domingo, 27 de diciembre de 2015

La competencia sexual masculina: la promesa continuamente incumplida.

El hombre que solo goza de su miembro viril en el acto sexual, está destinado al continuo fracaso de una esperanza que nunca llega: el débil clímax de su orgasmo. El orgasmo basado en el pene, es una suerte inconclusa que le deja desesperanzado, abandonado y semifrustrado.


Antoni Bolinches en su ponencia “la competencia sexual como fuente de autoafirmación” efectuada en Málaga (2015), en las IV JORNADAS DEACTUALIZACION EN SEXOLOGÍA, exponía que la competencia sexual es la capacidad de disfrutar y de dar disfrute al otro/a, siendo está capacidad la que más tarda en desarrollarse en el ser humano pues necesitamos experiencia, una cantidad suficiente de encuentros eróticos con un balance positivo para que esta nos reporte una autoafirmación equilibrada. Pero ¿qué ocurre si el hombre basa su competencia sexual tan solo en la virilidad de su miembro fálico?

El mismo autor, expone que para que se produzca satisfacción sexual debe haber un equilibrio entre la inversión energética y el disfrute alcanzado. Es decir, si los movimientos sexuales, con el gasto energético que conllevan, comienzan a superar la sensación de disfrute, la excitación sexual empieza a declinar, pues el esfuerzo es superior al goce. Cuando el acto se vuelve mecánico pierde su potencial erótico y se convierte en mero ejercicio físico, basado en la musculatura eréctil del pene, reforzado todo este proceso por la creencia errónea (mito sexual) de que el hombre es más macho cuanto más dura la relación sexual, cueste esta lo que cueste y a expensas del propio placer erótico. Entonces, la mecánica supera a la imaginación y la promesa de la explosión orgásmica se difumina, se pierde dentro del mismo funcionamiento; el “fin último” llega desposeído de energía erótica; es un balón desinflado que no da más juego del que prometía. Cuando la meta no es el orgasmo sino el goce del roce del cuerpo bañado en la imaginación de dos seres que juegan, la mecánica se desvanece, el pene pierde su papel protagonista y puede surgir el estallido anhelado.


Como afirma José Antonio Marina en su libro El rompecabezas de la sexualidad”:

“La relación sexual para el hombre es la historia siempre dramática de un ser que quiere gozar del cuerpo de una mujer y acaba invariablemente por gozar de sus propios órganos. Y lo menos que puede decirse del placer masculino es que es breve y débil. La eyaculación es una promesa incapaz de ser mantenida; el hombre tiene la impresión de que alzará el vuelo y estallará, pero se desploma, se derrumba, se ahoga (…) En relación a lo que esperaba, no es eso, la crisis más intensa y al mismo tiempo más insignificante, fácil de obtener, rápida de satisfacer, pobre en sensaciones”.

 El hombre busca sexualidad, pero corre el riesgo de encontrar desilusión. Ha de cambiar el mapa de sus prioridades y empezar a dar sentido a todo su cuerpo. No es una máquina de provocar goce, no es un esclavo de la erección, es un ser con miles de milímetros de piel por recorrer y recorrerse.

Cuando solo tiene en cuenta una parte de su cuerpo, el orgasmo es menos orgasmo y la fantasía una falacia. Mira con encanto y a la vez con sorpresa y estupor la fuerza orgásmica de su compañera, la duración efímera y a veces banal de su propio clímax, le hace envidiar el estallido fulminante de ella, que en comparación, parece eterno y continuo. El suyo no es más que un leve espasmo débil. La diferencia es abismal si solo tiene en cuenta un órgano con capacidad eréctil y olvida el conjunto de piel que le envuelve. Cuando sea capaz de pasar de la mecánica a la erótica, dejará de envidiar lo que aun no es capaz de conquistar: su propia sexualidad. 

jueves, 5 de noviembre de 2015

Sistema de cuidados en la pareja. Una vinculación necesaria para las relaciones amorosas.

