lunes, 20 de enero de 2020

El “pin parental” y la educación sexual.

Semanas agitadas, debates con posturas mejor y peor argumentadas. He leído todo lo que ha caído en mis redes sobre este tema, de un bando y del otro. Y me siento preparado para dar mi visión del asunto como experto en educación (sin ánimo de caer en la falacia ad verecundiam) y como sexólogo Presidente de una asociación que se dedica a la educación sexual (ASSEX).

Me caracterizo por seguir el lema “máxima caute” Spinozista, donde la cautela se convierte en una guía a la hora de hacer comentarios públicos. De ahí que no me prodigue mucho en el campo de mostrar mi opinión de forma pública. Por cautela, pero también por  vergüenza de errar, pues otro de los lemas que tengo presentes cada vez que voy a hablar en público es “la ignorancia es muy atrevida” donde saber un poco de algún tema te lleva a creer que sabes más del mismo pero conforme lo estudias detenidamente, te das cuenta lo poco que conoces y la de veces que has errado el discurso, por creer que sabias más de lo que en realidad controlas.

A estos dos lemas, le acompaña un último que dice “creyendo que haces un bien puedes estar haciendo un mal mayor”. Este lema nos compele a pensar dos veces (o las que hagan falta) sobre aquello que queremos defender y hacer que se aplique, pues hay momentos que defendemos una causa que puede parecernos justa pero que si se aplicara podría causar más daños que beneficios a nivel global. A todo esto se suma la idea de pensamiento complejo de Edgar Morín, el cual nos indica que tendemos a fragmentar el conocimiento, a ser reduccionistas con la realidad y defender la parte como si fuera el todo, con lo cual nuestra visión es estereotipada, basada en nuestros anhelos desiderativos más que en evidencias y hechos probados. Morín apuesta por un pensamiento complejo que convive con las contradicciones y con los opuestos, porque cada opuesto ofrece una realidad parcial que tampoco podemos desestimar para generar una complejidad mayor, más cercana a la certeza.

Estos argumentos nos trasladan a Karl Popper, que nos dice que el único modo de analizar la validez de un argumento es mediante el error por medio de la falsabilidad (comprobar donde nuestro argumento puede fallar). Mostramos pocas habilidades para comprobar la falsabilidad de nuestros argumentos, no buscamos evidencias que contradigan lo que pensamos, sino que vamos detrás de datos que confirmen nuestros juicios, lo que acaba conviertiendose en un “prejuicio de confirmación” (solo buscamos donde queremos encontrar la verdad). En definitiva, nos sentimos mejor encontrando evidencias que confirmen la verdad de nuestras creencias que buscando hechos que las falseen. Necesitamos más Sócrates (tábano de Atenas) que nos cuestionen y menos fariseos que nos adulen.

Esta última reflexión me conduce hacia el “efecto burbuja”. Los algoritmos de algunas redes sociales están diseñados para buscar qué es aquello que nos complace para así mostrárnoslo evitando y eliminando lo que no nos gusta (medido en clics y “me gustas” etc) Esto provoca que acabemos encerrados en una burbuja donde solo aparecen elementos que confirman nuestras opiniones. Si a eso le sumamos que solo seguimos a gente que piensa como nosotros, periódicos digitales que nos dan lo que queremos oír y un largo etcétera, al final nuestro cerebro empequeñece y nuestra brutalidad y fanatismo aumenta. Por ello, yo intento seguir a periódicos dispares y mantener amistades que manifiestan ideas contrapuestas con el objetivo de no radicalizarme y para tener contrariadas a redes sociales como Facebook (objetivo: que les cueste catalogarme).

Teniendo todas estas premisas en cuenta estoy en disposición de ofrecer mis argumentos al respecto del “pin parental”.

Comenzaré por uno de los puntos más delicados y que ha suscitado un mayor debate: “Los hijos no pertenecen a los padres” versus “los hijos no pertenecen al Estado”. Estas dos proposiciones expuestas en negativo son reduccionistas por separado y alimentan un efecto reactancia. Si a alguien que cree tener un derecho (“yo decido cómo educo a mis hijos”) se le dice que no lo tiene, se produce una reacción emocional que se manifiesta cuando sentimos que alguien nos está coartando nuestra libertad de expresión o de conducta y por ello decidimos  actuar en contra de las reglas que nos están imponiendo. Son cuatro los elementos por los que se produce este efecto de reactancia: 1. Libertad percibida (“yo decido como educar”), 2.Amenaza a la libertad (me obligan a actuar en contra de lo que pienso y siento), 3. Reactancia: reacción emocional ante esta pérdida, 4. Restablecimiento de la libertad: conductas para proteger la propia libertad que siento sustraída.

Promover un debate en términos negativos puede ser perjudicial (por el efecto mencionado) para el desarrollo del mismo. Los hijos pertenecen tanto al Estado como a los padres. No es negar derechos y deberes sino otorgarlos a ambas partes.

La familia puede escoger el tipo de educación que proporcionarán a sus hijos, así lo dice la misma declaración de Derechos Humanos en su artículo 26.3 “Los padres tendrán derecho preferente  a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos”. Luego veremos que entienden los Derechos Humanos por educación  y que pasa si los padres están haciendo otra cosa distinta a educar, basándonos en los mismos Derechos Humanos.  

Y también, el Estado es garante del bienestar de los hijos, puesto que si una familia es negligente, este puede retirar la custodia y en determinados casos la propia patria potestad (sabiendo que se puede restablecer si el padre/madre se ajusta de nuevo a sus deberes) Uno de los deberes fundamentales que tiene un padre o una madre siguiendo el art.154 del Código Civil es la de  “Velar por ellos, tenerlos en su compañía, alimentarlos, educarlos y procurarles una formación integral”

Así pues, es reduccionista apelar a que los hijos no son de los padres tanto como decir que los hijos no son de Estado, pues ambos comparten obligaciones con respecto a los menores. Tanto el Estado es garante del bienestar de los hijos como la propia familia. Por cierto, recordemos que no inscribimos a nuestros hijos en el registro de la propiedad sino en el registro civil.

Ahora bien ¿qué entienden los Derechos Humanos por educación? ¿Incluso el Código Civil cuando dice “procurarles una formación integral”? ¿Si en un hogar se está haciendo otra cosa distinta a como los Derechos Humanos y el Código Civil entienden la educación, siguen siendo las familias los garantes de la educación de sus hijos/as?

Según el art. 26.2 La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a la libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.

En este sentido una familia educa, siempre y cuando favorezca el entendimiento de la diversidad, de la tolerancia y respeto a los demás lejos de xenofobias, racismos, transfobias, homofobias, aporofobias, discafobia y toda discriminación de cualquier tipo.

