viernes, 19 de abril de 2013

Libres y sanos

No me perteneces, libre es como sabes bien, libre y honesta, mi enfado es pueril aunque tus reacciones también, pero no puedo culparte por mi torpeza. Eres gigante, sana, y aunque te vendes como una egoísta recalcitrante, eres todo lo contrario, samaritana, benévola e indulgente, sabes caminar sin hacer sentir mal a los demás y ese es tu don.

A veces no entiendo las cosas y te pido paciencia pues cuando desenmaraño mis pensamientos, puedo ver claro y entonces es cuando vuelvo a necesitar tu libertad sumada a esta saludable interdependencia de querer vernos sin obligaciones, no como esas parejas que han perdido el rumbo y siguen vagando por el espacio llevadas por la inercia de su movimiento y que quedan para verse  sin saber por qué, para qué, de qué modo y en que versión.

No somos inercia y eso me encanta, somos peonzas que controlan su movimiento, autónomas, flexibles y con sentimientos, por eso quiero todo el bien que pueda caberme en mis esperanzas, para ti, porque si te enfadas nada tiene sentido entonces y se pudre la madera invisible de los andamios que nos acercan el uno al otro, andamios que hemos construido con sonrisas, juegos cómplices, conversaciones infinitas, sexo, caricias y miradas que nos delatan.

Todo lo que haces que te sienta bien quiero que sigas haciéndolo, porque no dañas a nadie y si alguien se ofende, no es por tu culpa, sino porque la inseguridad les delata, como me ha pasado a mí. Pero soy fuerte y comprensivo, quizás eso te atraiga de este personajito pues necesitas que alguien lleve la cordura de vez en cuando, para que tú puedas ser creativa y despreocupada.

Y cuanto más libres somos más cerca estamos el uno del otro, pues es esta sensación de libertad la que nos une, guía, relaja y atrae mutuamente. Me siento sano por ello, pues por fin predico con el ejemplo de tantos escritos pasados, tú me haces sentir sano y eso lo recordaré toda mi vida.

martes, 16 de abril de 2013

La tristeza postcoital. ¿Nos sentimos tristes por el vacío del sexo superficial o por la represión educativa sexual recibida?

La velocidad de los cambios sociales es innegable, los cambios de mentalidad, de acciones y conductas, nos hacen desviar el rumbo unas veces para mejor y otras para peor, pero no es cuestión de enjuiciar dichos movimientos, sino de comprenderlos, adaptarnos y sacar lo mejor de ellos.

Uno de los numerosos cambios que se están produciendo es a nivel sexual.  Algunos autores como la escritora Donna Freitas están empezando a hablar de “la cultura del polvo[1]”, enfatizando su poder de hacer desdichados a los que la practican. Esta “cultura del polvo” consiste en mantener relaciones sexuales basadas en la penetración y el orgasmo, de forma continúa con personas diferentes, con cuantas más mejor, sin buscar ningún tipo de compromiso, movidos más que por el deseo de hacerlo, por la presión social, que los empuja a dichos quehaceres, convirtiéndose en una forma de consumismo sexual caracterizado por la carencia afectiva y la tristeza post-acto, pues del atrevimiento y la incertidumbre pasamos al aburrimiento y la desidia promovida por la falta de empatía con el otro al que nos fusionamos corporal pero no emocionalmente. Por ello después de estos actos casi reflejos promovidos por la presión, subyacen estados de tristeza a los que podemos denominar como “tristeza postcoital”.

Podemos definir la tristeza postcoital como un estado emocional negativo, caracterizado por el desconsuelo que produce mantener relaciones sexuales sin cariño, afectividad o el suficiente conocimiento mutuo. Esta falta de compenetración, empatía y entendimiento con el desconocido al que desnudamos, promueve en la persona sentimientos de culpa una vez terminado el acto sexual, pues este encima se basa únicamente en la penetración y el orgasmo y no deja espacio a la comunicación y a la expresión erótica en un sentido amplio, lo que hace que la relación sea aun más fría y superficial.

¿Pero puede que esta tristeza postcoital sea únicamente un reflejo residual de nuestra educación sexual represiva, que nos empuja a sentirnos mal por practicar sexo con desconocidos? ¿No somos tan libres como creemos y nuestra conciencia no nos deja mantener relaciones con quien deseemos aunque no le conozcamos? ¿Dónde están los límites entre nuestra libertad, las relaciones sanas, los sentimientos de culpa y la tristeza postcoital? En definitiva ¿mantener sexo con desconocidos nos produce tristeza postcoital porque realmente es un acto vacio o por la represión educativa que hemos ido arrastrando y que ha quedado grabada en nuestro consciente y/o inconsciente?

Quizás como casi todo en la vida, sea una suma de variables, pues practicar sexo superficial con desconocidos, puede dejarnos con ese sentimiento de vacío y tristeza por el mero hecho de llevarlo a cabo y que por otra parte, el pepito grillo de nuestra conciencia, basada en la educación sexual represiva, nos diga que estas cosas que hacemos no son las correctas.

Lo que sí está claro es que estos sentimientos postcoitales son más normales de lo que parecen y son muchas las personas que necesitando afecto, buscan descargar sus tensiones con relaciones sexuales, aun cuando en sus corazones lo que habita sea un deseo de conexión con el otro, pero esta conexión no se genera en una noche de copas, sino que necesita  más tiempo para alcanzarse, por lo que al final se recurre al sexo rápido basado en la penetración como excusa de un acercamiento que no va más allá de lo táctil y efímero, es como soñar con un ágape y conformarse con un dátil. Pero de dátiles no vive el ser humano y al final flaquea desnutrido, pidiendo otra cosa y manifestando su enfermedad con los comentados sentimientos de culpa y tristeza.

El debate, si es que existe tal debate, se encamina hacia la elección autónoma de mantener relaciones eróticas esporádicas con desconocidos libre de culpa o la búsqueda de algo más emocional y empático para acallar esta tristeza postcoital que a veces nos invade.

Lo importante será mantener relaciones, sean esporádicas o no, que realmente nos llenen, conociendo y aceptando las consecuencias, sintiéndonos libres, autónomos y en definitiva equilibradamente sanos, sea como sea esta relación erótico-sexual.

lunes, 15 de abril de 2013

Cinco años de DELIRIOS

No pensé que mantendría este blog tanto tiempo, pero ha pasado, ya son cinco años desde que puse mis primeras palabras aquí. Cinco años dan para escribir muchas experiencias, anécdotas, historias de vida y artículos de interés (o no tan interesantes), donde me he desahogado emocional y científicamente, mandándome mensajes a mí mismo y a los demás de forma tanto explicita como implícita, mensajes a las personas que me han querido y me han dejado de querer, o que sus sentimientos se han transmutado en otros, pues como sabemos nada se destruye sino que se transforma, incluso había tiempo para mandar mensajes que no me interesaba que realmente nadie los leyera, sino como un escape voluntario de mis emociones y pensamientos que deseaba plasmar sin ánimo de exhibirme demasiado. Cinco años de imaginación, pensamientos, sentimientos y emociones entremezclados, como un diario humano de un ser tímidamente científico.

Doy las gracias a todos los que han leído alguno de mis escritos y artículos, a los que han dejado sus comentarios, a las personas que esperaban un nuevo delirio, a los que me encontraron por casualidad, a los que odian lo que pongo, por diversos motivos pero que saben en su interior que de algo les habrá servido, gracias a los que perdieron unos minutitos de sus vidas en leer algo mío y a los que desean que este blog siga abierto por un año más.

GRACIAS A TODOS. 

viernes, 5 de abril de 2013

¿Obsolescencia programada en las relaciones de pareja?

