivas a la mínima expresión.
Podemos encontrar dos tipos de evasivos:
a) Estilo temeroso: vive el temor al rechazo con una alta ansiedad y temen que sus parejas les hagan daño.
b) Estilo devaluador: estos intentan mantener una sensación de autosuficiencia e independencia, con lo que mantienen un nivel bajo de ansiedad.
Enamorados ambivalentes: desean proximidad continua y creen que los demás se resisten a esta proximidad. Temen por el abandono de la pareja, se muestran celosos y creen que el otro no les ama realmente, necesitan continuas muestras de amor. Se debaten entre el amor-odio. Sus emociones son intensas, más celos, más pasión y mayor deseo de fundirse con el otro. Sienten más rabia y hostilidad hacia sus parejas después de un conflicto. Pueden provocar el alejamiento de su pareja por una profecía autocumplida al creer que el otro no le ama lo suficiente incentivando al amado a comportarse así. Son personas propensas a la “adicción al amor”, siendo muy dependientes emocionalmente hablando. Ante la angustia, sienten la necesidad imperiosa de depender de los demás. Podríamos entender que es la vía inferior la que domina la situación comportamental en estas personas, bloqueando a la vía superior en momentos de angustia. Son el grupo que más baja tiene la autoestima y los más propensos al maltrato y la psicopatología.
Queda claro que las relaciones donde mora el equilibrio, donde se produce una mayor estabilidad y donde se establecen las relaciones más sanas son ante estilos de apego seguro. Incluso cuando un miembro de la pareja es de tipo seguro y el otro no, este puede modificar la conducta de aquel, volviéndolo más confiado y seguro, pues esta vinculación puede modificarse, por el aprendizaje de patrones más adaptativos y estables. Y es que el tiempo puede modificar nuestro estilo de apego, haciendo que la pareja se vuelva más similar, tendiendo a un equilibrio interno (si este no se produce, la pareja puede verse envuelta en conflictos insolubles con la posibilidad de ruptura).El aprendizaje y la experiencia modifican nuestros estilos y podemos pasar de seguros a inseguros y viceversa. Por otro lado estos tres tipos de apego están expresados de forma estanca, es decir, se han puesto sus características más reconocibles, pero los seres humanos no solemos ser así de concretos y podemos diferir en cuanto al grado de permanencia en un estilo de apego. Una persona no suele ser 100% evitativo, quizás también tenga partes de los otros tipos de apego, aunque tenga una tendencia mayor a un tipo concreto. Debemos pues, evaluar en grados nuestro tipo de vinculación sabiendo que quizás poseamos un poco de cada y una tendencia mayor a uno concreto.
En definitiva, la finalidad del apego es doble, por un lado nos proporciona consuelo y por otro cobijo y ambos se dan en las relaciones sanas con apego seguro. Cuando vamos al rescate emocional de nuestra pareja, cuando ella tiene una dificultad y le proporcionamos seguridad, además de conseguir que mantenga su autoestima alta, estaremos fomentando una relación sana, y nuestra pareja podrá avanzar en el transcurso de su vida, apoyado por nosotros y conseguirá emprender tanto grandes como pequeñas hazañas. Como afirma Bowlby, cuanto mayor sea la protección y seguridad que nos brinda nuestra pareja, más lejos podrá llegar nuestra exploración del mundo. Al contrario, cuanto más controladores e intrusivos seamos con las conductas de nuestro amado, menos oportunidad le daremos de crecer, volviéndose inseguro y deprimido, a causa de nuestros intentos de control. Los estilos de apego ansiosos, no ayudan a generar confianza, seguridad y consuelo, puesto que a los ambivalentes les resulta difícil dejar el espacio de libertad que la pareja necesita y los evitativos no cumplen la función de rescatar a su pareja en momentos emocionales tensos y no pueden proporcionar un refugio seguro.
Y por ello se hace tan importante saber a qué tendemos nosotros y cuál es el estilo de nuestra pareja. Sabiendo que vinculación afectiva poseen ambos miembros de la pareja podemos atajar las desventajas de estos y centrarnos en sus ventajas, alcanzando un mayor conocimiento de mostros mismos y de nuestros amados, para una mejora de la felicidad conyugal o de pareja.
Por último, nos interesaremos por la base biológica del apego y como este influye sobre la pasión y el deseo.
Para Sternberg “la disminución de la pasión puede ser interpretada como el desarrollo de un apego de creciente seguridad, con su consecuente reducción de la incertidumbre”, se plantea aquí la idea de que el apego puede intervenir sobre la pasión, disminuyéndola, pues a mayor apego seguro menor pasión, puesto que ya no hay una lucha ocasionada por la incertidumbre inicial de toda relación.
Y esto tiene que ver en cómo se comporta nuestro cerebro cuando mantiene un vinculo afectivo, pues según afirma Goleman: “cada uno de esos tres estilos refleja diferencias concretas en los circuitos del sistema cerebral del apego”. En cada tipo de apego se pone de manifiesto la utilización de una parte de nuestro sistema cerebral, “las mujeres seguras activan fácilmente el interruptor neuronal del área orbitofrontal que sosiega la inquietud generada por el lóbulo temporal anterior” (Goleman en Inteligencia Social). Los evasivos por su lado parecen mantener una distancia protectora de sus sentimientos perturbadores en detrimento de la conexión emocional.
Podríamos relacionar los tipos de vías cerebrales (estudiados anteriormente) con los tipos de apego, así las personas con apego seguro parecen equilibrar las dos vías sacando el mejor partido de cada una de ellas, los evasivos parece que muestran una preferencia por la vía superior, evitando dejarse llevar por las emociones y procurando ser lo más independientes posibles y en contra los ambivalentes parecen preferir la vía inferior, dejándose llevar por los arrebatos pasionales que la amígdala provoca.
Para Helen Fisher nuestros estados de apego se relacionan a ciertas sustancias que librea nuestro organismo: “La naturaleza, pues ha dotado a los mamíferos de una sustancia química para que desarrollen el instinto paternal: la vasopresina”. Parece que esta sustancia es la encargada de conseguir que el hombre quede aferrado a su pareja y que la relación no acabe en un simple encuentros sexual y que este a su vez sea capaz de cuidar a su descendencia.
La otra sustancia que juega un papel decisivo en el apego es la oxcitosina. Esta se fabrica en el hipotálamo, en ovarios y testículos. Esta hormona se libera en el parto y estimula la unión entre madre e hijo y parece estar asociada también al vínculo de apego entre los padres. Se segrega también en dos momentos clave, durante la estimulación de los genitales y pezones y durante el orgasmo. Tanto la oxcitosina como la vasopresina contribuyen a la sensación de fusión, de cercanía y en consecuencia de apego después de disfrutar de una relación sexual.
Pero parece que la química del apego suele socavar a la química del deseo, en palabras de Fisher: “En algunos casos, la dopamina y la norepinefrina pueden estimular la liberación de oxcitosina y vasopresina y contribuir de este modo a aumentar nuestro sentimiento de apego. Pero el aumento de los niveles de oxcitosina (…) puede interferir también en la actividad de la dopamina y norepinefrina en el cerebro, disminuyendo el impacto de esas sustancias excitantes. De ahí que la química del apego puede sofocar la química del amor”.
Podríamos concluir, que dos personas comienzan enamorándose, con el consecuente aluvión de DA y NE , conforme va pasando el tiempo el vinculo afectivo de apego va creciendo, entrando en juego la oxcitosina y la vasopresina, disminuyendo la pasión (como hemos visto), pasando del enamoramiento al amor (menor pasión puesto que las sustancias comentadas se solapan y las del apego emergen en contraposición a las de la pasión). Una vez más podemos confirmar que enamoramiento y amor son dos sucesos de un mismo continuo pero diferentes tanto en su composición química como en sus efectos conductuales.
El primer autor que habló de esta vinculación afectiva en la infancia fue el psicoanalista inglés John Bowlby, el cual estableció su “Teoría del Apego”, donde formuló que los seres humanos han desarrollado un sistema innato del apego, integrado este por unas conductas y respuestas fisiológicas específicas. Como afirma el propio Bowlby: “Un niño que sabe que su figura de apego es accesible y sensible a sus demandas les da un fuerte y penetrante sentimiento de seguridad, y la alimenta a valorar y continuar la relación” .
Más tarde Mary Ainsworth, discípula de Bowlby, estableció tres tipos de vinculación afectiva derivados de sus investigaciones con niños de Uganda, caracterizados por unos patrones de conducta particulares en la relación que mantenían madre e hijo.
Y teniendo en cuenta las ideas de Bowlby y de Ainsworth, los psicólogos P. Shaver y C. Hazan, han aplicado estos conocimientos en el mundo adulto, en el segundo tipo de vinculación humana: el amor y la relación de pareja, donde la vinculación obtenida en la infancia cobrará un papel fundamental en el estilo de amar del adulto, manteniendo los mismos patrones afectivos.
Vamos en primer lugar a esbozar y entender los hallazgos de Mary Ainsworth, pues son la base de la investigación que nutrirá las teorías en el amor adulto de P. Shaver y C. Hazan.
Mary Ainsworth estableció tres tipos de vinculación afectiva o apego, según si la ansiedad se adueñaba de la relación que los niños mantenían o no. Estos tres tipos de apego son los siguientes:
Apego seguro: estos niños cuando están con su madre, se acercan y se alejan de ella explorando el entorno. Son niños que suelen cooperar y muestran poca agresividad. La relación con los padres suele ser íntima y relajada. Cuando la madre se aleja, ellos confían en que esta volverá.
Apego inseguro evitativo: Cuando está con la madre el niño juega sin incluirla a ella, pues se muestra indiferente o evasivo. La separación le es indiferente, ya que rara vez llora cuando la madre se aleja y cuando vuelve, no la mira, evitándola. La relación con los padres es baja, con tendencia a ignorarlos.
Apego inseguro ambivalente: Cuando esta la madre se relaciona poco con ella y si lo hace es de forma ambivalente (aproximación y rechazo). No desea separarse de la madre, pero cuando se separan el niño llora constantemente, no parece tener consuelo, aunque cuando la madre vuelve este se acerca pero puede castigarla, chillándole, buscan su contacto a la misma vez que la rechazan. Son dependientes y tienen falta de autonomía.
Más tarde se añadió otro tipo de vinculación para hijos de madres depresivas o alcohólicas, donde la vida familiar suele estar desestructurada:
Apego desorganizado: muestran comportamientos contradictorios e inconsistentes. Movimientos repetitivos de balanceo o posturas extravagantes. Pueden manifestar miedo a los padres.
Con lo visto hasta el momento, podemos valorar la importancia que cobra la educación y el estilo afectivo que los padres mantendrán con sus hijos, pues estos quedaran influenciados y sus esquemas cerebrales impregnados con el afecto recibido por ellos. También es cierto que el ser humano parte con un estilo de apego inicial, aunque como manifiesta la corriente epigeneticista, partimos de unas conductas de corte genético, pero que son modificadas por las experiencias que vivimos, gracias a la plasticidad neuronal que poseemos, es decir, comenzamos con una base genética que es modificada por el ambiente y las experiencias vividas en él, el niño podría tener una tendencia innata a un apego seguro, pero el cuidado ambivalente de los padres podría producir en este un apego inseguro ambivalente. Aunque para autores como Goleman, el apego no parece deberse a la genética, sino que es aprendido desde la infancia.