Por otro lado, una familia educa siempre que fomente el pleno desarrollo de la personalidad humana, lo que en educación denominamos desarrollo integral y que el mismo Código Civil nos insta a ello. Uno de los elementos básicos de este desarrollo o formación integral es el pensamiento crítico que es el azote de cualquier adoctrinamiento. Para educar siguiendo los Derechos Humanos, hemos de ofrecer todas las posibilidades religiosas, ideológicas, conceptuales y de valores en su conjunto para que el menor pueda ir decidiendo su propio camino. Una familia que profesa una religión concreta, ha de proveer a su hijo tanto de los ideales de esta religión como hacerle participes de otras tantas, pues este es el camino del pensamiento crítico. Si una familia no provee de todas estas armas intelectuales a sus hijos, están faltando a la educación entendida por los Derechos Humanos. Y como no estamos obligados a entender y saber de todo, es aquí donde la Escuela Pública entra en juego. Porque ¿qué ocurre si una familia en vez de seguir estas pautas, acaban solo proveyendo de conocimientos concretos y específicos a sus hijos sin la posibilidad de que estos vean otras formas de entender la vida?  Para ir al rescate de estos menores está la escuela pública y el Estado aquí es cuando vela por ellos.

Siguiendo las ideas del filósofo y ensayista Carlos Fernández Liria, la escuela pública tiene confinada, en sí misma, una maravilla contra el adoctrinamiento, el sistema de oposiciones (sin entrar en los formatos de exámenes y sus controversias). A la escuela pública se llega por méritos independientemente de la ideología de cada cual. Y esta es una gran noticia contra el adoctrinamiento. Como afirma Liria, en una misma escuela podemos encontrar a un profesor de Lengua de VOX, una profesora de Matemáticas de PODEMOS, un Jefe de estudios que profesa la religión católica, una profesora de Educación física atea, un profesor de Valores éticos  homosexual etc, que impregnarán al centro de opiniones, comportamientos y filosofías dispares, fomentando así una escuela democrática y plural. Esto juega a favor de nuestros jóvenes pues aprenden a entender y convivir en la diversidad y el respeto, promoviendo que tengan que reflexionar sobre cuestiones diversas. El clima de un centro es tanto más democrático y ofrece una visión real de la sociedad, cuanta más diversidad haya en el mismo.

Las distintas leyes de educación desde 1970 (LGE 1970, LOGSE 1990, LOCE 2004, LOE 2006, LOMCE 2013) han intentado procurar el desarrollo integral del ser humano, promoviendo los llamados temas transversales (ahora elementos transversales). En ellos se trabajan temas tan variados como la educación vial, la educación para el consumo responsable, la educación para la salud, la educación en igualdad y la educación sexual entre otras. Todas las leyes, ya sean establecidas por PSOE o por PP, han tenido en cuenta este desarrollo integral. Por lo que es un imperativo legal hasta la fecha, el llevar a cabo actividades en los centros que fomenten el pleno desarrollo de la personalidad y no la mera instrucción (solo conocimientos científicos). Y esto además se entiende como un principio de calidad de la educación.

Por otro lado,  la escuela pública está diseñada para que cualquier tema que entre en un aula haya pasado antes por los filtros democráticos del centro. Si un Orientador/a quiere que en 4ºESO se den actividades y charlas sobre educación sexual, este no lo lleva a cabo por su cuenta y riesgo, tiene que pasar por una serie de filtros. No es factible que las ideas que se le ocurren a un miembro determinado de un centro educativo se lleven a cabo por las buenas.

Los pasos podemos resumirlos en estos. Un orientador/a propone charlas de educación sexual para 4ºESO, está propuesta está dentro del Plan de Acción Tutorial- PAT (documento donde se establecen qué actividades se van a llevar a cabo en el currículo y en la hora de tutoría, en cada uno de los grupos-clase, en los que un tutor concreto se responsabiliza de un grupo particular, por ejemplo Juan tutor de 4ºA). La propuesta se hace a la CCP (Comisión de Coordinación Pedagógica, cuyos miembros son el Director, Jefe de estudios, los jefes de departamento de cada área/materia y el Jefe de departamento de orientación). En esta reunión se debate y se llevan a cabo las directrices pertinentes sobre el PAT y en este caso sobre dichas charlas. Una vez que se han hecho las modificaciones pertinentes que se han acordado en las reuniones de la CCP, el PAT (que lleva entre otras cuestiones las charlas de educación sexual) se muestra al Claustro de profesores para que den su visto bueno (el Claustro se compone del director y de la totalidad de profesores del centro). Cuando todos están conformes,  el PAT se aprueba y forma parte del Proyecto educativo del centro (PEC). El PEC es el documento oficial del centro donde aparecen las señas de identidad de este, su filosofía, los recursos, los objetivos que se proponen cumplir, etc. Por otro lado el Consejo escolar también establece las directrices para la elaboración del PEC, por lo que este es otro filtro para que todo lo que se trabaja en una escuela haya sido aprobado/revisado antes por todos los agentes de la comunidad educativa (el consejo escolar lo forman: el Director, Jefe de estudios, cinco maestros elegidos por el claustro, tres representantes de los padres de alumnos, un representante del PAS, un representante del Ayuntamiento, el Secretario del centro) Todo estos datos aparecen en el Real Decreto 82/1996 de 26 de enero, por el que se aprueba el Reglamento Orgánico de las Escuelas de Educación Infantil y de los Colegios de Educación Primaria. Para Secundaria tenemos el Real Decreto 83/1996 de la misma fecha.

Como podemos observar, para que en un centro educativo se dé una charla de educación sexual, antes ha tenido que ser revisado por todos y cada uno de los integrantes mencionados. Esto quedará expuesto en el Proyecto Educativo (PEC) del centro en cuestión. Este documento es público y suele estar colgado en la página web del centro educativo, cualquier padre o madre puede solicitarlo.

Por todo ello, cuando un padre se niega a que su hijo reciba una charla en la escuela donde se encuentra este, está siendo incoherente con el mismo PEC y con lo acordado democráticamente por todos los miembros. Una familia antes de inscribir a su hijo en un colegio debería echarle un ojo a este documento para luego no encontrase sorpresas.

Así pues, el “pin parental” es una forma de menoscabar la profesionalidad del profesorado y de los filtros democráticos que ya tiene previsto cada uno de los centros educativos.

Las Leyes de educación (todas las promulgadas desde 1970) nos instan a fomentar el desarrollo integral. El profesorado cumple esta labor; la educación va más allá de la Instrucción o eso es lo que hasta ahora habíamos acordado democráticamente. Quizás el debate sea Instrucción o Educación en las aulas. Pero mientras sea el desarrollo integral de la personalidad el objetivo fundamental de la educación y lo que en democracia hemos aceptado (amparados por los Derechos Humanos y Civiles) el profesorado tiene la OBLIGACIÓN de seguir fomentando actividades y charlas de educación en igualdad, sexualidad, salud, tecnologías, drogodependencia, etc. para TODO el alumnado sin que medie ningún “pin parental” al respecto.