El ser humano no permanece inmutable, sino que por el contrario va cambiando y transformándose desde que nace hasta su último aliento, su cuerpo cambia, envejece, se arruga, sus órganos también cambian, aparecen enfermedades, desequilibrios y desajustes, continúa interconectando sus circuitos  neuronales, aprendiendo continuamente, convirtiéndose cada cierto tiempo en un nuevo individuo con nuevas inquietudes sustentadas en la base de unas creencias arraigadas que le permiten no caer en el caos y la locura. Por ello no es de extrañar que cada cierto tiempo nos planteemos si estamos bien dónde y con quién estamos ¿somos seres encaminados hacia la obsolescencia programada amorosa? ¿Somos promiscuos o monógamos? ¿Somos monógamos perennes o en serie (ser fiel a una pareja mientras estamos con ella, pero la relación suele ser corta y lo dejamos por otra)? ¿Podemos generalizar que el ser humano sea “algo concreto” o cada persona es un ser tan distinto al resto que es absurdo plantearnos estas cuestiones?

Entendemos por obsolescencia programada a la planificación preconcebida de poner fin a la vida de un producto de forma temprana, con el propósito de que estos objetos se conviertan en útiles de “usar y tirar” con un vida media más corta de la que podían tener. Para Álvaro Fustero[1]: “La obsolescencia programada quiere decir que vivimos en una sociedad en la que se nos ha impuesto la cultura de comprar, tirar, comprar; todo lo que se fabrica incluye una fecha de caducidad impuesta por el fabricante, lo que convierte en inservibles nuestros objetos al cabo de un tiempo, haciendo imprescindible su sustitución por algo nuevo, “mejor””.

¿Puede que genéticamente los seres humanos no seamos capaces de mantener una relación en el tiempo a causa de que poseemos cierta obsolescencia programada en lo referente a las relaciones de pareja? ¿Puede que sea esta cultura consumista la que promueva que el ser humano “use” a otros seres humanos durante un tiempo y luego decida que ya no les vale, cuando algo falla, prefiriendo ir a comprar otro “producto” nuevo? ¿Es la mezcla de ambas variables la causante de tanta ruptura amorosa? ¿O exageramos cuándo decimos que el ser humano tiende a romper sus relaciones y realmente somos más monógamos de lo que algunos creen?

Casi todos hemos pasado por rupturas amorosas de más o menos calado, de más o menos sufrimiento, y estas rupturas han sido debidas a variables como, los celos, la falta de comunicación, la desgana, el alejamiento emocional y un largo etcétera, variables que  para los defensores de la obsolescencia programada, no son más que eufemismos de esta, puesto que lo que subyace realmente es que el ser humano no está preparado para mantener una relación larga con la misma persona y la etiología de esta problemática es la propia obsolescencia y lo demás son adornos que ponemos para poder explicar las rupturas amorosas. Para otros estudiosos, los partidarios de la obsolescencia pueden parecerles demasiado radicales y agoreros, dando una visión desenfocada de la realidad del ser humano, puesto que creen que estos exageran, ya que el ser humano, para ellos, es más estable en sus decisiones de compromiso y de amor y que la obsolescencia no es más que una forma alarmista de entender al individuo. Para un tercer grupo, desde mi punto de vista, para los más humanistas, le es imposible creer que el ser humano pueda ser etiquetado de monógamo o polígamo o de cualquier otra denominación, puesto que el abanico de posibilidades se agota con el número de individuos que habitan en el mundo, es decir no podemos generalizar que el ser humano sea de una forma u otra, pues en el fondo es de todas a la vez y de ninguna ya que depende de cada individuo.


Mi objetivo en este artículo no es posicionarme en alguno de los postulados comentados, más bien es incitar a la reflexión sobre la capacidad de amar del ser humano.  De todos modos puede que en algunos sujetos la obsolescencia programada se halla  instalado en su forma habitual de relacionarse, ya sea guiados por la sociedad consumista en la que habitan o por su imborrable huella genética que les impulsa a desestructurar una relación en pro de construir una nueva, cada cierto tiempo.

Supongo que mientras leías esto, te estabas posicionando hacia uno u otro lado o quizás hacia una nueva forma de explicar dicha problemática que no he plasmado en este artículo, sería interesante saber tus reflexiones al respecto ¿Somos seres programados para abandonar las relaciones de pareja a causa de esta obsolescencia programada?

sábado, 30 de marzo de 2013

La cultura falocéntrica de la sexualidad.

Culturas como la occidental han basado su sexualidad en un pensamiento puramente falocéntrico, es decir dando prioridad y sumo poder a la imagen del pene, por lo que podemos definir falocéntrismo en sexualidad a la preponderancia del pene como órgano central en la relación erótica. Y del falocéntrismo quizás, se ha ido derivando a una visión de la sexualidad centrada en las relaciones con penetración y la visión del orgasmo como única meta o como finalidad última y obligatoriamente necesaria.


Con el falo como bandera de la sexualidad y con la penetración como vía de expresión, se ha dejado de lado fuentes de placer tan importantes o más que esta, puesto que la sexualidad envuelve todo nuestro ser y todo nuestro cuerpo, desde el roce sutil al apretón agresivo, desde el tenue beso al mordisco pasional, por lo que en la actualidad debemos considerar la penetración como una manifestación más de nuestras relaciones eróticas, no la sublime y central.

Y el falo ha soterrado y oscurecido el estudio de un órgano supremo del placer que solo lo poseen las mujeres: el clítoris. Este pequeño órgano, ostenta la única función de proporcionar placer a la mujer y esta circunstancia parece haber molestado en antaño a miles de científicos, religiosos y estudiosos de los siglos pasados, pues no podían unir la idea del poder del falo y la penetración con el hecho de que el orgasmo femenino se alcanzaba fuera de esta a través del clítoris, ya que dicha concepción tiraba por tierra la soberanía de la penetración como mecanismo de placer y por ende del poder en sí mismo del hombre en la relación erótica, pues sin pene no había placer ni para el hombre ni para la mujer.

Pero resulta que el orgasmo vaginal es una falacia y que las mujeres no necesitan ser penetradas para obtener placer, ni para llegar al orgasmo, como ahora sabemos, son los primeros  cuatro centímetros de la vagina los que poseen la sensibilidad necesaria para otorgar placer a esta, ya que en los 8 cm restantes, no hay suficientes terminaciones nerviosas como para que la mujer tenga sensaciones placenteras, así pues un pene descomunal, como el que desearían tener miles de varones, no es necesario absolutamente para nada, salvo para lubricar la imaginación de mujeres que se exciten con tal tamaño, pero en lo que a la fisiología respecta, el tamaño del pene, incluso su presencia no es necesaria para el orgasmo femenino.

Pero aun hoy día el hombre sigue enamorado del pene, desde jóvenes comparamos nuestros tamaños y soñamos con tener unos centímetros más, construimos edificios con formas fálicas, rascacielos empalmados, como si quisiéramos tocar el cielo con el miembro viril, un culto al pene que ha distorsionado a la sexualidad humana y la ha restringido a la penetración pueril. Por ello (y por otras muchas causas) la educación sexual se ha vuelto tan necesaria, pues a través de ella podemos desterrar el mito del falocéntrismo y promover una sexualidad más amplia y real, más placentera y global, haciendo que la mujer entienda el poder de su cuerpo y comprenda la función de su clítoris, una sexualidad que vaya más allá del falo y la penetración.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Breve reflexión inicial sobre las fantasías sexuales.

Podemos definir fantasía sexual como el proceso mental de corte erótico que mantenemos y del cual gozamos haya o no acto masturbatorio o relación erótica con orgasmo. Para el experto psicoterapeuta inglés Brett Kahr las fantasías sexuales quedan definidas como: “un pensamiento o conjunto de pensamientos conscientes que incluye la representación de uno o varios actos sexuales, de una o varias escenas sexuales, de imágenes sexuales y con frecuencia de lenguaje sexual, la totalidad de las cuales en muchos casos producen sensaciones placenteras que van del disfrute mental a la estimulación física de los genitales[1]”.

