sábado, 11 de abril de 2015

¿Podemos mantener relaciones eróticas mientras estamos dormidos? La sexomnia existe.

Cuando deseamos disfrutar de una relación erótica y tenemos la oportunidad de hacerlo, llegado el momento, nuestros sentidos se agudizan, la piel cambia y se ruboriza, focalizamos nuestra atención en todo el proceso erótico, pues uno se hace completamente consciente de las modificaciones de su cuerpo y mente, estamos realmente despiertos, pero ¿podemos mantener relaciones eróticas estando dormidos y no acordarnos de lo sucedido al día siguiente?


La ciencia parece dar una respuesta afirmativa. A la conducta de mantener relaciones eróticas con uno mismo o con otra persona, mientras estamos dormidos, se le ha denominado sexomnia: la persona realiza actos eróticos dormida, de forma  inconsciente y al despertar no recuerda lo sucedido.

En el DSM-V[1], dentro de los trastornos del sueño-vigilia, aparecen las parasomnias, definidas como trastornos del despertar del sueño no REM. Y dentro de las características de las parasomnias aparecen el sonambulismo y los terrores nocturnos. Estas características, según el DSM-V, son (hemos obviado los terrores nocturnos, pues se alejan de la pretensión de este artículo):

Parasomnias[2]:
A. Episodios recurrentes de despertar incompleto del sueño, que generalmente se producen durante el primer tercio del período principal del sueño, y que van acompañados de una (…) de las siguientes características:
1. Sonambulismo: Episodios repetidos en los que el individuo se levanta de la cama y camina durante el sueño. Durante el episodio de sonambulismo, el individuo tiene la mirada fija y en blanco; es relativamente insensible a los esfuerzos de otras personas para comunicarse con él y sólo se puede despertar con mucha dificultad.
B. No se recuerdan los sueños o el recuerdo es mínimo (p. ej., solamente una única escena visual).
C. Amnesia de los episodios está presente.
D. Los episodios causan malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

Dentro del sonambulismo, en el DSM-V, se especifican dos tipos: Con ingestión de alimentos relacionada con el sueño y con comportamiento sexual relacionado con el sueño (sexsomnia).
Por lo que para el DSM-V, la sexomnia se sitúa dentro de los trastornos del sueño-vigilia, en el apartado de parasomnias, en la modalidad de sonambulismo, en el subtipo: con comportamiento sexual relacionado con el sueño.

Es un comportamiento nuevo para la ciencia médica (se conoce desde hace aproximadamente diez años), poco estudiado y que requiere de más investigación. De momento se afirma que alrededor de un 19% de la población mundial padece de sonambulismo[3] y un número menor de personas padece sonambulismo con comportamiento sexual relacionado con el sueño, por lo que el porcentaje de sexomnia es realmente bajo en lo que respecta a la población mundial.

La prevalencia de este trastorno es superior en hombres que en mujeres, los datos hallados afirman que: “el 11% de los hombres y hasta el 4% de las mujeres han tenido algún tipo de contacto o experiencia sexual involuntaria mientras duermen[4]”.

Las conductas típicas, durante el sueño, que realiza una persona con este trastorno son:
  • Caricias: a sí mismo o a la persona que duerme a su lado.
  • Masturbación: a sí mismo o a la persona que duerme a su lado.
  • Gemidos
  • Búsqueda de relación sexual, a veces de carácter agresivo.
Otros síntomas no sexuales relacionados que pueden aparecer son:
  • Bruxismo
  • Micciones nocturnas (enuresis).
  • Apnea del sueño
  • Terrores nocturnos
Los elementos que pueden provocar la aparición del trastorno pueden ser la ansiedad, el estrés, privación de sueño y/o el consumo de alcohol y de drogas. No queda constatado que el deseo de mantener relaciones eróticas, antes de dormir, sea uno de los elementos que inciten la aparición de la conducta. Pero en la actualidad se desconocen las causas de la sexomnia, por lo que se requieren nuevas investigaciones a este respecto. El tratamiento que se propone es de corte psicológico a través de intervención terapéutica, y psiquiátrico, recomendándose el uso de Clonazepan, si el resto de medidas no fueran suficientes.