Cuidar y ser cuidados, es una necesidad convertida en costumbre para el ser humano, desde que nacemos. Los neonatos son seres completamente indefensos que necesitan de un sistema de vinculación sustentado, evolutiva, fisiológica, cultural y socialmente, con el objetivo de promover el cuidado, afecto y atención necesarios para que los recién nacidos tengan cubiertas sus necesidades vitales y afectivas.


Esta vinculación nace desde la asimetría, damos todo al recién nacido sin esperar nada a cambio, bueno, hay que apostillar que, la sonrisa del bebé que mira a la madre/padre, le obnubila y llena de júbilo, siendo un gran reforzador del vinculo. Nacemos con la necesidad de vincularnos, pero ¿llegamos a perder esta necesidad en algún momento de nuestra existencia?

Somos seres sociales, tan sociales, que si estuviéramos solos en el mundo, a nuestro cerebro le resultaría muy difícil seguir configurado en el modo cordura. Las personas con necesidades afectivas, que tienen poco contacto con otras personas, desarrollan la costumbre de hablar en voz alta para sí mismas, posiblemente para seguir estimulando el cerebro, pues necesitamos continuos estímulos para no caer en la enajenación. Somos sociales por placer y por pura necesidad.

Dejada atrás la niñez, parece que uno de los grandes esfuerzos mentales de los recién llegados a la pubertad, es buscar pareja. Encontrar un vínculo especial, que les ayude a expresar sus emociones, sentimientos, a reafirmar su autoestima. Un lazo exclusivo que les introduzca en el mundo del amor y del cuidado del otro. Parece que seguimos necesitando una vinculación concreta con otro ser humano. Y para que esta vinculación tenga consistencia ha de apoyarse en lo que conocemos como sistema de cuidados de la pareja.


Entendemos por sistema de cuidados de la pareja al conjunto de comportamientos que promueven el cuidado, protección y demostraciones de afecto para que nuestra pareja sienta bienestar a nuestro lado. Ambos miembros de una pareja  están atentos, cuidan y manifiestan sus sentimientos, de tal modo que se produce un mutuo bienestar, procurando que la relación sea equitativa y justa, evitando la explotación del otro, la violencia y cualquier tipo de agresión. Por desgracia, como bien sabemos, no en todas las relaciones de pareja aparece este sistema de cuidados (violencia de género, maltrato psicológico y físico, indiferencia ante los problemas del otro, odio…) siendo una ausencia grave en las relaciones tóxicas asimétricas.

Cada pareja establece el grado de simetría afectiva que desea, puede que un miembro de la pareja desee dar mucho pero se contenta con recibir poco o que ambos deseen dar mucho y recibir mucho, etc. Estos vínculos son respetables siempre que cada miembro sienta que no se están violando sus derechos humanos y sexuales, pues en el caso de sentirse agraviado, violado o en inferioridad, automáticamente, deben de reajustar su manera de comunicarse para alcanzar de nuevo la equidad deseada (equidad que puede ser real o percibida subjetivamente). Preferimos, en este caso, hablar de equidad y no de igualdad, pues esta refleja lo que cada parte de la pareja necesita del otro, siendo en algunos casos, necesidades no igualitarias.

Parece claro pues, que seguimos queriendo vincularnos a otro ser humano durante toda la vida. Sin embargo, otros autores, se resisten a este hecho. Parten de la hipótesis de que el apego o la necesidad de vinculación, es una necesidad que nace desde el egoísmo, provocando que veamos al otro, no como un ser humano libre, sino como un objeto a amar, una posesión. Argumentan que para amar de verdad debemos separarnos y superar la necesidad de vinculación queriendo al otro desde la más pura e inmensa libertad. No hay un vínculo de apego que les une, están con el otro, por encima y a pesar de la necesidad humana de apego. Para amar, hay que despojarse de la necesidad de poseer al otro. Sin un vínculo de apego se consigue un amor más puro y real. Es un enlace más espiritual que material “yo soy libre, tu eres libre”. Desde esta visión, el apego viene diseñado como un sistema egoísta de vinculación, que se nutre de la necesidad de necesitar al otro para sobrevivir, para ser feliz, perdiendo la autonomía y la capacidad de ser independiente tanto afectiva como físicamente. Nos invitan a que aprendamos a desapegarnos, a perder los vínculos con las cosas materiales que nos atrapan, pues en este caso, utilizamos al otro como un bien material más y no como un ser humano libre e independiente. Un pensamiento o  corriente, posiblemente, más utópica que real.