Y parece que todos los seres humanos poseemos la capacidad de mantener, en nuestras mentes, fantasías sexuales de lo más variopintas, tengamos pareja o seamos solteros. Para cierta población estas fantasías son ambivalentes puesto que gozan de ellas y a la misma vez se sienten culpables por tenerlas, lo que el mismo autor denomina como “paradoja masturbatoria”, pues la misma persona siente placer de forma física pero de manera simultánea malestar en su mente, ya que siente culpa, vergüenza y/o rabia. Por ejemplo ciertas personas que tienen pareja pueden mantener pensamientos de tipo fantasioso-eróticos con otros individuos, sean completamente desconocidos, amigos o familiares de uno o de ambos miembros de la pareja, produciéndose lo que B. Kahr ha descrito como “aventura intramatrimonial”, por lo que podemos "pseudo-engañar" a nuestras parejas mentalmente, incluso cuando estamos manteniendo un encuentro erótico con ellas, aunque después nos sintamos mal, angustiados, tristes o enfadados con nosotros mismos, pero la próxima vez que volvamos a tener otro encuentro con nuestra pareja, es probable que  vuelva a repetirsela misma fantasía o a una análoga.

Para Freud las personas que mantienen fantasías sexuales poseen una falta de satisfacción sexual, pues hay un deseo frustrado que intentan resolver con dichas fantasías. Posiblemente las personas cuando están en un proceso elevado de enamoramiento o de atracción física, no las necesiten para estimular su acción sexual, puesto que el otro se convierte o es la esencia de la propia fantasía “voy a poder verle desnudo/a”, “voy a saber como lo hace”, cumpliendo así la fantasía creada previa al encuentro erótico. Pero con el paso del tiempo si no hay una continúa estimulación, juego y novedad, puede que aparezca en nosotros la necesidad de crearnos imágenes que nos suban la libido (deseo sexual) e incluso salgan a la luz ciertas fantasías que se hallaban en el inconsciente, aflorando por la falta de excitación sexual que vivimos en el mundo real, las cuales, como ya expusimos, pueden ser placenteras o perturbadoras.

Y la cuestión ética se hace evidente ¿Estas fantasías, si tenemos pareja, son moralmente aceptables? ¿Podemos soportar que nuestra pareja por mucho que nos quiera pueda mantener pensamientos fantasiosos con otros seres humanos sean inventados, famosos o mortales reales y corrientes? La profesora de Psiquiatría Helen Kaplan (1929-1995), creía necesario que el miembro de la pareja con un problema sexual experimentara fantasías para incrementar su deseo o excitación, sea esta cual sea,  puesto que trabajar desde la fantasía promueve que la persona piense en sí misma y en lo que le gusta, tenga o no pareja. Esta puede partir tanto de la imaginación como de literatura erótica o incluso de películas pornográficas y el otro miembro de la pareja no ha de sentirse molesto o inquieto, más bien para que el tratamiento tenga éxito, debe ser respetuoso y apoyar a su pareja. En más de una ocasión Kaplan utilizaba, entre sus recetas de tratamiento, el uso de la fantasía: “Dar –permiso- al paciente para que explore fantasías o actividades eróticas que hasta entonces había evitado, y disfrute de ellas[2]. Por lo que las fantasías se convierten en una parte más, normalizada de la relación de pareja con la que se consigue volver a una situación placentera y agradable para ambos, puesto que ayuda a eliminar el problema sexual que hacia sufrir a la relación (teniendo en cuenta que el tratamiento no suele ser solo el uso de la fantasía, ya que pueden  hacer falta otras pautas).

En definitiva, los seres humanos debemos aprender a vivir en paz con nuestras fantasías y respetar las fantasías de nuestra pareja, ya que la imaginación es uno de los elementos claves por los que los seres humanos exploran y esta, en el mundo erótico, es una fuente de placer inagotable.



[1] Datos hallados en: Kahr, B. (2010). Sexo y fantasías. La investigación más completa y reveladora sobre nuestro mundo sexual interior. Ediciones Martínez Roca: Madrid.
[2] Datos hallados en: Kaplan, H. (2010). Manual ilustrado de terapia sexual. La solución a los trastornos sexuales más comunes. Debolsillo: Barcelona.

viernes, 8 de marzo de 2013

Retazos de una historia que se repite, del hombre que quiso salvar a la melancólica mujer perdida ambivalente.

En el suelo, con cara sonriente pero con el muro partido, sin pestañear pero con los ojos de su interior completamente cerrados, con ganas de abrazar, pero corriendo por si el fuego quemara más de lo que pudiera soportar, amigable pero mostrando los dientes como un macaco asustado, y ese hecho despierta mi alarma, me activa y tengo que ir al rescate, porque sé que nací para dejar de verte sufrir y salir lanzado, vapuleado por tu inminente nueva y mejorada salud infinita, pero recaes y vuelves a mí; no lo sabes pero no me venden en farmacias, esta droga es un menjunje con sabor a ser humano tierno, bromista y carismático, una pastillita más y creo que ya podremos dejar de vernos por siempre, aunque mi mente te visite de vez en cuando, como a tantas otras chicas insanas que sanaron a mi lado o que al menos creyeron que sus alas ya estaban listas de nuevo para volar, pero ninguna de ellas sigue sana o quizás sí, o todos mienten y yo pierdo como casi siempre, pero alegre, como ignorante y satisfecho de seguir viviendo en camas ajenas mientras dura la resaca de esta vida que parece injusta pero que realmente lo es. Nada cambia por más canas que puedan salir de mi mentón, todos esos ojos que nunca me pertenecieron han quedado guardados en tarritos de aceitunas, son para mí como reliquias de caza de seres extinguidos, algo prohibido, pues ya no se pueden tocar, y los baño con espurios suspiros que hacia nadie van ya, tanta energía derrochada, que a veces pierdo el sentido de lo que estoy haciendo, pues cuanto más cuerda te vuelves, más lejos caminas y menos tiempo tienes para mí. Quédate insana pide mi cuerpo egoísta, no mejores, no camines, no nada, ni siquiera pienses porque si lo haces te darás cuenta de que hasta los callejones más estrechos, están hechos del mismo material que las grandes avenidas libres, de ilusiones de libertad. Pero tengo que sanarte, pues sino estuvieras enferma no me atraerías, serias invisible para mí, como el dinosaurio que solo ve a los demás si se mueven, yo solo puedo intuir a aquellos seres que están débiles, pues un tranvía los arroyó, lo demás no existe, ni existirán en mi mente, no está, no hay nada, solo el olor de la melancolía que me atrae como el lobo a la presa. Por ello todo es en sí mismo una locura, pues te quiero loca para sanarte y cuando sanes no podre mirarte igual, ni tú a mí, esa es la injusta ironía de mis elecciones y así todo el tiempo, en rubio, en moreno, en delgado, en efímero, en obsceno, en sado, en masoquista, en inteligente, en tímida, da igual, una detrás de otra insana que sana a mi pesar y a tenor de mi ayuda esquiva. Porque al final quiero que seas feliz y libre.

lunes, 4 de febrero de 2013

Erotofilia y erotofobia. Dos maneras opuestas de entender las relaciones eróticas.

Vamos a entender por relaciones eróticas toda aquella conducta con contenido sexual que va más allá de la penetración, abarcando a esta, pero añadiendo los abrazos, caricias y besos, entre otras conductas y gestos de carácter amatorio, dando importancia por igual a todas ellas, no distinguiendo entre preliminares y la penetración, pues todo forma un conjunto con igual relevancia.

Los seres humanos somos seres sexuados y sexuales, donde el sexo es una parte heredada de la conducta animal, puesto que la gran mayoría de especies se reproducen a través del dimorfismo sexual, es decir con dos tipos de órganos diferentes (los del macho y los de la hembra), pero los humanos vamos más allá del puro acto animal, por lo que distinguimos entre sexo y sexualidad.

