lunes, 23 de marzo de 2015

¿Cómo vives y expresas tu sexualidad? Las actitudes sexuales.

Cada ser humano vive su sexualidad de manera idiosincrática, basándose en su carácter, experiencias previas, creencias y personalidad. El conjunto de todas estas variables promueven unas actitudes concretas hacia el hecho sexual humano.

Las actitudes pueden definirse como la valoración positiva o negativa de un objeto, persona o cosa. Tal valoración nos impulsa a acercarnos a dicho objeto o por el contrario a mantenernos distantes. Las actitudes poseen tres componentes:

·         Componente cognitivo: creencia que tenemos respecto a algo, en este caso hacia la sexualidad (la sexualidad es algo bueno, es algo malo, nos es indiferente).

·         Afectivo: es el componente emocional que nos hace tener preferencias y motivaciones hacia los objetos de nuestro interés o emociones de rechazo y evitación.

·         Conductual: la acción motivada por el componente afectivo y cognitivo (si la sexualidad nos avergüenza o sentimos rechazo, no realizamos conductas en este sentido).

Una persona que crea que la sexualidad es algo negativo, que perjudica nuestras mentes, manifestará una emoción negativa hacia esta, llevándole a realizar acciones de evitación o rechazo. Esta persona manifiesta una actitud erotofóbica[1] de la sexualidad, la cual repercutirá en su vida cotidiana cada vez que se enfrente al hecho sexual humano.

En general podemos encarar la sexualidad a través de tres tipos bipolares de actitudes:

  • Actitud de normatividad: actitudes basadas en la norma que impone o impera en la sociedad. Dos polos: actitudes prohibitivas y actitudes permisivas. Las actitudes prohibitivas están basadas en normas morales y religiosas, censurando determinadas conductas sexuales; y por razones políticas, como el control de natalidad. Las actitudes permisivas se basan en dos premisas, la primera, la reivindicación y pensamiento reaccionario ante las normas morales impuestas y segundo, el esnobismo: acabar con el peso de la represión pero sin una actitud crítica y reflexiva de la sexualidad. Estas actitudes se basan en, el: “debería hacer o ser”. Por otro lado, otra normatividad, proviene de los consejos que damos a los demás sobre sexualidad, basados en lo que nos ha ido bien o mal a nosotros, lo que nos agrada o desagrada, pudiendo condicionar la sexualidad del otro. Consejo desde la experiencia como modelo, con el riesgo de caer en un reduccionismo egocéntrico: “A mí eso no me supone un problema, tu deberías hacer lo mismo, pruébalo”.
  • Actitud de combatividad: Si las anteriores actitudes se basaban en normas que establecemos, en este caso también se sigue el mismo criterio, con la diferencia de que, esta vez, se pasa a la acción, con la intención de cambio real. No propone sino que intenta imponer. Dos polos: ataque a la sexualidad y defensa a ultranza de esta.
  • Actitud de comprensividad: Este enfoque es multipolar, pues viene determinado por una visión empática, comprensiva y de tolerancia hacia el hecho sexual humano. La sexualidad se cultiva, se estudia, se comprende, no se juzga, ni se critica, ni se silencia. Cada uno tiene su propio modo de pensar en sexualidad, y hay que comprender que existen otros modos igual de validos, siempre que se respeten las libertades y derechos.
Parece lógico que la educación sexual se decante por este último modelo actitudinal. Cada ser humano cultiva su propia sexualidad, lejos de los prejuicios, estereotipos y reglas dogmáticas morales. Cultivar significa comprender, aceptar y valorar nuestra sexualidad así como la diversidad sexual de los demás. No generalizando, ni juzgando al otro, y huyendo de los “tengo que…” “debo de…”

Estos tres tipos de actitudes dan como resultado o subproducto, 6 tipos de actitudes a la hora de vivir la sexualidad, en los que cada uno de nosotros se asienta. Sería necesario reflexionar sobre el tipo de actitud que poseemos para así reconocer cómo vivimos nuestra sexualidad, cómo la expresamos y la proyectamos, pues cada uno de nosotros funciona como modelo para los demás. Modelo de hermano/a, modelo de padre o madre, modelo de profesor/a, modelo de pareja. Nuestras actitudes modulan, transforman y educan a los demás, sea a nuestra familia, nuestros amigos o en el trabajo. Por ello, plantéate en que modelo actitudinal te encuentras para hacer una posterior reflexión de  cómo este condiciona tu vida y la de los demás:

·         Actitud tabuizadora: basada en cuestiones morales y religiosas, donde la sexualidad es vista como enemiga del ser humano. Negación, culpa, vergüenza, obsesión. El concepto de sexualidad que subyace es el de sexualidad como instinto peligroso. Una persona asentada en esta actitud no habla de sexualidad y si hace alguna referencia a ella, es para coartarla, prohibirla y descalificarla. Un profesor/padre/madre con esta actitud no desea que en su centro educativo se haga educación sexual, pues cree que hablar de sexo incita a malos pensamientos (pecaminosos) de los jóvenes. La mejor educación es el silencio.
·         Actitud de dependencia: se encara la sexualidad desde la evitación y huida, se delegan las responsabilidades en otros, Miedo a tomar decisiones al respecto. El concepto de sexualidad que subyace es que este tema es muy delicado y del que mejor no opinar ya que se carece de conocimientos suficientes para ayudar. Es la típica respuesta de un padre o madre que delega en el otro la responsabilidad de hablar de sexualidad con los hijos: “este tema mejor háblalo con tu padre/madre”
·         Actitud de falso naturalismo: actitud permisiva con un falso halo de progresismo. Postura que en apariencia es extremadamente liberal pero que en realidad subyace un miedo a afrontar la sexualidad con naturalidad y comprensión crítica. El clásico comentario de un padre/madre que manifiesta su apertura de mente pues dice que puede hablar con sus hijos de sexualidad de forma abierta y usa frases del estilo: “yo a mis hijos les compro los condones, soy muy abierto/a en este tema” pero en realidad no se hace una valoración crítica ni comprensiva de la sexualidad, dando como resultado una manifestación superflua y de cara a la galería, nada profunda.
·         Actitud individualista: solo se valoran las propias vivencias y creencias. Basado en lo que le ha ido bien y lo que no. Se obvian las conductas sexuales que le son ajenas. Subyace la idea de que solo hay un tipo de sexualidad válido. Esta persona solo valora como válida su postura sobre la sexualidad. Si es heterosexual, solo entenderá la posibilidad de que sus hijos sean heterosexuales, no se le pasa por la cabeza otras orientaciones.
·         Actitud impositiva: reivindicación de libertad sexual, más como lucha política que como verdadera búsqueda de conocimiento y visión critica de la sexualidad. Rechazo manifiesto a las personas que no cambian sus actitudes sexuales, ancladas en el modelo represivo. Es una defensa de la sexualidad superflua sin ánimo de profundización ni visión crítica. La sexualidad se usa como arma política. Esta persona utilizará la revolución sexual para azuzar a las mentes retrogradas y menos progresistas, pero no hace una valoración real de lo que es el hecho sexual humano.
·         Actitud abierta: la sexualidad no asusta, tampoco asusta no saberlo todo, se busca el conocimiento continuo, el diálogo, la comprensión y la empatía. El concepto de sexualidad que subyace es que la sexualidad humana es una dimensión con múltiples posibilidades, se entiende la diversidad humana como valor. El placer es entendido como un bien legítimo, sin imposición, ni represión.  Esta es la actitud que muestra una persona abierta y sincera, que no tiene miedo a conocer su sexualidad y a comprender de sexualidad de los otros. La educación sexual actual se posiciona desde este marco.