Quizás lo más sensato es estar en un punto medio, lo que podríamos llamar como interdependencia afectiva. En la cual existe el sistema de cuidados de la pareja, pero no se pierden en él. Cada miembro mantiene otras actividades y afectos que cubren sus necesidades, separados de la pareja. La pareja no lo es todo, mantenemos vínculos afectivos con amigos, familiares, vecinos, que también refuerzan nuestras ganas de comunicarnos y vincularnos. Tenemos hobbies, trabajos, otros quehaceres que podemos llevar a cabo sin la necesidad constante de ir en pareja. Conseguimos una balanza entre nuestra independencia y la necesidad de vinculación especial o concreta con otro ser humano. Damos amor, recibimos amor, dejamos espacio, nos otorgamos espacio. Convivimos con el otro sin perdernos a nosotros mismos y sin que el otro se pierda en nosotros. 

viernes, 9 de octubre de 2015

La lucha interna del sexólogo: entre lo científico, lo divertido y lo chabacano.

A todos nos interesan los temas que tratan de sexo, pero puede que no de la misma manera. Nuestros muros de facebook, la televisión, las revistas, los periódicos, los programas de radio, todos los medios de comunicación suelen dejar un buen espacio para la temática sexual, ya sea contratando profesionales sexólogos, humoristas o tertulianos, a través de charlas animosas, que en la mayoría del tiempo, están basadas en posturas y creencias pseudocientíficas. La sexualidad, el sexo, está en boca de todos, todos opinamos, pero por desgracia no todos sabemos, pues en la mayoría de los casos la lógica es enemiga de la ciencia.

Félix López. 
El sexólogo o, mejor dicho, el especialista en sexología, pues aun no existe un cuerpo específico como para poder denominarnos como tales, es un ser que trata la sexualidad de una manera amplia y holística. Se rige por patrones basados en el método científico, aprende lo que otros investigaron desde antaño (Masters y Johnson, Kinsey, Kaplan) hasta nuestros días (Félix López, Francisco Cabello…) e interioriza una manera de entender la sexualidad desde un modelo integrador y ecléctico. Pero hoy, este sujeto, hijo de la ciencia, abre un debate consigo mismo, remueve sus fueros internos, tratando de delimitar donde están los límites entre lo científico, lo divertido y lo chabacano.

Parece que en el transcurso de los años, los sexólogos aprendemos que es lo que vende, y esto puede quedar algo apartado del modelo integrador-científico, acercándose a posturas más radicales de corte revolucionario, lo que entendemos en nuestra jerga como sexología revolucionaria. El objetivo de esta es, que todos los seres humanos se conviertan en máquinas del sexo, en tener mejores orgasmos, en cómo hacer mejores felaciones/cunnilingus. La idea central podría describirse usando pocas palabras, como: “el que no se masturba es tonto”. Ahí fuera, todo se llena de cursos, talleres, charlas, artículos de revistas, blogs,  impregnados de esta postura revolucionaria, que antes o después llegará a  saturar al lector, al realizador de cursos y al público en general.

La barrera entre lo científico y la chabacanería se difumina. Podemos hacer talleres utilizando el sentido del humor, pobre de aquel educador, profesor, docente que no use el sentido del humor en sus clases y más pobres, los alumnos, público, discentes, que entre bostezos, mostraran el interrogante de cómo un tema tan interesante, este profesor/educador, lo puede convertir en un suplicio inaguantable. La ciencia ha de convertirse en el mejor amigo del sentido del humor, juntas pueden llegar más lejos, a más oídos, a más ojos y en definitiva a más cerebros. Son un complemento, tan necesario, como para el invierno un abrigo acogedor. Pero la barrera empieza a difuminarse cuando para atraer al público, utilizamos ganchos que rompen la estética científica, cuando rebajamos o reducimos una ciencia, tan maravillosa como es el estudio de la sexualidad, a la pura anécdota, cuando lo que prima es atraer al público antes que dar un mensaje útil, riguroso y positivo.