Si el sexo es algo innato, ya que tanto seres humanos como animales lo llevamos a cabo de la misma manera, la sexualidad es puramente humana, es un elemento básico de nuestra personalidad, abarca mucho más allá de la  genitalidad, invadiendo todos los espacios de la vida de una persona, su yo, su psicología y sus relaciones sociales. La sexualidad tiene muchas funciones que se expanden más allá de la reproducción, pues con ella encontramos momentos para el placer, para la intimidad, para la comunicación, para el afecto, para la ternura…., comprendiendo todas las etapas de la vida de una persona, desde su nacimiento hasta su muerte.

Y como parte integrante de nuestra personalidad y en gran medida acotada por la cultura en la que vivimos, podemos mantener posturas a favor o en contra de la sexualidad. Si mantenemos una postura a favor, diremos que somos personas erotofílicas y por el contrario si tenemos ideas y creencias en contra de la sexualidad, podremos decir que somos erotofóbicos.

Así pues podemos definir la erotofilia como la actitud positiva que mantenemos con respecto a todo lo sexual y erótico, no albergando sentimientos de culpa, ni rechazo sobre estas conductas, por lo que las personas erotofílicas pueden hablar abiertamente de sexo, sin sentirse mal por ello. Mientras que podemos definir erotofobia como la actitud negativa hacia todo lo sexual y erótico, que conlleva a que las personas se sientan culpables al hablar de sexo o mantener conductas de esta índole. Como indica la página www.fobias.net, la erotofobia es: “un persistente, anormal y injustificado miedo al amor sexual o a las preguntas de índole sexual. Este término es utilizado por los psicólogos para describir la sexualidad en la escala de la personalidad. Los erotofóbicos tienen altos puntajes en una escala que se caracteriza por expresiones de miedo y culpa respecto al sexo. Es poco probable que hablen de sexo, tienen más reacciones negativas con respecto al material sexualmente explícito y tienen relaciones sexuales con menor frecuencia y con menos compañeros a lo largo del tiempo[1]”.

El catedrático de Psicología de la Sexualidad de la Universidad de Salamanca, Félix López Sánchez, en su libro: “La educación sexual (2005)” nos ofrece un cuestionario para saber si tendemos a conductas erotofílicas o erotofóbicas, en el cual debemos responder en una escala que va desde máximo acuerdo (1) a máximo desacuerdo (7), según nuestra opinión sobre el ítem seleccionado. Hay una escala reducida, en la que se acortan el número de ítems utilizados.

Desde la educación afectivo-relacional partimos de una concepción erotofílica de la sexualidad, puesto que esta pertenece al mundo de la salud emocional y física, y por ello debemos apartar mitos y creencias erróneas que durante siglos han hecho tanto daño a la humanidad, cargándonos de miedos irracionales y sentimientos de culpa que hemos de desterrar de una vez por todas. Todos merecemos ser felices en todos los ámbitos de nuestra vida, y en este, en el sexual, tan importante como es para el ser humano, tenemos que  concebir a la sexualidad desde el lado positivo, pues es una fuente de riqueza, placer y salud, tan grande como el propio ser humano.



[2] Datos del cuestionario hallados en: López, F. (2005) La educación sexual. Biblioteca Nueva: Madrid.

sábado, 26 de enero de 2013

La idealización en el enamoramiento

Todo estado de enamoramiento pasa por un proceso denominado: idealización.

Podemos definir la idealización como un proceso transitorio de distorsión de la realidad que afecta a la forma en la que vemos al ser amado, dándole un valor extremadamente positivo, negando cualquier atisbo de fallo en su personalidad. La idealización es un sesgo en las atribuciones de las conductas del enamorado, es decir, todo lo bueno que hace el otro se debe a su personalidad agraciada y todo lo negativo que podamos intuir se debe a factores externos “él no es así, son las circunstancias que le llevaron a comportarse de esa manera”. Por lo que el ser amado no hace nunca nada malo y si lo hace no se debe a su personalidad.

Con la idealización creemos ver en el otro lo que nos falta o complementa, lo que encaja con nuestras perspectivas de lo que es una pareja y de lo que puede ser con él una relación, vemos lo que queremos ver, lo que necesitamos ver. El otro se convierte en una figura moldeada por nuestras expectativas y deseos, no es real, es una imagen ideal, más tarde la propia realidad se encargará de redefinir quien es el otro, en su verdad intrínseca. No queremos ver en el enamorado nuestros propios fallos, nuestras frustraciones presentes y pasadas, por lo que construimos un futuro tan bello como irreal, pero necesario, en un principio.

Este proceso es necesario para poder mantener después un estado de apego con la persona enamorada, ya que si desde el principio viéramos todos los fallos de forma objetiva, muy posiblemente frenaríamos el proceso de seguir conociéndolo pues seguramente no nos compensaría. Con la idealización, nuestro cerebro gana tiempo para empatizar con el otro, cogerle cariño e iniciar  un estado de admiración que es el que protegerá al enamoramiento en su recorrido. Nos engañamos a nosotros mismos en pro de ganar tiempo para que después al ver al otro tal y como es, ya se haya producido un vinculo difícil de borrar, pues al mirar atrás recordamos todo lo bueno del otro y esto nos será útil para cuando comiencen las dificultades  en la convivencia; la idealización promueve un saldo positivo sobre la relación, del que hay que tirar cuando estalla una crisis.

Así cuando estamos idealizando al otro es cuando más cerca queremos estar, cuando más cosas queremos hacer a su lado, cuando más brilla el sol en nuestras pupilas. Es un tiempo ganado, una remuneración amorosa, un plan de pensiones para cuando aparezcan las "vacas flacas".

Y a parte de ver al otro como el ser magnifico, también él muestra su parte positiva, es un doble proceso. Puesto que queremos enamorar al otro y por ello mostramos lo mejor de nosotros, acallamos nuestras pequeñas locuras que puedan asustar al enamorado y encima este nos ve como seres superiores, es la conjunción perfecta para el crimen perfecto.

Pero esta idealización no dura siempre y la realidad acaba imponiéndose. Esto conlleva a que la pareja ha de ir reestructurando la visión del amado, conforme se convive con él, puesto que un cambio brusco, es decir, ver de repente al amado tal y como es sin que haya ido produciéndose una acomodación, es un golpe muy fuerte que puede acabar con la relación. Por ello lo ideal es que este proceso se vaya produciendo lentamente, progresivo, para que la pareja se acomode a la verdadera personalidad del otro, sin traumas ni desengaños.

Una idealización sobre el otro equilibrada, conlleva a que el enamoramiento siga su curso sin problemas y que al pasar al periodo de realidad, no surjan grandes traumas ni desengaños, puesto que las expectativas, aunque altas, no eran desorbitadas. Por el contrario una idealización exacerbada puede contribuir a un desengaño mayor, pues ya se sabe que la caída duele más cuanto más altos estamos.

En definitiva, la idealización es necesaria para adquirir un futuro vínculo de apego con el ser amado, es un saldo a favor, pero esta debe ser equilibrada y ha de ir cesando gradualmente para no chocar de manera frontal con la realidad y que se produzcan desengaños y traumas que afecten mortalmente a la relación.

domingo, 6 de enero de 2013

A esa pequeña melancólica que se cruza en mi camino.

No puedo explicar porque elegí ese camino, no me gusta creer en el destino ni en la fatalidad de que la tostada siempre cae por el lado de la mermelada, no tengo supersticiones en mis bolsillos y me da dentera creer en hadas, pero no puedo explicar porque sabía, antes de llegar, que caminaría hacia ti sonriente como si te conociera de toda la vida o como si la vida nos conociera a los dos y quisiera presentarnos formalmente. No puedo explicar porque tu melancolía se respiraba en el aire, como el olor del pastel de unos dibujos animados y yo con los pies por encima del suelo, igual que un fantasma embriagado, me acercaba a ti. Y te vi. Con esos ojos vivos, con esa cara de pequeña, con esos brazos abiertos y nos quedamos sorprendidos y desde entonces no quisimos despegarnos, por si acaso era un sueño, un espejismo, o las ganas de sexo que nos hacían creer que alguien estaba al otro lado. Después te convertiste en fuego, en saliva, en piel, lubricando todo mi estado, y necesitábamos contárselo a la almohada. Esperamos sin dormir hasta que las ruedas y el volante de esta aventura nos condujeron al mar, a la soledad, a la pasión desesperada.

