viernes, 14 de junio de 2013

Ley de transparencia en las relaciones de pareja ¿Debemos contárnoslo todo?

Según 20mintuos. es, hay 93 países en el mundo que poseen leyes de transparencia[1]. Estas se pueden definir como una serie de leyes que regulan el acceso de los ciudadanos a obtener información sobre los gobiernos y sus administraciones, información que atañe por ejemplo al dinero que los gobiernos gastan provenientes de los contribuyentes. En definitiva, son unas leyes que intentan desterrar la opacidad de las gestiones de los gobiernos.

Si transferimos esta idea al mundo de las relaciones de pareja, la ley de transparencia supondría que la perspectiva ideológica de las parejas debe asentarse en el pilar de la sinceridad, por lo que han de contárselo todo o por lo menos ser lo más honestas que puedan.

La honestidad es un pilar básico en toda relación sana que se precie, pero para ser honestos, ¿debemos contar absolutamente todo lo que nos acontece, pensamos o sentimos? Algunas emociones, a veces, son fugaces, ilusorias e incluso nos pueden llevar a conclusiones falaces, entonces ¿por qué atormentar a nuestra pareja diciéndole todo lo que se nos pasa por la cabeza en un momento determinado?

Para muchos expertos en terapia de pareja, lo ideal sería poder quedarnos, para nosotros, ciertos pensamientos, sensaciones y emociones, ya que al contarlos puede que perjudiquemos a la pareja y a la relación, sabiendo además, que gran parte de estas emociones o sensaciones pueden ser pasajeras. ¿De qué le sirve a nuestra pareja saber que hay un/a nuevo/a compañero/a de trabajo que es guapísimo/a o graciosísimo/a? Conociendo a nuestra persona amada podemos obviar cierta información que pueda serle perjudicial, asentándonos siempre en el pilar de la honestidad, sin llegar a mentir, ni a falsear la realidad, de modo que acabemos manipulando a nuestra pareja, puesto que hay información que puede soslayarse, pero otras informaciones son necesarias para que la relación se inscriba en la sinceridad, ejemplo: no es lo mismo ver a un compañero de trabajo bello que empezar a tener una aventura con él.

Lo importante es saber calibrar donde está la honestidad no dañina, de la falta de respeto con respecto a la información que deseamos dar al otro. Cada pareja tiene sus propias leyes y acuerdos, sus propios puntos débiles y grandezas.

En definitiva, si utilizamos una ley de transparencia en nuestra relación, quizás esta debería contener una clausula con la que podamos reservarnos cierta información que pueda dañarla o deteriorarla,  pues no todo lo que se cuenta a la pareja va en beneficio de la relación.

martes, 11 de junio de 2013

Libros sobre el amor y psicología (tercera parte)

A continuación llega una nueva entrega de los últimos libros que he leído sobre psicología, sexología, amor y parejas, con la intención de seguir recomendando buenas lecturas para las personas interesadas en estas temáticas. Esta vez queda dividió en 4 secciones, una dedicada al amor, otra a la sexología y la terapia de pareja, otra sobre diferencias entre hombres y mujeres y un último apartado sobre otros temas interesantes de psicología.

Psicología del amor.

Valentis, M. y Valentis, J. (2005). Inteligencia romántica. Cómo ser inteligente también en el amor. Amat: Barcelona.
Utilizando las nuevas bases ideológicas de la inteligencia emocional, ambos autores explican cómo conseguir ser hábil en el amor, a través del uso de la empatía y de lo que ellos denominan inteligencia romántica. Incluye un test para comprobar si el lector es una persona inteligente en la vida y en el amor.

Pallares, E. (2012). Psicología del amor. Para comprender mejor esta fortaleza humana. Mensajero: Bilbao.
Pallares disecciona que esto del amor, basándose en las grandes teorías que circulan al respecto. Es un buen libro para iniciarse en la ciencia del amor, pues toca aspecto como los celos, la adicción al amor, la sexualidad, el amor biológico, la idealización y un largo etc. Recomendado para los que quieren una dosis amena sobre lo que se conoce científicamente en relación al amor.

Mellody, P (2012). La adicción al amor. Cómo cambiar su forma de amar para dejar de sufrir. Ediciones Obelisco: Barcelona.
No sabía si incluirlo o no, pues es de los pocos libros que me he dejado a medio ya que me resulto extremadamente tedioso, quizás porque no era el momento de leerlo. Pese a parecerme aburrido, tiene de curioso que la autora explica una teoría de la adicción basada en su propia historia personal.

Sexología y terapia de pareja.

Kaplan, H. (2010). Manual ilustrado de terapia sexual. La solución a los trastornos sexuales más comunes. Debolsillo: Barcelona.
Kaplan es una de las grandes autoras y estudiosas de la terapia sexual. Este libro sirve tanto para los expertos en sexología como para cualquier persona que desee introducirse en esta temática. De corte psicoanalista y centrada en la fuerza de la imaginación y la fantasía como grandes herramientas para tratar diversas problemáticas sexuales.

López, F. (2009) La educación sexual. Biblioteca Nueva: Madrid.
Un libro muy interesante tanto para padres, sexólogos y educadores, pues Félix nos ayuda a entender la importancia de la educación sexual tanto en el entorno familiar como en el escolar. Aporta un cuestionario sobre erotofilia y erotofobia.

Diamon, J. (2011) ¿Por qué es divertido el sexo? La evolución de la sexualidad humana. Debolsillo: Barcelona.
Un libro muy ameno que basa sus postulados en los conocimientos de la Psicología evolutiva y la antropología humana. Comenta la importancia del sexo más allá de la reproducción, lo que denomina el “sexo recreativo” y cómo este llegó a ser tan importante para nuestra especie. Habla de los papeles masculinos y femeninos en la sexualidad.

Kahr, B. (2010) Sexo y fantasías. La investigación más completa y reveladora sobre nuestro mundo sexual interior. Mr-ediciones: Madrid.
Es la investigación más exhaustiva sobre fantasías sexuales realizada en Gran Bretaña. Pone de manifiesto todo tipo de fantasías que los ingleses tienen, intentando aportar un significado psicoanalítico de lo fantaseado. Pone de manifiesto que  una de las fantasías sexuales que más se repiten, es fantasear con otra persona en la cama mientras se realiza el acto sexual con la pareja.

Barash, D. y Lipton, J. (2001) El mito de la monogamia. La fidelidad y la infidelidad en los animales y en las personas. Siglo Veintiuno: Madrid.
Aporta conocimientos científicos para demostrar que el ser humano no es monógamo, se basa en la psicología evolutiva, la antropología y la etología. Todo lo que nos aguarda tanto fuera como dentro de nosotros es pura competición, pues los genes desean competir para replicarse.