Seguramente, mientras leías los tipos de actitudes sexuales, habrás pensado en personas que conoces: padre, madre, profesorado, amigos… y habrás podido encasillarlos en alguno de los tipos, pero ¿dónde te ubicas tú? ¿Desde cuál tipo de actitud vives tu sexualidad? A través de una reflexión profunda de este tema, podrás conocerte mejor y vivir una sexualidad más plena y satisfactoria, ayudando, como modelo a seguir, a las personas que tienes a tu alrededor, pues por aprendizaje vicario, aprendemos y nos empapamos de las conductas y actitudes de los demás. Se responsable con tus actitudes sexuales, para ser más feliz y libre.

martes, 24 de febrero de 2015

La importancia de la Educación Emocional en la Educación Sexual.

La educación formal, entendida como el tipo de educación reglada que se concretiza en un currículo (con objetivos, competencias, contenidos, etc.) tiene como objetivo fundamental el desarrollo integral de la persona. Pero, en la actualidad, nuestro sistema escolar parece prestar una atención superlativa a lo puramente académico (asignaturas de Matemáticas, Lengua, etc.) dejando en un segundo plano, otros aprendizajes que sin duda tienen una fuerte repercusión en el bienestar y el desarrollo integral humano, como son la educación emocional y la educación sexual.

Rafael Bisquerra define la educación emocional como: “un proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo de las competencias emocionales como elemento esencial del desarrollo integral de la persona, con objeto de capacitarle para la vida. Todo ello tiene como finalidad aumentar el bienestar personal y social[1]”. Por su parte Félix López nos dice que la educación sexual: “entrena en habilidades interpersonales, fomenta valores y enseña criterios de salud, para ayudar a los menores a reconocerse como chico o chica, conocer los diferentes aspectos de la sexualidad humana. Su fin último es ayudar a las personas a vivir de forma satisfactoria su sexualidad[2]”. En ambas definiciones, podemos observar claramente, que atienden al fin último de la educación: el desarrollo integral de la persona.

Pero, en la actualidad, ambos tipos de educaciones aparecen por separado, debido a que el concepto que aun se posee de educación sexual parece quedar relegado al estudio de la genitalidad, las infecciones y métodos anticonceptivos. Un modelo basado en la biología y aposentado en el campo de la medicina. Hoy apostamos por otra fórmula más integradora de la educación sexual, donde no solo se habla en estos términos, sino que abre el abanico, como no podía ser de otra forma, a la enseñanza de la afectividad, la erótica, el autoconocimiento, al estudio de  mitos y errores, tanto en lo que concierne al sexo, como a las relaciones de pareja. Hablamos de habilidades sociales, de toma de decisiones y de cómo resolver conflictos que nos puedan surgir en el ámbito interpersonal. Como exponía Howard Gardner en su Teoría de las Inteligencias Múltiples, la educación sexual  estudia dos de sus conceptos más brillantes: la inteligencia interpersonal e intrapersonal.

La inteligencia interpersonal es la capacidad de entender a los demás, de empatizar.  Capacidad para reconocer y responder a las emociones, sentimientos y personalidades de las personas que nos rodean. La inteligencia intrapersonal la entendemos como la capacidad de conocernos a nosotros mismos, de controlar nuestras emociones. Conocemos nuestra vida emocional y sentimental y actuamos acorde a ella, sin dejarnos arrastrar. Ambos tipos de inteligencia son estudiados y enseñados, tanto por la educación sexual como por la educación emocional. Este es el principal nexo de unión entre ambas.

Por ello, no sería baladí, empezar a concebirlas como dos educaciones hermanadas, pues comparten objetivos paralelos, semejantes, e incluso en gran medida, idénticos.  Ambas intentan alcanzar objetivos como:

  • Adquirir mejor conocimiento de las propias emociones.
  • Prevenir los efectos nocivos de las emociones negativas.
  • Identificar las emociones de los demás.
  • Trabajar la escucha activa y la capacidad de empatía.
  • Adoptar una actitud positiva ante la vida.
  • Mejorar la autoestima y conseguir un autoconcepto saludable.
Ambos tipos de educación favorecen que la persona pueda conocerse mejor y mantener relaciones sanas con los demás, conociendo, reconociendo y comprendiendo al otro. Por ello apostamos por un tipo de educación global que aúna ambos conceptos: una Educación Emocional y Afectivo-Sexual. Donde emociones, afectos y sexualidad queden integrados y complementados dentro del currículo oficial, para alcanzar el gran objetivo del bienestar personal y social.

¿Y por qué se hace necesaria en la actualidad dicha educación?

Nuestros jóvenes, a pesar de la numerosa información que poseen a través de los medios de comunicación, internet y de la educación informal en general, siguen mostrando comportamientos problemáticos, como violencia (bullying, violencia de género…), conductas de riesgo (no protección en las relaciones sexuales, SIDA, abuso de sustancias…) y variadas conductas asociales. La etiología de estos comportamientos, en la mayoría de los casos, son consecuencia de una baja autoestima, pobre autoconcepto, el no saber decir no ante la presión del grupo, y asumir como normas y conductas establecidas aceptadas, ciertos mitos sobre las relaciones de pareja y sexuales.

La violencia de género sigue siendo una de las lacras que la sociedad intenta combatir. Los datos de víctimas mortales por violencia de género[3] (a fecha de 31 de diciembre de 2014) muestran que han sido un total de 53 víctimas mortales, de las cuales tan solo habían puesto denuncia en 17 de los casos. En 35 de los casos, la violencia había sido ejercida por la pareja actual de la víctima. En esta lucha, tanto la educación emocional como la sexual, tiene mucho que decir y ofrecer.