Como manifiesta Sternberg “cuanto más unida haya sido la familia de una persona, mejor resulta ésta como miembro de una pareja en una relación íntima (…) para que una persona se enamore con éxito, necesita buenos modelos”. Aunque en estos casos también existen los opuestos con la intención de no repetir conductas que rechazamos de nuestros padres, por ejemplo, un hombre que de pequeño vivió el rechazo de su madre, puede este luchar contra el apego que mantenían, intentando hacer lo contrario de lo que vivió en la infancia, siendo atento con su hijo. Pero la tendencia es repetir el patrón de conducta aprendido en la infancia, sabiendo que este puede ser modificado con la experiencia.
Así las conductas de los padres con respecto al afecto mostrado a su hijo, se pueden clasificar de la siguiente manera: Padres seguros, Padres evitativos, Padres ambivalentes, Padres desorganizados.
Según el estilo que los padres tengan sobre el hijo, este afectara posteriormente en como el hijo se comportará con los demás de adulto, cuando mantenga una relación amorosa.
Serian Shaver y Hazan quienes estudiarían los vínculos afectivos de apego en adultos, en las relaciones amorosas, basándose en el concepto de apego de Bowlby y las investigaciones de Ainsworth.
Para ambos psicólogos, los enamorados románticos tienden a adoptar uno de los estilos de apego vistos, en la relación, proviniendo este, en mayor grado, de la vinculación que obtuvo con su madre. Por lo que se puede hacer una clasificación de los estilos en la forma de amar en adultos:
Enamorados seguros: facilidad para acercarse a los otros. La dependencia no les preocupa. No tienen preocupaciones por el abandono de la pareja, no se muestran celosos y no les afecta la proximidad excesiva del amado. Se muestran tanto íntimos como autónomos. Mantienen relaciones felices y confiadas con sus parejas. Expresan abiertamente sus preocupaciones y solucionan sus conflictos de manera constructiva, sin rencor. Creen en la durabilidad del amor romántico. Se muestran interdependientes en la relación. Dan por sentado que su pareja se hallará presente en los momentos difíciles y angustiosos, como ellos lo harán en su caso. Se consideran merecedores de respeto, afecto e interés, y también creen que los demás son amables y accesibles. Sus relaciones son próximas y confiadas. Se establece una conexión adecuada entre la vía cerebral superior y la inferior, hallándose un equilibrio entre ambas que favorecen el clima emocional adecuado en la relación de pareja.
Enamorados esquivos: se sienten incómodos con la proximidad de otras personas, no confían en los demás fácilmente, no quieren depender de nadie. Suelen sentir que sus compañeros desean más afecto del que pueden dar y que los otros dan más de lo que desea recibir. No confían en que el amor romántico perdure. Necesitan ser independientes y autosuficientes. Ante la ansiedad buscan menos apoyo que sus parejas y tampoco ayudan a estas cuando están tensas y ansiosas. Huyen de la intimidad por miedo al rechazo. Reprimen sus emociones y sus sentimientos de angustia y ante esta actúan intentando solucionarla por ellos mismos, sin la ayuda de nadie. Pueden tender hacia la filofobia (miedo extremo al amor). Parece que hay una preponderancia en el uso de la vía superior sobre la inferior, no dejando y restringiendo las emociones primitivas a la mínima expresión.
Podemos encontrar dos tipos de evasivos:
a) Estilo temeroso: vive el temor al rechazo con una alta ansiedad y temen que sus parejas les hagan daño.
b) Estilo devaluador: estos intentan mantener una sensación de autosuficiencia e independencia, con lo que mantienen un nivel bajo de ansiedad.
Enamorados ambivalentes: desean proximidad continua y creen que los demás se resisten a esta proximidad. Temen por el abandono de la pareja, se muestran celosos y creen que el otro no les ama realmente, necesitan continuas muestras de amor. Se debaten entre el amor-odio. Sus emociones son intensas, más celos, más pasión y mayor deseo de fundirse con el otro. Sienten más rabia y hostilidad hacia sus parejas después de un conflicto. Pueden provocar el alejamiento de su pareja por una profecía autocumplida al creer que el otro no le ama lo suficiente incentivando al amado a comportarse así. Son personas propensas a la “adicción al amor”, siendo muy dependientes emocionalmente hablando. Ante la angustia, sienten la necesidad imperiosa de depender de los demás. Podríamos entender que es la vía inferior la que domina la situación comportamental en estas personas, bloqueando a la vía superior en momentos de angustia. Son el grupo que más baja tiene la autoestima y los más propensos al maltrato y la psicopatología.
Queda claro que las relaciones donde mora el equilibrio, donde se produce una mayor estabilidad y donde se establecen las relaciones más sanas son ante estilos de apego seguro. Incluso cuando un miembro de la pareja es de tipo seguro y el otro no, este puede modificar la conducta de aquel, volviéndolo más confiado y seguro, pues esta vinculación puede modificarse, por el aprendizaje de patrones más adaptativos y estables. Y es que el tiempo puede modificar nuestro estilo de apego, haciendo que la pareja se vuelva más similar, tendiendo a un equilibrio interno (si este no se produce, la pareja puede verse envuelta en conflictos insolubles con la posibilidad de ruptura).El aprendizaje y la experiencia modifican nuestros estilos y podemos pasar de seguros a inseguros y viceversa. Por otro lado estos tres tipos de apego están expresados de forma estanca, es decir, se han puesto sus características más reconocibles, pero los seres humanos no solemos ser así de concretos y podemos diferir en cuanto al grado de permanencia en un estilo de apego. Una persona no suele ser 100% evitativo, quizás también tenga partes de los otros tipos de apego, aunque tenga una tendencia mayor a un tipo concreto. Debemos pues, evaluar en grados nuestro tipo de vinculación sabiendo que quizás poseamos un poco de cada y una tendencia mayor a uno concreto.
En definitiva, la finalidad del apego es doble, por un lado nos proporciona consuelo y por otro cobijo y ambos se dan en las relaciones sanas con apego seguro. Cuando vamos al rescate emocional de nuestra pareja, cuando ella tiene una dificultad y le proporcionamos seguridad, además de conseguir que mantenga su autoestima alta, estaremos fomentando una relación sana, y nuestra pareja podrá avanzar en el transcurso de su vida, apoyado por nosotros y conseguirá emprender tanto grandes como pequeñas hazañas. Como afirma Bowlby, cuanto mayor sea la protección y seguridad que nos brinda nuestra pareja, más lejos podrá llegar nuestra exploración del mundo. Al contrario, cuanto más controladores e intrusivos seamos con las conductas de nuestro amado, menos oportunidad le daremos de crecer, volviéndose inseguro y deprimido, a causa de nuestros intentos de control. Los estilos de apego ansiosos, no ayudan a generar confianza, seguridad y consuelo, puesto que a los ambivalentes les resulta difícil dejar el espacio de libertad que la pareja necesita y los evitativos no cumplen la función de rescatar a su pareja en momentos emocionales tensos y no pueden proporcionar un refugio seguro.
Y por ello se hace tan importante saber a qué tendemos nosotros y cuál es el estilo de nuestra pareja. Sabiendo que vinculación afectiva poseen ambos miembros de la pareja podemos atajar las desventajas de estos y centrarnos en sus ventajas, alcanzando un mayor conocimiento de mostros mismos y de nuestros amados, para una mejora de la felicidad conyugal o de pareja.
Por último, nos interesaremos por la base biológica del apego y como este influye sobre la pasión y el deseo.
Para Sternberg “la disminución de la pasión puede ser interpretada como el desarrollo de un apego de creciente seguridad, con su consecuente reducción de la incertidumbre”, se plantea aquí la idea de que el apego puede intervenir sobre la pasión, disminuyéndola, pues a mayor apego seguro menor pasión, puesto que ya no hay una lucha ocasionada por la incertidumbre inicial de toda relación.
Y esto tiene que ver en cómo se comporta nuestro cerebro cuando mantiene un vinculo afectivo, pues según afirma Goleman: “cada uno de esos tres estilos refleja diferencias concretas en los circuitos del sistema cerebral del apego”. En cada tipo de apego se pone de manifiesto la utilización de una parte de nuestro sistema cerebral, “las mujeres seguras activan fácilmente el interruptor neuronal del área orbitofrontal que sosiega la inquietud generada por el lóbulo temporal anterior” (Goleman en Inteligencia Social). Los evasivos por su lado parecen mantener una distancia protectora de sus sentimientos perturbadores en detrimento de la conexión emocional.
Podríamos relacionar los tipos de vías cerebrales (estudiados anteriormente) con los tipos de apego, así las personas con apego seguro parecen equilibrar las dos vías sacando el mejor partido de cada una de ellas, los evasivos parece que muestran una preferencia por la vía superior, evitando dejarse llevar por las emociones y procurando ser lo más independientes posibles y en contra los ambivalentes parecen preferir la vía inferior, dejándose llevar por los arrebatos pasionales que la amígdala provoca.
Para Helen Fisher nuestros estados de apego se relacionan a ciertas sustancias que librea nuestro organismo: “La naturaleza, pues ha dotado a los mamíferos de una sustancia química para que desarrollen el instinto paternal: la vasopresina”. Parece que esta sustancia es la encargada de conseguir que el hombre quede aferrado a su pareja y que la relación no acabe en un simple encuentros sexual y que este a su vez sea capaz de cuidar a su descendencia.
La otra sustancia que juega un papel decisivo en el apego es la oxcitosina. Esta se fabrica en el hipotálamo, en ovarios y testículos. Esta hormona se libera en el parto y estimula la unión entre madre e hijo y parece estar asociada también al vínculo de apego entre los padres. Se segrega también en dos momentos clave, durante la estimulación de los genitales y pezones y durante el orgasmo. Tanto la oxcitosina como la vasopresina contribuyen a la sensación de fusión, de cercanía y en consecuencia de apego después de disfrutar de una relación sexual.
Pero parece que la química del apego suele socavar a la química del deseo, en palabras de Fisher: “En algunos casos, la dopamina y la norepinefrina pueden estimular la liberación de oxcitosina y vasopresina y contribuir de este modo a aumentar nuestro sentimiento de apego. Pero el aumento de los niveles de oxcitosina (…) puede interferir también en la actividad de la dopamina y norepinefrina en el cerebro, disminuyendo el impacto de esas sustancias excitantes. De ahí que la química del apego puede sofocar la química del amor”.
Podríamos concluir, que dos personas comienzan enamorándose, con el consecuente aluvión de DA y NE , conforme va pasando el tiempo el vinculo afectivo de apego va creciendo, entrando en juego la oxcitosina y la vasopresina, disminuyendo la pasión (como hemos visto), pasando del enamoramiento al amor (menor pasión puesto que las sustancias comentadas se solapan y las del apego emergen en contraposición a las de la pasión). Una vez más podemos confirmar que enamoramiento y amor son dos sucesos de un mismo continuo pero diferentes tanto en su composición química como en sus efectos conductuales.
sábado, 26 de mayo de 2012
Diferencia entre enamoramiento y amor.
Ambos conceptos a pesar de que pueden ir unidos, debemos entender que no significan lo mismo. Uno y otro son elementos de un mismo continuo, comenzamos enamorándonos y si todo va bien es el amor el que se adueña de nuestras vidas.
El enamoramiento es la carga intensa emocional que sentimos al principio de una relación, la que no nos deja dormir, la obsesión de pensar continuamente en nuestro amado, la montaña rusa de sensaciones agradables y en ocasiones desagradables, nos hace reír y llorar como nunca.