Hoy aun nos quedan ganas de volver a conocernos cada día un poco más, a emborracharnos sin querer mientras el sol nos invita a entre-cerrar nuestros ojos a causa de su fuerte vitalidad, a comer pequeños bocadillos que nos duran una eternidad, a sonreír y volver a besarnos. Quieres hacerme el amor me dices, mientras sonríes coqueta e intensa y yo te muerdo la oreja para no dejarte pensar en otra cosa que no sea imaginarnos a ambos desnudos en alguna playa nudista de las afueras de nuestro ser.

Y te alejas, pero intuimos que volveremos a conectar, pese a los miedos del pasado y las incertidumbres del futuro, porque al fin y al cabo somos valientes, y deseamos ser compatibles al entrelazar las manos, al arrojar ideas y al saborear el placer del erotismo carnal y salvaje. ¿Será la ventana de tu cuerpo compatible con la persiana del mío? Sabes que deseas averiguarlo, espérame donde te dije y pronto lo sabremos.

viernes, 4 de enero de 2013

La importancia de la honestidad en las relaciones afectivas.

Según la Real Academia Española la palabra honestidad hace referencia a aquel que es decente, decorosorecatadopudorosorazonablejustorecto honrado. Es una cualidad humana que ensalza la sinceridad y la verdad. La persona honesta busca la verdad para sí mismo y para los demás.

El pensador chino Confucio distinguió tres tipos de honestidad:

Ø  Li (nivel superficial): acciones encaminadas a cumplir los propios deseos, demostrando sinceridad en ello.
Ø  Yi (nivel profundo): conocido como la bondad. No se persigue el propio interés sino alcanzar el principio moral de la justicia, a través de la reciprocidad. La persona es honesta consigo misma con respecto a sus obligaciones y deberes.
Ø  Ren (nivel más profundo): conocido como empatía, donde la persona ha de autocomprenderse primero para después poder comprender a los demás. Se basa en la frase: “trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti”.

Así pues una persona honesta busca la verdad, la ofrece y para ello se basa en la bondad de sus acciones, apoyándose en la reciprocidad y la empatía, alcanzando dicha honestidad cuando primero se conoce a sí mismo para después conocer y respetar a los demás.

Y en las relaciones de pareja la honestidad ha de ser la base de su vínculo, de la que se parte y a la que se llega con sinceridad, esfuerzo y motivación. Y como hemos dicho, esta se alcanza primero, conociéndose uno mismo, sabiendo que se desea de la vida, estando al tanto de nuestras propias emociones, sensaciones y sentimientos, no camuflándolos ni engañándonos a nosotros mismos, ni reprimiéndolos. Pues cuando reprimimos o camuflamos lo que sentimos o necesitamos, estamos autoengañándonos y engañando a nuestra pareja, fomentando el alejamiento y la separación, ya que al esconder lo que deseamos o sentimos, vamos acrecentando una bola de frustración y desdicha la cual acaba explotando y arrasando con nosotros, con la pareja y en definitiva con la relación.  

Entonces debemos mostrarnos sinceros con el otro, exponiendo que necesitamos y que sentimos, no de forma impulsiva, sino eligiendo el momento adecuado con la intensidad conveniente, controlando pero no reprimiendo. Si lo hacemos de esta forma, nuestra pareja sabrá en todo momento quiénes somos y qué necesitamos, nos conocerá y reconocerá y la relación podrá ser fluida, reciproca, empática y envuelta en complicidad, y todos estos ingredientes ayudan a que nuestra historia de amor sea sana y saludable.

Y recuerda: “Tú eres lo mejor que te ha pasado en la vida”, si aprendes a conocerte y a quererte, podrás ser honesto contigo mismo y con los demás, y alcanzarás la intimidad y madurez necesaria para mantener un vinculo sano con las personas que te rodean, entre ellas, tu pareja.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Las cargas emocionales. Nuestros recuerdos pasados afectan a las relaciones futuras.

Conforme pasan los años y vivimos experiencias nuevas, vamos incorporando en nosotros dichas vivencias de forma positiva pero también negativa, a esta última forma la podemos denominar: carga emocional.

Por cargas emocionales entendemos, todas las emociones intensas negativas que vamos absorbiendo de manera tanto consciente como inconsciente, que no se superan, ya que quedan ancladas en nosotros, afectando de forma perjudicial a las futuras relaciones que mantenemos.

En la serie popular llamada: “Cómo conocí a vuestra madre”, en uno de sus episodios más conocidos, mencionan este concepto, desde una perspectiva tan sincera como divertida, enfocando las cargas emocionales como maletas invisibles que cada persona lleva consigo, descubriéndose cuando mantenemos una conversación, pues estas son expulsadas al exterior de una forma u otra, como por ejemplo, la carga del protagonista es que le dejaran plantado en el altar y está carga provoca que le cueste confiar en las futuras parejas que va encontrando.

Las cargas emocionales funcionan a modo de profecía autocumplida, pues son emociones provocadas por situaciones que no queremos volver a repetir ni sentir y al intentar evitarlo, podemos acabar provocándolas, pues al pensar en ellas las proyectamos en los demás.

Estas pueden ser muy diversas, comenzando a tenerlas desde la infancia, ya que la relación familiar marcará de forma importante nuestras primeras cargas emocionales que arrastraremos durante toda la vida. La relación con nuestros padres, el fallecimiento de ellos cuando éramos pequeños, las malas interacciones, etc., forman un abanico amplio de posibilidades de almacenar dichas cargas. Y de adultos quizás vayamos buscando todo lo contrario que tuvimos de pequeños, en cuanto a afectos y cuidados o deseamos exactamente lo mismo, según cada caso. Si un padre o madre nos marcó de una forma u otra posiblemente vayamos rechazando, si esta marca es negativa, a las futuras parejas que nos recuerden dichos aspectos nocivos que no queremos volver a vivir o incluso al intentar rechazarlas, hay una especie de atracción invertida por la que cuanto más intentamos huir de dichas experiencias mas cercanos acabamos de ellas.

Y cuando buscamos pareja, al interactuar, tanto nuestras cargas como las del otro antes o después se ponen en juego. Estas suelen quedar ocultas en el proceso de enamoramiento conocido como idealización. Dicho término se define como el proceso por el que no vemos al otro como es sino transformado a como queremos verle nosotros, es un ideal, el otro se ve perfecto, genial, único, pero solo es una visión trastocada de la realidad, creada por nosotros mismos. Durante este proceso las cargas pueden ya haber sido expuestas, pero la idealización no nos deja avistarlas, y las relegamos como factores externos, es decir lo malo o extraño que hay en el otro, no se debe a su personalidad sino a una circunstancia externa que nada tiene que ver con él, cuando en realidad esta carga ha empezado a ser una parte importante de la personalidad del amado.

Nuestras cargas afectan directamente a la calidad de la relación y cuanto más inconscientes son estás más difícil es verlas en nosotros mismos y más complejas se tornan. Toda experiencia negativa de corte traumático es una carga emocional, si nuestra anterior pareja nos dejó por otro, si nos dejaron plantados en el altar, si nuestras experiencias familiares fueron difíciles, todos estos traumas, aparecerán antes o después, como fantasmas, en nuestras relaciones amorosas.