Judson, O. (2011) Consultorio sexual para todas las especies. Introducción a la biología evolutiva del sexo. Drakontos Bolsillo: Barcelona.
De una manera pedagógica y divertida, esta autora pasa consulta sexológica a muchas especies animales para que entendamos sus rarezas y sus maneras de reproducirse, desde las bacterias a los grandes mamíferos, hace un recorrido sexual de muchas especies animales para después compararlo con la especie humana. Cotilleos de la sexualidad animal.

Mesón, N. (2012) Amor, sexo y mentiras. Divalentis.
A través de la narración de diversas historias, Nieves Mesón hace un recorrido por varios pensamientos de diversidad de personas sobre el amor, posicionándose tanto desde la postura masculina como de la femenina. Son narraciones muy esclarecedoras que se pueden utilizar en terapia de pareja para que los pacientes puedan sentirse identificados.

Costa, M. y Serrat-Valera, C. (2010) Terapia de parejas. Alianza Editorial: Madrid
Un libro clásico de la terapia de pareja en España, de corte profundamente conductual que ofrece diversas herramientas útiles para trabajar con pacientes. De lectura indispensable para toda persona que desee ejercer como terapeuta de pareja.

Diferencias entre hombres y mujeres.

Gray, J. (2006) Lo que tu madre no te dijo y tu padre no sabía. Técnicas avanzadas para disfrutar de uniones más gratificantes. Debolsillo: Barcelona.
Otro libro de diferencias entre hombres y mujeres de la saga del célebre John Gray. Sigue investigando entre las diferencias que provocan que hombres y mujeres no nos entendamos, lo que suele incitar numerosos conflictos. Es más ameno que su popular libro “Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus”.

Baron-Cohen, S. (2005) La gran diferencia. Cómo son realmente los cerebros de hombres y mujeres. Amat: Barcelona.
Aporta mucha información científica para dar validez a su teoría sobre las diferencias entre hombres y mujeres, defendiendo que las mujeres son más empáticas y los hombres más sistematizadores. Hace un gran estudio sobre el autismo, como pilar de la sistematización pura.

Otros temas de Psicología

Rojas-Marcos, L. (2010) El sentimiento de culpa. Punto de lectura: Madrid.
La autora nos acerca al mundo del sentimiento de culpa inherente al ser humano, pues este nos afecta en todos los ámbitos posibles: desde la sexualidad, la afectividad, la agresividad etc. Pero el mensaje que uno acaba sustrayendo es sumamente positivo y constructivo.

Goleman, D. (2006) Inteligencia social. Kairós: Barcelona.
Basado en los avances sobre el conocimiento cerebral, Goleman aporta su teoría sobre la inteligencia señalando que el ser humano está diseñado para ser social, su cerebro está programado para comunicarse con los demás de forma efectiva y afectiva. Habla del amor, de la sexualidad, de las relaciones de pareja desde la base de la neurociencia y la psicología evolutiva. 

jueves, 6 de junio de 2013

¿Cómo afecta el consumo de alcohol a las relaciones sexuales y de pareja? Alcohol, sexo y pareja.

El alcohol es uno de los desinhibidores más usuales que utilizamos en sociedades como la nuestra. Sirve como lubricante social ya que nos permite desconectar el control de impulsos, promoviendo una socialización sin trabas y sin preocupaciones, puesto que la capacidad de raciocinio como de autocontrol se inhiben. Pero el consumo prolongado de alcohol puede afectar a nuestra sexualidad y a nuestras relaciones con los demás, incluyendo la pareja.

Según un estudio publicado en “Alcoholism: Clinical & Experimental Research[1], indican que un consumo moderado de alcohol puede aumentar hasta cuatro veces los niveles de testosterona, lo que provoca que nos pongamos tanto agresivos como que aumente nuestro deseo sexual.

En un primer instante, parece que el alcohol puede acrecentar o al menos despertar nuestro deseo sexual, aunque la controversia entre los científicos y expertos parte de si en realidad esta aparición del deseo sexual proviene de los aumentos de testosterona o de la propia desinhibición que provoca el alcohol. Para rebatir la hipótesis del aumento de la testosterona como factor del despertar del deseo sexual, se llevó a cabo un estudio, en el que dos grupos de personas (grupo a y grupo b) consumían cerveza, lo que no sabían era que uno de los grupos la bebía sin alcohol, los resultados finales indicaron que ambos grupos se habían sentido desinhibidos, con lo que se demostró la importancia del  efecto placebo y de la sugestión cuando creemos que estamos bebiendo alcohol; esta creencia puede influir en el comportamiento, promoviendo conductas desinhibidas, por lo que sería la desinhibición y no el aumento de testosterona la que promovía el despertar del deseo sexual. Pero la pregunta se hace evidente ¿Puede que estas personas que creían que consumían cerveza con alcohol, tal sugestión les provocara un aumento de la testosterona? Es decir al creer que consumían alcohol se desinhibieron por efecto de la sugestión y pudiera que su organismo a la vez, aumentara sus niveles de testosterona promoviendo un deseo sexual acrecentado.

Al fin y al cabo lo importante es que algunas personas notan en su organismo un despertar de su deseo sexual cuando consumen alcohol y esto podría explicarse de forma multicausal (como la gran mayoría de acontecimientos que afectan al ser humano), siendo producto tanto de la desinhibición como de los cambios en los niveles de testosterona.

Lo que sí parece más evidente para los científicos y expertos es que tanto el consumo abusivo y/o prolongado de alcohol conlleva riesgos para nuestra sexualidad (en el caso de la aparición del deseo sexual se necesita una ingesta leve o moderada, pues si la dosis es muy alta tal deseo se inhibe).

Una ingesta elevada de alcohol provoca una serie de inconvenientes en el hombre:

·         Dificultades en la erección, el pene puede quedar semi-erecto o completamente flácido.
·         Retraso en la eyaculación, al hombre le cuesta eyacular, por lo que puede pasar mucho tiempo intentándolo con un resultado ínfimo.
·         Sensación de orgasmo anestesiada, puesto que las sensaciones placenteras que emanan del cerebro se insensibilizan, dificultando así la sensación de placer.

 A la mujer también le afecta del siguiente modo:

·         Disminuye la lubricación, la vagina no se lubrica adecuadamente.
·         Retraso del orgasmo y menos intenso, como en el caso del hombre.

Y un consumo prolongado de alcohol puede afectar a nuestro organismo, aunque en algunos casos de forma reversible.
Entre los problemas que causa este consumo extendido de alcohol en el hombre son:

·         Disminución de la testosterona, científicamente queda comprobado que el consumo del alcohol prolongado afecta negativamente a la testosterona, provocando el efecto contrario que cuando el consumo es leve, disminuye el deseo sexual y provoca feminización: disminución del tamaño de los testículos y aumento de pecho. También puede provocar disfunción eréctil.

Y a las mujeres afecta del siguiente modo:

·         Cambios en el ciclo menstrual y esterilidad.