En palabras de F. Alberoni, el enamoramiento es: “el estado naciente de un movimiento colectivo de dos”, es un principio, un nacimiento, un comienzo, que lleva a dos personas a querer verse continuadamente para seguir conociéndose, entendiéndose, uniéndose. Algunos autores como Sternberg o N. Branden, denominan al enamoramiento como: “amor romántico”, definido este como un estado donde domina la pasión y la intimidad, elementos claves de este estado naciente. Para Branden por su lado, el amor romántico: “es un vinculo apasionado espiritual-emocional-sexual entre un hombre y una mujer que refleja una alta estima mutua de su valor como persona”. Como se puede comprobar Branden menciona también estos dos elementos, pasión (sexual) e intimidad como claves para entender el enamoramiento.
En definitiva, el enamoramiento es el motor inicial por el que nos sentimos intensamente atraídos por alguien, pues se produce un torrente de sensaciones y cambios en las sustancias de nuestro cerebro, donde la intimidad y la pasión son las protagonistas y el amor por su lado, es la vuelta a la serenidad de esos cambios y donde el compromiso juega un papel mayor. En un primer momento nos enamoramos, sentimos ese aluvión de sensaciones y cambios homeostáticos, este proceso declina según varios estudios científicos, entre los 22 y 33 meses (sí, el enamoramiento tiene fecha de caducidad) y a continuación y si todo marcha bien aflora el amor, donde tomamos una postura más relajada ante la relación y donde cobran más fuerza palabras como compromiso, compañerismo, cariño, serenidad.
El amor pues, es un elemento más calmado, sereno, suave. La palabra clave para entenderlo es el compromiso. Y aunque la pasión fluctúa a lo largo de toda una relación, esta ha de mantenerse, pese a que en ciertas etapas quede relegada a un segundo plano. Es decir, el amor sigue nutriéndose de la pasión y de la intimidad que caracterizaba al enamoramiento (o amor romántico, ambos términos serán utilizados como sinónimos), pero la pasión puede ir fluctuando a la baja (no desapareciendo por completo) y dando mayor prioridad al compromiso. Lo que Sternberg denominaba “Amor consumado” o forma completa del amor.
Para Alberoni el amor es una “vinculación más estable, duradera, a la cual tiende el enamoramiento en cuanto portador del proyecto”. El amor es la continuación del enamoramiento, cuando dos personas están unidas y pretenden seguir estándolo, es la institucionalización del amor romántico, dos proyectos que se fusionan en la búsqueda de un futuro común.
Siguiendo a E. Fromm “el amor implica ciertos elementos básicos, (…). Estos elementos son: cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento”. Para Fromm, hay varios tipos de amor, amamos a nuestros padres, hijos, hermanos, podemos amar de forma espiritual a Dios, lo que San Agustín definía como “Caritas”, el amor a Dios, espiritual, podemos amar a nuestra pareja o para San Agustín “Cupiditas” (significa deseo) y todas estas formas de amor tienen en común los elementos básicos mencionados. E. Fromm denomina como amor erótico, al amor que se siente por una sola persona, la necesidad de unirse y fusionarse completamente a ella. Este autor también diferencia el amor del enamoramiento, para él al amor “se le confunde con la experiencia explosiva de enamorarse, el súbito derrumbe de las barreras que existían hasta ese momento entre dos desconocidos. Pero tal experiencia (…) es de corta duración”. Para que sea amor y no enamoramiento hay que amar la esencia del ser del otro, no es un mero deseo sexual o la necesidad de intimidad vacía, sino el amor va más allá, no necesita de una nueva conquista pasado el fervor inicial, por lo que el amor se torna un acto de voluntad “decisión de dedicar toda nuestra vida a la de la otra persona”, un compromiso completo.
En definitiva, los pasos lógicos que atraviesa una pareja son en primer lugar, un deseo, atracción que conlleva al enamoramiento, este tiene fecha de caducidad, por lo que o la relación muere, a manos de otros amantes, por desuso, por distanciamiento, por la búsqueda única del enamoramiento, por la tendencia a la filofobia (fobia al amor o a comprometerse con alguien), entre otras variables o bien aflora el amor, la necesidad de unión más allá de la pasión y la intimidad, que comporta un compromiso férreo, una dedicación al otro, un compañerismo, un don.
El enamoramiento es la carga intensa emocional que sentimos al principio de una relación, la que no nos deja dormir, la obsesión de pensar continuamente en nuestro amado, la montaña rusa de sensaciones agradables y en ocasiones desagradables, nos hace reír y llorar como nunca.
En palabras de F. Alberoni, el enamoramiento es: “el estado naciente de un movimiento colectivo de dos”, es un principio, un nacimiento, un comienzo, que lleva a dos personas a querer verse continuadamente para seguir conociéndose, entendiéndose, uniéndose. Algunos autores como Sternberg o N. Branden, denominan al enamoramiento como: “amor romántico”, definido este como un estado donde domina la pasión y la intimidad, elementos claves de este estado naciente. Para Branden por su lado, el amor romántico: “es un vinculo apasionado espiritual-emocional-sexual entre un hombre y una mujer que refleja una alta estima mutua de su valor como persona”. Como se puede comprobar Branden menciona también estos dos elementos, pasión (sexual) e intimidad como claves para entender el enamoramiento.
En definitiva, el enamoramiento es el motor inicial por el que nos sentimos intensamente atraídos por alguien, pues se produce un torrente de sensaciones y cambios en las sustancias de nuestro cerebro, donde la intimidad y la pasión son las protagonistas y el amor por su lado, es la vuelta a la serenidad de esos cambios y donde el compromiso juega un papel mayor. En un primer momento nos enamoramos, sentimos ese aluvión de sensaciones y cambios homeostáticos, este proceso declina según varios estudios científicos, entre los 22 y 33 meses (sí, el enamoramiento tiene fecha de caducidad) y a continuación y si todo marcha bien aflora el amor, donde tomamos una postura más relajada ante la relación y donde cobran más fuerza palabras como compromiso, compañerismo, cariño, serenidad.
El amor pues, es un elemento más calmado, sereno, suave. La palabra clave para entenderlo es el compromiso. Y aunque la pasión fluctúa a lo largo de toda una relación, esta ha de mantenerse, pese a que en ciertas etapas quede relegada a un segundo plano. Es decir, el amor sigue nutriéndose de la pasión y de la intimidad que caracterizaba al enamoramiento (o amor romántico, ambos términos serán utilizados como sinónimos), pero la pasión puede ir fluctuando a la baja (no desapareciendo por completo) y dando mayor prioridad al compromiso. Lo que Sternberg denominaba “Amor consumado” o forma completa del amor.
Para Alberoni el amor es una “vinculación más estable, duradera, a la cual tiende el enamoramiento en cuanto portador del proyecto”. El amor es la continuación del enamoramiento, cuando dos personas están unidas y pretenden seguir estándolo, es la institucionalización del amor romántico, dos proyectos que se fusionan en la búsqueda de un futuro común.
Siguiendo a E. Fromm “el amor implica ciertos elementos básicos, (…). Estos elementos son: cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento”. Para Fromm, hay varios tipos de amor, amamos a nuestros padres, hijos, hermanos, podemos amar de forma espiritual a Dios, lo que San Agustín definía como “Caritas”, el amor a Dios, espiritual, podemos amar a nuestra pareja o para San Agustín “Cupiditas” (significa deseo) y todas estas formas de amor tienen en común los elementos básicos mencionados. E. Fromm denomina como amor erótico, al amor que se siente por una sola persona, la necesidad de unirse y fusionarse completamente a ella. Este autor también diferencia el amor del enamoramiento, para él al amor “se le confunde con la experiencia explosiva de enamorarse, el súbito derrumbe de las barreras que existían hasta ese momento entre dos desconocidos. Pero tal experiencia (…) es de corta duración”. Para que sea amor y no enamoramiento hay que amar la esencia del ser del otro, no es un mero deseo sexual o la necesidad de intimidad vacía, sino el amor va más allá, no necesita de una nueva conquista pasado el fervor inicial, por lo que el amor se torna un acto de voluntad “decisión de dedicar toda nuestra vida a la de la otra persona”, un compromiso completo.
En definitiva, los pasos lógicos que atraviesa una pareja son en primer lugar, un deseo, atracción que conlleva al enamoramiento, este tiene fecha de caducidad, por lo que o la relación muere, a manos de otros amantes, por desuso, por distanciamiento, por la búsqueda única del enamoramiento, por la tendencia a la filofobia (fobia al amor o a comprometerse con alguien), entre otras variables o bien aflora el amor, la necesidad de unión más allá de la pasión y la intimidad, que comporta un compromiso férreo, una dedicación al otro, un compañerismo, un don.
miércoles, 23 de mayo de 2012
Anatomía de una discusión. Los sistemas que usa el ser humano a la hora de discutir con su pareja.
Resumiendo brevemente y simplificando (puesto que no procede dar una clase de neuroanatomía) podemos decir que el ser humano se enfrenta a su mundo social e interpersonal a través de dos vías, la vía inferior y la superior.
La vía inferior, digamos que está gobernada por la amígdala cerebral, esta forma parte del sistema límbico , y su papel principal es el procesamiento y almacenamiento de reacciones emocionales, es decir controla el miedo, la ira y las sensaciones básicas que alertan al cuerpo a luchar o huir, por lo que está implicada en las emociones negativas, y en asociar estas emociones negativas a otros aspectos ya aprendidos, también se encarga de gestionar emociones positivas. Esta vía opera de forma veloz, impulsiva, automática, quedando por debajo del umbral de la conciencia, en palabras llanas, esta vía provoca en nosotros respuestas rápidas e irreflexivas, de las que posteriormente podemos arrepentirnos.
De la vía superior podemos decir que está gobernada por la corteza prefrontal que se encarga de la intencionalidad de nuestra conducta, implica que podamos pensar en lo que está sucediendo y provoca que tengamos una conducta flexible, en esta vía también entra en juego el área orbitofrontal, pero para no extenderme solo mencionaré que también es parte importante de la vía superior y podemos entenderla como la estación de relevo entre ambas vías (se encarga de afectos, sentimientos, recompensas, entre otras funciones). La vía superior opera de forma más lenta, deliberada y sistemática, considerando los sentimientos de forma más detenida, reflexionando sobre lo que esta ocurriendo.
Una de las diferencias más significativas entre ambas vías se encuentra en que la vía inferior es menos exacta porque lo que le importa es responder con velocidad y la superior responde más lentamente en pro de la exactitud.
Pues el ser humano se enfrenta a la sociedad y a sus relaciones interpersonales con estas dos vías. Cuando nos sentimos atraídos por alguien, cuando respondemos con un improperio de forma irreflexiva, cuando discutimos acaloradamente y de manera automática, cuando tenemos nuestras primeras impresiones a cerca de alguien o cuando quedamos contagiados por los sentimientos de los demás estamos usando la vía inferior. La vía superior sirve para protegernos de los problemas que nos pueda causar la vía inferior, se activa cuando prestamos atención deliberada a alguien, cuando queremos responder sopesando nuestra respuesta, sirve para comprender nuestro propio estado de ánimo y lo que ocurre alrededor.
Tenga en cuenta que los pocos ratos de ocio que tiene nuestro cerebro los usa para recordar momentos sociales, pensar en quien queremos, recordar momentos alegres y en definitiva en situaciones que nos han ocurrido en presencia de los demás, es decir el divertimento preferido de nuestro cerebro cuando no le damos trabajo, es pensar en los seres queridos y en historias acontecidas con ellos, en palabras de Goleman “en la revisión de nuestra vida social”.