El primer paso es reconocer que las poseemos, debemos pensar en nosotros mismos, meditar qué nos da miedo y porque, qué experiencias pasadas no queremos volver a repetir, de qué tipo de personas o de relaciones huimos, pues la reflexión promueve el autoconocimiento y al autoconocernos podemos hacer frente a estas cargas, llegando a redimirnos, perdonar y perdonarnos a nosotros mismos, aceptándolas y superándolas, sin pasar por la represión, pues al conocerlas, podemos sacarlas fuera y controlarlas, no quedando reprimidas en nuestro inconsciente.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Relación entre la identidad y la capacidad de intimidad en las relaciones de pareja.

A la hora de formar pareja, es muy importante haber consolidado nuestra identidad, como afirma el psicoanalista Erikson (1902-1994): “La condición para formar pareja es que cada uno debe ser uno mismo, debe haberse encontrado consigo mismo o haber llegado a ser uno mismo”.  Consolidar nuestra identidad significa poseer la capacidad de saber qué queremos, pues tenemos una idea de hacia dónde queremos ir en diversos aspectos de nuestra vida, qué no deseamos, y cómo se orienta nuestra personalidad, sabiendo lo que podemos dar a los demás y lo que necesitamos recibir de estos.

Parece que esta identidad se perfila hacia los veinte años, cuando vamos terminando nuestro proceso adolescente, pues como dice Pallarés: “En torno a los veinte años es cuando el sujeto tiene capacidad para desarrollar la verdadera intimidad y superar la crisis o reto de esta etapa”.

Al conocernos mejor a nosotros mismos, podemos empezar a ser capaces de mostrar a la pareja que queremos de la relación y de la vida en general y que podemos darle y ofrecerle, tenemos un camino marcado de valores que deseamos para nosotros, pues antes de alcanzar el conocimiento de nuestra identidad, somos como un barco a la deriva, que no se conoce a sí mismo y que cualquier vendaval puede arrasar, dificultando la calidad de nuestra intimidad con el ser amado.

Mantener una relación amorosa antes de conocernos a nosotros mismos, puede provocar que esta se convierta en una relación de dependencia, ya que al no conocernos, nos dejamos llevar por el otro, hasta que un día sabemos que ese no es el camino que queremos recorrer y abandonamos la relación, puesto que nuestra identidad está siendo socavada por el amado, y empezamos a sentir que nos estamos perdiendo, que ya no somos nosotros mismos, en definitiva,  nos perdemos, y esto es una señal inequívoca de que algo hay que cambiar.

La intimidad sana y real necesita y se nutre de conocimiento propio, de que cada miembro de la pareja se conozca a sí mismo y ante este conocimiento, pueda abrir sus puertas al conocimiento del amado, dejando que la idealización inicial no sea tan arrolladora, pues uno se deja llevar por las chiribitas del los ojos del amado, pero no se pierde en ellas, como de nuevo afirma Pallares: “la intimidad se hace más profunda y consolida tras haber logrado el sentido de la identidad”.

Por lo que una intimidad de calidad, se consigue cuando ambos miembros se autoconocen y autoexploran, entienden la importancia de amar al otro sin perderse ellos mismos y esto se logra teniendo claro el concepto que cada uno tiene de sí,  el denominado autoconcepto. Este se define como la capacidad que tiene un individuo para describirse a sí mismo, sabiendo las características que le definen como persona, manteniendo un autoconcepto claro cuando la persona se describe sin ambigüedades, siendo consciente, coherente y estable con respecto a lo que sabe de sí mismo; y cuanto más claro tenga su autoconcepto mejor relación podrá tener con la persona a la que ama, pues alcanzará una mayor satisfacción y compromiso en su relación de pareja. Por lo que el dicho manido de “ámate a ti mismo antes de amar al prójimo”, sigue estando vigente para nuestras relaciones amorosas, y amarnos a nosotros mismos conlleva a que poseamos una autoestima adecuada (autoestima: conjunto de características positivas y negativas que creemos que tenemos) Y con autoestima adecuada me refiero, a que esta no sea baja, pues en este caso la persona puede mostrarse demasiado sensible al rechazo social, y a las señas de indiferencia de los demás y en el caso que nos ocupa, de la pareja, por lo que desea constantemente la aceptación de esta, con las consecuencias negativas que acarrearía: dependencia afectiva, agobio por parte del amado, celos, etc. Y la persona puede acabar con una autoestima que depende en exclusiva del estado de la relación, cuando nos va bien, nuestra autoestima se equilibra, cuando discutimos o nos peleamos, esta baja y caemos en dependencia y la necesidad de arrástranos por el otro, para recuperar dicha autoestima.

Por otro lado si la autoestima es demasiado alta, puede desembocar en narcisismo y egoísmo, poniendo nuestros intereses por encima del amado, ya que uno acaba amándose más a si mismo que a la pareja y si no se cumplen nuestros deseos, la insatisfacción y el conflicto están garantizados.

Por lo que lo ideal sería mantener una autoestima sana, sin desequilibrios, manteniendo la compostura, no dejándose avasallar por el estado de enamoramiento y alejándose del amor adictivo y obsesivo.

En definitiva, conocernos a nosotros mismos, conformar nuestra identidad, manteniendo una autoestima sana y un autoconcepto claro, es esencial para mantener un vinculo afectivo y una intimidad adecuadas y saludables con nuestra pareja. Debemos reflexionar sobre qué queremos de la vida, de las relaciones amorosas, de las relaciones eróticas, qué estamos dispuestos a ceder y qué no deseamos en absoluto, y aunque somos seres en continuo cambio, transformadores y transformados, también tenemos que tener claras ciertas directrices por las que deseamos movernos, siendo estas lo suficientemente flexibles para adaptarnos a los cambios, pero lo suficientemente estables como para saber quiénes somos y cuál es nuestra identidad, con el objetivo, en cuanto a las relaciones amorosas, de poder brindar al amado la intimidad saludable que se merece.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Me apetecía hablar contigo.

Me apetecía hablar contigo, volver a sentir tu piel bajo las palabras, camuflada, sensible, mágica, necesitaba oír un poco de tu alegría, tu locura juvenil, que un rayo de luz me atravesara con tu verbo, con tu adjetivo, tan fuerte, tan tú, que increíble es verte libre y amando el mar, pero le envidio tanto, envidio a aquella persona que ahora se está cruzando contigo, sin saber que tu eres tan grande en ese cuerpo tan pequeño, tan mágica en este mundo sin sabor, ¿cómo me he podido equivocar tanto? Quise ir quitando poco a poco cada pluma de tu libertad, como si me pertenecieras, como si yo odiara tu plumaje, pero era tan solo miedo, miedo a ser yo mismo y que no te gustara, y antes de que quedaras desplumada decidiste anidar donde el viento no te hace daño, que tonto fui al querer comprarte una jaula de plata, cuando tu necesitabas un mar de oro, una extensa colina de cuidados y a la vez de independencia. Ya no puedo volver atrás y me da tanta rabia, me miro en el espejo y veo a un viejo cazador que ha perdido su presa, yo no quiero ser ese, yo quiero ser un pájaro como tú, que coincide de vez en cuando volando a tu lado, que se posa en una rama y tú, porque lo deseas, te paras a mi lado y me sonríes, y puedes irte cuando quieras, pero permaneces, coqueta, sensible, humilde y muy viva, y al saber que eres libre no te molesta perder un poco de tu tiempo a mi lado, he incluso me guiñas un ojo para que te siga. Eso fue al principio antes de que me volviera un cazador despiadado, mi metamorfosis ha provocado este desencanto. Me apetecía hablar contigo para que me recordaras donde vive la felicidad y como se consigue.  Echo de menos tantas cosas de ti, que parece que te has quedado incrustada en mi ADN, en mi cerebelo, en mi hipocampo, en mi memoria y nadie va a poder borrarte. Me decías que te sentías una más de un montón de colecciones, pero es tan al revés, eres tan gigante, tan superlativa, que nunca podrías ser una más, nunca serás una más vayas a donde vayas, serás un ser autentico, con luz, con sabor intenso, con tus rizos morenos que delatan que puedes llegar a ser muy coqueta, con tu mirada viva que enciende la oscuridad y apaga la tristeza, con la dulce melodía de tu voz que aun escucho y que no quiero olvidar, ese timbre tan característico que me fascinaba, cerraba los ojos y te oía cantar susurrando a mi lado y sabia que quería ser esa persona que habitaba tan cerca de ti.

martes, 4 de diciembre de 2012

La importancia de la asertividad en las relaciones de pareja. Un tercer grupo: los manipuladores/chantajistas emocionales.