Por todo ello, la educación formal debe responsabilizarse. Ha de utilizar las herramientas y recursos necesarios para prevenir todos estos problemas y riesgos que rondan a nuestros jóvenes, y por ende, a la sociedad en general. Hoy disponemos de personas expertas, formadas en educación, en sexualidad y en inteligencia emocional, que se han nutrido de los avances científicos en estos campos y que se convierten en una herramienta fundamental para la educación. Cada vez salen a la luz nuevos proyectos y programas que inciden en la importancia de conseguir que nuestros jóvenes tengan una vida más sana, feliz y que adquieran competencias emocionales suficientes, para perseguir una vida menos violenta y más tolerante, complacientes consigo mismos y responsables con los demás.

Proponemos el nacimiento de una Educación Emocional y Afectivo-Sexual que luche por conseguir el autoconocimiento, la mejora de la autoestima, la eficaz toma de decisiones, la búsqueda de soluciones ante conflictos interpersonales, que batalle por una sexualidad sana, positiva y satisfactoria y en definitiva, una lucha por alcanzar al fin, el desarrollo integral de la persona.


[1] Datos hallados en: Bisquerra, R. (2006). Estudios sobre Educación. Nº11 (pág. 9-25).Universidad de Navarra.
[2] Datos hallados en: López, F. (2009). La Educación Sexual. Madrid: Biblioteca Nueva.

viernes, 30 de enero de 2015

¿Educación sexual, educación afectivo-sexual o educación de las sexualidades? La importancia de conocer la educación para el sexólogo que imparte charlas.

Entre los expertos en sexualidad, debatimos como ha de denominarse al hecho de impartir charlas, talleres, jornadas, simposios, cursos y programas sobre sexualidad, ya sea para la Educación Infantil, Educación Primaria, para la Secundaría, como en la educación postobligatoria, incluso desde la educación informal (una charla amena en un bar) como en la no formal (charlas en un centro cultural, por ejemplo).

El debate se instala en la definición de dicho cometido, para la gran mayoría este ha de denominarse Educación Sexual, otros desean hacer hincapié en la importancia de lo afectivo a la hora de programar los objetivos de una charla o curso, por lo que la designan como Educación Afectivo-Sexual, y no contentos con estas dos maneras de nombrarlo, una nueva corriente ha emergido para denominar a este hecho como Educación de las Sexualidades.

Veamos a continuación las escuetas diferencias entre ellas:

·         Educación Afectivo-Sexual: los expertos que defienden esta terminología, abogan por ensalzar la parte afectiva de la sexualidad, para dejar claro que esta es mucho más que reproducción, biología y contenidos médicos, pues muchas veces reducimos la educación sexual  a problemas médicos y hechos biológicos, como son las Infecciones de Transmisión Sexual, la respuesta sexual humana, las posibilidades de embarazo, métodos anticonceptivos, etc. Dejando de lado la implicación emocional que conlleva la sexualidad y reduciendo las charlas a pura información sexual biológica. Los expertos desde esta perspectiva defienden que de momento es necesario remarcar el término afectivo, hasta que la comunidad educativa y la sociedad en general, una el vocablo sexualidad a afectividad, y poder denominarla entonces como Educación sexual. Por otro lado, manifiestan que como estrategia de márquetin, a veces, en determinados centros educativos, parece que se acoge con menos ansiedad un programa que contenga la palabra afectivo, ya que rebaja el tabú social que mantenemos hacia la sexualidad.

·         Educación sexual: Para los expertos que defienden este concepto, juntar afectivo con sexual les es redundante, pues la sexualidad abarca lo afectivo, por lo que se aboga por una economía del lenguaje. Por otro lado, separar afectivo de sexual puede causar la impresión de que ambos términos van por separado, por un lado estarían las manifestaciones emocionales y afectivas y por otro lo sexual médico y biológico. Para este sector, denominarla como afectivo-sexual, hace un flaco favor al objetivo de ver la sexualidad como un hecho integrador y global. También critican el márquetin de la Educación Afectivo-Sexual, pues tampoco ayuda a desbancar tabús sobre el término sexualidad, que tengamos que poner la palabra afectivo para que un programa se vea con mejores ojos, es una manifestación más de la hipocresía y desconocimiento que vivimos ante el hecho sexual humano.

·         Educación de las sexualidades: una nueva concepción de la educación sexual se abre paso, defendiendo que no solo hay un tipo de sexualidad, sino que cada uno la vive a su manera, siendo una parte idiosincrática de la persona. “Customizamos”  nuestro erotismo y  la forma de vivirlo. Como seres únicos y singulares, tenemos una sexualidad única y singular. Para estos expertos, el énfasis se pone en la diversidad: heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad, etc. La palabra sexualidades incluye muchas posibilidades y lo importante es conocerse, aceptarse y expresar de forma sana la erótica singular que todos llevamos dentro.

Esta discusión terminológico-científica  pone de manifiesto la importancia del término sexual, pero ¿qué pasa con la educación? Muchos sexólogos o expertos en el tema sexual, llaman educación a lo que llevan a cabo, pero realmente lo único que dan es información sobre sexualidad y recordemos que la información es la hermana inferior de la educación, es el nivel más bajo. Entendemos por información sexual al hecho de transmitir unos contenidos sobre sexualidad que no promueven el cambio de actitudes por muy rigurosa y de candente actualidad que sea esta información. Un panfleto que anuncia las ventajas del uso del preservativo, es un tipo de información sexual pero que no mueve, al sujeto que lo lee, a un posible cambio de actitudes hacia el uso de este. La educación sexual por su lado, aparte de procurar información rigurosa, promueve el cambio de actitudes y la eliminación de tabús, esto se consigue haciendo una buena planificación de objetivos y contenidos, realizando una encuesta de necesidades y de preocupaciones de la población a la que va dirigida esta educación, basándonos en sus conocimientos previos, sus intereses y evaluando las necesidades del contexto.