Por lo que para nuestro cerebro la vida social es muy importante y necesita de estas dos vías para que podamos entendernos con los demás, socializarnos.
Una vez entendidas cada una de las vías, la cuestión que debemos hacernos es: en una discusión con nuestra pareja ¿cuál de las dos vías es preferible utilizar?
Cuando discutimos irreflexivamente, es decir utilizando la vía inferior, corremos el riesgo de arrepentirnos de lo expulsado por nuestra viperina boca, puesto que lo dicho no pasa por el escáner del pensamiento reflexivo y podemos hacer bastante daño a nuestra pareja, parece lógico pues, que si queremos discutir un tema con nuestro amor, deberíamos utilizar la vía superior, ya que esta reflexiona, medita y procesa la información de lo que está ocurriendo tanto dentro de nosotros como fuera, es mejor tardar en responder a nuestra pareja, recapacitar y sopesar la contestación para después serenamente soltarla. Hasta aquí todo parece lógico, dejarnos llevar por la amígdala en una discusión parece una mala opción, pero ¿puede que al sopesar la respuesta hagamos más daño a nuestra pareja?, la respuesta es sí. Podemos ser capaces de meditar nuestra respuesta, ser fríos, para al final dar un golpe bajo meditádamente, provocando más daño aun que si hubiéramos respondido de forma irreflexiva. No hay nada que cause más dolor que alguien te haga daño a conciencia, siempre perdonaremos con mayor prontitud un improperio que proviene de la irreflexividad y la impulsividad (vía inferior) que un ataque derivado de la vía superior, es decir meditado.
Puesto que la finalidad de una discusión es poner en común dos puntos de vista enfrentados para hallar una solución factible sin que nadie salga perjudicado, ni herido, ni humillado, parece lógico que usar la vía superior para causar más dolor es la peor de las soluciones, quizás en este tipo de mentes habite mucha frustración, desolación y desamor. Con la vía inferior está claro que no solucionaremos el problema, la impulsividad no ayuda a buscar soluciones positivas, por lo que debemos utilizar un punto intermedio: la corteza orbifrontal, invocando a Goleman de nuevo, esta “determina nuestra acción después de enterarse de cómo nos sentimos con alguien, inhibiendo la primera respuesta instintiva, que podría llevarnos a actuar de modo que luego lamentaríamos”. Es decir, con esta corteza ponemos freno a la impulsividad, reflexionamos e intentamos solucionar el problema.
Para concluir, si vamos a discutir con alguien a quien apreciamos, dejemos de lado nuestra primera respuesta rápida, es decir obviemos a la amígdala, tranquilicémosla, no nos dejemos llevar por ella, que puede que nos arrepintamos de nuestra respuesta después, cuando estemos más serenos; digamos que los seres más civilizados son los que mantiene a raya a su amígdala y la sosiegan a tiempo (pensemos en la amígdala como en el Hulk que todos llevamos dentro, no lo despertemos). Mejor utilizar una contestación, aunque más lenta (que puede llegar incluso a desesperar al contrincante amoroso ávido de respuesta) pero más reflexiva y siempre usarla para el bien común y no para destruir aun más el amor deliberadamente.
Parece que la vía superior junto con la corteza orbitofrontal, bien utilizadas, pueden ser los grandes aliados para que nuestras discusiones acaben en buen puerto, sin sentimientos heridos, ni corazones rotos. Utiliza la cabeza (prefrontal), nunca mejor dicho, si vas a discutir con alguien que amas.
La vía inferior, digamos que está gobernada por la amígdala cerebral, esta forma parte del sistema límbico , y su papel principal es el procesamiento y almacenamiento de reacciones emocionales, es decir controla el miedo, la ira y las sensaciones básicas que alertan al cuerpo a luchar o huir, por lo que está implicada en las emociones negativas, y en asociar estas emociones negativas a otros aspectos ya aprendidos, también se encarga de gestionar emociones positivas. Esta vía opera de forma veloz, impulsiva, automática, quedando por debajo del umbral de la conciencia, en palabras llanas, esta vía provoca en nosotros respuestas rápidas e irreflexivas, de las que posteriormente podemos arrepentirnos.
De la vía superior podemos decir que está gobernada por la corteza prefrontal que se encarga de la intencionalidad de nuestra conducta, implica que podamos pensar en lo que está sucediendo y provoca que tengamos una conducta flexible, en esta vía también entra en juego el área orbitofrontal, pero para no extenderme solo mencionaré que también es parte importante de la vía superior y podemos entenderla como la estación de relevo entre ambas vías (se encarga de afectos, sentimientos, recompensas, entre otras funciones). La vía superior opera de forma más lenta, deliberada y sistemática, considerando los sentimientos de forma más detenida, reflexionando sobre lo que esta ocurriendo.
Una de las diferencias más significativas entre ambas vías se encuentra en que la vía inferior es menos exacta porque lo que le importa es responder con velocidad y la superior responde más lentamente en pro de la exactitud.
Pues el ser humano se enfrenta a la sociedad y a sus relaciones interpersonales con estas dos vías. Cuando nos sentimos atraídos por alguien, cuando respondemos con un improperio de forma irreflexiva, cuando discutimos acaloradamente y de manera automática, cuando tenemos nuestras primeras impresiones a cerca de alguien o cuando quedamos contagiados por los sentimientos de los demás estamos usando la vía inferior. La vía superior sirve para protegernos de los problemas que nos pueda causar la vía inferior, se activa cuando prestamos atención deliberada a alguien, cuando queremos responder sopesando nuestra respuesta, sirve para comprender nuestro propio estado de ánimo y lo que ocurre alrededor.
Tenga en cuenta que los pocos ratos de ocio que tiene nuestro cerebro los usa para recordar momentos sociales, pensar en quien queremos, recordar momentos alegres y en definitiva en situaciones que nos han ocurrido en presencia de los demás, es decir el divertimento preferido de nuestro cerebro cuando no le damos trabajo, es pensar en los seres queridos y en historias acontecidas con ellos, en palabras de Goleman “en la revisión de nuestra vida social”.
Por lo que para nuestro cerebro la vida social es muy importante y necesita de estas dos vías para que podamos entendernos con los demás, socializarnos.
Una vez entendidas cada una de las vías, la cuestión que debemos hacernos es: en una discusión con nuestra pareja ¿cuál de las dos vías es preferible utilizar?
Cuando discutimos irreflexivamente, es decir utilizando la vía inferior, corremos el riesgo de arrepentirnos de lo expulsado por nuestra viperina boca, puesto que lo dicho no pasa por el escáner del pensamiento reflexivo y podemos hacer bastante daño a nuestra pareja, parece lógico pues, que si queremos discutir un tema con nuestro amor, deberíamos utilizar la vía superior, ya que esta reflexiona, medita y procesa la información de lo que está ocurriendo tanto dentro de nosotros como fuera, es mejor tardar en responder a nuestra pareja, recapacitar y sopesar la contestación para después serenamente soltarla. Hasta aquí todo parece lógico, dejarnos llevar por la amígdala en una discusión parece una mala opción, pero ¿puede que al sopesar la respuesta hagamos más daño a nuestra pareja?, la respuesta es sí. Podemos ser capaces de meditar nuestra respuesta, ser fríos, para al final dar un golpe bajo meditádamente, provocando más daño aun que si hubiéramos respondido de forma irreflexiva. No hay nada que cause más dolor que alguien te haga daño a conciencia, siempre perdonaremos con mayor prontitud un improperio que proviene de la irreflexividad y la impulsividad (vía inferior) que un ataque derivado de la vía superior, es decir meditado.
Puesto que la finalidad de una discusión es poner en común dos puntos de vista enfrentados para hallar una solución factible sin que nadie salga perjudicado, ni herido, ni humillado, parece lógico que usar la vía superior para causar más dolor es la peor de las soluciones, quizás en este tipo de mentes habite mucha frustración, desolación y desamor. Con la vía inferior está claro que no solucionaremos el problema, la impulsividad no ayuda a buscar soluciones positivas, por lo que debemos utilizar un punto intermedio: la corteza orbifrontal, invocando a Goleman de nuevo, esta “determina nuestra acción después de enterarse de cómo nos sentimos con alguien, inhibiendo la primera respuesta instintiva, que podría llevarnos a actuar de modo que luego lamentaríamos”. Es decir, con esta corteza ponemos freno a la impulsividad, reflexionamos e intentamos solucionar el problema.
Para concluir, si vamos a discutir con alguien a quien apreciamos, dejemos de lado nuestra primera respuesta rápida, es decir obviemos a la amígdala, tranquilicémosla, no nos dejemos llevar por ella, que puede que nos arrepintamos de nuestra respuesta después, cuando estemos más serenos; digamos que los seres más civilizados son los que mantiene a raya a su amígdala y la sosiegan a tiempo (pensemos en la amígdala como en el Hulk que todos llevamos dentro, no lo despertemos). Mejor utilizar una contestación, aunque más lenta (que puede llegar incluso a desesperar al contrincante amoroso ávido de respuesta) pero más reflexiva y siempre usarla para el bien común y no para destruir aun más el amor deliberadamente.
Parece que la vía superior junto con la corteza orbitofrontal, bien utilizadas, pueden ser los grandes aliados para que nuestras discusiones acaben en buen puerto, sin sentimientos heridos, ni corazones rotos. Utiliza la cabeza (prefrontal), nunca mejor dicho, si vas a discutir con alguien que amas.
lunes, 21 de mayo de 2012
¿Por qué rechazamos sexualmente a las personas con las que hemos convivido desde la infancia y la adolescencia? La endogamia y la exogamia.
En primer lugar, vamos a definir que entendemos por endogamia. La RAE define endogamia como:
1. f. Práctica de contraer matrimonio personas de ascendencia común o naturales de una pequeña localidad o comarca.
2. f. Actitud social de rechazo a la incorporación de miembros ajenos al propio grupo o institución.
3. f. Biol. Cruzamiento entre individuos de una raza, comunidad o población aislada genéticamente.
Por su parte en la Wikipedia encontramos una definición similar: “endogamia (del griego Endon "dentro", y Gamos, "casamiento"): matrimonio, unión o reproducción entre individuos de ascendencia común; es decir, de una misma familia o linaje. Asimismo, se entiende como endogamia el rechazo a la incorporación de miembros ajenos a un grupo social en particular. En biología, la endogamia se refiere al cruzamiento entre individuos de una misma raza dentro de una población aislada, tanto geográfica, como genéticamente”.
Por lo que podemos entender la endogamia, como una manera de reproducción genéticamente limitada, puesto que esta se realiza entre miembros de la misma familia, siendo rechazados los genes extranjeros, los que no pertenecen a dicha familia o grado de parentesco.
Pero en el mundo natural, la endogamia no suele estar de moda, es más, gran número de especies se vuelven locas de alegría “sexualmente hablando”, cuando ven aparecer a un extranjero, es decir a un nuevo ser pero de otro linaje genético. Entre los humanos parece que también existe esta extraña manifestación y las personas nuevas suelen atraer, sobre todo en poblaciones pequeñas. Parece que “lo nuevo atrae”, lo que se conoce como “el efecto del extranjero”. Piense en una clase de Universidad, un centro de trabajo o un pueblo pequeño acostumbrado a ver siempre las mismas caras, los mismos gestos, los mismos cuerpos y lo que ocurre cuando, a esta clase o pueblo, aparece un ser diferente, extraño y novedoso. Esta novedad puede causar un efecto de atracción, puesto que quizás estamos predispuestos a que lo nuevo nos guste. Si bien el ser humano necesita también de cierta familiaridad para enamorarse, esta llegará después cuando la nueva persona se asiente, así aparte de la novedad, también empezará a causar el efecto de familiaridad que provocará una atracción más intensa.