Con respecto a esto de las actividades en educación sexual y en igualdad, no es una locura trasnochada que se le ha ocurrido a nuestro Gobierno en particular. Es una petición de la ONU y la OMS para todos los países. Podemos encontrar en el documento que la OMS ha elaborado “Estándares de Educación Sexual para Europa” el modelo de educación sexual integral, las consideraciones y principios al respecto. Pueden hallarlo en el siguiente enlace: Enlace de la OMS

Recordemos que en países como Alemania, negar la posibilidad de los hijos a participar en charlas de educación sexual puede estar penado hasta con cárcel: Aquí el enlace de la noticia

Por lo que no se trata de preservar o introducir una identidad ideológica, puesto que países de corte más liberal tanto como socialdemócratas, entienden la educación sexual como un derecho e incluso una obligación para con sus ciudadanos. Va más allá de una perspectiva ideológica concreta y se asume como para todos los seres humanos.

Si solo aprendemos lo que nos ofrecen en un lugar determinado, si nos apartamos de otras posibilidades, caeremos en pensamientos simples, reduccionistas y parciales de la realidad. El fanatismo se cura con pensamiento crítico. El Estado ha de velar por una educación pública que ofrezca distintas oportunidades y formas de entender la sociedad. Unas veces se acercarán más a lo que sentimos y creemos y otras darán una visión opuesta, lo cual nos ayuda a entender mejor qué es el ser humano.

En lo que respecta a la educación sexual, si las familias conocieran en qué consiste la educación sexual integral, posiblemente ciertos miedos por desconocimiento se rebajarían y la angustia, de algunas familias, se disiparía. Hemos de ser transparentes con respecto a la temática de las charlas de educación sexual y resolver las dudas que puedan tener las familias al respecto. Son nuestros aliados, no nuestros enemigos. Familia y escuela son aliados en la educación de los niños/as y hemos de trabaja de forma conjunta, complementándonos para alcanzar el objetivo de este desarrollo integral.

Por último, podemos reivindicar que las personas externas al centro educativo que den charlas sobre materias concretas sean expertas en la temática. Para la educación sexual sería recomendable que estas charlas (en lo que respecta a las impartidas por personal externo al centro) las ofrecieran personas expertas en Sexología (Máster en esta materia) y tituladas en Ciencias de la Educación y/o de la Salud (Medicina, Enfermería, Psicología, Pedagogía, Psicopedagogía y otras carreras afines). Los centros educativos tienen que asegurarse de cuál es el perfil profesional que acude a sus aulas a impartir talleres, pero para ello no hace falta la construcción de un “pin parental”, pues con los filtros ya comentados, que se utilizan en los centros educativos, es más que suficiente. 

domingo, 1 de octubre de 2017

Sexología posmoderna. ¿Nació la sexología desde la perspectiva relativista posmoderna?

Posiblemente no, pero podemos hipotetizar que, al menos, ha bebido desde su nacimiento, el nutriente suficiente como para sospechar que dentro de la génesis sexológica hay un entramado posmodernista que afecta a la visión y comprensión de esta. Una afectación que conlleva unos pros y contras, de los que es objeto este artículo.

Entendemos por sexología, el estudio científico de la sexualidad humana. El término Sexología fue acuñado por Elizabeth Osgood Goodrich Willard (Sexology as the Philosophy of Life, 306-8. Chicago: Walsh, 1867.)[1] Esta joven disciplina ha pasado de una etapa inicial multidisciplinar (siglo XVIII) a una fase interdisciplinar (siglo XIX) a la actual fase disciplinar (siglo XX). Por lo que como disciplina, podemos considerar a la sexología una neonata en el mundo de la ciencia.

Por otra parte, el posmodernismo nace a mediados del siglo XX de la mano de autores como J. Derrida (1930-2004), J.M. Lacan (1901-1981) o M. Foucault (1926-1984) entre muchos otros. Esta corriente heterogénea, a veces difícil de clasificar pero que tiene en común una serie de pensamientos y movimientos asociados, hacen que podamos encuadrar algunos de sus postulados dentro de un mismo conjunto plausiblemente coherente.

Algunas de las características de esta corriente  son:

ü  Crítica al modernismo proveniente de la Revolución Francesa. La razón ha dejado de ser la panacea.
ü  Relativización de la verdad. La verdad depende del entramado cultural. La verdad es el producto de creencias de un espacio y tiempo determinado. La verdad cambia.
ü  Construccionismo social. La vida es una construcción social. Los fenómenos sociales se construyen y se desarrollan desde contexto puramente social.
ü  Las posturas más radicales argumentan “el Todo Vale”. Si ya no hay una verdad, si los hechos se convierten en construcciones sociales, nadie tiene la razón, cualquier afirmación puede ser válida. Así pueden aparecer “ciencias alternativas[2]”: terapias alternativas, homeopatía…
ü  Subjetividad. La realidad es subjetiva, la razón pierde su carácter objetivo. Se duda de todo.
ü  Revalorización de la naturaleza y el medio ambiente. Las tecnologías y la ciencia son vistas como enemigos que empañan el buen desarrollo natural del ser humano. La ciencia y la tecnología acaban haciendo más mal que bien. Vuelta al ser humano natural. Fantasía primitivista: vuelta a los tiempos en los que el ser humano “era más feliz y vivía más sano”.
ü  Crítica al Status Quo: la ciencia es vista como amiga del poder. La Psiquiatría puede  utilizarse para el control social (corriente antipsiquiátrica). Todo aquel que se sale de la norma es tratado psicológicamente/psiquiátricamente para volver a encajar dentro del sistema, status quo. La farmacología aliada con el capitalismo ejerce una influencia negativa en la medicina y la salud humana.

















Estas son las características que nos interesan para el posterior desarrollo de este artículo.

Empecemos desde “el principio”. Con la Ilustración, desde la Revolución Francesa se combate el oscurantismo y la superstición. Nace la Razón como estandarte del avance humano. Esta Razón es puesta en el centro del devenir, la herramienta para destruir los mitos oscurantistas, las supersticiones religiosas y demás invenciones irracionales. La objetividad se adueña de las pretensiones ilustradas, nace el método científico: la ciencia son hechos, los hechos la verdad (o lo más cercano posible a ella).

Tras las sucesivas guerras (1ª y 2ª Guerra Mundial), la razón, que nos iba a traer a un ser humano mejor,  o más bien, esa visión de la razón como ese caballo victorioso comienza a desquebrajarse. La desilusión empieza a hacerse patente, sobre todo en los sectores que más la idolatraron (la Izquierda ideológica y política). La razón ya no tiene esa fuerza emancipadora, se duda de ella como herramienta de libertad e igualdad. Este desencanto es la raíz del emergente posmodernismo. La ciencia tradicional y su tecnología quedan en entredicho (bombas nucleares) en cuento al bienestar humano.