Es presumiblemente cierto, que cuando hacemos unas jornadas crudamente formales, con temáticas sexuales ensambladas en palabrería científica, ahuyentamos al público en general. Lo ideal es poder atraer tanto a expertos refinados como a personas de la calle que desean aprender algo riguroso pero agradable, sobre sexualidad. Este equilibrio, puede parecer sencillo de alcanzar, pero se torna una tarea ardua.

Nos debatimos continuamente entre, elegir un título con gancho, aunque luego la temática real no vaya de eso, es decir, vamos a engañar un poco al público, haciendo honor a Maquiavelo, les engañamos un poco, pero es por su bien, así vendrán y aprenderán verdades como puños. O poner un título, sin salsa pero real y científico, el cual, solo leerlo puede causar astenia primaveral.

Lo importante, sería intentar solidificar la labor y el rol del sexólogo, no nos convirtamos en chistes andantes. Nadie puede tomar una profesión en serio, si los profesionales son motivo de mofa. Crear talleres, charlas, jornadas titiriteras promueve que el colectivo posea una imagen mental de nosotros, burlona y chabacana. No enraicemos esta creencia, no provoquemos más profecías autocumplidas. Tomémonos en serio nuestra maravillosa labor, con humor, pero desde el rigor y la búsqueda de la verdad como bandera primigenia. 

sábado, 5 de septiembre de 2015

La importancia de la inteligencia emocional en las relaciones de pareja.

Si las emociones juegan un papel primordial en la vida cotidiana, moldeando nuestras respuestas ante las situaciones que nos acontecen, en las relaciones de pareja, las emociones son el anclaje que da sentido a nuestra elección de empezar, continuar o poner fin a tal idilio romántico. Son el núcleo, el alma mater que nutre y sustenta nuestro comportamiento amoroso.

Por ello, la inteligencia emocional, se convierte en una herramienta indispensable para toda relación de pareja que no quiera caer en la toxicidad, la incomprensión y la impulsividad. Pero ¿qué entendemos por inteligencia emocional?

Son varias las teorías más influyentes y contrastadas sobre inteligencia emocional. Sin ánimo de ser exhaustivo, vamos a exponer dos de las más  acreditadas por el mundo científico:

·         Mayer y Salovey entiende la inteligencia emocional como: “la capacidad para percibir, valorar y expresar las emociones con exactitud; la capacidad para acceder a, o generar sentimientos que faciliten el pensamiento; la capacidad para comprender las emociones y el conocimiento emocional; y la capacidad para regular las emociones promoviendo el crecimiento emocional e intelectual”
·         Para Bar-on, la inteligencia emocional se divide en cinco grandes áreas: Inteligencia intrapersonal: asertividad, autoestima, independencia; inteligencia interpersonal: empatía, relaciones interpersonales; adaptabilidad: solución de problemas, flexibilidad; gestión de estrés: tolerancia al estrés y gestión de impulsos; estado de ánimo general: optimismo y felicidad.

Podemos decir que una persona posee inteligencia emocional cuando sabe gestionar una serie de competencias emocionales:

1.       Conciencia emocional: la persona conoce sus emociones, piensa en ellas, se pregunta por ellas, posee capacidad de introspección y reconoce las emociones en los demás, observa adecuadamente las emociones en la pareja. Un miembro de una relación de pareja que posee conciencia emocional, es aquel que cuando siente una emoción, es capaz de identificarla y darle el valor apropiado. Y no solo autoidentifica sus emociones, sino que es capaz de estar atento a las emociones de su pareja, puede identificar como se siente la otra persona y en consecuencia, puede actuar acorde a esta emoción.