La endogamia se entendía en la especie humana como mecanismo para mantener el control, la riqueza y el poder, puesto que si pertenecemos a una familia rica y nos casamos con nuestros primos, nuestra riqueza de una manera u otra se mantiene en el hogar, a salvo de manos extranjeras, pero poner a salvo nuestra riqueza ¿perjudica a nuestros genes? Parece que sí, la endogamia genética provoca problemas, el cruce entre primos y hermanos empobrece el acerbo genético, provocando complicaciones en la descendencia e incluso abortos. La mezcla genética diversificada, la exogamia (prohibición de casarse con un pariente) favorece una mejor adaptación genética en el futuro de los nuevos descendientes, mejora su sistema inmunológico y previene de enfermedades genéticas. La exogamia es una de las formas preferidas que tiene la naturaleza para que nos reproduzcamos con mayor éxito.
Es por esta necesidad de exogamia, por la que no suelen atraernos los amigos de la infancia, puesto que nuestro cerebro se plantea, que si hemos estado con esta persona desde pequeños, quizás sea porque nos une un lazo genético más fuerte que con el resto de seres, es decir que si mantenemos relaciones eróticas con nuestro mejor amigo de la infancia, quizás estemos cayendo en la endogamia y eso a nuestros genes no les conviene y rechazamos con aprensión, cualquier manifestación de nuestra imaginación que nos muestre desnudos en la misma cama con nuestro amigo de juegos infantiles.
Nos suele repeler mantener contacto físico con personas con las que hemos jugado a “los médicos” en nuestra infancia, por una búsqueda natural de la exogamia. Nuestro cerebro y genes no quieren jugársela y habiendo tantos seres con genes diferentes, ¿por qué vamos a elegir a una persona que podría tener relación de parentesco? En la actualidad, este hecho puede verse como un absurdo sinsentido, pues diferenciamos con claridad quienes son familiares consanguíneos de amigos y vecinos, pero tenemos que entender que algunas de nuestras manifestaciones conductuales, las arrastramos evolutivamente desde los tiempos de las cavernas, donde quizás si era más probable que nuestros compañeros de juegos fueran también nuestros hermanos o primos, por lo que todo cobra sentido si lo vemos desde la perspectiva evolucionista.
1. f. Práctica de contraer matrimonio personas de ascendencia común o naturales de una pequeña localidad o comarca.
2. f. Actitud social de rechazo a la incorporación de miembros ajenos al propio grupo o institución.
3. f. Biol. Cruzamiento entre individuos de una raza, comunidad o población aislada genéticamente.
Por su parte en la Wikipedia encontramos una definición similar: “endogamia (del griego Endon "dentro", y Gamos, "casamiento"): matrimonio, unión o reproducción entre individuos de ascendencia común; es decir, de una misma familia o linaje. Asimismo, se entiende como endogamia el rechazo a la incorporación de miembros ajenos a un grupo social en particular. En biología, la endogamia se refiere al cruzamiento entre individuos de una misma raza dentro de una población aislada, tanto geográfica, como genéticamente”.Por lo que podemos entender la endogamia, como una manera de reproducción genéticamente limitada, puesto que esta se realiza entre miembros de la misma familia, siendo rechazados los genes extranjeros, los que no pertenecen a dicha familia o grado de parentesco.
Pero en el mundo natural, la endogamia no suele estar de moda, es más, gran número de especies se vuelven locas de alegría “sexualmente hablando”, cuando ven aparecer a un extranjero, es decir a un nuevo ser pero de otro linaje genético. Entre los humanos parece que también existe esta extraña manifestación y las personas nuevas suelen atraer, sobre todo en poblaciones pequeñas. Parece que “lo nuevo atrae”, lo que se conoce como “el efecto del extranjero”. Piense en una clase de Universidad, un centro de trabajo o un pueblo pequeño acostumbrado a ver siempre las mismas caras, los mismos gestos, los mismos cuerpos y lo que ocurre cuando, a esta clase o pueblo, aparece un ser diferente, extraño y novedoso. Esta novedad puede causar un efecto de atracción, puesto que quizás estamos predispuestos a que lo nuevo nos guste. Si bien el ser humano necesita también de cierta familiaridad para enamorarse, esta llegará después cuando la nueva persona se asiente, así aparte de la novedad, también empezará a causar el efecto de familiaridad que provocará una atracción más intensa.
La endogamia se entendía en la especie humana como mecanismo para mantener el control, la riqueza y el poder, puesto que si pertenecemos a una familia rica y nos casamos con nuestros primos, nuestra riqueza de una manera u otra se mantiene en el hogar, a salvo de manos extranjeras, pero poner a salvo nuestra riqueza ¿perjudica a nuestros genes? Parece que sí, la endogamia genética provoca problemas, el cruce entre primos y hermanos empobrece el acerbo genético, provocando complicaciones en la descendencia e incluso abortos. La mezcla genética diversificada, la exogamia (prohibición de casarse con un pariente) favorece una mejor adaptación genética en el futuro de los nuevos descendientes, mejora su sistema inmunológico y previene de enfermedades genéticas. La exogamia es una de las formas preferidas que tiene la naturaleza para que nos reproduzcamos con mayor éxito.
Es por esta necesidad de exogamia, por la que no suelen atraernos los amigos de la infancia, puesto que nuestro cerebro se plantea, que si hemos estado con esta persona desde pequeños, quizás sea porque nos une un lazo genético más fuerte que con el resto de seres, es decir que si mantenemos relaciones eróticas con nuestro mejor amigo de la infancia, quizás estemos cayendo en la endogamia y eso a nuestros genes no les conviene y rechazamos con aprensión, cualquier manifestación de nuestra imaginación que nos muestre desnudos en la misma cama con nuestro amigo de juegos infantiles.
Nos suele repeler mantener contacto físico con personas con las que hemos jugado a “los médicos” en nuestra infancia, por una búsqueda natural de la exogamia. Nuestro cerebro y genes no quieren jugársela y habiendo tantos seres con genes diferentes, ¿por qué vamos a elegir a una persona que podría tener relación de parentesco? En la actualidad, este hecho puede verse como un absurdo sinsentido, pues diferenciamos con claridad quienes son familiares consanguíneos de amigos y vecinos, pero tenemos que entender que algunas de nuestras manifestaciones conductuales, las arrastramos evolutivamente desde los tiempos de las cavernas, donde quizás si era más probable que nuestros compañeros de juegos fueran también nuestros hermanos o primos, por lo que todo cobra sentido si lo vemos desde la perspectiva evolucionista.
domingo, 20 de mayo de 2012
La sonrisa: el mejor lubricante social.
Paul Ekman, psicólogo estadounidense, especializado en las emociones y la relación de estas con las expresiones faciales, descubrió unos 18 tipos de sonrisas autenticas que diferían en la posición de los músculos y los significados emocionales (llegaba a tal extremo, su dedicación a descubrir la posición de los músculos faciales, que no dudaba en aplicarse descargas eléctricas para controlar dichos músculos). Con tal cantidad de sonrisas que puede realizar un ser humano nos podemos hacer una idea de cuán importante es esta para las relaciones entre personas.
Y es que el ser humano está programado para ser positivo, por mucho que le pese a los “antinaturales” pesimistas, nuestro cerebro suele hacer estimaciones optimistas e incluso demasiado “alegres” sobre los sucesos futuros, al estilo de “el cuento de la lechera”. Nos embarcamos en proyectos gracias a estas estimaciones positivas, pues creemos, a fin de cuentas, que todo lo podemos. Es por ello que también queremos y necesitamos gente positiva a nuestro lado. Entre otras razones por nuestras neuronas espejo que provocan que nos contagiemos de las emociones de los otros, y si los demás suelen estar tristes, cabizbajos, pesimistas, taciturnos, abatidos y dolientes, no tendremos más remedio que, neurológicamente, acabar padeciendo sus mismos males a distinta escala, según nuestro grado de empatía. Es así que la sonrisa se torna un elemento vital en nuestras relaciones.
Los estudios realizados en el laboratorio, demuestran que el ser humano prefiere los rostros felices, reconociéndolos más fácilmente que los que expresan otro tipo de emociones, hallazgo que los científicos han denominado: “el efecto de la cara feliz”. Parece que estamos predispuestos genéticamente a preferir sentimientos positivos, piense en el estrés que nos produce estar constantemente especulando y siendo negativos y las consecuencias que esto acarrea para nuestra salud, parece lógico que prefiramos estar alegres y juntarnos por ello con gente optimista. Si hay una predisposición genética a la felicidad y al optimismo ¿puede que haya un porcentaje de la población que no tenga esta predisposición, ya que no alberga entre sus genes a los que son simpáticos y alegres? Quizás si, en todo caso siempre nos quedara la cultura y la crianza, para sobrellevar este hándicap del mal humor crónico.
Es por ello que la sonrisa es el mejor estimulo positivo que el ser humano puede mostrar, el mejor lubricante social. Se usa cuando nos equivocamos, como forma cortes de pedir perdón, ante una gracia, como saludo amoroso, como símbolo de amigabilidad, como un don que podemos regalar al otro. Pero tenga mucho cuidado porque el ser humano también está programado para descubrir el engaño, a leves observadores que seamos, nos cuesta bastante poco reconocer la sonrisa falsa, sabemos consciente o inconscientemente cuando alguien nos sonríe de forma distinta a la natural, un chip en nuestro cerebro suele avisarnos, quizás hasta algo nos diga que esa persona no parece de fiar. De todas formas para las personas más benevolentes o despistadas, un truco para saber si alguien sonríe de forma falsa o por simple cortesía, es mirar la zona de la boca, pues una de las dos mejillas se suele levantar más, es decir hay una asimetría en la zona de los labios y mejillas, haciéndose más evidente el levantamiento de uno de los extremos de la boca, cuando la sonrisa es sincera ambos lados de la boca se levantan de forma simétrica. Cuidado pues cuando vaya a sonreír falsamente, ya que nuestros cerebros suelen advertir que algo no cuadra.
Las personas que sonríen más suelen tener una vida social más amplia y de mayor calidad, pues como he mencionado antes, nuestras neuronas espejo provocan que nos contagiemos de las emociones y sentimientos de los demás, por lo que todo el mundo desea de una forma u otra estar cerca de una persona sonriente (sincera), afable y positiva.
¿Cómo puede afectar nuestro estado de ánimo en una relación amorosa?, teniendo en cuenta lo comentado hasta ahora, estar con una pareja que refunfuña constantemente, que se queja de todo, que no ofrece soluciones alternativas y que siempre está malhumorada, puede incitarnos al mal humor, contagiados por su poca delicadeza emocional y si nos infectamos, la relación queda manchada por el hastío y la desidia, pudiendo provocar la ruptura inminente o la magnánima insatisfacción amorosa.
Nuestro estado emocional es contagioso y a la vez nos contagiamos del estado emocional de los demás, por lo que es importante en una relación (ya sea familiar, amistosa o de pareja), que el positivismo, el desenfado y la alegría sean los moradores cotidianos, pues a cual efecto mariposa, nuestra irritación de hoy puede provocar el huracán del desamor del mañana.
Sonreír y reír nunca esta demás siempre que se haga de forma sincera y como menciona uno de los mayores expertos sobre inteligencia emocional y social, Daniel Goleman: “la risa puede ser la distancia más corta entre dos cerebros”. A sonreír pues en pro de la felicidad.