Todo profesional que acude a un centro a impartir educación sexual, ha de conocer y manejar cierta  terminología educativa como: constructivismo, aprendizaje significativo, Plan de Acción Tutorial, Proyecto Educativo de Centro, Currículo, sondeo de necesidades y un sinfín de términos que ha de controlar en cuanto a teoría para saberlo aplicar en la práctica. Porque al final nos encontramos con expertos externos a la educación (campañas publicitarias de compresas o preservativos, profesionales ajenos a la educación como enfermeros, médicos, sexólogos sin formación en educación, etc.) que lo que acaban llevando a cabo en los centros es un listado de conocimientos varios, con buenas intenciones en la mayoría de casos, pero que no calan en el alumnado, pues obvian la importancia de tener conocimientos sobre metodología y educación. Denominan educación a lo que es una mera transmisión de conocimientos, provocando en la sociedad una vaga y perjudicial visión de lo que realmente es la educación sexual y de su importancia en los centros escolares, así como en la educación informal y no formal.

Contratemos  profesionales que tengan conocimientos sobre sexualidad pero no obviemos la importancia de la educación, estos expertos han de tener una formación rigurosa sobre este aspecto, si lo que desean llevar a cabo es una educación sexual de calidad, que promueva el cambio de actitudes y no una mera información sexual, rigurosa pero sin poder de cambio.  

sábado, 3 de enero de 2015

Cinco sugerencias “HOT”. Sugerencias eróticas para empezar el año sexualmente activos.

¿Has empezado en año con buen pie? ¿Te dio tiempo a tomarte todas las uvas, lentejas o Lacasitos? ¿Te atragantaste con el champan? ¿Tuviste la mala suerte de ver las campanadas en Canal Sur? No te preocupes aunque creas que has empezado el año torcido, porque te vamos a  sugerir cinco escenas eróticas para empezar 2015 de manera positiva, al menos, en lo referente a tu mundo sexual.

Las siguientes ideas son invitaciones a disfrutar de tu sexualidad, algunas contigo mismo y otras necesitaras a alguien que te ayude a lograrlas. Tómalas como posibles consejos y customízalas a tu gusto, siempre partiendo de una visión de la sexualidad sana y erotofílica, sin imposiciones ni  exigencias, pues la sexualidad no es una obligación, sino una manera más de disfrutar de nuestros cuerpos, de conectar con uno mismo y con el otro y de pasarlo bien,  una experiencia amorosamente amena. Cada uno disfruta de la cantidad y calidad de sexualidad que cree necesitar.

A continuación te hacemos las siguientes sugerencias para empezar el año erotizado:

    Autoerotismo ante el espejo. ¿No tienes pareja o a alguien que comparta su sexualidad contigo en este momento? No pasa nada, puedes disfrutar de tu autoerótica de múltiples maneras. Te sugerimos la de: “tu reflejo erótico ante el espejo”. Solo tienes que desnudarte delante de un espejo lo suficientemente grande como para contemplar toda tu piel y deleitarte con las formas de tu cuerpo, erecciones, monte de Venus, silueta en la penumbra. Observa como te acaricias, como la piel cambia su textura al pasar tus manos, como se ereccionan ciertas partes del cuerpo, puedes disfrutar hasta acabar rendido/a…

2    Cine para dos. Si tienes pareja, invitaos mutuamente a pasar una velada de cine, pero esta vez subida de tono. Por desgracia el precio de los cines también anda algo subido de tono, por lo que la audiencia en este sector ha descendido, así que  podrás ir al cine y,  dos butacas más abajo, encontrarte únicamente con bola de matorral de los desiertos. Podemos aprovechar esta tesitura para tener cierta intimidad erótica. Con los chaquetones o jerséis estratégicamente colocados, nos deleitaremos con tocamientos y caricias, mientras hacemos como que nos interesa lo que se proyecta en la  pantalla. Te sugerimos, si tienes mucha complicidad con la persona a la que acudas al evento, y posee dotes de un sentido del humor algo absurdo,  la técnica: “Sorpresa en el bol de palomitas”. Ciertos boles de palomitas tienen una abertura en el fondo, la idea es introducir el miembro erecto dentro y esperar a que en un descuido, la mano, en vez de coger palomitas, agarre otra cosa. Solo se recomienda realizar este experimento, si la complicidad con la pareja es muy alta, pues puede causar la ruptura automática de la relación.


Masturbación en pareja. A ciertas personas les excita ver a su pareja masturbándose, quizás no lo digan por vergüenza, miedo al qué dirán o porque desean solo mantenerlo como fantasía mental sin llevarla a la práctica. Con una buena comunicación sexual podremos saber lo que nuestro/a compañero/a piensa al respecto. Este tipo de diálogos manifiestan la complicidad, el afecto y la empatía que la relación contiene. No pierdas la oportunidad de conversar sobre el erotismo que ambos poseéis.  Al dialogar, podréis ponernos de acuerdo en que es lo que os enciende más: masturbación individual con la mirada del otro puesta en los tocamientos, masturbación mutua, masturbación ante una película erótica… Las posibilidades son variadas, va a depender de vuestras preferencias.

      Automasaje. Hoy no ha venido nadie a tu casa y tienes ganas de “marcha” pero no te apetece la misma masturbación de siempre, recréate automasajeándote. Toma un tiempo para ti, tu intimidad, sin prisas, bríndate la oportunidad de quedar contigo mismo y disfrútate. Tumbado/a recorre tu cuerpo lentamente con tu mano, una pluma o una pelota de masaje (incluso puedes tener diferentes herramientas e ir combinándolas como te apetezca), siente cada parte de tu cuerpo y como va cambiando, recréate en las zonas que más placer te produzcan, pero de momento deja los genitales fuera del juego, lo importante es saborear el resto del cuerpo a través de caricias, los genitales pueden hacernos perder el rumbo en un primer momento. El automasaje puede acabar o no en masturbación u orgasmo, pero lo importante es haber disfrutado de las diversas sensaciones que se producen en tu piel.

     Sexo desenfadado en las escaleras de un piso cualquiera. Practicar sexo en lugares no habituales incrementa la sensación de “subidón” erótico, pues muchas veces se produce cierta habituación si siempre realizamos prácticas sexuales en los mismos lugares y la fuerza del deseo sexual puede verse muy castigada. Antes de llegar a casa, si vivimos en un piso, podemos recrearnos con juegos eróticos entre planta y planta. Las escaleras pueden ser una herramienta para practicar posturas que pueden costar más en una superficie plana. Descubre lo que puede dar de sí un edificio a oscuras en medio de la noche.

    Con estas sugerencias eróticas tu inicio de año, ya sea solo o en compañía, puede resultar amenamente diferente y excitante. Tú decides el rumbo de tu sexualidad.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Siete reglas de oro para vivir una sexualidad sana y satisfactoria.