Nace pues el posmodernismo, como una crítica a la razón objetiva. Los hechos y las creencias se confunden en una amalgama de subjetividades. La ciencia es vista como herramienta del poder del status quo y se duda de todo. La izquierda pierde el referente de la razón y la ciencia como estandarte de la lucha y la contracultura. Ahora la contracultura es dudar de la ciencia, de la razón y de la problemática unión de ambas con el poder establecido[3].

Todo se confunde. Se funden los hechos con las creencias[4], las ideas con los sueños, la ciencia con la pseudociencia, lo empírico con el estilo de vida de cada uno. Todo vale. Y parte de la izquierda se vuelve Feng-Shui[5].

Pero no todo va a ser negativo. Lo positivo del posmodernismo es su cautela ante los avances científicos, su mirada de sospecha sobre las relaciones de poder, la ciencia y el status quo. Desde esta perspectiva nos recomiendan ser vigilantes. Pues, aunque los hechos no sean opinables, las conclusiones si pueden estar tergiversadas, siendo utilizadas para la justificación de una ideología política que desee amparar, por ejemplo,  en los resultados científicos, las desigualdades sociales. Diversos autores que defienden el determinismo biológico argumentan que el patriarcado es el sistema de referencia legítimo y mejor que tenemos, pues es el que de manera natural aparece en la raíz social humana[6].

El juicio crítico que proyecta el posmodernismo es una buena herramienta para estar atentos a los fallos de la ciencia (o mejor dicho de las personas que trabajan dentro de esta) y su relación con el poder establecido. Es sano mantener una visión crítica, siempre que se ajuste y se discuta desde los hechos y las comprobaciones científicas y no desde la opinión y el estilo de vida de cada cual.

Por ejemplo, mantener una visión crítica ajustada de las posibles influencias de poder de las industrias farmacéuticas que se alinean con una visión capitalista amoral, en la que los intereses de esta a veces no se ajustan a los intereses generales de salud social pública, haciendo ciertas dejaciones de responsabilidad con respecto a la salud de todos nosotros, son comprensibles. Hemos de estar atentos de que no se cometan estas injusticias que pueden causar el malestar e incluso la muerte de muchas personas. Esta vigilancia es tan saludable como democrática. Pero de ahí al todo vale, va un abismo. Sin ciencia no hay rigor. Esta no es perfecta pero sigue siendo nuestra gran arma ante la ignorancia, la superstición, los juicios de valor y los intereses ideológicos y políticos. La ciencia es nuestro escudo ante las estafas del poder del placebo, de la “mala ciencia[7]”. La ciencia salva vidas, las farmacéuticas también, no así la homeopatía.

La sexología ha bebido, de entre otras corrientes[8], del posmodernismo atrayendo a su eje germinal tanto los pros como los contras de esta corriente. La fase disciplinar de la sexología aparece temporalmente hablando, junto a la vertiente posmodernista. No es descabellado pensar que la primera absorbió ciertas posturas de la segunda.

La unión más clara entre posmodernismo y sexología podemos encontrarla en la persona de Michel Foucault. Psicólogo, filósofo e historiador francés, inscrito dentro de la corriente estructuralista y postestructuralista. Escribió tres volúmenes de La Historia de la Sexualidad, donde aboga por el control de nuestros propios cuerpos, deseos y pasiones. Nuestras experiencias sobre la sexualidad es producto de nuestra propia historia, es circunstancial al espacio-tiempo en el que vivimos.


La sexualidad como producto histórico.   M. Foucault, mantenía la idea de que la sexualidad es una construcción histórica. La concepción que tenemos de ella cambia según avanzamos en la historia. Nosotros no tenemos la misma experiencia de la sexualidad que en el periodo de la Grecia Clásica, por ejemplo. La sexualidad siempre ha existido, lo que ha ido cambiando son los diversos puntos de vista de esta, las maneras de tratar y vivir la sexualidad. Y estas maneras de entender la sexualidad no tienen que ver con lo biológico sino con lo cultural. En definitiva, para Foucault, la sexualidad de la que hoy hablamos, no es más que una invención moderna producida por el marco histórico en el que nos movemos, sujeta, por ello, a cambios, según vamos transformando el marco de la realidad que nos constituye.

También desde un enfoque que podemos atribuir como posmodernista, advertimos que en algunos sectores de la sexología, domina la postura del construccionismo social (entre ellos las posturas feministas), donde la sexualidad y sus peculiaridades son producto de la cultura. Se derrumban los postulados deterministas biológicos que agarrotan las posibilidades de la humanidad encasillando, por ejemplo, a la mujer como agente subordinado del hombre. La sexología posmoderna, relativiza los conceptos de masculino y femenino. Se habla de género líquido o fluido. Se abre el abanico a la diversidad. El dualismo masculino-femenino se fragmenta, dando cabida a la pluralidad y a la indeterminación del género.

Por otro lado, determinados sectores de la sexología argumentan en contra de la teoría de la evolución de Darwin. No se niega la evolución[9], pero se debaten las conclusiones sacadas del darwinismo. Desde esta perspectiva se pasa de una concepción de la humanidad egoísta (gen egoísta[10]), individualista y preocupada solo en la autosupervivencia a una concepción de contenido Lamarckiano de la evolución, donde lo importante no es la lucha por la supervivencia sino la simbiosis entre los seres vivos, entendida como una red de conexiones en la que dependemos conjuntamente unos de otros para sobrevivir. La cooperación toma las riendas de nuestro sistema,  desacreditando así,  la lucha egoísta por la supervivencia[11].

Estas afirmaciones, sin entrar en la magnitud científica de los argumentos[12],  han sido positivas para la lucha de las desigualdades sociales, el sexismo, la lucha por la diversidad sexual, el reduccionismo del determinismo biológico, al romper las fronteras del heteropatriarcado y dejar al descubierto ideologías que se tenían como adalid de la verdad científica, y que están siendo desmontadas, con argumentos frontalmente opuestos[13].  Estos son los pros de adoptar un espíritu posmodernista moderado, ya que nos ayuda a mantener un juicio crítico, a ser vigilantes con lo establecido.  Pero un posmodernismo duro, abre la puerta a la pseudociencia y una disciplina tan reciente como la sexología puede verse muy dañada, desacreditándola y convirtiéndola en mera moda pasajera[14].

Factores perjudiciales del posmodernismo extremo en sexología. Un relativismo absoluto abre la puerta a corrientes pseudocientíficas. Si las herramientas de trabajo de esta disciplina comienzan a basarse en filosofías de enfoque orientalista, que quedan muy bien de cara a la galería, pero que carecen de cimientos científicos sólidos, la sexología corre el peligro de convertirse en una parodia motivada por las modas del momento.