Y el consumo de alcohol no afecta solo a la sexualidad sino a las relaciones de pareja también. Como hemos visto la ingesta de alcohol puede provocar mayores niveles de agresividad, con lo que podemos ponernos violentos con nuestro ser amado.

Cuando estamos ebrios y nuestro control de impulsos ha caído, podemos empezar a sacar todos los resentimientos, inseguridades, problemas internos que llevamos, atacando a nuestra pareja y haciéndole mucho daño. El peor momento para discutir cualquier cuestión es bajo los efectos del alcohol, pues entre otras cosas, no podemos discernir racionalmente, digamos que es la vía inferior de nuestro cerebro (la presidida por la amígdala y que controla el miedo y la agresividad, entre otras emociones) la que gobierna nuestro estado, somos viscerales, impulsivos, repetitivos hasta la médula y carecemos de empatía y de sentido común, todo este coctel lo único que provoca es que la pareja quede resentida, dolida y con la sensación de que no se conoce al otro, ni a la relación. Toda pareja que discute bajo los efectos del alcohol corre el riesgo de resentirse hasta el extremo de que ya nada vuelva a ser como antes y la relación quede rota y vista para sentencia. Y el alcohol promueve la discusión en pareja, por lo que  pareja y alcohol son dos elementos que no funcionan a la hora de mantener una relación sana y equilibrada. Ya nos avisa la campaña de publicidad de la FAD sobre los efectos nocivos del alcohol con respecto a nuestras relaciones interpersonales[2].

Podéis ver el spot aquí: 

sábado, 1 de junio de 2013

Relaciones abiertas y patriarcado. Una dicotomía actual.

En la actualidad y pese a los innegables y rápidos avances de nuestra sociedad moderna, seguimos arrastrando el yugo del patriarcado.  Cuando hablamos de este concepto nos referimos a la distribución desigual del poder entre mujeres y hombres que provoca otra serie de contrariedades como las que  llegan a afectar incluso al tipo de relaciones amoroso-eróticas que deseamos mantener.


El patriarcado impone un tipo de relación estándar y normalizado, para todo buen ciudadano que se precie como tal, dejando el resto de relaciones marginadas, atropelladas y rechazadas, puesto que no cumplen con los cánones que la sociedad, religión y cultura marcan como deseables.

Y entre los tipos de relaciones denostadas encontramos las denominadas relaciones abiertas. Podemos definir relación abierta al acuerdo que se establece entre dos personas donde ambos  son libres para mantener otro tipo de encuentros, que suelen ser eróticos, con otras personas, sin que esto provoque una escisión o problema en la relación de origen. Podemos establecer diversos tipos de relaciones abiertas, pues va a depender del contrato verbal (o incluso firmado, según las preferencias de la pareja) que ambos estipulen, siendo los más corrientes:

  • Mantener relaciones eróticas esporádicas con personas diferentes, no siendo siempre con la misma, para no correr el riesgo de que la relación se resienta a causa de un nuevo enamoramiento.
  • Mantener relaciones eróticas sin ningún tipo de restricción, pues cada persona es libre de decidir sobre su propia vida, somos libres de decidir si deseamos abandonar una relación en cualquier momento.
  • Mantener relaciones eróticas y afectivas con otras personas, pudiendo originarse tríos amorosos (tríos en el sentido afectivo y no sexual de la palabra, aunque también puede dejarse espacio para esta circunstancia).
Las relaciones abiertas se nutren de la libertad máxima de elección por parte de ambas personas, puesto que esta sensación de libertad es la que promueve que sigan queriendo permanecer juntas, no notan el yugo del compromiso impuesto y se saben libres para volar hacia donde les apetezca y esta sensación les devuelve las ganas de volver con su compañero, amándole, deseándolo y respetando su libertad.

Pero cuán difícil se torna decir a la sociedad que uno forma parte de una relación abierta, pues al nombrar estas palabras, las caras de los oyentes se modifican hacía gestos de incomprensión, rareza, estupefacción, con un insustancial talante atónito, morando en sus pensamientos frases del tipo: “Ufff, yo no podría jamás formar parte de una relación abierta”, ambientando el dialogo con preguntas del tipo: “¿y no te sientes celoso/a? ¿Pero os lo contáis todo después? Y las preguntas se tornan evidentes ¿Por qué se nos hace tan difícil comprender que hay personas que viven felices en este estado libre? ¿Por qué no podríamos formar parte de una relación abierta?


Respetando que cada cual elije un tipo de relación que vaya más con sus preferencias, personalidad y tipo de apego, deberíamos plantearnos que hilos mueve el patriarcado para hacernos tan difícil asumir este tipo de relaciones. Lo primero que pensamos al oír “relación abierta” son las dificultades que creemos que emanan de ella, dificultades que intuimos que antes o después acabarán con este tipo de relación, como si las relaciones estándar no adolecieran de procesos precarios, rupturas y malentendidos. Toda relación sea de la forma que sea, conlleva unos riesgos, conflictos e irregularidades que con motivación y persistencia pueden ser remediados, acomodados, entendidos y solucionados; ningún tipo de relación está exento de problemas.
Por otro lado hay demasiados ojos desconfiados, ya que lo diferente provoca miedo y rechazo, y el patriarcado odia con gran firmeza, todo aquello que se aleja de sus cánones, pues para este, mantener una familia nuclear de padre y madre basada en el respetuoso matrimonio es lo ideal, ya que al firmar este acuerdo queda sellado su amor eternamente, pero el ser humano se compone de cambios y transformaciones y algunas personas que conocen sus necesidades saben que el matrimonio para ellas es como un yugo acosador que no les deja respirar el aire puro de la libertad.

Así pues, todo tipo de relación es respetable, desde el matrimonio hasta la relación abierta, siempre y cuando los participantes se encuentren bien consigo mismos, sientan que siguen creciendo y que sus vidas son plenas.

Al patriarcado le conviene que no andemos jugando con los tipos de relaciones, prefiere que nos cuestionemos toda relación que no sea la estándar, que la veamos con prejuicios e ideas distorsionadas, que no deseemos formar parte de ellas, desea que las mujeres sean sumisas y castas. Para el patriarcado no es asumible que una mujer desee mantener relaciones con más de un hombre y que encima él lo consienta, la mujer no ha de salirse de la línea recta de su pureza y devoción hacia un solo hombre. Las relaciones abiertas enturbian la mente de los que conviven en ellas, están desviados, son rechazables. El hombre que se precie como tal debe mantener una familia donde su esposa se deba a él y a sus hijos, con las relaciones abiertas la mujer pierde el sentido de la familia y se pierde así misma. Y así hasta un sinfín de axiomas falaces que se han ido insertando en nuestra piel y que roza nuestro ADN, menos mal que siempre hay personas a las que les gusta romper las reglas del juego cuando ven que estas amordazan a algunos de los jugadores.

miércoles, 29 de mayo de 2013

¿Cómo podemos excitar a nuestra pareja? Egoísmo funcional. Mi placer se convierte en tu placer.