No sabemos cuánto tiempo le dedicamos diariamente, a pensar, sentir, hablar y mantener comportamientos y acciones eróticas al cabo del día, por más famosas que se hayan hecho este tipo de investigaciones, que por la naturaleza de las mismas, dejan bastante que desear en cuanto a lo rigurosamente científicas que puedan llegar a ser. Lo que sí es cierto es que pensemos  mucho, poco o demasiado, lo importante no es la cantidad de tiempo que le dediquemos a la sexualidad sino la calidad de esos momentos.


La sexualidad es una parte inherente de nuestra personalidad, pues la vivimos desde lo más profundo de nuestro ser, formando parte de ella. Desfasadas teorías han expresado que, al ser la personalidad un elemento tan estable, es imposible de modificar, sin embargo, podemos cambiar pensamientos y comportamientos eróticos a través del aprendizaje y la educación, si le ponemos, a este deseo de cambio, una dosis de motivación y entusiasmo. Por lo tanto, podemos mejorar, siempre que nos lo propongamos, nuestra forma de vivir y experimentar la sexualidad, aprendiendo unas pautas o reglas que nos pueden ayudar en dicho cometido.

¿Cuáles son estas pautas básicas que nos ayudarán a vivir una sexualidad sana y satisfactoria? A continuación exponemos las siete reglas básicas para conseguirlo:

  1. Primera regla: Conócete a ti mismo.
La primera regla está basada en el aforismo griego de “conocerse a uno mismo”. El día a día puede ser muy estresante y quizás no hayas tenido tiempo de ponerte a pensar en ti mismo.  Solo tienes que detener, por unos minutos, el tiempo, relajarte, tumbarte y pensar en lo que te gusta, pues si tu no conoces tus preferencias, va a ser muy difícil que los demás puedan conocerlas, ya que, la ciencia infusa solo funciona con los seres humanos muy creyentes y a veces Dios parece estar muy callado, por lo que, quizás, no pueda ayudar a las personas que desean hacerte un poco más feliz. Explora tu mundo interior, investiga tu cuerpo, tus preferencias eróticas, descúbrete y comprobarás que cinco minutos contigo mismo/a pueden ser los minutos más maravillosos de un largo día. Descubrir tus preferencias eróticas y tus prioridades es el primer paso para ayudarte a ti y a la persona con la que deseas compartir tu sexualidad a encontrar el camino del erotismo más satisfactorio. 

  1. Segunda regla: Conoce tu mapa erótico.
El erotismo, al que dejamos fluir a través del cuerpo, se conoce como mapa erótico. Este se compone de las coordenadas erógenas de nuestra piel, todos aquellos puntos sensibles que nos hacen  flotar y elevarnos hacia el hedonismo más sano y placentero. Indaga sobre tu propio cuerpo y deja que el otro explore tus puntos sensibles, que conquiste todas las colinas de tu piel y elimine las fronteras del miedo hacia el goce personal. Déjate conquistar, pues, en esta usurpación consentida de tu cuerpo, sois ambos los que os enriquecéis. El conocimiento de nuestra piel nos hace más libres, más sanos y felices. Te damos una pista de donde se hayan estos puntos, pero tenla solo como un soporte orientativo, pues lo ideal es averiguarlo con la persona elegida, ya que cada mapa erótico corresponde a un mundo único e idiosincrásico: orejas, hombros, zona axilar, senos femeninos y pezones masculinos, cintura, articulación del codo, monte de Venus, clítoris, labios mayores y menores, manos, boca, nuca, cuello,  pene, escroto, perineo y muslos.

  1. Tercera regla: Cultivar la erotofilia.
Entendemos por erotofilia[1] a la actitud positiva que mantenemos hacia todo lo erótico y sexual, no teniendo sentimientos de culpa, ni rechazando dichos comportamientos, por lo que, una persona erotofílica puede mantener conversaciones sobre sexualidad sin sentirse avergonzado o ridículo por ello. En el otro extremo hayamos a la erotofobia: actitud negativa hacia lo sexual y erótico, la persona erotofóbica se niega a hablar de estas cuestiones y mantiene sentimientos de culpabilidad ante ello. Estas personas no disfrutan plenamente de su sexualidad pues el sentimiento de culpa, la negación de  conocerse a sí mismos o de dejarse conocer es tan grande que viven con mucha ansiedad su erotismo, apareciendo disfunciones sexuales como: vaginismo, dispareunia, disfunción eréctil, etc. Todos nos movemos en un baremo graduado entre ambos extremos, cuanto más tendamos hacia la erotofilia mayor probabilidad obtendremos de poseer una vida sexual satisfactoria y saludable. Una actitud erotofílica se consigue, en gran medida, abriéndose camino hacia  las dos primeras reglas mencionadas: conociéndonos más a nosotros mismos y explorando nuestro mapa erótico.

  1. Cuarta regla: Cultiva tu autoestima sexual.
La autoestima sexual[2] es la valoración positiva o negativa, de aceptación o rechazo de nuestro cuerpo, desempeño e intimidad sexual. Está basada en experiencias previas, creencias, valores y aprendizajes vividos al respecto, por el cual nos sentimos bien o mal cuando pensamos en nosotros como referente erótico. Como todo tipo de autoestima que se precie, ha de cultivarse para mantenerla equilibrada y así poder vivir en paz con nuestro cuerpo y deseo sexual. Debemos buscar experiencias placenteras para reforzarla. Si nos sentimos a gusto con nuestro cuerpo, no nos provocará ningún miedo o ansiedad mostrarlo y explorarlo o dejar que lo exploren para encontrar nuestro mapa erótico. Si nos sentimos bien con nuestro desempeño sexual, no mantendremos conductas ansiógenas a la hora de aproximarnos a una relación erótica, pues nos veremos cualificados para llevarla a cabo satisfactoriamente. La autoestima sexual es clave para vivir relajados ante la sexualidad y el erotismo.


  1. Quinta regla: practica el egoísmo funcional.
Esta será la primera vez que la palabra egoísmo no vaya cargada de connotaciones negativas. Hablamos de egoísmo funcional cuando, al mantener una relación erótica, nos centramos en el placer que nos produce internamente, dejándonos abandonar por él. Nos centramos en nosotros mismos, con lo que nuestra excitación se eleva, promoviendo, a su vez, que la excitación y el deseo de la otra persona aumente, al vernos en este estado efervescente. Esta regla está enfocada sobre todo a las personas, que, al centrarse tanto en el placer de su pareja, pierden el rumbo de su propia erótica olvidando su propio estado y promoviendo, incluso, que la relación sexual se convierta en un acto mecánico, en el que se desea que el otro llegue al orgasmo cuanto antes. La finalidad de esta actitud errónea es la de sentirse gratificado por el buen desempeño al provocar el orgasmo en el otro, dejando a un lado las propias sensaciones y disfrute. A medio o largo plazo mantener esta actitud de entrega completa al otro, para no sentirse mal valorado, puede acarrear problemas en el deseo y la función sexual. No está de más dejarse abandonar por las sensaciones que el otro/a nos brinda, pues con ellas alcanzaremos puntos de excitabilidad tan enaltecidos que conseguiremos elevar la temperatura de la persona con la que estamos jugando. El autodisfrute no ha de ser censurable.