2.       Regulación emocional: su respuesta es apropiada al contexto. Es la conducta opuesta a la impulsividad. Son personas con una alta tolerancia a la frustración, no se dejan arrastra por las emociones, las controlan, pero no las reprimen. Un miembro de una pareja que posee regulación emocional, ante un conflicto o discusión, no se deja arrastra por las emociones negativas, controla su ira y no responde impulsivamente. Sabemos que cuando nos dejamos llevar por una emoción negativa podemos caer en el error de responder con un ataque impulsivo, poco meditado, haciendo un daño en el otro, que en realidad no deseamos. Cuando baja nuestro nivel de enfado, nos damos cuenta de lo inoportuno de nuestra frase y es el momento, si no somos muy orgullosos, de pedir un perdón necesario.  

3.       Autonomía emocional: capacidad de no dejarse arrastrar por los estímulos del entorno. Mantiene un equilibrio entre la dependencia emocional y la desconexión con el otro. No se deja arrastrar por sus emociones y sentimientos, dentro de la relación de pareja, por lo que no cae en una dependencia afectiva sobre el otro, pero tampoco se convierte en un tempano de hielo, que nada le resquebraja, perdiendo la capacidad de empatía. Alcanza un equilibrio, una interdependencia emocional, necesaria para evitar las relaciones toxicas, basadas en la dependencia o las relaciones inconexas, movidas por la despreocupación absoluta y la desvinculación emocional.

4.       Competencias o habilidades sociales: el miembro de la pareja posee la capacidad de escucha activa, no interrumpe, conoce los pasos de un buen diálogo, los silencios necesarios. Tiene la capacidad de empatizar con el otro, de entenderle y hacer ver que comprende las emociones de la pareja. Se muestra asertivo, no siendo ni pasivo ni agresivo en sus conductas y acciones.

5.       Habilidades para la vida y el bienestar: búsqueda del bienestar personal y social. Reclama para sí y para su pareja la exploración  de emociones positivas, las ganas de encontrar un equilibrio y una felicidad que garantice la armonía tanto para sí mismo como para su relación. Comprende la necesidad de las emociones negativas y su expresión, aunque desea conectarse con sus emociones positivas de manera regular[1].

Estas competencias, no aparecen en nosotros por arte de magia, han de ser cultivadas y enseñadas. La escuela es el lugar perfecto para que nuestros pequeños vayan conociendo sus emociones, sabiendo regularlas, adquiriendo habilidades sociales para tratar con los demás y alcanzando un placer por la búsqueda de su propio bienestar. La educación emocional es una necesidad básica que debe ser cubierta por nuestro sistema escolar ¿cómo sería nuestra vida de pareja si desde pequeños nos hubieran educado tanto en matemáticas como en competencias emocionales? ¿Cuántas situaciones de abuso, maltrato, incomprensión, sufrimiento, desentendimiento, nos hubiéramos ahorrado? No es tarde para, tengamos la edad que tengamos, empezar a cultivar nuestra inteligencia emocional, pero si desde la escuela comenzamos a trabajarlo, estaremos haciendo un bien superlativo a las futuras generaciones, a los futuros gobernantes del timón de nuestro planeta.



[1] Para profundizar en este tema acudir a: Bisquerra, R. Pérez, J.C. García, E. (2015). Inteligencia emocional en educación. Madrid: Síntesis.

domingo, 5 de julio de 2015

Las parejas Dinks: otro modelo de pareja.

Vivimos en la era del cambio continuo, de la reivindicación de la libertad por encima de las obligaciones impuestas de cómo tiene que ser el mundo en general, y  de cómo tiene que ser nuestro mundo en particular.

Hoy, hay parejas que desean romper con el estereotipo de relación tradicional, donde impera que uno de los miembros (suele ser el hombre) trabaje y el otro desee tener hijos, deteniendo su actividad laboral en pro del cuidado y la educación del neonato. Otras parejas deciden, que ningún miembro de la relación tiene porque interrumpir su proyecto de vida laboral, tras el nacimiento de un hijo, intentando, ambos, reconciliar lo mejor que pueden la vida laboral y con la del hogar.