La mayoría de las relaciones eróticas basan su existencia en la dualidad, es decir mantenemos un contacto con otro ser y deseamos que este se sienta a gusto, note placer y llegue al clímax.

Este pensamiento a priori normal y sano puede acabar convirtiendo la experiencia erótica en una lucha por agradar al otro, por parecer que se tiene la pericia adecuada, por centrar los sentidos en la otra persona, anestesiando nuestras propias sensaciones, provocando una ansiedad coital avocada a que ambos miembros dejen de disfrutar, pues nuestra mente se va hacia el otro, promoviendo que dejemos de ser conscientes de nuestro propio placer y esta circunstancia lo nota la pareja con lo que puede dejar de sentirse excitada, puesto que la relación intima se transforma en pura mecánica y nuestros gestos y comunicación no verbal se tornan algo distantes, y al final uno acaba sintiendo que no sabe muy bien qué es lo que está haciendo, adormeciendo la sensación de placer y mutilando el clímax.

En ese momento la relación erótica deja de tener sentido y pueden aparecer problemas de impotencia, deseo sexual inhibido y/o ansiedad anticipatoria, entendida esta como un tipo de ansiedad que se produce cuando la persona anticipa que va a mantener relaciones eróticas no satisfactorias o problemáticas, provocándole diversas complicaciones como las antes citadas. Perdemos el sentido de placer que nos movía en un principio, y al intentar conectar eróticamente con el otro, provocamos el efecto contrario y lo perdemos, pues nos distanciamos de nosotros mismos y al ocurrir esto nos apartamos de la experiencia erótica.

Por ello, no es descabellado en estas circunstancias, aludir a un tipo de egoísmo que puede salvar nuestras relaciones intimas, el egoísmo funcional. Podemos definir este como una posición que mantenemos en las relaciones eróticas centrada en nosotros mismos, buscando nuestros puntos de placer, concentrando el pensamiento en nuestras sensaciones y abandonándonos a ellas. Al poner en práctica este egoísmo y  centrarnos en nosotros mismos, la excitación se eleva, puesto que todos nuestros sentidos están concentrados en las sensaciones que experimentamos, disparando el placer, lo que provoca en la otra persona, al vernos tan excitados, otra explosión de excitación encadenada, lubricando la experiencia y ayudando a alcanzar el más alto clímax. Al ser egoístas buscando nuestro propio placer, nos excitamos magnánimamente y esto al ser reconocido por el otro, eleva su lascivia y la relación erótica se torna realmente gratificante y placentera.

Está claro que debemos preocuparnos por el placer del otro, pero sin llegar a perder la conexión con nosotros mismos, ya que para alcanzar una excitación prolongada y efectiva debemos ser plenamente conscientes de nuestras propias sensaciones, dejándonos abandonar por ellas, y nuestra pareja, al observarnos, se unirá con  suma complicidad al éxtasis por ambos ocasionado y deseado.

miércoles, 8 de mayo de 2013

¿Podemos discutir sin llegar a pelear? Trucos para no acabar peleado ante una discusión.

Podemos definir discusión como un dialogo de posturas enfrentadas donde cada una de las partes expone sus argumentos y desea ser entendido, comprendido y aceptado, intentando aceptar la postura del otro. Una discusión no implica que ambos miembros deban pelearse, pues la pelea surge cuando se pasa del dialogo amistoso al enfrentamiento de egos, con la intención de imponer nuestro criterio por encima del otro, apoyados en la premisa básica de no escuchar.


Y la pelea surge cuando dejamos de tener claros nuestros objetivos en la discusión. Si por ejemplo nuestra pareja llega sistemáticamente tarde a cada cita que planeamos con ella, puede ser  normal que nos sintamos irritados, frustrados y dolidos, pero si utilizamos esta rabia y frustración como lanzadera de nuestros deseos de que el otro entienda nuestro enfado, el resultado más que posible es que no consigamos nuestros objetivos, puesto que si le gritamos, le insultamos y criticamos su personalidad, ¿estamos teniendo claro cuál es el objetivo de la discusión? ¿Qué pretendemos al gritar e insultar, qué el otro entienda nuestra postura o qué se ponga a la defensiva y no quiera escucharnos, además de estropear la velada y de levantarnos ambos en armas? Por ello es básico antes de comenzar a discutir, tener claros los objetivos de esta, pues si deseamos que nuestra pareja sepa cómo nos sentimos cuando llega tarde a todas nuestras citas, puede ser más efectivo no intentar atacarle provocando que se ponga le a la defensiva sino manteniendo un dialogo directo, sin criticas y ofreciéndole alternativas de conducta, como por ejemplo que nos avise con tiempo si ve que se le va a hacer tarde.


Así pues tener claros los objetivos de una discusión, sabiendo que lo que queremos es arreglar el problema y no causar más daño, es básico para que una pelea no aparezca. Debemos preguntarnos pues ¿Qué pretendo? ¿Cuál es m objetivo? Mi objetivo, ¿es hacer daño al otro o que entienda mis sentimientos? ¿Qué es más efectivo, gritar, insultar o atacar su personalidad  o decirle como nos sentimos por un hecho concreto y que conductas puede hacer para remediar nuestro malestar?


En el caso de que nosotros seamos los serenos, calmados, pacientes y que tengamos siempre claros los objetivos de nuestra discusión y es la pareja la que se nubla y se pierde entre la ira y el recelo, podemos plantearle la misma cuestión, con modales, tacto y de forma cariñosa, preguntándole: ¿Cuál es realmente tu objetivo, que nos enfademos o que solucionemos este problema? ¿Crees que de esta manera como lo estas planteando podemos llegar a escucharnos y solucionarlo? Insisto, siempre desde el cariño, respeto y alejados de la ironía y de una comunicación no verbal incoherente con la pregunta, si lo hacemos de esta manera y con un tono de voz suave, podemos desarmar a nuestra pareja y ayudarle a reflexionar sobre sus formas de llegar al objetivo real.

En definitiva si queremos mantener a raya las peleas con nuestra pareja, familiares y amigos, debemos tener presente cuál es nuestro objetivo a la hora de ponernos a discutir y no perderlo nunca de vista, aunque empecemos a acalorarnos, en este caso, para, reflexiona y pregúntate: ¿Qué pretendo con esta discusión? ¿Cuál es mi objetivo?, después podrás continuar más calmado y sobretodo más centrado.

viernes, 19 de abril de 2013

Libres y sanos

No me perteneces, libre es como sabes bien, libre y honesta, mi enfado es pueril aunque tus reacciones también, pero no puedo culparte por mi torpeza. Eres gigante, sana, y aunque te vendes como una egoísta recalcitrante, eres todo lo contrario, samaritana, benévola e indulgente, sabes caminar sin hacer sentir mal a los demás y ese es tu don.