  1. Sexta regla: Comunícate con asertividad.
La comunicación productiva y positiva es la regla primordial para conocer al otro y darnos a conocer. Cada cuerpo es un mundo, cada mente un misterio, por lo que creer que el otro, por el hecho de ser nuestra pareja, ha de saber todo lo qué  nos gusta y cómo nos gusta, es uno de los mayores errores que podemos cometer y que mayor frustración va a provocar en ambos. Como ya hemos explorado la primera y segunda regla, estamos en disposición de mostrar al otro qué nos hace felices sexualmente, siendo capaces también de mantener una escucha activa sobre lo que al otro le interesa y le place. Las reglas fundamentales para la comunicación positiva de nuestros anhelos eróticos pasan por: mantener una actitud empática, no burlarnos de los deseos del otro, crear un clima de confianza para que nuestra pareja pueda soltarse, perder el miedo a exponer sus preferencias y ser flexibles y razonables.

  1. Séptima regla: Protege tus derechos sexuales.
 Somos dueños y responsables de nuestra sexualidad, hemos de saber que tenemos unos derechos que nos protegen y amparan. Estos derechos sexuales son derechos universales basados en la igualdad, dignidad y libertad. La declaración se redactó en Valencia con el nombre de: “Declaración Universal de los Derechos Sexuales o Declaración de València (XIII Congreso Mundial de Sexología, 1997; València (España)[3]”. Estos son los siguientes:

1. El Derecho a la Libertad Sexual.
2. El Derecho a la Autonomía Sexual, Integridad Sexual y Seguridad del Cuerpo Sexual.
3. El Derecho a la Privacidad Sexual.
4. El Derecho a la Equidad Sexual.
5. El Derecho al Placer Sexual.
6. El Derecho a la Expresión Sexual Emocional.
7. El Derecho a la Libre Asociación Sexual.
8. El Derecho a Hacer Opciones Reproductivas, Libres y Responsables.
9. El Derecho a Información Basada en el Conocimiento Científico.
10. El Derecho a la Educación Sexual Comprensiva.
11. El Derecho al Cuidado de la Salud Sexual.

Cada uno de  nosotros es responsable de su propia satisfacción y felicidad erótica, no dependemos de nadie para ser autodidactas en nuestro descubrimiento sexual. Jugar individual o colectivamente son dos maneras de disfrutar del placer de nuestros cuerpos igual de válidas y saludables. Cada uno pone el acento en la cantidad y calidad de la erótica que desea en su vida, pues hemos de ser los dueños de nuestra propia felicidad.


[2] Para saber más sobre autoestima sexual acudir a: http://jalomanda.blogspot.com.es/2014/09/que-es-la-autoestima-sexual.html
[3] Para saber más sobre los Derechos Sexuales acudir a: http://www.fess.org.es/derechos-sexuales.php

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Perdiendo la virginidad: ¿Sin penetración no hay sexo? Relaciones eróticas.

Antes o después, a lo largo de tu vida tendrás que responder a una clásica pregunta que se hacen los seres humanos cuando “hablan de sexo”: ¿a qué edad perdiste la virginidad? Esta pregunta que a priori parece de respuesta sencilla desde el punto de vista de las relaciones sexuales, puede no tener una sola respuesta desde la visión de las relaciones eróticas. Me explicaré.


La sexualidad humana va más allá de la mera genitalidad, todo nuestro cuerpo es sexuado y está preparado para albergar y producir placer. El sexo es la manifestación de nuestros órganos genitales, siendo la parte que compartimos con el resto de la mayoría de especies animales. La sexualidad es un elemento puramente humano, forma parte de nuestro ser, nos abraza y conforma, somos parte de ella y ella es parte de nosotros, es indivisible. No hay un solo tipo de sexualidad como no hay un solo tipo de persona, cada uno de nosotros, vive, siente, disfruta, y piensa en sexualidad de forma diferente, por ello hablamos de sexualidades, para denotar esta necesaria e inevitable diversidad humana y sexual.

La erótica es la manifestación de  cómo vivimos nuestra sexualidad, como la llevamos a la práctica, como nos deslizamos por ella, nuestras conductas, afectos y vivencias. Abarca todo el amplio mapa erótico que envuelve nuestro cuerpo, se aposenta en cada neurona del sistema nervioso central, por ello lo que mantenemos con nosotros mismos o con la persona a la que damos permiso para acercarse, no son relaciones sexuales, sino autoerótica o relaciones eróticas, respectivamente.

El término relación sexual queda obsoleto en el momento que identificamos esta como paradigma de la penetración, lo que comúnmente se conoce como coito. Pero nuestra sexualidad al ser tan amplia demanda a parte de la penetración, otras manifestaciones, igual o más placenteras. Reducir la sexualidad a penetración es mutilar parte de nuestro ser en pro de un solo objetivo, la búsqueda insaciable del orgasmo. Pero el umbral orgásmico puede alcanzarse de muy diversas maneras, desde el roce sutil hasta el apretón ardiente. Caemos en el error de reducir a la mínima expresión todo nuestro potencial erótico, estamos cercenando nuestra capacidad para sentir desde el amplio espectro de posibilidades, por ello el término relación sexual no es más que la desviación arcaica de la simpleza erótica.

Dejamos de ser vírgenes, no cuando hemos o nos han penetrado, no solo hay una virginidad, pues esta también la perdemos ante el primer beso erótico, las primeras caricias sensuales, los primeros juegos genitales, las primeras masturbaciones, perdemos muchas virginidades, la penetración solo es una más, por lo que a la pregunta de “¿a qué edad perdiste la virginidad?” deberíamos responder con otra pregunta “¿a cuál de todas ellas te refieres?”, pues la respuesta variará según  lo que se desea saber: a qué edad se produjo la primera penetración o a qué edad mantuviste tus primeros juegos masturbatorios, etc.