Desde hace unas décadas, ha aparecido, otra forma de entender las relaciones, las denominadas parejas Dinks. Es un acrónimo anglosajón que significa: Double Income No Kids, y viene a decir: Doble sueldo sin hijos. Son parejas que deciden no tener hijos, siendo su prioridad seguir creciendo académica y profesionalmente, utilizando su tiempo de ocio en viajar y mantener un estilo de vida económico medio-alto. Ambos trabajan, viven para esto y desean seguir creciendo psicológica y económicamente sin la necesidad de descendencia. Ninguno de los miembros de la pareja se siente realizado con la maternidad/paternidad.

Esta forma de entender las relaciones, ha recibido la férrea crítica de la Iglesia y del pensamiento judeo-cristiano, basando su argumento en que este tipo de comportamientos son hedonistas, egoístas y desatiende a una de las leyes naturales del ser humano, su capacidad y obligación de dar al mundo una nueva vida, que refuerce el amor entre la pareja.

Por su lado, la filosofía de las parejas Dinks, se encamina hacia la creencia de que lo realmente egoísta es tener hijos, puesto que parten de la premisa de la superpoblación y la mala repartición de recursos. Para estas personas, traer un nuevo niño al mundo, es una forma egoísta de sentirse realizado.

Las características básicas de una pareja Dinks, son las siguientes:

  • Parejas jóvenes de edades comprendidas entre los 25-35 años.
  • Huyen de los estereotipos clásicos sobre las relaciones de pareja.
  • Tienen una fuerte motivación por crecer académica y profesionalmente, sintiéndose realizados cuantos más logros alcancen, en este sentido.
  • Sus conductas de ocio se encaminan a viajar, salir a comer/cenar sin importar demasiado cuanto gastan, ir al cine, teatro.
  • Desean mantener una vida económica media-alta, pero no son del tipo ahorrador, prefieren el gasto al ahorro compulsivo.
  • No se sienten realizados personalmente con la maternidad/paternidad.

En definitiva, hoy podemos decir que hay otros modelos de pareja y que ninguno en si mismo tiene que ser el ideal, cada cual debe pensar en que desea para su futuro y escoger una pareja que se asemeje en este tipo de cuestiones.

La idea importante que subyace a lo comentado en este artículo, es la diversidad. El modelo de sociedad que en antaño se estilaba, se nutria de la necesidad obligada de la homogenización, todos iguales para no crear confusión social. Ese formato filosófico/político/religioso ha pasado a mejor vida. La tolerancia, el respeto y el entendimiento de la diversidad, son plenamente necesarios en una sociedad que se precie de  moderna y libre. No hay una manera concreta para vivir una vida satisfactoria, cada uno ha de ir buscando su camino y encontrando sus preferencias, ningún formato nos da el convencimiento absoluto de que ese es el único camino correcto.

jueves, 25 de junio de 2015

Artículos para la revista digital TERCER CHECK, sobre sexualidad y pareja.

Ya podéis disfrutar de la recopilación de los 9 DELIRIOS, escritos para la revista digital Tercer Check. Pincha el enlace y accede de manera gratuita.



sábado, 11 de abril de 2015

¿Podemos mantener relaciones eróticas mientras estamos dormidos? La sexomnia existe.

Cuando deseamos disfrutar de una relación erótica y tenemos la oportunidad de hacerlo, llegado el momento, nuestros sentidos se agudizan, la piel cambia y se ruboriza, focalizamos nuestra atención en todo el proceso erótico, pues uno se hace completamente consciente de las modificaciones de su cuerpo y mente, estamos realmente despiertos, pero ¿podemos mantener relaciones eróticas estando dormidos y no acordarnos de lo sucedido al día siguiente?


La ciencia parece dar una respuesta afirmativa. A la conducta de mantener relaciones eróticas con uno mismo o con otra persona, mientras estamos dormidos, se le ha denominado sexomnia: la persona realiza actos eróticos dormida, de forma  inconsciente y al despertar no recuerda lo sucedido.