A veces no entiendo las cosas y te pido paciencia pues cuando desenmaraño mis pensamientos, puedo ver claro y entonces es cuando vuelvo a necesitar tu libertad sumada a esta saludable interdependencia de querer vernos sin obligaciones, no como esas parejas que han perdido el rumbo y siguen vagando por el espacio llevadas por la inercia de su movimiento y que quedan para verse  sin saber por qué, para qué, de qué modo y en que versión.

No somos inercia y eso me encanta, somos peonzas que controlan su movimiento, autónomas, flexibles y con sentimientos, por eso quiero todo el bien que pueda caberme en mis esperanzas, para ti, porque si te enfadas nada tiene sentido entonces y se pudre la madera invisible de los andamios que nos acercan el uno al otro, andamios que hemos construido con sonrisas, juegos cómplices, conversaciones infinitas, sexo, caricias y miradas que nos delatan.

Todo lo que haces que te sienta bien quiero que sigas haciéndolo, porque no dañas a nadie y si alguien se ofende, no es por tu culpa, sino porque la inseguridad les delata, como me ha pasado a mí. Pero soy fuerte y comprensivo, quizás eso te atraiga de este personajito pues necesitas que alguien lleve la cordura de vez en cuando, para que tú puedas ser creativa y despreocupada.

Y cuanto más libres somos más cerca estamos el uno del otro, pues es esta sensación de libertad la que nos une, guía, relaja y atrae mutuamente. Me siento sano por ello, pues por fin predico con el ejemplo de tantos escritos pasados, tú me haces sentir sano y eso lo recordaré toda mi vida.

martes, 16 de abril de 2013

La tristeza postcoital. ¿Nos sentimos tristes por el vacío del sexo superficial o por la represión educativa sexual recibida?

La velocidad de los cambios sociales es innegable, los cambios de mentalidad, de acciones y conductas, nos hacen desviar el rumbo unas veces para mejor y otras para peor, pero no es cuestión de enjuiciar dichos movimientos, sino de comprenderlos, adaptarnos y sacar lo mejor de ellos.

Uno de los numerosos cambios que se están produciendo es a nivel sexual.  Algunos autores como la escritora Donna Freitas están empezando a hablar de “la cultura del polvo[1]”, enfatizando su poder de hacer desdichados a los que la practican. Esta “cultura del polvo” consiste en mantener relaciones sexuales basadas en la penetración y el orgasmo, de forma continúa con personas diferentes, con cuantas más mejor, sin buscar ningún tipo de compromiso, movidos más que por el deseo de hacerlo, por la presión social, que los empuja a dichos quehaceres, convirtiéndose en una forma de consumismo sexual caracterizado por la carencia afectiva y la tristeza post-acto, pues del atrevimiento y la incertidumbre pasamos al aburrimiento y la desidia promovida por la falta de empatía con el otro al que nos fusionamos corporal pero no emocionalmente. Por ello después de estos actos casi reflejos promovidos por la presión, subyacen estados de tristeza a los que podemos denominar como “tristeza postcoital”.

Podemos definir la tristeza postcoital como un estado emocional negativo, caracterizado por el desconsuelo que produce mantener relaciones sexuales sin cariño, afectividad o el suficiente conocimiento mutuo. Esta falta de compenetración, empatía y entendimiento con el desconocido al que desnudamos, promueve en la persona sentimientos de culpa una vez terminado el acto sexual, pues este encima se basa únicamente en la penetración y el orgasmo y no deja espacio a la comunicación y a la expresión erótica en un sentido amplio, lo que hace que la relación sea aun más fría y superficial.

¿Pero puede que esta tristeza postcoital sea únicamente un reflejo residual de nuestra educación sexual represiva, que nos empuja a sentirnos mal por practicar sexo con desconocidos? ¿No somos tan libres como creemos y nuestra conciencia no nos deja mantener relaciones con quien deseemos aunque no le conozcamos? ¿Dónde están los límites entre nuestra libertad, las relaciones sanas, los sentimientos de culpa y la tristeza postcoital? En definitiva ¿mantener sexo con desconocidos nos produce tristeza postcoital porque realmente es un acto vacio o por la represión educativa que hemos ido arrastrando y que ha quedado grabada en nuestro consciente y/o inconsciente?

Quizás como casi todo en la vida, sea una suma de variables, pues practicar sexo superficial con desconocidos, puede dejarnos con ese sentimiento de vacío y tristeza por el mero hecho de llevarlo a cabo y que por otra parte, el pepito grillo de nuestra conciencia, basada en la educación sexual represiva, nos diga que estas cosas que hacemos no son las correctas.

Lo que sí está claro es que estos sentimientos postcoitales son más normales de lo que parecen y son muchas las personas que necesitando afecto, buscan descargar sus tensiones con relaciones sexuales, aun cuando en sus corazones lo que habita sea un deseo de conexión con el otro, pero esta conexión no se genera en una noche de copas, sino que necesita  más tiempo para alcanzarse, por lo que al final se recurre al sexo rápido basado en la penetración como excusa de un acercamiento que no va más allá de lo táctil y efímero, es como soñar con un ágape y conformarse con un dátil. Pero de dátiles no vive el ser humano y al final flaquea desnutrido, pidiendo otra cosa y manifestando su enfermedad con los comentados sentimientos de culpa y tristeza.

El debate, si es que existe tal debate, se encamina hacia la elección autónoma de mantener relaciones eróticas esporádicas con desconocidos libre de culpa o la búsqueda de algo más emocional y empático para acallar esta tristeza postcoital que a veces nos invade.

Lo importante será mantener relaciones, sean esporádicas o no, que realmente nos llenen, conociendo y aceptando las consecuencias, sintiéndonos libres, autónomos y en definitiva equilibradamente sanos, sea como sea esta relación erótico-sexual.

lunes, 15 de abril de 2013

Cinco años de DELIRIOS

No pensé que mantendría este blog tanto tiempo, pero ha pasado, ya son cinco años desde que puse mis primeras palabras aquí. Cinco años dan para escribir muchas experiencias, anécdotas, historias de vida y artículos de interés (o no tan interesantes), donde me he desahogado emocional y científicamente, mandándome mensajes a mí mismo y a los demás de forma tanto explicita como implícita, mensajes a las personas que me han querido y me han dejado de querer, o que sus sentimientos se han transmutado en otros, pues como sabemos nada se destruye sino que se transforma, incluso había tiempo para mandar mensajes que no me interesaba que realmente nadie los leyera, sino como un escape voluntario de mis emociones y pensamientos que deseaba plasmar sin ánimo de exhibirme demasiado. Cinco años de imaginación, pensamientos, sentimientos y emociones entremezclados, como un diario humano de un ser tímidamente científico.