Si damos cabida en nuestros congresos de sexología a “terapias alternativas” de talante pseudoprogresista[15], que llaman la atención de un público ávido de cosas nuevas, resignándonos a la demanda capitalista y desinformada de las personas que apelan, después de tanto anuncio de televisión, por lo natural y oriental como preludio a la salud y bienestar personal, sin saber que la gran mayoría de estas alternativas son producto del efecto placebo[16], estamos haciendo un flaco favor a esta disciplina que necesita tanto como las demás de contenido serio, riguroso y científico.

Las terapias y medicinas alternativas a las que me refiero son, entre muchas otras: Feng-Shui, Reiki, bioneuroemoción, homeopatía, terapias energéticas y corporales, reflexologías varias, coaching o mindfulness[17]. Muchas de estas prácticas están siendo investigadas para ver cuál es el alcance real de sus beneficios, otras están completamente descartadas y solo figuran dentro de la ingeniería de la superstición.

Por ejemplo, lo que la ciencia asegura del mindfulness es que puede ayudarnos relativamente ante la depresión, la ansiedad y el estrés. Pero existen ya otros medios, anteriores,  apoyados abiertamente por la ciencia que pueden paliar estos nocivos efectos sin tener que recurrir al mindfulness. Esta herramienta no es la panacea, aunque la veamos en todas partes, formando parte de la psicología, la sexología y la educación. En algunas ocasiones el mindfulness puede ayudarte a rebajar la ansiedad que te produce tu mala relación de pareja, pero no evita que tengas que convivir con ella. Los resultados positivos son modestos según los análisis científicos y en la mayoría, se observa que el tamaño de la muestra, de estos estudios, es bastante bajo como para sacar conclusiones y generalizar los resultados.

La sexología no es sólo posmoderna, abarca muchas otras nociones, pero podemos advertir que sí se ha podido nutrir de estas ideas, a veces para bien (uso de una perspectiva posmoderna moderada) y otras para mal (abriéndose a herramientas/modas que no han demostrado su eficacia o cuando sabemos que se apoyan en el efecto placebo, o en el peor de los casos resultan ser incluso, contraproducentes).

Un sexólogo/a ha de basarse en el método científico, sabiendo que los hechos científicos son los que nos guían  y que estos son nuestra puerta al conocimiento. Relativizar la verdad de forma extrema, no es el camino seguro porque ni siquiera la ciencia es infalible en el ámbito de lo social. Las lagunas del conocimiento no pueden llenarse con las aguas de la pseudociencia, el misticismo, “las energías” y los efectos placebos. No todo vale. La innovación, no es siempre un camino de verdad científica que asegure el bienestar,  requiere, para su desarrollo, de un tiempo (a veces bastante prolongado) de investigación rigurosa.



[1] Hallado en Frago, S. y Sáez, S. Haciendo historia sexológica con el “Sal de dudas”. Asesorías Sexológicas: Zaragoza.
[2] Entrecomillado porque sólo hay una ciencia posible.
[3] La izquierda (parte de ella) comienza a concebir que su lucha ahora es en contra de la ciencia por su acercamiento y justificación del poder del status quo. Lo contracultural es, en este momento, sospechar de lo científico y se apela a la naturaleza, a sus energías, a las filosofías orientales, como nuevos fruto del saber contracultural. La ciencia tradicional es conservadora. Las tecnologías son un peligro pues desvirtúan al ser humano y lo despojan de espiritualidad. Producen cáncer y nos alejan de nuestro yo primitivo, el cual, según ellos, era más feliz antes de toda esta casquería tecnológica.
[4] Los hechos (factus) son lo empíricamente demostrable (nos permite describir aquello que ocurre). No se puede opinar sobre los hechos, se pueden refutar o comprobar. Las creencias si son opinables. Cada uno tiene la suya. Confundir hechos con creencias nos lleva al relativismo. Un hecho no está mediado por la cultura, una creencia sí. Los estilos de vida como ser de izquierdas o de derechas no influyen en los hechos, en las creencias sí. La verdad ha de basarse en hechos y no en creencias o estilos de vida.
[5] La Izquierda Feng-Shui es un libro de M.J. Schwarz, un escritor de izquierdas que hace una crítica de esta izquierda posmodernista adoradora de las conspiraciones, de las medicinas y terapias alternativas.
[6] Para saber más sobre determinismo biológico, patriarcado y sociobiología, acudir al libro No está en los Genes de Lewontin, Rose y Kamin (2009).
[7] En el libro “Mala Ciencia” Ben Goldacre desgrana los equívocos y engaños de algunas medicinas alternativas como la homeopatía.
[8] Las cuales no son objetivo de este artículo.
[9] No se apela al creacionismo, pero tenemos que tener en cuenta que un excesivo relativismo posmoderno puede incentivar creencias despojadas de credibilidad científica como el creacionismo, puesto que si la realidad es una construcción social, no hay verdad objetiva, todo tiene cabida, incluso esta perspectiva.
[10] Para saber más sobre el gen egoísta y la sociobiología leer a R. Dawkins (1976).
[11] Un autor español que defiende la perspectiva Lamarckiana es Máximo Sandín. También criticado por mantener posturas que no quedan suficientemente justificadas, científicamente hablando.
[12] Podemos debatir abiertamente sobre la cientificidad de los argumentos que se arguyen en cada una de las posturas, pero esta cuestión expandiría demasiado el objeto de este artículo. Pero hay que dejar claro que la única manera de intercambiar argumentos válidos es a través de la rigurosidad científica.
[13] Una diferencia notable, para la cuestión que nos ocupa, entre las ciencias naturales y sociales, es que esta última está más sujeta a la manipulación ideológica. Como afirma Alan Sokal en su revelador libro Imposturas Intelectuales: “… en las ciencias sociales se plantean muchas cuestiones metodológicas específicas (…) por el hecho de que los objetos de estudio son seres humanos (…) los datos se expresan habitualmente en lenguajes humanos cuyo significado puede ser ambiguo; el significado de las categorías conceptuales por ejemplo: infancia, masculinidad, feminidad, familia (…) cambia con el tiempo; la finalidad de la investigación histórica no son simplemente los hechos sino su interpretación, etc”. Las ciencias sociales para ser tomadas en serio han de tener rigor científico y han de separar los hechos de las creencias particulares, sabiendo que muchas de estas cuestiones se vuelven borrosas en las ciencias sociales.
[14] Una de las grandes críticas que se le hace a la psicología es su predisposición a seguir las modas del momento, lo que la convierte en vulnerable. Para José Antonio Marina, la psicología: “es una ciencia joven, impetuosa, vulnerable a las modas y a la que se seduce con facilidad”. Hallado en “El Laberinto Sentimental (1996).
[15] Estas terapias alternativas se suelen denominar progresistas por las razones que estamos esgrimiendo: rompen con la coraza científica tradicional, sujeta, según ellos mismos, a ideologías conservadoras, entendiendo la ciencia como sistema de poder al abrigo del status quo. Hablan de la naturaleza contraponiéndola a las tecnologías. La primera es lo bueno y la segunda es lo que provoca cáncer. Pensamientos también de carácter progresista, emanados desde los postulados de Rousseau que defendía la vuelta al hombre primigenio, ya que los avances científicos y las tecnologías solo provocan la corrupción del ser humano.
[16] Muy bien explicado en el libro de Mala Ciencia de Ben Goldacre.
[17] Para una lista más exhaustiva de estas pseudoterapias acudir al libro: La Izquierda Feng-Shui de M. Schwarz, pág 301 y 302.

martes, 13 de septiembre de 2016

El error fundamental de la postura sexual del 69 desde la visión del mindfulness.