En el DSM-V[1], dentro de los trastornos del sueño-vigilia, aparecen las parasomnias, definidas como trastornos del despertar del sueño no REM. Y dentro de las características de las parasomnias aparecen el sonambulismo y los terrores nocturnos. Estas características, según el DSM-V, son (hemos obviado los terrores nocturnos, pues se alejan de la pretensión de este artículo):

Parasomnias[2]:
A. Episodios recurrentes de despertar incompleto del sueño, que generalmente se producen durante el primer tercio del período principal del sueño, y que van acompañados de una (…) de las siguientes características:
1. Sonambulismo: Episodios repetidos en los que el individuo se levanta de la cama y camina durante el sueño. Durante el episodio de sonambulismo, el individuo tiene la mirada fija y en blanco; es relativamente insensible a los esfuerzos de otras personas para comunicarse con él y sólo se puede despertar con mucha dificultad.
B. No se recuerdan los sueños o el recuerdo es mínimo (p. ej., solamente una única escena visual).
C. Amnesia de los episodios está presente.
D. Los episodios causan malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

Dentro del sonambulismo, en el DSM-V, se especifican dos tipos: Con ingestión de alimentos relacionada con el sueño y con comportamiento sexual relacionado con el sueño (sexsomnia).
Por lo que para el DSM-V, la sexomnia se sitúa dentro de los trastornos del sueño-vigilia, en el apartado de parasomnias, en la modalidad de sonambulismo, en el subtipo: con comportamiento sexual relacionado con el sueño.

Es un comportamiento nuevo para la ciencia médica (se conoce desde hace aproximadamente diez años), poco estudiado y que requiere de más investigación. De momento se afirma que alrededor de un 19% de la población mundial padece de sonambulismo[3] y un número menor de personas padece sonambulismo con comportamiento sexual relacionado con el sueño, por lo que el porcentaje de sexomnia es realmente bajo en lo que respecta a la población mundial.

La prevalencia de este trastorno es superior en hombres que en mujeres, los datos hallados afirman que: “el 11% de los hombres y hasta el 4% de las mujeres han tenido algún tipo de contacto o experiencia sexual involuntaria mientras duermen[4]”.

Las conductas típicas, durante el sueño, que realiza una persona con este trastorno son:
  • Caricias: a sí mismo o a la persona que duerme a su lado.
  • Masturbación: a sí mismo o a la persona que duerme a su lado.
  • Gemidos
  • Búsqueda de relación sexual, a veces de carácter agresivo.
Otros síntomas no sexuales relacionados que pueden aparecer son:
  • Bruxismo
  • Micciones nocturnas (enuresis).
  • Apnea del sueño
  • Terrores nocturnos
Los elementos que pueden provocar la aparición del trastorno pueden ser la ansiedad, el estrés, privación de sueño y/o el consumo de alcohol y de drogas. No queda constatado que el deseo de mantener relaciones eróticas, antes de dormir, sea uno de los elementos que inciten la aparición de la conducta. Pero en la actualidad se desconocen las causas de la sexomnia, por lo que se requieren nuevas investigaciones a este respecto. El tratamiento que se propone es de corte psicológico a través de intervención terapéutica, y psiquiátrico, recomendándose el uso de Clonazepan, si el resto de medidas no fueran suficientes.


El estudio pionero con el que se acuño el termino de sexomnia, fue realizado por el Neuropsiquiatra Colin Shapiro, en Canadá, desde la Asociación de Psiquiatras de Canadá, dando como resultado un artículo titulado: Sexsomnia—A New Parasomnia?”[5], del cual podemos extraer lo siguiente:

Objetivo: Describir una parasomnia distinta que implica una conducta sexual, lo que hemos llamado sexomnia.
Método: Se han utilizado una serie de casos, como base para la descripción de la sexsomina.
Resultados: Se describen once pacientes con distintos comportamientos de  naturaleza sexual durante el sueño. La sexomnia tiene algunas características distintivas que lo separan de sonambulismo.
Conclusión: Aparece un número significativo de pacientes con este comportamiento inusual de parasomnia, que se identificaron sólo después de que se les hicieran preguntas específicas, lo que sugiere que el comportamiento es más común de lo que se pensaba”.