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| Paul Ekman. |
Y es que el ser humano está programado para ser positivo, por mucho que le pese a los “antinaturales” pesimistas, nuestro cerebro suele hacer estimaciones optimistas e incluso demasiado “alegres” sobre los sucesos futuros, al estilo de “el cuento de la lechera”. Nos embarcamos en proyectos gracias a estas estimaciones positivas, pues creemos, a fin de cuentas, que todo lo podemos. Es por ello que también queremos y necesitamos gente positiva a nuestro lado. Entre otras razones por nuestras neuronas espejo que provocan que nos contagiemos de las emociones de los otros, y si los demás suelen estar tristes, cabizbajos, pesimistas, taciturnos, abatidos y dolientes, no tendremos más remedio que, neurológicamente, acabar padeciendo sus mismos males a distinta escala, según nuestro grado de empatía. Es así que la sonrisa se torna un elemento vital en nuestras relaciones.
Los estudios realizados en el laboratorio, demuestran que el ser humano prefiere los rostros felices, reconociéndolos más fácilmente que los que expresan otro tipo de emociones, hallazgo que los científicos han denominado: “el efecto de la cara feliz”. Parece que estamos predispuestos genéticamente a preferir sentimientos positivos, piense en el estrés que nos produce estar constantemente especulando y siendo negativos y las consecuencias que esto acarrea para nuestra salud, parece lógico que prefiramos estar alegres y juntarnos por ello con gente optimista. Si hay una predisposición genética a la felicidad y al optimismo ¿puede que haya un porcentaje de la población que no tenga esta predisposición, ya que no alberga entre sus genes a los que son simpáticos y alegres? Quizás si, en todo caso siempre nos quedara la cultura y la crianza, para sobrellevar este hándicap del mal humor crónico.
Es por ello que la sonrisa es el mejor estimulo positivo que el ser humano puede mostrar, el mejor lubricante social. Se usa cuando nos equivocamos, como forma cortes de pedir perdón, ante una gracia, como saludo amoroso, como símbolo de amigabilidad, como un don que podemos regalar al otro. Pero tenga mucho cuidado porque el ser humano también está programado para descubrir el engaño, a leves observadores que seamos, nos cuesta bastante poco reconocer la sonrisa falsa, sabemos consciente o inconscientemente cuando alguien nos sonríe de forma distinta a la natural, un chip en nuestro cerebro suele avisarnos, quizás hasta algo nos diga que esa persona no parece de fiar. De todas formas para las personas más benevolentes o despistadas, un truco para saber si alguien sonríe de forma falsa o por simple cortesía, es mirar la zona de la boca, pues una de las dos mejillas se suele levantar más, es decir hay una asimetría en la zona de los labios y mejillas, haciéndose más evidente el levantamiento de uno de los extremos de la boca, cuando la sonrisa es sincera ambos lados de la boca se levantan de forma simétrica. Cuidado pues cuando vaya a sonreír falsamente, ya que nuestros cerebros suelen advertir que algo no cuadra.
Las personas que sonríen más suelen tener una vida social más amplia y de mayor calidad, pues como he mencionado antes, nuestras neuronas espejo provocan que nos contagiemos de las emociones y sentimientos de los demás, por lo que todo el mundo desea de una forma u otra estar cerca de una persona sonriente (sincera), afable y positiva.
¿Cómo puede afectar nuestro estado de ánimo en una relación amorosa?, teniendo en cuenta lo comentado hasta ahora, estar con una pareja que refunfuña constantemente, que se queja de todo, que no ofrece soluciones alternativas y que siempre está malhumorada, puede incitarnos al mal humor, contagiados por su poca delicadeza emocional y si nos infectamos, la relación queda manchada por el hastío y la desidia, pudiendo provocar la ruptura inminente o la magnánima insatisfacción amorosa.Nuestro estado emocional es contagioso y a la vez nos contagiamos del estado emocional de los demás, por lo que es importante en una relación (ya sea familiar, amistosa o de pareja), que el positivismo, el desenfado y la alegría sean los moradores cotidianos, pues a cual efecto mariposa, nuestra irritación de hoy puede provocar el huracán del desamor del mañana.
Sonreír y reír nunca esta demás siempre que se haga de forma sincera y como menciona uno de los mayores expertos sobre inteligencia emocional y social, Daniel Goleman: “la risa puede ser la distancia más corta entre dos cerebros”. A sonreír pues en pro de la felicidad.
viernes, 18 de mayo de 2012
El Efecto Pigmalión. Cómo afecta a las relaciones de pareja. Cuidado con nuestras creencias.
Este efecto es de origen griego. El escultor llamado Pigmalión se enamora de Galatea, una de sus creaciones, le profesaba tanto amor que incluso la trataba como si estuviera viva. Afrodita (Venus) al ver el amor que sentía el escultor por su creación decide otorgarle vida.
Las ideas que tenemos sobre alguien pueden influir directamente en esa persona y podemos provocar que esta se comporte como nosotros deseábamos y preveíamos en ella. Un profesor que cree que un alumno es inteligente y bueno, puede provocar en este que acabe siendo más inteligente y bueno de lo que realmente es o se proponía en un principio, puesto que las expectativas del profesor influyen de manera consciente e inconsciente en el alumno provocando una profecía autocumplida (expectativa que incita a las personas a actuar en formas que hacen que la expectativa se vuelva cierta).
Así el Efecto Pigmalión puede definirse como “el proceso mediante el cual las creencias y expectativas de una persona respecto a otra afectan de tal manera en su conducta que la segunda tiende a confirmarlas (http://choulo.wordpress.com, 2009).
Para llevarse a cabo este efecto se necesitan tres aspectos: “creer firmemente en un hecho, tener la expectativa de que se va a cumplir y acompañar con mensajes que animen su consecución” (Pepe López, 2006).
Este efecto tiene dos polos opuestos, uno positivo con el que mejoramos a través de nuestras creencias las conductas del otro, como en el caso del profesor y alumno comentado, y/o un efecto negativo, donde a través de nuestras creencias negativas sobre alguien, modificamos sus conductas, volviéndose contraproducentes, por ejemplo, el jefe de una empresa desaprueba con malas caras las conductas de su subordinado con el resultado de que este acabará trabajando peor y más desmotivado a causa de esta postura negativa de su jefe, lo que en definitiva provocará que realmente trabaje peor y así el jefe confirmará sus sospechas, en un principio infundadas.
Nuestras creencias afectan a las conductas de los demás, entre otras variables, porque en el ser humano hayamos una serie de neuronas llamadas neuronas espejo, que reproducen las emociones de los otros y las tomamos como propias, es decir si nuestro jefe viene enfadado al trabajo, esta emoción se contagia a los trabajadores, pues estos siente de manera consciente e inconsciente las mismas sensaciones negativas que su jefe. Tenemos un cerebro social que nos predispone a sentir lo que los demás sienten, provocando cambios en nuestras sensaciones y conductas posteriores.
¿Cómo puede afectar el Efecto Pigmalión en las relaciones de pareja? Pues como puede intuir o positiva o negativamente, según nuestras creencias de base.
De forma negativa, pensemos en una relación donde uno de los participantes amorosos, esta siempre diciendo que la relación va mal, que cree que el otro le va a dejar, que la diferencia de edad antes o después será un hándicap, que el otro se cansará de la relación y le dejará tirado y un largo etcétera de distorsiones cognitivas e ideas infundadas, según el efecto estudiado, estas expectativas pueden provocar, sin darnos cuenta, que el cónyuge o pareja cumpla lo que pensamos, provocando una profecía que se autocumple, donde al final tenemos razón pero porque la hemos provocado con nuestras expectativas.
Y de forma positiva, nuestras creencias sobre la solidad de la pareja, con manifestaciones positivas de lo que se siente cuando se está con la otra persona, hace mejorar la relación pues el amado, al ser alabado acaba comportándose conforme dictaba esa alabanza, convirtiéndose en mejor persona, si cabe. Si profesas devoción positiva sobre tu relación, esta creencia inunda las creencias de tu pareja, haciendo que esta vea mejor y más positiva la relación, digamos que el Efecto Pigmalión en este caso actúa de cemento unificador de la pareja, incita a una unión más solida y placentera.
Por lo que en resumidas cuentas, para que una relación sea sana, duradera y gratificante, más nos vale utilizar este efecto de forma positiva, alabando, cuidando y siendo considerados con nuestra relación y pareja. De lo contrario las ideas distorsionadas y negativas sobre nuestra relación pueden provocar que al final todo se vaya a pique, por nuestra injustificada forma de ver la vida.
Aproveche estos conocimientos en pro de la satisfacción amorosa.
Las ideas que tenemos sobre alguien pueden influir directamente en esa persona y podemos provocar que esta se comporte como nosotros deseábamos y preveíamos en ella. Un profesor que cree que un alumno es inteligente y bueno, puede provocar en este que acabe siendo más inteligente y bueno de lo que realmente es o se proponía en un principio, puesto que las expectativas del profesor influyen de manera consciente e inconsciente en el alumno provocando una profecía autocumplida (expectativa que incita a las personas a actuar en formas que hacen que la expectativa se vuelva cierta).
Así el Efecto Pigmalión puede definirse como “el proceso mediante el cual las creencias y expectativas de una persona respecto a otra afectan de tal manera en su conducta que la segunda tiende a confirmarlas (http://choulo.wordpress.com, 2009).
Para llevarse a cabo este efecto se necesitan tres aspectos: “creer firmemente en un hecho, tener la expectativa de que se va a cumplir y acompañar con mensajes que animen su consecución” (Pepe López, 2006).
Este efecto tiene dos polos opuestos, uno positivo con el que mejoramos a través de nuestras creencias las conductas del otro, como en el caso del profesor y alumno comentado, y/o un efecto negativo, donde a través de nuestras creencias negativas sobre alguien, modificamos sus conductas, volviéndose contraproducentes, por ejemplo, el jefe de una empresa desaprueba con malas caras las conductas de su subordinado con el resultado de que este acabará trabajando peor y más desmotivado a causa de esta postura negativa de su jefe, lo que en definitiva provocará que realmente trabaje peor y así el jefe confirmará sus sospechas, en un principio infundadas.
Nuestras creencias afectan a las conductas de los demás, entre otras variables, porque en el ser humano hayamos una serie de neuronas llamadas neuronas espejo, que reproducen las emociones de los otros y las tomamos como propias, es decir si nuestro jefe viene enfadado al trabajo, esta emoción se contagia a los trabajadores, pues estos siente de manera consciente e inconsciente las mismas sensaciones negativas que su jefe. Tenemos un cerebro social que nos predispone a sentir lo que los demás sienten, provocando cambios en nuestras sensaciones y conductas posteriores.
¿Cómo puede afectar el Efecto Pigmalión en las relaciones de pareja? Pues como puede intuir o positiva o negativamente, según nuestras creencias de base.
De forma negativa, pensemos en una relación donde uno de los participantes amorosos, esta siempre diciendo que la relación va mal, que cree que el otro le va a dejar, que la diferencia de edad antes o después será un hándicap, que el otro se cansará de la relación y le dejará tirado y un largo etcétera de distorsiones cognitivas e ideas infundadas, según el efecto estudiado, estas expectativas pueden provocar, sin darnos cuenta, que el cónyuge o pareja cumpla lo que pensamos, provocando una profecía que se autocumple, donde al final tenemos razón pero porque la hemos provocado con nuestras expectativas.