Las relaciones de pareja sanas basan su comunicación en un sistema complejo de interacciones donde prima el respeto hacia el otro y hacia uno mismo, este tipo de relación comunicativa se denomina asertividad.

Podemos definir asertividad como la capacidad del individuo para expresar sus sentimientos y emociones de forma adecuada sin mostrarse agresivo ni pasivo, procurando que los demás también puedan expresarse libremente, no violando los derechos de estos ni los suyos propios. Para el psicólogo A. Lazarus la asertividad es: “El reconocimiento y la expresión adecuada de cada uno de los estados afectivos”. Por su lado uno de los gurús de la Inteligencia Emocional, D. Goleman nos explica que la asertividad consiste en “expresar los sentimientos directamente. Algo muy distinto a la agresividad y la pasividad (Goleman, 2004)”. Así pues cuando nos mostramos asertivos es cuando somos capaces de hablar de lo que sentimos sin dañar al otro y sin causarnos daño a nosotros mismos. La asertividad es uno de los elementos que se incluyen dentro de las habilidades sociales del ser humano y sabemos que las personas que son emocionalmente inteligentes, usan esta forma de comunicación habitualmente, pues forma parte de su personalidad.

Dentro de las teorías más influyentes sobre la asertividad se habla de dos polos opuestos que se alejan de esta, estos polos son: la pasividad y la agresividad.

PASIVIDAD----------------------ASERTIVIDAD------------------------AGRESIVIDAD

Una persona interactúa pasivamente cuando  esta no expresa directamente sus sentimientos, pensamientos y deseos y se intentan comunicar éstos indirectamente o se ocultan por completo. Se confía en que los demás adivinen lo que queremos o lo que sentimos. No se violan los derechos y/o sentimientos de los demás, pero se permite que los propios estén desatendidos. Por lo que una pareja pasiva seria la que hace todo lo que el otro quiere, a pesar de que por dentro piensa que no desea hacerlo y esto le causa malestar y frustración. Muchas parejas pasivas suelen cansarse de esta posición y acaban abandonando la relación, dejando al cónyuge atónito, pues realmente nunca supo, ya que su pareja no lo mostraba, que estaba muy molesta haciendo cosas que no quería, llegando al punto de que lo único que puede hacer la persona pasiva es alejarse de la relación, pues se ha deteriorado hasta puntos insospechables (sobre todo para el amado que no se percataba de nada de lo que ocurría). Es muy importante no caer en la Paradoja de la espontaneidad, esto es, creer que el amado/a por el mismo hecho de serlo debe saber todo lo que desea la otra persona sin tener que pedirlo, pues si lo pedimos ya no lo haría por amor sino porque nosotros se lo hemos demandado y creemos erróneamente que este gesto se vuelve falso y ya no lo deseamos. Para que una relación funcione hay que pedir siempre lo que se desea, sin dañar al otro, manifestándonos, como estamos comprobando, de manera asertiva.

En el  otro polo se posiciona la conducta o interacción agresiva. Se actúa de esta forma cuando la persona expresa lo que siente, lo que quiere y lo que piensa a costa de los derechos y los sentimientos de los demás y tiende a humillar y a atacar cuando no puede salirse con la suya, fomentando la culpa y el resentimiento en los otros, no promoviendo la negociación ni el diálogo. Las relaciones acaban resintiéndose mucho  cuando un miembro de la pareja actúa de este modo, porque al final el otro, se siente frustrado, resentido y continuamente castigado, haciendo que la relación se ahogue. Cuando se establecen patrones claros de ganador y perdedor siendo uno de los miembros el que gana siempre y el otro el que pierde, la relación puede quedar vista para sentencia con bastante probabilidad, por ello esta forma de comunicarse tampoco parece la más efectiva para mantener sana una relación.

Ahora bien, a título personal, esta teoría clásica de los polos opuestos me parece algo reduccionista, porque creo que hay otro grupo de personas que no siendo ni agresivas ni pasivas tampoco interactúan de la forma adecuada, pues acaban consiguiendo lo que quieren a costa de hacer sentir culpable al otro, sin tener que mostrarse agresivos, es el grupo que yo he denominado como Manipuladores/chantajistas emocionales.
Los denominados manipuladores/chantajistas emocionales, no utilizan la agresividad de forma explícita pero tampoco se quedan enmudecidos, ya que intentan aprovecharse del otro y salirse con la suya a costa de chantajes emocionales y manipulación, provocando que uno acabe haciendo las cosas que ellos quieren, en el nombre del amor o de la amistad, por ejemplo. Utilizan frases del tipo: “si me quisieras harías esto por mí, parece que no estás enamorado/a de mí”  o creen que te están dando un consejo por tu bien, pero en realidad quieren sacar algún tipo de provecho: “deberías hacer esto, sería mejor para tu salud y para la mía” Son mucho más sutiles que los agresivos, pero sin embargo están violando los derechos del otro con el uso de chantajes que afectan y distorsionan las emociones del amado extorsionado. Las parejas que promueven estos comportamientos acaban provocando que las relaciones se vicien y se conviertan en relaciones dependientes, puesto que el chantajeado acaba a veces optando por hacer lo que el otro quiere adquiriendo un rol de dependencia sobre el manipulador. Estas relaciones pueden ser tan toxicas o más que las anteriores dos, teniendo en común que estas tres formas de interactuar fomentan que la relación y la salud de los participantes se resientan profundamente.


Desde mi punto de vista la relación entre asertividad, pasividad, agresividad y manipulación quedaría de la siguiente manera:

                                                                                                 AGRESIVIDAD          Explicito

PASIVIDAD----------------------ASERTIVIDAD -------                                            Intensidad

                                                                                                 MANIPULACIÓN      Implícito

Por un lado opuesto quedaría la pasividad como forma de comunicarse donde uno no protege sus derechos, en medio se situaría la asertividad, como mecanismo adecuado, donde si se protegen los derechos propios y se respetan los de los demás y en el otro polo o extremo se ubicarían según la intensidad (fuerza o energía) con la que reivindicamos nuestros derechos a costa de los derechos de los demás y mostrando lo que queremos del otro de forma explícita, la agresividad, aposentada en la parte superior, pues intentamos pisotear los derechos de los demás enérgica y explícitamente y en la parte inferior tenemos a la manipulación, ya que la intensidad/energía con la que no respetamos a los demás es menor y menos explícita, pero tan dañina o más que la anterior.

En definitiva debemos tener mucho cuidado a la hora de comunicarnos con nuestra pareja sino queremos ver como nuestra relación, que pretendemos que sea sana y equilibrada, se transforme en un monstruo que arrasa con la salud psicológica y física de los asistentes enamorados.

lunes, 3 de diciembre de 2012

El vendedor de humo: toda tú.