La televisión ha dado cuenta de este hecho, apareciendo la sexomnia en series como “House”, concretamente en la primera temporada (capítulo 1x17, titulado: Role Model), donde House comprueba que una paciente ha tenido un aborto espontáneo, pero esta le dice que llevaba un año sin mantener relaciones sexuales, por lo que el doctor acaba descubriendo que ella padecía sexomnia. Desde esta perspectiva televisiva, podría parecernos que la sexomnia es un trastorno inventado para dar juego a cualquier serie que usa el morbo médico como entretenimiento, pero como hemos comprobado, parece factible que lo que le sucede a esta paciente ficticia, pueda extrapolarse a la vida real, aunque como hemos visto, el número de casos de este trastorno es escasamente común.

Por último, transcribo una entrevista real, realizada por mí, a una mujer (la llamaremos P), que presumiblemente (no está diagnosticada médicamente) padece de sexomnia:

¿Recuerdas haber tenido algún episodio de sonambulismo en tu vida?
P: Sí, recuerdo unas 4 ó 5 veces en las que me he despertado en la cocina, andando por el pasillo de casa o dando saltos en la cama.
¿Cómo definirias lo que te ocurre (sexomnia)? ¿Cómo te diste cuenta? ¿Qué conductas realizaste?
P: Lo he vivido de dos maneras: Una en la que estoy soñando con algo erótico y me empiezo a tocar a mi o a mi acompañante, y otra en la que directamente me despierto manteniendo sexo con penetración, normalmente sentada encima de mi pareja.
Con respecto a cómo me di cuenta, era muy evidente, me despertaba tocándome, masturbando o practicando sexo con mi pareja. Normalmente me ha pasado en noches en las que he tenido sexo y he dormido con mi pareja o en las que he tenido ganas de tener sexo y las circunstancias me han privado de ello.

¿Cómo lo vives? ¿Qué sientes? ¿En algún momento eres consciente de lo que ocurre?
P: Es algo que vivo con naturalidad, y que manifiesto a la persona que duerme conmigo desde el principio. No es algo que me perturbe o me haga sentir mal. Normalmente cuando comienzo a tocarme o a tocar a mi pareja, el juego sigue hasta que en algún momento comienzo a ser consciente y por lo general terminamos satisfactoriamente. Pero si es cierto que el alguna ocasión me han despertado con un "¡¿Qué haces? ¿Ahora?", aunque no es lo habitual (jajaja). También es cierto que cuando he dormido con alguna persona que no era mi pareja, he intentado mentalizarme antes de dormir e incluso poner alguna almohada por medio.  
¿Crees que podría afectar a tu vida cotidiana o de relaciones de pareja?
P: No, mi pareja actual disfruta con sorpresa de esos momentos. Lo único malo es la falta de sueño.

La sexomnia, parece existir más allá de las series de televisión, es un trastorno descubierto recientemente, del que se requiere más investigación. La sexualidad se expresa a través de todas las facetas de nuestra vida y parece, que para algunas personas, también, la exhiben mientras duermen profundamente.



[1] Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la APA. Manual utilizado por  psiquiatras y psicólogos.
[2] DSM-V: publicada el 18 de mayo de 2013. (Pág:214)

DELIRIOS Y LOCURA

DELIRIOS Y LOCURA

Delirios y otros problemas

Bienllegados a la pagina donde todos vuestros delirios serán recompensados con miradas de incomprensión y rechazo amable.
Nos movemos incesantemente por sendas incautas, ataques de locura anonimos y vulgaridades encendidas por el alcohol de cualquier cantina.
No vengo a vender nada de valor ni a regalar una sonrisa verdadera, vengo para quedarme sentado mientras tu disfrutas de la ignorancia de los demás.
Vengo para quedarme sentado entre tus historias de a media tarde, para escucharlas, leerlas y enmudecer al ver que todos somos tan parecidos, tan complejamente simples.....
Me siento y te escucho. Sientate y escuchate. Sentemonos a escucharnos.Escuchame si puedes.