Nuevos vestigios culturales nos acompañan cruzando desde occidente a oriente y viceversa. Entremezclamos saberes en esta nueva cultura globalizada. La diversidad se hace patente cuando nuestros memes[1] y genes revolotean de un lugar a otro, desde el punto cero hasta sus antípodas. Nuestras formas de pensar, de creer, de actuar se modifican, sobre todo en aquellas mentes plásticas, que desean absorber, criticar e interiorizar. Nuestra sexualidad, pese a ciertos intentos malintencionados de momificarla, también es plástica, también cambia, mediatizada por estos devenires científicos en ocasiones, y/o meramente por modas populares.

Descansaba en el suelo pedregoso del Festival Rototom Sunsplash[2], observando la charla que Orlando Rodrigo, instructor de meditación y terapeuta transpersonal, daba sobre mindfulness[3]. Comentaba que el ser humano nunca se detenía a pensar en su presente, en el ahora, que siempre vivimos, o bien, anclados al pasado o pensando en qué vamos a hacer mañana. Nunca nos detenemos en el aquí, en cómo me siento ahora, qué estoy viviendo, qué percibo. Nos dejamos invadir por los estímulos, tenemos la mente en mil sitios, no saboreamos nada. No nos detenemos a paladear el café de la mañana, solamente, sin leer periódicos, ni charlar, ni ver la televisión, únicamente concentrándonos en el sabor amargo y dulce, degustando cada sorbo.


Para que entendiéramos hasta que punto hay que disfrutar del ahora, centrándonos tan solo en aquello que hacemos, nos ponía el ejemplo de que hasta para ir al baño a defecar, nos llevamos libros, móviles o cualquier elemento para pasar el rato, en vez de detenernos en disfrutar del hecho tan humano-animal y placentero que es expulsar nuestros excrementos. No somos capaces de poner nuestra conciencia plena en nada de lo que hacemos.

En ese instante, me surgieron dudas sobre ciertas posturas sexuales que quizás no puedan disfrutarse completamente,  puesto que debemos hacer varias cosas a la vez y nos cueste poner la atención plena en lo que estamos sintiendo. Me vino a la cabeza la postura del 69.

Como sabemos, en esta postura practicamos un doble “sexo oral” (felación-cunnilingus, felación-felación, cunnilingus-cunnilingus), requiere por tanto la participación de dos personas para llevar a cabo dicha postura placentera. Si atendemos al hecho, de que para mantener la conciencia plena, debemos detenernos en aquello que estamos haciendo o sintiendo, dejando otros estímulos fuera, para realmente sentir un gozo centralizado ¿es posible estar en lo que se está, si al mismo tiempo que paladeas el manjar que tienes delante, tienes que estar atento a las caricias húmedas que estas recibiendo?

Desde la visión del mindfulness, posiblemente nos estén avisando de que quizás esta carismática postura, no es la ideal para sentir un goce completo, pues al mismo tiempo dos placeres tan intensos pueden estar dificultando la conciencia plena de lo que nos llevamos entre manos (bocas). Puede ser más placentero concentrarte en practicar por entero un cunnilingus, que la otra persona lo sienta plenamente, que tú degustes siendo consciente de lo que haces y cómo lo haces y después, si ambos lo desean, recibir tú esas caricias placenteras ¿Ha sido toda la vida un timo esto del 69? ¿Se pueden hacer dos cosas a la vez sintiéndolas plenamente? ¿Hemos sido conscientes de este “medio-disfrute” o realmente es una exageración lo que nos propone el mindfulness?


Sea como fuere, toda práctica llevada a cabo desde la elección mutua, desde el respeto a uno mismo y al otro y desde la visión erotofílica del placer sexual, es bienvenida, “bienpracticada”. Podemos incluir o no el “69” en nuestras vidas, siempre que disfrutemos, que despleguemos nuestro potencial mapa erótico, que hallemos placer en dar y recibir, sea este plenamente consciente o no.


[1] Este término fue acuñado por Richard Dawkins en su libro “El gen egoísta” para designar a la unidad de información cultural que los seres humanos vamos transmitiéndonos, como paralelismo al término genes.
[2] Festival de reggae que se celebra en Benicàssim.
[3] “Mindfulness es una cualidad de la mente o más bien la capacidad intrínseca de la mente de estar presente y consciente en un momento determinado, en un momento en que cuerpo y mente se sincronizan totalmente en un instante de realidad presente” (Instituto Mindfulness, 2011).

viernes, 9 de septiembre de 2016

La Filiolatría. Cuando la mirada de atracción del otro, provoca que nos atraiga.

El ser humano es capaz de enamorarse de múltiples maneras. De la explotada maniobra fílmica, denominada “flechazo”, hasta la tranquila y lánguida amistad que se transforma en un deseo de conocer al otro, desde otra vertiente más erótica. Incluso, podemos sentir algo en el mismo instante que vemos en los ojos del otro, un atisbo de atracción hacia nosotros. Es lo que podemos denominar como filiolatría o adoración de la atracción.

Podemos definir filiolatría como la adoración que sentimos al percibir en el otro, una atracción física hacia nosotros. Es en ese instante, cuando nos damos cuenta, que el otro puede ser una fuente de atracción erótica. Este fenómeno puede explicarse desde tres vertientes: desde la isopraxis, desde la comunicación no verbal visual y desde el poder de la expresión emocional.

Entendemos por isopraxis  la imitación corporal que hacemos del otro. Esta aparece de manera espontánea (quinésica) y no mímica, es decir es involuntaria y se produce cuando el otro nos agrada. El ser humano suele imitar los movimientos de las personas que nos atraen o interesan. La isopraxis provoca que veamos a la persona, que nos está imitando involuntariamente, como no agresivo, de nuestro bando, próximo, por lo que puede inducir a que sin saber porqué, esta nos caiga bien o nos atraiga.  Por esta razón puede producirse un doble juego de atracción. El otro nos mira con deseo erótico y al percibirlo, entonces y solo entonces, empezamos, por isopraxis, a sentirnos atraídos por él. Quizás, antes nos pasó desapercibida o incluso la habíamos avistado, pero no nos resultó atrayente, hasta que no nos fijamos en cómo nos miraba.