Doy las gracias a todos los que han leído alguno de mis escritos y artículos, a los que han dejado sus comentarios, a las personas que esperaban un nuevo delirio, a los que me encontraron por casualidad, a los que odian lo que pongo, por diversos motivos pero que saben en su interior que de algo les habrá servido, gracias a los que perdieron unos minutitos de sus vidas en leer algo mío y a los que desean que este blog siga abierto por un año más.

GRACIAS A TODOS. 

viernes, 5 de abril de 2013

¿Obsolescencia programada en las relaciones de pareja?

El ser humano no permanece inmutable, sino que por el contrario va cambiando y transformándose desde que nace hasta su último aliento, su cuerpo cambia, envejece, se arruga, sus órganos también cambian, aparecen enfermedades, desequilibrios y desajustes, continúa interconectando sus circuitos  neuronales, aprendiendo continuamente, convirtiéndose cada cierto tiempo en un nuevo individuo con nuevas inquietudes sustentadas en la base de unas creencias arraigadas que le permiten no caer en el caos y la locura. Por ello no es de extrañar que cada cierto tiempo nos planteemos si estamos bien dónde y con quién estamos ¿somos seres encaminados hacia la obsolescencia programada amorosa? ¿Somos promiscuos o monógamos? ¿Somos monógamos perennes o en serie (ser fiel a una pareja mientras estamos con ella, pero la relación suele ser corta y lo dejamos por otra)? ¿Podemos generalizar que el ser humano sea “algo concreto” o cada persona es un ser tan distinto al resto que es absurdo plantearnos estas cuestiones?

Entendemos por obsolescencia programada a la planificación preconcebida de poner fin a la vida de un producto de forma temprana, con el propósito de que estos objetos se conviertan en útiles de “usar y tirar” con un vida media más corta de la que podían tener. Para Álvaro Fustero[1]: “La obsolescencia programada quiere decir que vivimos en una sociedad en la que se nos ha impuesto la cultura de comprar, tirar, comprar; todo lo que se fabrica incluye una fecha de caducidad impuesta por el fabricante, lo que convierte en inservibles nuestros objetos al cabo de un tiempo, haciendo imprescindible su sustitución por algo nuevo, “mejor””.

¿Puede que genéticamente los seres humanos no seamos capaces de mantener una relación en el tiempo a causa de que poseemos cierta obsolescencia programada en lo referente a las relaciones de pareja? ¿Puede que sea esta cultura consumista la que promueva que el ser humano “use” a otros seres humanos durante un tiempo y luego decida que ya no les vale, cuando algo falla, prefiriendo ir a comprar otro “producto” nuevo? ¿Es la mezcla de ambas variables la causante de tanta ruptura amorosa? ¿O exageramos cuándo decimos que el ser humano tiende a romper sus relaciones y realmente somos más monógamos de lo que algunos creen?

Casi todos hemos pasado por rupturas amorosas de más o menos calado, de más o menos sufrimiento, y estas rupturas han sido debidas a variables como, los celos, la falta de comunicación, la desgana, el alejamiento emocional y un largo etcétera, variables que  para los defensores de la obsolescencia programada, no son más que eufemismos de esta, puesto que lo que subyace realmente es que el ser humano no está preparado para mantener una relación larga con la misma persona y la etiología de esta problemática es la propia obsolescencia y lo demás son adornos que ponemos para poder explicar las rupturas amorosas. Para otros estudiosos, los partidarios de la obsolescencia pueden parecerles demasiado radicales y agoreros, dando una visión desenfocada de la realidad del ser humano, puesto que creen que estos exageran, ya que el ser humano, para ellos, es más estable en sus decisiones de compromiso y de amor y que la obsolescencia no es más que una forma alarmista de entender al individuo. Para un tercer grupo, desde mi punto de vista, para los más humanistas, le es imposible creer que el ser humano pueda ser etiquetado de monógamo o polígamo o de cualquier otra denominación, puesto que el abanico de posibilidades se agota con el número de individuos que habitan en el mundo, es decir no podemos generalizar que el ser humano sea de una forma u otra, pues en el fondo es de todas a la vez y de ninguna ya que depende de cada individuo.


Mi objetivo en este artículo no es posicionarme en alguno de los postulados comentados, más bien es incitar a la reflexión sobre la capacidad de amar del ser humano.  De todos modos puede que en algunos sujetos la obsolescencia programada se halla  instalado en su forma habitual de relacionarse, ya sea guiados por la sociedad consumista en la que habitan o por su imborrable huella genética que les impulsa a desestructurar una relación en pro de construir una nueva, cada cierto tiempo.

Supongo que mientras leías esto, te estabas posicionando hacia uno u otro lado o quizás hacia una nueva forma de explicar dicha problemática que no he plasmado en este artículo, sería interesante saber tus reflexiones al respecto ¿Somos seres programados para abandonar las relaciones de pareja a causa de esta obsolescencia programada?

sábado, 30 de marzo de 2013

La cultura falocéntrica de la sexualidad.

Culturas como la occidental han basado su sexualidad en un pensamiento puramente falocéntrico, es decir dando prioridad y sumo poder a la imagen del pene, por lo que podemos definir falocéntrismo en sexualidad a la preponderancia del pene como órgano central en la relación erótica. Y del falocéntrismo quizás, se ha ido derivando a una visión de la sexualidad centrada en las relaciones con penetración y la visión del orgasmo como única meta o como finalidad última y obligatoriamente necesaria.


Con el falo como bandera de la sexualidad y con la penetración como vía de expresión, se ha dejado de lado fuentes de placer tan importantes o más que esta, puesto que la sexualidad envuelve todo nuestro ser y todo nuestro cuerpo, desde el roce sutil al apretón agresivo, desde el tenue beso al mordisco pasional, por lo que en la actualidad debemos considerar la penetración como una manifestación más de nuestras relaciones eróticas, no la sublime y central.

Y el falo ha soterrado y oscurecido el estudio de un órgano supremo del placer que solo lo poseen las mujeres: el clítoris. Este pequeño órgano, ostenta la única función de proporcionar placer a la mujer y esta circunstancia parece haber molestado en antaño a miles de científicos, religiosos y estudiosos de los siglos pasados, pues no podían unir la idea del poder del falo y la penetración con el hecho de que el orgasmo femenino se alcanzaba fuera de esta a través del clítoris, ya que dicha concepción tiraba por tierra la soberanía de la penetración como mecanismo de placer y por ende del poder en sí mismo del hombre en la relación erótica, pues sin pene no había placer ni para el hombre ni para la mujer.