No sé cómo he llegado hasta aquí, hasta la rendición, hasta el desplome de las armas y de las flores, no tengo ni idea de quién soy, me he perdido de nuevo, te he perdido a ti. Eras tan intensa, tan jovial, tan sana para mis neuronas, que parece que me he molestado lo bastante para acabar con todo lo bueno que existía, me he esforzado en hacerte sentir lo suficientemente mal como para salir a beber sin compañía, como para caminar en soledad, como para desnudarme y quedarme tan transparente que nadie pudiera reírse de mí.  He perdido a una gran heroína, una fuerza impulsadora de alegría y me siento ahora como el vendedor de humo que te engañaba e incitaba a cometer actos impuros con la inocencia del que todo lo sabe pero nada conoce, un vendedor de humo avergonzado pues tu le has descubierto, no soy ni tan fuerte, ni tan seguro de mí mismo, ni tan buen cuidador, no soy nada de nada, solo humo oscuro que envenena tus pulmones. Pero ahora me conoces y puedes elegir sabiamente lo que te conviene; y estar con alguien que vende sustancias toxicas no creo que se la mejor opción ni siquiera la peor. Por eso te vas a alejar, dejando morir para poder vivir, para aprender a vivir mejor. Y yo me auto-compadezco, pues he perdido a alguien que me ha conocido como pocas personas y quizás sea eso, que ahora me conoces y no soy el buen ejemplo que añoras todas las noches, me miras y ya no ves lo que veías, ni lo que sentías y eso me hace pensar que cuando alguien me conoce de verdad desea alejarse, pues no eres la única que abandona esta habitación cuando sabe que la madera que la sujeta está podrida. Yo seguiré durmiendo aquí, y con mis lágrimas pudriré aun más la consumida madera, a ver si por fin se derrumba y puedo comenzar de nuevo, con la suerte de no morir en el intento. Y te necesito mucho más de lo que aparento, pues bien sabes que no se expresar mis emociones, te necesito entera, toda tú persona, pues eras un apoyo de fuerza incalculable, una fortaleza dentro de mis endebles muros de seguridad etérea  y volátil. Esta noche hablaremos de despedidas, de abrazos, de que en un futuro quizás volvamos a navegar juntos y yo mientras hablas, solo podré escuchar los pasos que te alejan de mí para siempre, porque cuando una pareja se dice hasta luego, es muy difícil que con el tiempo pueda recordar el camino que le llevaba hasta las llamas de la pasión y la cálida intimidad, pues estas sustancias son más endebles que las cenizas y con el paso del tiempo se vuelven fútiles e insustanciales, como las llaves que ya no abren ninguna puerta. Tú querrás dejar esta historia con una sonrisa con brotes de amistad o con la sensación de poder mantener una fuerte relación que va más allá de la amistad pero peor avenida que el amor verdadero y eso me va a terminar de consumir, será como regalarme balas para mi nueva pistola comprada expresamente para suicidarme, porque tienes que entender que aun así habremos perdido la parte en la que nos sentimos únicos, entendidos y abrazados con miles de sensaciones placenteras recorriéndonos mientras nos besamos, eso se habrá perdido y con ello la sensación de lo que significa habernos encontrado en este espacio y tiempo, en esta vida llena de incertidumbre.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

El ajuste Psicológico: Amar y Trabajar.

En una entrevista realizada a S. Freud, poco antes de morir,  se le preguntó por las variables esenciales para llegar a ser una persona madura y con buena salud psicológica, a lo que en contra de todo pronóstico, esperando una larga parrafada, contestó escuetamente: “Amar y trabajar”.

La pista real de esta respuesta es la referencia que hace de ella Erik Erikson, pues indicó que la había escuchado en Viena atribuida a Sigmund Freud, pero sin poder remitirla a ningún lugar concreto de entre sus obras.

 Antes de continuar vamos a definir el concepto de ajuste psicológico. Por ajuste psicológico podemos entender al proceso por el cual el ser humano se enfrenta de forma adecuada a la vida cotidiana, manteniendo un equilibrio emocional, mental y físico y se asocia al uso de estrategias de afrontamiento que le permiten mantener un rendimiento psicológico adecuado, equilibrando las necesidades internas con las exigencias ambientales. La persona que posee un ajuste psicológico se adapta mejor al medio ambiente en el que habita, no se deja afectar por los cambios y tiene una relación sana consigo mismo y con el exterior.

Para el profesor de psicología en la Universidad de Deusto, Enrique Pallarés Molins, con respecto al ajuste psicológico y en relación a la concisa pero directa respuesta de Freud, nos dice: “estar centrado y satisfecho en la vida de pareja y en la vida profesional resulta clave para el ajuste psicológico y para la salud mental del ser humano”. Parece que tanto amar como trabajar son esenciales para que las personas se mantengan en un estado equilibrado de salud psicológica y física, mantenemos nuestra mente ocupada en asuntos que hacen que olvidemos e incluso superemos otros problemas de la vida cotidiana, traumas y asuntos personales difíciles.

Por su lado, el trabajo se ha convertido en una herramienta básica para perfilar nuestra personalidad y promover la satisfacción personal, recordemos que en siglos pasados la gente se esforzaba por no tener que trabajar, pero hoy como comenta José Luis Trechera Herreros, Profesor de Psicología del Trabajo en ETEA , Córdoba: “ el trabajo ha dejado de concebirse como un lastre y una carga - “ganarás el pan con el sudor de tu frente” -, para vivirse como un cierto castigo el no poder acceder a él, con todos los problemas sociales y personales que conllevan las situaciones de inestabilidad o paro”. Hoy en día el infeliz o desajustado psicológicamente es la persona que no consigue obtener un puesto de trabajo y no como en antaño el que trabajaba. Las personas ahora desean ser agentes activos a largo plazo, quieren mantener una carrera profesional que les aporte satisfacción y plenitud, por lo que el trabajo es una de las herramientas básicas para alcanzar la felicidad, una personalidad madura y un ajuste psicológico que promueve la salud y el bienestar.

Y el amor es la otra gran pieza del puzle, la pieza que nos mueve, el motor que impulsa miles de actos, el gran responsable de que nos volvamos filántropos, el elemento que nos ayuda a explorar el ambiente de forma segura, así el amor y el trabajo pueden estar representadas por este elemento común: la exploración del entorno. El niño que mantiene un vinculo afectivo seguro con la madre, donde este recibe amor de forma adecuada, favorece que el pequeño desee explorar el entorno; se establece un equilibrio entre el amor o vinculo de la madre y la exploración del ambiente, por lo que el niño se siente lo suficientemente seguro y feliz para salir a jugar, investigar y alejarse de la madre de forma sana y equilibrada.

Cuando trabajamos, también exploramos el entorno, podemos salir atemorizados, con miedos o por el contrario con ganas de averiguar que hay ahí fuera que puede resultarnos placentero, por ello tanto el amor como el trabajo son dos fuerzas indispensables que nos ayudan a madurar, a entendernos mejor a nosotros mismos y nos aporta las ganas de salir a investigar el exterior; cuando tenemos a alguien que nos quiere a nuestro lado, salir a trabajar parece un asunto menos costoso, vamos con más ganas a todas partes, puesto que es un soporte vital para explorar el ambiente y  como afirma  Pallarés: “el adulto mentalmente sano es el que sabe armonizar la vida profesional con la relación de pareja y de familia; lo cual no siempre resulta fácil”. Mantener en equilibrio ambas facetas de la vida, es el camino seguro hacia el ajuste psicológico y el bienestar personal.

Bibliografía:

Pallares, E. (2012). Psicología del amor. Para comprender mejor esta fortaleza humana. Bilbao: Mensajero.
Trechera,  J.L: "Como gota de agua": la psicología aplicada a las organizaciones. Disponible en: http://www.psicologia-online.com/articulos/2005/organizaciones.shtml

DELIRIOS Y LOCURA

DELIRIOS Y LOCURA

Delirios y otros problemas

Bienllegados a la pagina donde todos vuestros delirios serán recompensados con miradas de incomprensión y rechazo amable.
Nos movemos incesantemente por sendas incautas, ataques de locura anonimos y vulgaridades encendidas por el alcohol de cualquier cantina.
No vengo a vender nada de valor ni a regalar una sonrisa verdadera, vengo para quedarme sentado mientras tu disfrutas de la ignorancia de los demás.
Vengo para quedarme sentado entre tus historias de a media tarde, para escucharlas, leerlas y enmudecer al ver que todos somos tan parecidos, tan complejamente simples.....
Me siento y te escucho. Sientate y escuchate. Sentemonos a escucharnos.Escuchame si puedes.