Desde otro ángulo, este tipo de atracción puede aparecer después de una breve comunicación no verbal de tipo visual. Diversos estudios han constatado que cuando algo o alguien nos atrae, nuestras pupilas se dilatan con el afán de captar, de una manera más nítida, aquello que acontece, en este caso, la cara de la persona que nos gusta. En el instante en el que observamos al otro mirándonos con sus pupilas dilatadas, puede que provoque en nosotros cierta atracción. Esto lo corroboran otros estudios sobre la fuerza de las pupilas dilatadas, en la atracción inicial. En esta investigación, a unos sujetos (dos grupos) se les dio a valorar la belleza de la cara de otras personas. Al primer grupo, se les suministraron unas imágenes de rostros sin pasar por el photoshop y al segundo grupo, imágenes con rostros, en las que habían sido retocadas las pupilas, agrandándolas. Los resultados mostraban que cuando las pupilas habían sido ampliadas, estas personas eran percibidas como más atractivas. Sólo tenemos que recordar, los ojos agrandados del gato de la película Shrek, cuando nos manipula para parecer entrañable y zalamero. Al mirarnos, con sus pupilas dilatadas, la persona que  siente atracción por nosotros, puede inducirnos a que se nos despierte algo por dentro y sentir, en ese preciso instante, una mutua atracción.

Por último, el fenómeno de filiolatría puede provenir de las emociones y las neuronas espejo. Estas neuronas son las que hacen que el ser humano sea empático, pues al ver las emociones en los demás, provocan reacciones similares en nosotros. Son las causantes de que una película de miedo, nos de miedo (si es relativamente buena) o que cuando vemos al protagonista pasarlo mal, nos aparezca ese incómodo nudo en la garganta. Estas neuronas nos ayudan a captar e interpretar las expresiones faciales en los demás. Nuevas investigaciones apuntan, que una de las cosas que nos atraen de los demás, son las expresiones de sus emociones. Nos resultan más atrayentes las personas expresivas que las que tienen una belleza estandarizada. Si tuviéramos que elegir entre una persona bella pero poco expresiva y otra no tan agraciada pero más expresiva, muchas personas seleccionarían esta última propuesta. Ver en el otro una expresión de atracción hacia nosotros, puede provocar que al ver ese rostro, nos sintamos atraídos, por el hecho de que las expresiones emocionales de los demás nos atraen y más si esa expresión la hemos incitado nosotros.

La filiolatría, es un fenómeno fugaz, de un aparente ensimismamiento y egocentrismo, pues nos acaba atrayendo aquella persona que se siente atraída por nosotros, por el mero hecho de mostrarlo con su rostro o sus gestos. Puede que estemos preparados para advertir que el otro siente algo hacia nosotros. Pero no podemos olvidar, que la atracción erótica solo es un paso más hacia cumbres más profundas. La filiolatría puede llevarnos a un espejismo fraudulento, y lo que sentimos en un instante, en otro instante, aun más fugaz, lo haga desaparecer. 

jueves, 26 de mayo de 2016

Relaciones de pareja del siglo XXI: la monogamia serial o sucesiva. Pros y contras.

Las relaciones de pareja, tal y como las concebimos en la actualidad, son un hecho muy reciente. Apenas hemos comenzado a entenderlas y muchos son los tropiezos, sinsabores y contriciones en los que nos vemos abocados a vivir, pues aun no comprendemos como manejarnos con el otro, desde el nosotros.

La concepción de relación de pareja del siglo XXI, basa su premisa esencial, en dos conceptos: el sentimiento de amor hacia el otro y la libre elección. No concebimos mantener una relación interpersonal que se asiente en la coacción. Nadie nos impone con quien debemos relacionarnos, ni mucho menos anidarnos eróticamente. Hoy, sin amor y sin libre elección, no hay vínculo aceptable.


El comienzo de este cambio, en lo referente a las relaciones de pareja, surgió en la época del renacimiento (XV-XVI). Este movimiento cultural apostaba por la búsqueda y defensa de la felicidad individual. Entre esta felicidad, se encontraba, la libre elección de pareja, animándonos a encontrar, aquella que nos hiciera más feliz, desde la atracción erótica y no desde la elección impuesta por el clan familiar.

Con la llegada del capitalismo moderno, se entiende el matrimonio por amor como un derecho humano de mutua libre elección, basado pues, en el sentimiento amoroso. Así es como hoy entendemos las relaciones de pareja.

A estos cambios históricos hemos de añadirle tres hitos, que repercuten en la independencia y empoderamiento femenino: la búsqueda de la igualdad entre hombres y mujeres,  la aparición de la píldora anticonceptiva y el asentamiento del divorcio como mecanismo para la disolución del matrimonio.

Con el auge del feminismo (finales del siglo XIX) hombres y mujeres empiezan a considerarse iguales. Seres humanos bajo las mismas condiciones y estatus. En lo que respecta a las relaciones de pareja, si estas están basadas en el amor mutuo y la libre elección, han de tener una premisa obligada: ninguno de los dos miembros debe ser superior al otro, puesto que el amor ha de basarse en la simetría. Si uno de los miembros de la pareja se cree superior, la relación como tal deja de ser simétrica, convirtiéndose en tóxica. Desde la nueva perspectiva tanto renacentista como feminista, una relación no puede basarse en la asimetría de poder adquirida unilateralmente por uno de sus miembros.

La píldora anticonceptiva (1960), ha sido el otro gran hito para el empoderamiento femenino. La década de los 60, fue un tiempo histórico para la concepción moderna de las relaciones de pareja, pues gracias a la píldora, las mujeres eligen cuándo y cómo mantener relaciones eróticas, basadas en funciones diferentes a la mera reproducción. La sexualidad se libera del reduccionismo reproductivo y se abre el camino al placer. El nuevo concepto de relación de pareja basado en la atracción, libertad y consentimiento mutuo, comienza su andadura hasta nuestros días.

El divorcio (1981 en España) propició entender las relaciones desde la disolubilidad del matrimonio. Ya no estamos obligados a permanecer unidos hasta el día de nuestra muerte, pudiendo elegir la separación y/o el divorcio respectivamente. 

Hoy nos encontramos con este tipo de relaciones. Nuevas, esperanzadoras, y más que presumiblemente necesarias, con respecto a la arcaica historia de la humanidad, pero también por ello, en ocasiones, tambaleantes y difusas, pues no son pocos los nuevos conflictos y sinsabores que se originan desde la perspectiva del amor romántico.

Aun así, hemos logrado alcanzar la libertad de elección, la posibilidad de separarnos de las personas que no nos hacen bien, de mantener relaciones eróticas basadas en algo más allá de la reproducción, de la simetría de poder en las relaciones de pareja. Una gran revolución, que debe seguir manteniéndose, por la que merece la pena luchar. Por este motivo, debemos tener en cuenta un tipo de relación que acontece en la actualidad, provisto de  pros y contras, las cuales pasaremos a desgranar: las relaciones basadas en la monogamia serial o sucesiva.