Pero resulta que el orgasmo vaginal es una falacia y que las mujeres no necesitan ser penetradas para obtener placer, ni para llegar al orgasmo, como ahora sabemos, son los primeros  cuatro centímetros de la vagina los que poseen la sensibilidad necesaria para otorgar placer a esta, ya que en los 8 cm restantes, no hay suficientes terminaciones nerviosas como para que la mujer tenga sensaciones placenteras, así pues un pene descomunal, como el que desearían tener miles de varones, no es necesario absolutamente para nada, salvo para lubricar la imaginación de mujeres que se exciten con tal tamaño, pero en lo que a la fisiología respecta, el tamaño del pene, incluso su presencia no es necesaria para el orgasmo femenino.

Pero aun hoy día el hombre sigue enamorado del pene, desde jóvenes comparamos nuestros tamaños y soñamos con tener unos centímetros más, construimos edificios con formas fálicas, rascacielos empalmados, como si quisiéramos tocar el cielo con el miembro viril, un culto al pene que ha distorsionado a la sexualidad humana y la ha restringido a la penetración pueril. Por ello (y por otras muchas causas) la educación sexual se ha vuelto tan necesaria, pues a través de ella podemos desterrar el mito del falocéntrismo y promover una sexualidad más amplia y real, más placentera y global, haciendo que la mujer entienda el poder de su cuerpo y comprenda la función de su clítoris, una sexualidad que vaya más allá del falo y la penetración.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Breve reflexión inicial sobre las fantasías sexuales.

Podemos definir fantasía sexual como el proceso mental de corte erótico que mantenemos y del cual gozamos haya o no acto masturbatorio o relación erótica con orgasmo. Para el experto psicoterapeuta inglés Brett Kahr las fantasías sexuales quedan definidas como: “un pensamiento o conjunto de pensamientos conscientes que incluye la representación de uno o varios actos sexuales, de una o varias escenas sexuales, de imágenes sexuales y con frecuencia de lenguaje sexual, la totalidad de las cuales en muchos casos producen sensaciones placenteras que van del disfrute mental a la estimulación física de los genitales[1]”.

Y parece que todos los seres humanos poseemos la capacidad de mantener, en nuestras mentes, fantasías sexuales de lo más variopintas, tengamos pareja o seamos solteros. Para cierta población estas fantasías son ambivalentes puesto que gozan de ellas y a la misma vez se sienten culpables por tenerlas, lo que el mismo autor denomina como “paradoja masturbatoria”, pues la misma persona siente placer de forma física pero de manera simultánea malestar en su mente, ya que siente culpa, vergüenza y/o rabia. Por ejemplo ciertas personas que tienen pareja pueden mantener pensamientos de tipo fantasioso-eróticos con otros individuos, sean completamente desconocidos, amigos o familiares de uno o de ambos miembros de la pareja, produciéndose lo que B. Kahr ha descrito como “aventura intramatrimonial”, por lo que podemos "pseudo-engañar" a nuestras parejas mentalmente, incluso cuando estamos manteniendo un encuentro erótico con ellas, aunque después nos sintamos mal, angustiados, tristes o enfadados con nosotros mismos, pero la próxima vez que volvamos a tener otro encuentro con nuestra pareja, es probable que  vuelva a repetirsela misma fantasía o a una análoga.

Para Freud las personas que mantienen fantasías sexuales poseen una falta de satisfacción sexual, pues hay un deseo frustrado que intentan resolver con dichas fantasías. Posiblemente las personas cuando están en un proceso elevado de enamoramiento o de atracción física, no las necesiten para estimular su acción sexual, puesto que el otro se convierte o es la esencia de la propia fantasía “voy a poder verle desnudo/a”, “voy a saber como lo hace”, cumpliendo así la fantasía creada previa al encuentro erótico. Pero con el paso del tiempo si no hay una continúa estimulación, juego y novedad, puede que aparezca en nosotros la necesidad de crearnos imágenes que nos suban la libido (deseo sexual) e incluso salgan a la luz ciertas fantasías que se hallaban en el inconsciente, aflorando por la falta de excitación sexual que vivimos en el mundo real, las cuales, como ya expusimos, pueden ser placenteras o perturbadoras.

Y la cuestión ética se hace evidente ¿Estas fantasías, si tenemos pareja, son moralmente aceptables? ¿Podemos soportar que nuestra pareja por mucho que nos quiera pueda mantener pensamientos fantasiosos con otros seres humanos sean inventados, famosos o mortales reales y corrientes? La profesora de Psiquiatría Helen Kaplan (1929-1995), creía necesario que el miembro de la pareja con un problema sexual experimentara fantasías para incrementar su deseo o excitación, sea esta cual sea,  puesto que trabajar desde la fantasía promueve que la persona piense en sí misma y en lo que le gusta, tenga o no pareja. Esta puede partir tanto de la imaginación como de literatura erótica o incluso de películas pornográficas y el otro miembro de la pareja no ha de sentirse molesto o inquieto, más bien para que el tratamiento tenga éxito, debe ser respetuoso y apoyar a su pareja. En más de una ocasión Kaplan utilizaba, entre sus recetas de tratamiento, el uso de la fantasía: “Dar –permiso- al paciente para que explore fantasías o actividades eróticas que hasta entonces había evitado, y disfrute de ellas[2]. Por lo que las fantasías se convierten en una parte más, normalizada de la relación de pareja con la que se consigue volver a una situación placentera y agradable para ambos, puesto que ayuda a eliminar el problema sexual que hacia sufrir a la relación (teniendo en cuenta que el tratamiento no suele ser solo el uso de la fantasía, ya que pueden  hacer falta otras pautas).

En definitiva, los seres humanos debemos aprender a vivir en paz con nuestras fantasías y respetar las fantasías de nuestra pareja, ya que la imaginación es uno de los elementos claves por los que los seres humanos exploran y esta, en el mundo erótico, es una fuente de placer inagotable.



[1] Datos hallados en: Kahr, B. (2010). Sexo y fantasías. La investigación más completa y reveladora sobre nuestro mundo sexual interior. Ediciones Martínez Roca: Madrid.
[2] Datos hallados en: Kaplan, H. (2010). Manual ilustrado de terapia sexual. La solución a los trastornos sexuales más comunes. Debolsillo: Barcelona.

viernes, 8 de marzo de 2013

Retazos de una historia que se repite, del hombre que quiso salvar a la melancólica mujer perdida ambivalente.