Y de forma positiva, nuestras creencias sobre la solidad de la pareja, con manifestaciones positivas de lo que se siente cuando se está con la otra persona, hace mejorar la relación pues el amado, al ser alabado acaba comportándose conforme dictaba esa alabanza, convirtiéndose en mejor persona, si cabe. Si profesas devoción positiva sobre tu relación, esta creencia inunda las creencias de tu pareja, haciendo que esta vea mejor y más positiva la relación, digamos que el Efecto Pigmalión en este caso actúa de cemento unificador de la pareja, incita a una unión más solida y placentera.
Por lo que en resumidas cuentas, para que una relación sea sana, duradera y gratificante, más nos vale utilizar este efecto de forma positiva, alabando, cuidando y siendo considerados con nuestra relación y pareja. De lo contrario las ideas distorsionadas y negativas sobre nuestra relación pueden provocar que al final todo se vaya a pique, por nuestra injustificada forma de ver la vida.
Aproveche estos conocimientos en pro de la satisfacción amorosa.
martes, 15 de mayo de 2012
Olor corporal y atracción genética. Nos sentimos atraídos por ciertos olores corporales.
Este artículo versa sobre el complejo principal de histocompatibilidad (MHC). Es un complejo genético que intervienen en el sistema inmunitario, con la finalidad de contribuir a determinar la resistencia frente a las enfermedades, y al parecer, causante de que los seres humanos vayamos buscando parejas que tienen un MHC distinto al nuestro, pues así el futuro bebé tendrá dos tipos de paquetes de genes resistentes a las enfermedades.
Una de las hipótesis esenciales es que puede que algunas parejas lleguen a ser genéticamente incompatibles, provocando incluso la inviabilidad de futuros hijos a través de abortos espontáneos, por esta incompatibilidad mutua genética. La pregunta que se hace necesaria es la siguiente: ¿tiene esto algo que ver con las infidelidades en las relaciones de pareja? En algunas especies animales donde la incompatibilidad suele ser alta, las hembras eluden este hándicap, apareándose con más de un macho, para provocar que esta incompatibilidad sea lo menos perniciosa para la futura descendencia. En humanos, ¿puede que las mujeres a un nivel inconsciente sean infieles a las parejas en las que detectan esta incompatibilidad? Estudios realizados con camisetas sudadas de hombres, pueden darnos una pista de cómo funciona el MHC en el ser humano.
Se les hizo sudar camisetas a una serie de hombres, a través de ejercicio físico, para después estas mismas camisetas, ser llevadas a laboratorio, con la finalidad de que un conjunto de mujeres las olieran y sopesaran cuales eran los olores que más les atraían. El experimento fue realizado al azar, es decir, nadie conocía a nadie. Los resultados muestran que las mujeres elegían las camisetas cuyo sudor tenía un MHC distinto al de ellas, con lo que se concluye que las personas prefieren el olor de individuos cuyos genes, para este complejo, sean distintos de los propios. Un dato curioso, las mujeres que en ese momento tomaban la píldora, preferían hombres con el mismo MHC, cuanto menos interesante.
Como podemos intuir, parece que gran parte de la atracción primera que sentimos hacia alguien, proviene de un proceso que no controlamos de manera consciente. Podríamos pensar que nuestros genes se las ingenian para determinar, en cierto grado, quiénes pueden ser buenos sujetos para ser amados.
El olfato y el gusto son dos sentidos que trabajan en estrecha colaboración, pues la combinación de ambos incrementa el umbral de los sabores y olores, por ello y teniendo en cuenta lo comentado hasta ahora, cuando besamos a alguien ¿podemos saber en cierto grado si es genéticamente compatible? ¿No le ha pasado nunca que ha besado a alguien y se ha dado cuenta de que esa persona no era para usted?, dejando a un lado la técnica inherente del beso, (si babeaba demasiado o tenia la boca seca o cualquier otra circunstancia), que a pesar de ser influyente, no ahonda en lo propuesto en este articulo. Hablamos de la sensación que nos produce oler y saborear el beso con la intuición posterior de que la persona que tenemos a milímetros no es para nosotros, pues bien, después de lo expuesto aquí, quizás debamos hacer más caso a esta sensación e intuición de lo que nos pueda parecer a primera vista.
Elección de pareja e infidelidad quizás vayan unidos a este complejo MHC. Nuestro sistema es sabio, desea elegir personas con buenos genes y no solo buenos genes, sino compatibles a nosotros, con la finalidad potencial de una reproducción eficaz y la salvaguarda de una descendencia sana y deseable.
Para terminar este artículo, se hace necesario lanzar un interrogante ¿Qué favor nos hacen los productos químicos como desodorantes, colonias y perfumes a la hora de encontrar a amantes compatibles? Quizás, algunos de estos productos, un flaco y engañoso favor, pues las grandes empresas se empeñan en crear fragancias con feromonas atrayentes, que en cierta manera pueden engañar a nuestro sistema durante un tiempo, pero si convivimos con nuestra pareja está claro que antes o después podremos destapar la verdad que subyace bajo sus pieles y quizás para entonces sea tarde y nuestro cerebro pida a gritos silenciosos que debemos alejarnos de esta persona porque no es compatible, que solo fue una ilusión óptica y atrayente, una ilusión creada por el marketing industrial de los olores camuflados.
Estemos atentos de lo que nos pide, dicta o intuye nuestra mente cuando besamos a alguien por primera vez, pues quizás ese pensamiento no esté tan alejado de la realidad.
Una de las hipótesis esenciales es que puede que algunas parejas lleguen a ser genéticamente incompatibles, provocando incluso la inviabilidad de futuros hijos a través de abortos espontáneos, por esta incompatibilidad mutua genética. La pregunta que se hace necesaria es la siguiente: ¿tiene esto algo que ver con las infidelidades en las relaciones de pareja? En algunas especies animales donde la incompatibilidad suele ser alta, las hembras eluden este hándicap, apareándose con más de un macho, para provocar que esta incompatibilidad sea lo menos perniciosa para la futura descendencia. En humanos, ¿puede que las mujeres a un nivel inconsciente sean infieles a las parejas en las que detectan esta incompatibilidad? Estudios realizados con camisetas sudadas de hombres, pueden darnos una pista de cómo funciona el MHC en el ser humano.
Se les hizo sudar camisetas a una serie de hombres, a través de ejercicio físico, para después estas mismas camisetas, ser llevadas a laboratorio, con la finalidad de que un conjunto de mujeres las olieran y sopesaran cuales eran los olores que más les atraían. El experimento fue realizado al azar, es decir, nadie conocía a nadie. Los resultados muestran que las mujeres elegían las camisetas cuyo sudor tenía un MHC distinto al de ellas, con lo que se concluye que las personas prefieren el olor de individuos cuyos genes, para este complejo, sean distintos de los propios. Un dato curioso, las mujeres que en ese momento tomaban la píldora, preferían hombres con el mismo MHC, cuanto menos interesante.
Como podemos intuir, parece que gran parte de la atracción primera que sentimos hacia alguien, proviene de un proceso que no controlamos de manera consciente. Podríamos pensar que nuestros genes se las ingenian para determinar, en cierto grado, quiénes pueden ser buenos sujetos para ser amados.
El olfato y el gusto son dos sentidos que trabajan en estrecha colaboración, pues la combinación de ambos incrementa el umbral de los sabores y olores, por ello y teniendo en cuenta lo comentado hasta ahora, cuando besamos a alguien ¿podemos saber en cierto grado si es genéticamente compatible? ¿No le ha pasado nunca que ha besado a alguien y se ha dado cuenta de que esa persona no era para usted?, dejando a un lado la técnica inherente del beso, (si babeaba demasiado o tenia la boca seca o cualquier otra circunstancia), que a pesar de ser influyente, no ahonda en lo propuesto en este articulo. Hablamos de la sensación que nos produce oler y saborear el beso con la intuición posterior de que la persona que tenemos a milímetros no es para nosotros, pues bien, después de lo expuesto aquí, quizás debamos hacer más caso a esta sensación e intuición de lo que nos pueda parecer a primera vista.
Elección de pareja e infidelidad quizás vayan unidos a este complejo MHC. Nuestro sistema es sabio, desea elegir personas con buenos genes y no solo buenos genes, sino compatibles a nosotros, con la finalidad potencial de una reproducción eficaz y la salvaguarda de una descendencia sana y deseable.
Para terminar este artículo, se hace necesario lanzar un interrogante ¿Qué favor nos hacen los productos químicos como desodorantes, colonias y perfumes a la hora de encontrar a amantes compatibles? Quizás, algunos de estos productos, un flaco y engañoso favor, pues las grandes empresas se empeñan en crear fragancias con feromonas atrayentes, que en cierta manera pueden engañar a nuestro sistema durante un tiempo, pero si convivimos con nuestra pareja está claro que antes o después podremos destapar la verdad que subyace bajo sus pieles y quizás para entonces sea tarde y nuestro cerebro pida a gritos silenciosos que debemos alejarnos de esta persona porque no es compatible, que solo fue una ilusión óptica y atrayente, una ilusión creada por el marketing industrial de los olores camuflados.
Estemos atentos de lo que nos pide, dicta o intuye nuestra mente cuando besamos a alguien por primera vez, pues quizás ese pensamiento no esté tan alejado de la realidad.
jueves, 3 de mayo de 2012
Relaciones de pareja. Cuando el problema es el sexo. Discontinuidad temporal sexual.
Hombres y mujeres somos distintos. En gran medida por nuestro dimorfismo sexual (los hombres tienen pene y las mujeres vagina) que nos lleva a tener ciertos comportamientos diferentes, entre ellos nuestra forma de vivir el sexo.
Cuando un chico y una chica se enamoran, sus cerebros cambian. En la mujer fluye una mayor cantidad de testosterona, lo que le lleva a aumentar sus ganas de tener relaciones sexuales, al chico, por el contrario, le disminuyen los niveles de testosterona, lo que le provoca que desciendan sus ganas de tener sexo indiscriminadamente y pueda centrase mejor en su ser amado (incluso algunos se sienten mal al masturbarse, ¿mala conciencia o cuerpo sabio?).
Una posible finalidad de este suceso, es que la pareja pueda centrarse más y mejor en sus quehaceres amorosos, ella desea sexo de forma continuada y el al descender sus niveles de testosterona, sigue deseando sexo pero con la pareja amada, ya no va mirando a lo loco, pensando lascivamente. Se produce una mayor unión en la relación. El enamoramiento provoca que se produzca una mayor afinidad sexual. Muchas mujeres declaran tener mejor sexo cuando sienten un vinculo emocional fuerte hacia otra persona, que en la mayoría de los caso suele ser su ser amado, es decir disfrutan más del sexo cuando están enamoradas y dicho sea de paso, desean tener más sexo pues este es considerado de mayor calidad.
Pero como tantas cosas buenas de la vida, el enamoramiento es una etapa considerablemente breve en la historia de una pareja, las sustancias que segregamos al enamorarnos poco a poco vuelven a su estado inicial (en parte porque el cuerpo se habitúa a los cambios, en parte porque el proceso de enamoramiento conlleva un gasto de energía que el cuerpo no está dispuesto a mantener más allá de lo necesario), se produce un estado de homeostasis, del griego homo (ὅμος) que significa "similar" y estasis (στάσις) "posición", "estabilidad", es la característica mediante la cual se regula el ambiente interno (metabolismo), para mantener una condición estable y constante (para más información consultar Wikipedia).