Con la suma de todos estos momentos históricos e hitos, nace un tipo de relación de pareja (entre otros, que no son objeto de este artículo) que se asienta en la mutua fidelidad, mientras dure el sentimiento de pasión y las ganas de intimidad. Mientras persista el enamoramiento. La idea central de la monogamia serial podría describirse como: “Estoy contigo mientras sienta esa chispa, cuando esta se difumine, dejo la relación y cambio de pareja”. Por lo que podemos definir monogamia serial como aquella relación que se basa en la pasión y la intimidad inicial (amor romántico para los autores anglosajones) y una vez acabada o mermada esta pasión, el miembro de la pareja decide abandonar y buscar otra nueva relación.

La fase pasional, es en la que se basan estas nuevas parejas, cuando el enamoramiento decrece, decrece con él, el interés en mantener la relación. Es la búsqueda del placer pasional sobre la gratificación a largo plazo, del sentimiento de unión y compromiso con el otro.

Como Martin Seligman (2011) en su libro “La autentica felicidad”, diferencia entre placer y gratificación, así mismo podemos hacer nosotros en lo relativo a las relaciones de pareja. Para este autor, el placer es algo fácil de adquirir, no cuesta trabajo, produce un efecto agradable inmediato y es breve en el tiempo. Por el contrario, las gratificaciones, a corta distancia no producen un efecto agradable, son más costosas, requieren tiempo, esfuerzo y necesitan de atención constante. A largo plazo, vivir tan solo del placer produce un vacío existencial, pues no avanzamos, no maduramos, no adquirimos experiencias nuevas valiosas. Sin embargo con las gratificaciones, acabamos sintiéndonos bien con nosotros mismos, adquirimos nuevas competencias, sentimos que crecemos. Hemos evolucionado. Un placer es deleitarse con una onza de chocolate, algo efímero que se saborea por los sentidos, una gratificación es aprobar unos estudios, después del esfuerzo que estos conllevan. Quedarnos viendo la televisión, es un placer, salir a hacer deporte, una gratificación.

En cuanto a las relaciones de pareja, un placer es obtener un orgasmo, o vivir los inicios apasionantes, pues estos conllevan poco sacrificio. Una gratificación, es luchar por una relación que merece la pena, a pesar de las sucesivas crisis que se irán atravesando (luchar siempre y cuando no estemos metidos en una relación toxica o asimétrica).

Las personas que se nutren de esta monogamia serial, viven el presente, del placer que les producen esos inicios fulgurantes cargados de pasión e intimidad, pero cuando esta se agota, termina con ellos el “falso compromiso” que parecían estar adquiriendo junto al otro. Viven por y para las experiencias placenteras iníciales, desilusionándose cuando la idealización comienza a declinar.  Y aunque cada uno es libre de elegir el tipo de vida que desea llevar, parece que ciertas personas, acaban acudiendo a terapia, pues este camino, les acaba conduciendo a un vacío existencial, cegados en el placer, y yermos en gratificaciones.

Por otra parte, la monogamia serial tiene algún pro matizable. Este es: la idea de permanecer con una sola pareja, sin cometer infidelidades explicitas, mientras se mantiene el vínculo. Podemos entender esta, como más ética, que las relaciones que se basan en una aparente fidelidad perenne e inmortal, pero que en realidad, andan preñadas de engaños, subterfugios e hipocresía, y más si cabe, si estas infidelidades se llevan a cabo unilateralmente, y una parte de la pareja, yace en el engaño y la falsa creencia de vivir en una relación mutuamente comprometida y fiel. La monogamia serial, al menos, promete fidelidad mientras permanezca la chispa. Es menos hipócrita.

Sin embargo, para evitar, este futuro sentimiento de vacío existencial, presumiblemente venidero, y para no ir dejando continuos cadáveres humeantes de odio y desamor a ambos lados de nuestra carrera amorosa, proponemos, el interesante concepto que Antoni Bolinches (2001), describe en su libro “Sexo sabio. Cómo mantener el interés sexual en la pareja estable”. Para este autor, la clave sería abandonar la monogamia serial y abrazar la denominada “monogamia selectiva”. Bolinches la define como el tipo de monogamia que “intenta seleccionar mejor la idoneidad de sus componentes y está dispuesta a trabajar para acoplarse (…) antes de caer en el recurso fácil de separarse (…) se plantee primero mejorar la dinámica interna de la pareja”.


Esta monogamia selectiva se consigue en primer lugar, a través del autoconocimiento y la aceptación de uno mismo. Si uno alcanza a comprender el valor de su propio conocimiento, acepta sus virtudes y reconoce sus defectos, sabe vivir en soledad, no necesita al otro para llenar su vida, sino que esta, ya permanece completa, es en ese instante cuando uno puede seleccionar con mayor idoneidad con qué tipo de pareja puede acoplarse afectiva y sexualmente de manera positiva y no toxica.

 La monogamia selectiva implica la madurez y responsabilidad de escoger a una pareja, no por la mera atracción sexual inicial, sino que va más allá de este aspecto fugaz. Uno es responsable de la pareja que escoge, de su propia capacidad de amar, de comprometerse y de esforzarse por ir solventando los problemas por los que toda relación atraviesa, sabiendo que el enamoramiento es solo una fase placentera del proceso hacia la gratificación posterior, de lograr una unión con el otro, basada en el esfuerzo mutuo, la comunicación fluida y las ganas de innovación moderada.

Hay muchas maneras de relacionarse, de vivir en pareja, de entender el amor. En este artículo, solo deseamos esbozar una dicótoma, entre dos tipos de monogamia, para aquellas personas que desean vivir en ella. Sin animo de menospreciar otras formas de convivencia.  Somos libres de ir buscando el camino que nos reporte la mayor gratificación. Lo importante es, que en el transcurso de este camino, uno no vaya dejando pedazos de sí mismo, avocándose al vacio interno. Vacio que podemos evitar, conociéndonos mejor a nosotros mismos, pues esta es la clave del amor saludable.

DELIRIOS Y LOCURA

DELIRIOS Y LOCURA

Delirios y otros problemas

Bienllegados a la pagina donde todos vuestros delirios serán recompensados con miradas de incomprensión y rechazo amable.
Nos movemos incesantemente por sendas incautas, ataques de locura anonimos y vulgaridades encendidas por el alcohol de cualquier cantina.
No vengo a vender nada de valor ni a regalar una sonrisa verdadera, vengo para quedarme sentado mientras tu disfrutas de la ignorancia de los demás.
Vengo para quedarme sentado entre tus historias de a media tarde, para escucharlas, leerlas y enmudecer al ver que todos somos tan parecidos, tan complejamente simples.....
Me siento y te escucho. Sientate y escuchate. Sentemonos a escucharnos.Escuchame si puedes.