En el suelo, con cara sonriente pero con el muro partido, sin pestañear pero con los ojos de su interior completamente cerrados, con ganas de abrazar, pero corriendo por si el fuego quemara más de lo que pudiera soportar, amigable pero mostrando los dientes como un macaco asustado, y ese hecho despierta mi alarma, me activa y tengo que ir al rescate, porque sé que nací para dejar de verte sufrir y salir lanzado, vapuleado por tu inminente nueva y mejorada salud infinita, pero recaes y vuelves a mí; no lo sabes pero no me venden en farmacias, esta droga es un menjunje con sabor a ser humano tierno, bromista y carismático, una pastillita más y creo que ya podremos dejar de vernos por siempre, aunque mi mente te visite de vez en cuando, como a tantas otras chicas insanas que sanaron a mi lado o que al menos creyeron que sus alas ya estaban listas de nuevo para volar, pero ninguna de ellas sigue sana o quizás sí, o todos mienten y yo pierdo como casi siempre, pero alegre, como ignorante y satisfecho de seguir viviendo en camas ajenas mientras dura la resaca de esta vida que parece injusta pero que realmente lo es. Nada cambia por más canas que puedan salir de mi mentón, todos esos ojos que nunca me pertenecieron han quedado guardados en tarritos de aceitunas, son para mí como reliquias de caza de seres extinguidos, algo prohibido, pues ya no se pueden tocar, y los baño con espurios suspiros que hacia nadie van ya, tanta energía derrochada, que a veces pierdo el sentido de lo que estoy haciendo, pues cuanto más cuerda te vuelves, más lejos caminas y menos tiempo tienes para mí. Quédate insana pide mi cuerpo egoísta, no mejores, no camines, no nada, ni siquiera pienses porque si lo haces te darás cuenta de que hasta los callejones más estrechos, están hechos del mismo material que las grandes avenidas libres, de ilusiones de libertad. Pero tengo que sanarte, pues sino estuvieras enferma no me atraerías, serias invisible para mí, como el dinosaurio que solo ve a los demás si se mueven, yo solo puedo intuir a aquellos seres que están débiles, pues un tranvía los arroyó, lo demás no existe, ni existirán en mi mente, no está, no hay nada, solo el olor de la melancolía que me atrae como el lobo a la presa. Por ello todo es en sí mismo una locura, pues te quiero loca para sanarte y cuando sanes no podre mirarte igual, ni tú a mí, esa es la injusta ironía de mis elecciones y así todo el tiempo, en rubio, en moreno, en delgado, en efímero, en obsceno, en sado, en masoquista, en inteligente, en tímida, da igual, una detrás de otra insana que sana a mi pesar y a tenor de mi ayuda esquiva. Porque al final quiero que seas feliz y libre.

lunes, 4 de febrero de 2013

Erotofilia y erotofobia. Dos maneras opuestas de entender las relaciones eróticas.

Vamos a entender por relaciones eróticas toda aquella conducta con contenido sexual que va más allá de la penetración, abarcando a esta, pero añadiendo los abrazos, caricias y besos, entre otras conductas y gestos de carácter amatorio, dando importancia por igual a todas ellas, no distinguiendo entre preliminares y la penetración, pues todo forma un conjunto con igual relevancia.

Los seres humanos somos seres sexuados y sexuales, donde el sexo es una parte heredada de la conducta animal, puesto que la gran mayoría de especies se reproducen a través del dimorfismo sexual, es decir con dos tipos de órganos diferentes (los del macho y los de la hembra), pero los humanos vamos más allá del puro acto animal, por lo que distinguimos entre sexo y sexualidad.

Si el sexo es algo innato, ya que tanto seres humanos como animales lo llevamos a cabo de la misma manera, la sexualidad es puramente humana, es un elemento básico de nuestra personalidad, abarca mucho más allá de la  genitalidad, invadiendo todos los espacios de la vida de una persona, su yo, su psicología y sus relaciones sociales. La sexualidad tiene muchas funciones que se expanden más allá de la reproducción, pues con ella encontramos momentos para el placer, para la intimidad, para la comunicación, para el afecto, para la ternura…., comprendiendo todas las etapas de la vida de una persona, desde su nacimiento hasta su muerte.

Y como parte integrante de nuestra personalidad y en gran medida acotada por la cultura en la que vivimos, podemos mantener posturas a favor o en contra de la sexualidad. Si mantenemos una postura a favor, diremos que somos personas erotofílicas y por el contrario si tenemos ideas y creencias en contra de la sexualidad, podremos decir que somos erotofóbicos.

Así pues podemos definir la erotofilia como la actitud positiva que mantenemos con respecto a todo lo sexual y erótico, no albergando sentimientos de culpa, ni rechazo sobre estas conductas, por lo que las personas erotofílicas pueden hablar abiertamente de sexo, sin sentirse mal por ello. Mientras que podemos definir erotofobia como la actitud negativa hacia todo lo sexual y erótico, que conlleva a que las personas se sientan culpables al hablar de sexo o mantener conductas de esta índole. Como indica la página www.fobias.net, la erotofobia es: “un persistente, anormal y injustificado miedo al amor sexual o a las preguntas de índole sexual. Este término es utilizado por los psicólogos para describir la sexualidad en la escala de la personalidad. Los erotofóbicos tienen altos puntajes en una escala que se caracteriza por expresiones de miedo y culpa respecto al sexo. Es poco probable que hablen de sexo, tienen más reacciones negativas con respecto al material sexualmente explícito y tienen relaciones sexuales con menor frecuencia y con menos compañeros a lo largo del tiempo[1]”.

El catedrático de Psicología de la Sexualidad de la Universidad de Salamanca, Félix López Sánchez, en su libro: “La educación sexual (2005)” nos ofrece un cuestionario para saber si tendemos a conductas erotofílicas o erotofóbicas, en el cual debemos responder en una escala que va desde máximo acuerdo (1) a máximo desacuerdo (7), según nuestra opinión sobre el ítem seleccionado. Hay una escala reducida, en la que se acortan el número de ítems utilizados.

Desde la educación afectivo-relacional partimos de una concepción erotofílica de la sexualidad, puesto que esta pertenece al mundo de la salud emocional y física, y por ello debemos apartar mitos y creencias erróneas que durante siglos han hecho tanto daño a la humanidad, cargándonos de miedos irracionales y sentimientos de culpa que hemos de desterrar de una vez por todas. Todos merecemos ser felices en todos los ámbitos de nuestra vida, y en este, en el sexual, tan importante como es para el ser humano, tenemos que  concebir a la sexualidad desde el lado positivo, pues es una fuente de riqueza, placer y salud, tan grande como el propio ser humano.



[2] Datos del cuestionario hallados en: López, F. (2005) La educación sexual. Biblioteca Nueva: Madrid.

DELIRIOS Y LOCURA

DELIRIOS Y LOCURA

Delirios y otros problemas

Bienllegados a la pagina donde todos vuestros delirios serán recompensados con miradas de incomprensión y rechazo amable.
Nos movemos incesantemente por sendas incautas, ataques de locura anonimos y vulgaridades encendidas por el alcohol de cualquier cantina.
No vengo a vender nada de valor ni a regalar una sonrisa verdadera, vengo para quedarme sentado mientras tu disfrutas de la ignorancia de los demás.
Vengo para quedarme sentado entre tus historias de a media tarde, para escucharlas, leerlas y enmudecer al ver que todos somos tan parecidos, tan complejamente simples.....
Me siento y te escucho. Sientate y escuchate. Sentemonos a escucharnos.Escuchame si puedes.