Tenemos tan anclado en nuestro rol sexual, que lo importante es la penetración, que basamos conceptos como virginidad en este patrón de movimientos rítmicos, olvidando que también somos vírgenes en muchos aspectos eróticos. Sin penetración hay sexualidad, sin penetración podemos perder muchas “virginidades”, sin penetración podemos obtener placer e incluso llegar al orgasmo.

Desde la sexología defendemos el uso del término relación erótica pues hacemos alusión al gran abanico de posibilidades que tenemos ante nosotros, desterrando el mito de la suprema importancia de la penetración, por ello hemos desplazado al olvido el concepto de relación sexual, ya que este ha quedado obsoleto,  primitivo y reduccionista. La penetración es algo maravilloso, pero no ha de ser el único patrón de comportamiento si lo que queremos es gozar de todas las posibilidades que nos brindan nuestro cuerpo y mente. Puedes permitirte disfrutar de todo tu ser. 

jueves, 20 de noviembre de 2014

Ética y moral en la sexualidad. ¿Son necesarios unos valores y principios morales en sexualidad?

Podemos entender  ética como un juicio de valor sobre qué es lo que está bien y qué es lo que está mal, discernir  lo que nos conviene de lo que no nos conviene.

Por su lado la moral puede entenderse como: “un conjunto de creencias, costumbres, valores y normas de una persona o de un grupo social, que funciona como una guía para obrar[1]”.

Los valores y principios morales son los caminos que nos guían para alcanzar una socialización plena y adaptada al entorno social en el que vivimos. Según van cambiando y avanzando las costumbres de las poblaciones estos principios se transforman con ellas, pudiendo hablar de tipos de moralidades: represivas, permisivas, liberalistas, etc.

La moral y la ética son elementos inherentes de la humanidad al igual que la sexualidad y por ello nos planteamos la cuestión de si la sexualidad actual necesita de una ética y moral, de unos principios y valores concretos que guíen a los seres humanos en esta parcela de sus vidas y vivencias: ¿se hacen necesarios? ¿Qué puede ocurrir si los obviamos?

Corremos el riesgo de entender estos principios y valores sobre la sexualidad como algo privado que cada uno cultiva, partiendo  de la idea de ser un campo puramente subjetivo en el cual nadie debe entrar a imponer sus creencias. El riesgo es sobre todo para los más jóvenes pues pueden quedar a merced de modas como la comercialización de la sexualidad, del capitalismo sexual, del consumismo sin escrúpulos y del libertinaje sexual, confundiendo la libertad individual con el libertinaje salvaje y egocéntrico. Por ello desde la educación hablamos de la educación en valores la cual desea que los jóvenes hallen una vida personal y social equilibrada, desde la libertad y la solidaridad, respetando los límites de esta libertad, dignificando la sexualidad y fomentando que puedan enfrentarse de forma crítica a la realidad.

Educar en valores, desde una ética y moral del respeto, la tolerancia, la diversidad y la dignificación de la sexualidad se hace plenamente necesaria.

Varios caminos hemos ido adoptando en occidente con respecto a la sexualidad y su manera de entenderla moral, ética y antropológicamente, sin ánimo de ser exhaustivo veamos estos caminos[2]:

   1)      Modelo represivo: cultura judeocristiana. Idea básica: la sexualidad es negativa y dañina, salvo el sexo para la reproducción dentro del matrimonio. El hombre es visto como: impetuoso, desbordante, atrapado bajo el instinto carnal el cual si deja crecer dentro de sí arruinará su moral, por lo que hay que educar  en la represión de los instintos. Comprenden que el hombre es débil y comete fallos, por lo que pueden ser perdonados ante el arrepentimiento. La masturbación y prostitución son vistas como vías para el desahogo. La imagen de la mujer: no tiene sexualidad, solo útero. Destino: ser virgen, soltera, esposa y madre, casta y asexuada.  No está permitido la fantasía sexual ni para hombres ni para mujeres.
2)      Modelo burgués: Doble moral burguesa: la sexualidad es  buena para los varones pero mala para las mujeres. El discurso oficial acerca de la sexualidad es negativo, pero en círculos masculinos es positivo y en el que impera el fanfarroneo y la competición de ver quién es el que más mujeres consigue seducir para conseguir favores sexuales. La imagen de la mujer es doble, están las puras y castas nombradas madres y esposas, las cuales sirven para el matrimonio y las “putas” que son las que se dejan seducir y asumen su sexualidad sin pudor, estas segundas son para las experiencias extramaritales.
  3)      Modelo capitalista permisivo: con la llegada del capitalismo vivimos para la búsqueda del ocio y el tiempo libre. Se comercia con todo y la sexualidad no va a ser menos, es vista como parte de este ocio, se convierte en un producto muy lucrativo y para su venta y goce se debe rebajar la moralidad judeocristiana y educar para el disfrute y el derecho a una sexualidad más permisiva. La sexualidad es buena para todos. Esta vez el discurso también es doble: por un lado se cientifica: permite aprender técnicas y maneras de satisfacer más adecuadas y por otro el discurso pornográfico que vende la sexualidad como mercancía.  La imagen que importa ahora en el varón es su capacidad para otorgar orgasmos a la mujer (de la cantidad pasamos a la calidad), la sexualidad se convierte en un trabajo para el que hay que estar cualificado, él es el responsable de su propio placer y sobre todo del placer de la mujer. La mujer es pasiva, no es dueña de su placer pues depende del buen hacer de su esposo, este debe saber mantener  la erección prolongada, conseguir que ella sea multiorgásmica y quede siempre satisfecha, lo que provoca disfunciones sexuales, ansiedad por pensamientos de incompetencia sexual y angustia. La fantasía más extendida es la de conseguir el orgasmo simultaneo.

Nuestra sociedad actual arrastra mitos sexuales provenientes de los tres modelos, pues cada uno de ellos trata de una manera parcial y reduccionista al ser humano de manera general y a la sexualidad en concreto. Ninguno de estos tres modelos parece funcionar actualmente  ya que no ayudan a que las personas se desarrollen de manera sana e integral.

Estos modelos tienen ciertas semejanzas, pero también notables diferencias  con los tres modelos clásicos de la antropología sexual:


1)      Emancipador: liberación del sexo de las garras del Estado y la Religión. Ataque a la moral represora y religiosa tradicional. La sexualidad es una necesidad biológica que ha de ser liberada y no reprendida. Liberación sexual como liberación humana. Críticas: visión política de la sexualidad y reducir esta a pura animalidad.