Esta homeostasis, puede provocar lo que yo denomino “La falacia del sin sexo no hay amor”. Me explicaré. Cuando pasa el tiempo los niveles de testosterona vuelven a un estado inicial en las parejas, al hombre le aumenta el deseo sexual y a la mujer le disminuye, en tanto en cuanto antes estos valores estaban trastocados, como hemos explicado antes. Si el amado era un ser muy sexual antes de conocerla y ella era una persona donde el sexo no jugaba una variable importante, se puede producir un problema temporal sexual, el quiere constantemente y ella ya no. Y lo que comienza provocando que una pequeña bola de nieve se pueda convertir en un alud, son los posibles pensamientos circulares de ella. Nuestra amada puede preguntarse a sí misma porque ya no nos desea tan fervientemente, y se plantea la posibilidad de que quizás ya no esté tan enamorada (“falacia del sin sexo no hay amor”) lo que la inquieta y al acercarse el amado con ganas de retozar amorosamente, ella se sienta bloqueada, confusa y con sus pensamientos circulares rondándole la cabeza, lo que le provoca mayor tensión y una evitación de esta sensación desagradable, a su vez el amado se siente rechazado y frustrado, pudiendo agudizar el estado de ella, presionándola, no entendiéndola y en definitiva tensando la cuerda aun más, lo que conlleva a que la palabra sexo se vuelva desagradable para ambos.
En definitiva, ella cree que ya no está enamorada porque el deseo sexual ha disminuido, el se siente frustrado porque ella ya no le desea y además tiene la necesidad fisiológica casi constante de mantener sexo, provocando en definitiva un conflicto sexual en la pareja debido a esta discontinuidad temporal sexual.
Las relaciones amorosas han de ir más allá del enamoramiento, esta es solo una etapa más en la vida de una pareja, es normal que se produzcan cambios en nuestro deseo sexual, debemos entenderlos para no provocar pensamientos erróneos y circulares, la pasión es un ser juguetón que aparece y desaparece, que necesita mimos, cuidados y carantoñas, no es una constante en la vida de pareja y que si desciende no es porque el amor haya expirado sino porque quizás se ha entrado en otra etapa, más profunda aunque menos pasional. Las plantas sobreviven si son regadas, la pasión también necesita regarse y no con pensamientos circulares tan peligrosos como venenosos. Y cuando tenemos problemas sexuales, necesitamos la comprensión del amado, no que nos presionen, que nos chantajeen emocionalmente, pues esta postura agudiza aun más el problema, pudiendo pasar de una situación soluble a una insoluble y mortal. Debemos entender que la pasión fluctúa, que este proceso de fluctuación es algo normal y que no conlleva necesariamente al fin de una relación.
Para terminar otros datos curiosos de cómo afecta el sexo a ambos lados de la cama.
El alcohol aumenta el deseo sexual en la mujer y disminuye en el hombre, incluso el hombre puede perder el control de su miembro viril, es decir, puede costarle tener una erección. Un pensamiento catastrofista podría ser “no somos compatibles ni cuando bebemos juntos”.
Por otro lado, después de mantener sexo con nuestra pareja, la testosterona afecta en el hombre dándole la sensación de sueño y la oxcitosina (del griego ὀξύς oxys "rápido" y τόκος tokos "nacimiento") es una hormona relacionada con los patrones sexuales y con la conducta maternal y paternal que actúa también como neurotransmisor en el cerebro. También llamada La hormona de los mimosos) en ella, le provoca las ganas de mantener un vínculo amoroso con el amado, lo que conlleva a mayores ganas de hablar. Así pues mientras él piensa en dormir ella piensa en mantener un vínculo amoroso. Las cosas del amor y del sexo.
Hay que dejar claro, que siempre que se habla de estos temas, se hace desde la perspectiva de lo general, de lo que le ocurre a la mayoría de las parejas, pero no a todas, esto no son matemáticas puras, no siempre uno + uno suma dos, cada relación varia en ciertos aspectos en lo que se considera una relación media o típica. Pero en todo caso seguramente a más de una pareja le resulte familiar lo comentado en este articulo. Espero que les haya servido para entender un poco mejor, en la manera de lo posible, como funcionamos hombres y mujeres en las relaciones de pareja. Ánimo y a seguir entendiéndonos, que remedio.
Cuando un chico y una chica se enamoran, sus cerebros cambian. En la mujer fluye una mayor cantidad de testosterona, lo que le lleva a aumentar sus ganas de tener relaciones sexuales, al chico, por el contrario, le disminuyen los niveles de testosterona, lo que le provoca que desciendan sus ganas de tener sexo indiscriminadamente y pueda centrase mejor en su ser amado (incluso algunos se sienten mal al masturbarse, ¿mala conciencia o cuerpo sabio?).
Una posible finalidad de este suceso, es que la pareja pueda centrarse más y mejor en sus quehaceres amorosos, ella desea sexo de forma continuada y el al descender sus niveles de testosterona, sigue deseando sexo pero con la pareja amada, ya no va mirando a lo loco, pensando lascivamente. Se produce una mayor unión en la relación. El enamoramiento provoca que se produzca una mayor afinidad sexual. Muchas mujeres declaran tener mejor sexo cuando sienten un vinculo emocional fuerte hacia otra persona, que en la mayoría de los caso suele ser su ser amado, es decir disfrutan más del sexo cuando están enamoradas y dicho sea de paso, desean tener más sexo pues este es considerado de mayor calidad.
Pero como tantas cosas buenas de la vida, el enamoramiento es una etapa considerablemente breve en la historia de una pareja, las sustancias que segregamos al enamorarnos poco a poco vuelven a su estado inicial (en parte porque el cuerpo se habitúa a los cambios, en parte porque el proceso de enamoramiento conlleva un gasto de energía que el cuerpo no está dispuesto a mantener más allá de lo necesario), se produce un estado de homeostasis, del griego homo (ὅμος) que significa "similar" y estasis (στάσις) "posición", "estabilidad", es la característica mediante la cual se regula el ambiente interno (metabolismo), para mantener una condición estable y constante (para más información consultar Wikipedia).
Esta homeostasis, puede provocar lo que yo denomino “La falacia del sin sexo no hay amor”. Me explicaré. Cuando pasa el tiempo los niveles de testosterona vuelven a un estado inicial en las parejas, al hombre le aumenta el deseo sexual y a la mujer le disminuye, en tanto en cuanto antes estos valores estaban trastocados, como hemos explicado antes. Si el amado era un ser muy sexual antes de conocerla y ella era una persona donde el sexo no jugaba una variable importante, se puede producir un problema temporal sexual, el quiere constantemente y ella ya no. Y lo que comienza provocando que una pequeña bola de nieve se pueda convertir en un alud, son los posibles pensamientos circulares de ella. Nuestra amada puede preguntarse a sí misma porque ya no nos desea tan fervientemente, y se plantea la posibilidad de que quizás ya no esté tan enamorada (“falacia del sin sexo no hay amor”) lo que la inquieta y al acercarse el amado con ganas de retozar amorosamente, ella se sienta bloqueada, confusa y con sus pensamientos circulares rondándole la cabeza, lo que le provoca mayor tensión y una evitación de esta sensación desagradable, a su vez el amado se siente rechazado y frustrado, pudiendo agudizar el estado de ella, presionándola, no entendiéndola y en definitiva tensando la cuerda aun más, lo que conlleva a que la palabra sexo se vuelva desagradable para ambos.
En definitiva, ella cree que ya no está enamorada porque el deseo sexual ha disminuido, el se siente frustrado porque ella ya no le desea y además tiene la necesidad fisiológica casi constante de mantener sexo, provocando en definitiva un conflicto sexual en la pareja debido a esta discontinuidad temporal sexual.
Las relaciones amorosas han de ir más allá del enamoramiento, esta es solo una etapa más en la vida de una pareja, es normal que se produzcan cambios en nuestro deseo sexual, debemos entenderlos para no provocar pensamientos erróneos y circulares, la pasión es un ser juguetón que aparece y desaparece, que necesita mimos, cuidados y carantoñas, no es una constante en la vida de pareja y que si desciende no es porque el amor haya expirado sino porque quizás se ha entrado en otra etapa, más profunda aunque menos pasional. Las plantas sobreviven si son regadas, la pasión también necesita regarse y no con pensamientos circulares tan peligrosos como venenosos. Y cuando tenemos problemas sexuales, necesitamos la comprensión del amado, no que nos presionen, que nos chantajeen emocionalmente, pues esta postura agudiza aun más el problema, pudiendo pasar de una situación soluble a una insoluble y mortal. Debemos entender que la pasión fluctúa, que este proceso de fluctuación es algo normal y que no conlleva necesariamente al fin de una relación.
Para terminar otros datos curiosos de cómo afecta el sexo a ambos lados de la cama.
El alcohol aumenta el deseo sexual en la mujer y disminuye en el hombre, incluso el hombre puede perder el control de su miembro viril, es decir, puede costarle tener una erección. Un pensamiento catastrofista podría ser “no somos compatibles ni cuando bebemos juntos”.
Por otro lado, después de mantener sexo con nuestra pareja, la testosterona afecta en el hombre dándole la sensación de sueño y la oxcitosina (del griego ὀξύς oxys "rápido" y τόκος tokos "nacimiento") es una hormona relacionada con los patrones sexuales y con la conducta maternal y paternal que actúa también como neurotransmisor en el cerebro. También llamada La hormona de los mimosos) en ella, le provoca las ganas de mantener un vínculo amoroso con el amado, lo que conlleva a mayores ganas de hablar. Así pues mientras él piensa en dormir ella piensa en mantener un vínculo amoroso. Las cosas del amor y del sexo.
Hay que dejar claro, que siempre que se habla de estos temas, se hace desde la perspectiva de lo general, de lo que le ocurre a la mayoría de las parejas, pero no a todas, esto no son matemáticas puras, no siempre uno + uno suma dos, cada relación varia en ciertos aspectos en lo que se considera una relación media o típica. Pero en todo caso seguramente a más de una pareja le resulte familiar lo comentado en este articulo. Espero que les haya servido para entender un poco mejor, en la manera de lo posible, como funcionamos hombres y mujeres en las relaciones de pareja. Ánimo y a seguir entendiéndonos, que remedio.
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DELIRIOS Y LOCURA
Delirios y otros problemas
Bienllegados a la pagina donde todos vuestros delirios serán recompensados con miradas de incomprensión y rechazo amable.
Nos movemos incesantemente por sendas incautas, ataques de locura anonimos y vulgaridades encendidas por el alcohol de cualquier cantina.
No vengo a vender nada de valor ni a regalar una sonrisa verdadera, vengo para quedarme sentado mientras tu disfrutas de la ignorancia de los demás.
Vengo para quedarme sentado entre tus historias de a media tarde, para escucharlas, leerlas y enmudecer al ver que todos somos tan parecidos, tan complejamente simples.....
Me siento y te escucho. Sientate y escuchate. Sentemonos a escucharnos.Escuchame si puedes.
Nos movemos incesantemente por sendas incautas, ataques de locura anonimos y vulgaridades encendidas por el alcohol de cualquier cantina.
No vengo a vender nada de valor ni a regalar una sonrisa verdadera, vengo para quedarme sentado mientras tu disfrutas de la ignorancia de los demás.
Vengo para quedarme sentado entre tus historias de a media tarde, para escucharlas, leerlas y enmudecer al ver que todos somos tan parecidos, tan complejamente simples.....
Me siento y te escucho. Sientate y escuchate. Sentemonos a escucharnos.Escuchame si puedes.



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