viernes, 9 de septiembre de 2016

La Filiolatría. Cuando la mirada de atracción del otro, provoca que nos atraiga.

El ser humano es capaz de enamorarse de múltiples maneras. De la explotada maniobra fílmica, denominada “flechazo”, hasta la tranquila y lánguida amistad que se transforma en un deseo de conocer al otro, desde otra vertiente más erótica. Incluso, podemos sentir algo en el mismo instante que vemos en los ojos del otro, un atisbo de atracción hacia nosotros. Es lo que podemos denominar como filiolatría o adoración de la atracción.

Podemos definir filiolatría como la adoración que sentimos al percibir en el otro, una atracción física hacia nosotros. Es en ese instante, cuando nos damos cuenta, que el otro puede ser una fuente de atracción erótica. Este fenómeno puede explicarse desde tres vertientes: desde la isopraxis, desde la comunicación no verbal visual y desde el poder de la expresión emocional.

Entendemos por isopraxis  la imitación corporal que hacemos del otro. Esta aparece de manera espontánea (quinésica) y no mímica, es decir es involuntaria y se produce cuando el otro nos agrada. El ser humano suele imitar los movimientos de las personas que nos atraen o interesan. La isopraxis provoca que veamos a la persona, que nos está imitando involuntariamente, como no agresivo, de nuestro bando, próximo, por lo que puede inducir a que sin saber porqué, esta nos caiga bien o nos atraiga.  Por esta razón puede producirse un doble juego de atracción. El otro nos mira con deseo erótico y al percibirlo, entonces y solo entonces, empezamos, por isopraxis, a sentirnos atraídos por él. Quizás, antes nos pasó desapercibida o incluso la habíamos avistado, pero no nos resultó atrayente, hasta que no nos fijamos en cómo nos miraba.

Desde otro ángulo, este tipo de atracción puede aparecer después de una breve comunicación no verbal de tipo visual. Diversos estudios han constatado que cuando algo o alguien nos atrae, nuestras pupilas se dilatan con el afán de captar, de una manera más nítida, aquello que acontece, en este caso, la cara de la persona que nos gusta. En el instante en el que observamos al otro mirándonos con sus pupilas dilatadas, puede que provoque en nosotros cierta atracción. Esto lo corroboran otros estudios sobre la fuerza de las pupilas dilatadas, en la atracción inicial. En esta investigación, a unos sujetos (dos grupos) se les dio a valorar la belleza de la cara de otras personas. Al primer grupo, se les suministraron unas imágenes de rostros sin pasar por el photoshop y al segundo grupo, imágenes con rostros, en las que habían sido retocadas las pupilas, agrandándolas. Los resultados mostraban que cuando las pupilas habían sido ampliadas, estas personas eran percibidas como más atractivas. Sólo tenemos que recordar, los ojos agrandados del gato de la película Shrek, cuando nos manipula para parecer entrañable y zalamero. Al mirarnos, con sus pupilas dilatadas, la persona que  siente atracción por nosotros, puede inducirnos a que se nos despierte algo por dentro y sentir, en ese preciso instante, una mutua atracción.

Por último, el fenómeno de filolatría puede provenir de las emociones y las neuronas espejo. Estas neuronas son las que hacen que el ser humano sea empático, pues al ver las emociones en los demás, provocan reacciones similares en nosotros. Son las causantes de que una película de miedo, nos de miedo (si es relativamente buena) o que cuando vemos al protagonista pasarlo mal, nos aparezca ese incómodo nudo en la garganta. Estas neuronas nos ayudan a captar e interpretar las expresiones faciales en los demás. Nuevas investigaciones apuntan, que una de las cosas que nos atraen de los demás, son las expresiones de sus emociones. Nos resultan más atrayentes las personas expresivas que las que tienen una belleza estandarizada. Si tuviéramos que elegir entre una persona bella pero poco expresiva y otra no tan agraciada pero más expresiva, muchas personas seleccionarían esta última propuesta. Ver en el otro una expresión de atracción hacia nosotros, puede provocar que al ver ese rostro, nos sintamos atraídos, por el hecho de que las expresiones emocionales de los demás nos atraen y más si esa expresión la hemos incitado nosotros.

La filolatría, es un fenómeno fugaz, de un aparente ensimismamiento y egocentrismo, pues nos acaba atrayendo aquella persona que se siente atraída por nosotros, por el mero hecho de mostrarlo con su rostro o sus gestos. Puede que estemos preparados para advertir que el otro siente algo hacia nosotros. Pero no podemos olvidar, que la atracción erótica solo es un paso más hacia cumbres más profundas. La filolatría puede llevarnos a un espejismo fraudulento, y lo que sentimos en un instante, en otro instante, aun más fugaz, lo haga desaparecer. 

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DELIRIOS Y LOCURA

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