2)      Liberal: Romper con las viejas ideas represoras victorianas, se intenta acabar con la doble visión moral de la permisividad sexual para el hombre y represora para la mujer. Se mantiene la irrenunciabilidad del matrimonio, pero este es visto como un acuerdo más permisivo, ambos cónyuges pueden decidir y consensuar tener relaciones extramaritales si lo desean.  Sexualidad responsable, no discriminatoria, ni represiva, ni manipuladora.
3)      Personalistas: El amor es la guía de la sexualidad, el amor humaniza al ser humano. Hombres y mujeres como seres sexuados tienen una responsabilidad personal y social.

En este caso parece que la sociedad puede alcanzar una plenitud sexual si atendemos a los rasgos positivos del modelo emancipador y liberal, en cuanto a ver a hombres y mujeres como iguales en derechos humanos y sexuales, sin guerras de poder, una simetría sexual donde ambos son igual de importantes y valiosos y tener en el amor un aliado, para alejarnos de las relaciones vacías, amor entendido como afecto y respeto  hacia uno mismo y hacia el otro.

Y desde la educación sexual hablamos de una serie de modelos que han ido superponiéndose  en relación a la sexualidad y su forma de ser entendida y educada:

1)      Modelo moral: modelo basado en ideas religiosas. El sexo es visto como un don de Dios que no puede banalizarse y utilizarse de cualquier manera y es a través del matrimonio donde este se consagra.  La abstinencia y el autocontrol son dos de los valores a los que aluden y en la educación de las habilidades sociales para decir no a la sexualidad. Visión represora.
2)      Modelo médico: basado en la prevención secundaria y terciaria, cuando hay riesgo inminente de un problema con la sexualidad o ya ha sucedido (educación apagafuegos).  Los valores que enseñan van asociados a aspectos como la higiene y la prevención de riesgos.  No se habla de los aspectos positivos de la sexualidad, es un modelo reduccionista centrado en el problema y la enfermedad.
3)      Modelo revolucionario: revolución sexual, la sexualidad es positiva, búsqueda del placer sexual a toda costa. Poseen una metodología directiva en la que se nos enseña o adoctrina en técnicas útiles para el mejor aprovechamiento de nuestra sexualidad. Se enseñan habilidades sociales para decir si a la sexualidad. Crítica feroz al patriarcado.
4)      Modelo integrador o Biográfico-profesional  (según Félix López): El propio sujeto decide el camino de su sexualidad, el profesional ayuda  a conseguir el bienestar personal y social. La sexualidad no se reduce a genitalidad, se amplía el horizonte a todo el cuerpo y la mente (mapa corporal). Se educa en asertividad, en toma de decisiones y en habilidades de comunicación. Se acepta el principio de diversidad, incluso no se habla de sexualidad sino de sexualidades, pues cada uno la vive a su manera.

El modelo integrador es el que utilizamos actualmente desde la educación sexual, ya que acoge en su regazo las bondades del modelo médico y del revolucionario, pues la prevención de riesgos es importante pero quedarnos solo en ella no ayuda a que las personas consigan un desarrollo integral y saludable, por ello atendemos a la visión positiva de la sexualidad que se recoge en el modelo revolucionario, su visión de la igualdad de género y de la educación para la erotofilia[3].

En la actualidad, en cuanto a valores y principios morales, nos movemos en la dualidad dicotómica extrema entre el modelo represivo (judeocristiano) y el permisivo/revolucionario. Se nos insta constantemente a reprimir nuestros impulsos, educamos con el silencio ante la sexualidad, se nos dice que el sexo es algo sagrado, un privilegio humano que no debemos banalizar  o de manera radicalmente opuesta, permitimos todo comportamiento como válido pues no hay que constreñir la libertad sexual del individuo y la sexualidad no es más que otra conducta común sin importancia, el resultado es una esquizofrenia bipolar en la que, sobre todo, los jóvenes se ven envueltos. Atendiendo a las palabras del filósofo y pedagogo español José Antonio Marina Torres en un artículo suyo titulado: “incoherencias de la sexualidad” podemos entender perfectamente esta dicotomía histérica actual:

“¿Por qué vamos a escandalizarnos por el turismo sexual o por la paidofilia si la relación sexual es un simple intercambio de estremecimientos agradables? La trivialización lo trivializa todo. (…) A veces nos parece un pasatiempo intrascendente y a ratos una realidad trascendental. O banalizamos el sexo o la sacralizamos. Oscilamos entre una sexualidad del chimpancé o de arcángel, y no nos salen las cuentas ¿Qué hacemos[4]?”

Como decía el poeta Horacio (65 AC- 8 AC): “la virtud es el punto medio entre dos vicios opuestos”, los vicios y mitos que aportan los modelos permisivos y represivos, han de mitigarse a través de la búsqueda del equilibrio entre ambas partes. Una de las herramientas clave de la educación para combatir este desmerito es la educación en valores.  El objetivo primordial es que las personas aprendan a vivir, escogiendo como quieren que sean sus vidas, ayudándoles a que sean críticos con los mandatos que la sociedad les inculca. Para ello se trabaja a partir de elaborar unos principios acordes con la salud y el bienestar psicológico y físico:

  • Educar para un consumo responsable no solo de objetos inertes sino de personas y relaciones, acabamos viendo al otro como un mero objeto que utilizamos y dejamos caer cuando ya no nos sirve, reemplazándolo por otro nuevo.
  • Utilización responsable del ocio y el tiempo libre. No solo a la hora de marcar tiempos, dentro de la sexualidad podemos correr el riesgo de que esta se frivolice de tal manera que se convierta en un entretenimiento vacio que al terminar nos deje con un malestar psicológico (tristeza postcoital[5]).
  • Valores de igualdad: para que una relación afectiva sea sincera y sana tiene que partir del principio de igualdad, nadie puede sentirse con más poder que la otra parte, puesto que entonces la relación se intoxica y pudre.
Al final parece que practicamos más sexo que sexualidad, nos volvemos coitocentristas y nos olvidamos de otros placeres que van más allá de la penetración, haciendo que, al fin y al cabo, nuestras acciones queden vacías de valor. La educación sexual vuelve a ser la clave para orientar a todas las personas, a lo largo de su ciclo vital, sobre la adquisición de valores que les ayuden a hacer su día a día un poco más feliz y saludable.



[2] Datos hallados: material de la ponencia de Julián Fernández de Quero en el Máster de Sexología y Terapia de pareja de la AEPCCC en Madrid, edición 2012-2013.
[4] Datos hallados en: Equipo de ponentes de SPIDO (2009) .La sexualidad y la educación sexual en el marco de la educación para la salud y para la igualdad de género. Murcia.

DELIRIOS Y LOCURA

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Delirios y otros problemas

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