El estudio pionero con el que se acuño el termino de sexomnia, fue realizado por el Neuropsiquiatra Colin Shapiro, en Canadá, desde la Asociación de Psiquiatras de Canadá, dando como resultado un artículo titulado: Sexsomnia—A New Parasomnia?”[5], del cual podemos extraer lo siguiente:

Objetivo: Describir una parasomnia distinta que implica una conducta sexual, lo que hemos llamado sexomnia.
Método: Se han utilizado una serie de casos, como base para la descripción de la sexsomina.
Resultados: Se describen once pacientes con distintos comportamientos de  naturaleza sexual durante el sueño. La sexomnia tiene algunas características distintivas que lo separan de sonambulismo.
Conclusión: Aparece un número significativo de pacientes con este comportamiento inusual de parasomnia, que se identificaron sólo después de que se les hicieran preguntas específicas, lo que sugiere que el comportamiento es más común de lo que se pensaba”.

La televisión ha dado cuenta de este hecho, apareciendo la sexomnia en series como “House”, concretamente en la primera temporada (capítulo 1x17, titulado: Role Model), donde House comprueba que una paciente ha tenido un aborto espontáneo, pero esta le dice que llevaba un año sin mantener relaciones sexuales, por lo que el doctor acaba descubriendo que ella padecía sexomnia. Desde esta perspectiva televisiva, podría parecernos que la sexomnia es un trastorno inventado para dar juego a cualquier serie que usa el morbo médico como entretenimiento, pero como hemos comprobado, parece factible que lo que le sucede a esta paciente ficticia, pueda extrapolarse a la vida real, aunque como hemos visto, el número de casos de este trastorno es escasamente común.

Por último, transcribo una entrevista real, realizada por mí, a una mujer (la llamaremos P), que presumiblemente (no está diagnosticada médicamente) padece de sexomnia:

¿Recuerdas haber tenido algún episodio de sonambulismo en tu vida?
P: Sí, recuerdo unas 4 ó 5 veces en las que me he despertado en la cocina, andando por el pasillo de casa o dando saltos en la cama.
¿Cómo definirias lo que te ocurre (sexomnia)? ¿Cómo te diste cuenta? ¿Qué conductas realizaste?
P: Lo he vivido de dos maneras: Una en la que estoy soñando con algo erótico y me empiezo a tocar a mi o a mi acompañante, y otra en la que directamente me despierto manteniendo sexo con penetración, normalmente sentada encima de mi pareja.
Con respecto a cómo me di cuenta, era muy evidente, me despertaba tocándome, masturbando o practicando sexo con mi pareja. Normalmente me ha pasado en noches en las que he tenido sexo y he dormido con mi pareja o en las que he tenido ganas de tener sexo y las circunstancias me han privado de ello.

¿Cómo lo vives? ¿Qué sientes? ¿En algún momento eres consciente de lo que ocurre?
P: Es algo que vivo con naturalidad, y que manifiesto a la persona que duerme conmigo desde el principio. No es algo que me perturbe o me haga sentir mal. Normalmente cuando comienzo a tocarme o a tocar a mi pareja, el juego sigue hasta que en algún momento comienzo a ser consciente y por lo general terminamos satisfactoriamente. Pero si es cierto que el alguna ocasión me han despertado con un "¡¿Qué haces? ¿Ahora?", aunque no es lo habitual (jajaja). También es cierto que cuando he dormido con alguna persona que no era mi pareja, he intentado mentalizarme antes de dormir e incluso poner alguna almohada por medio.  
¿Crees que podría afectar a tu vida cotidiana o de relaciones de pareja?
P: No, mi pareja actual disfruta con sorpresa de esos momentos. Lo único malo es la falta de sueño.

La sexomnia, parece existir más allá de las series de televisión, es un trastorno descubierto recientemente, del que se requiere más investigación. La sexualidad se expresa a través de todas las facetas de nuestra vida y parece, que para algunas personas, también, la exhiben mientras duermen profundamente.



[1] Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la APA. Manual utilizado por  psiquiatras y psicólogos.
[2] DSM-V: publicada el 18 de mayo de 2013. (Pág:214)

lunes, 23 de marzo de 2015

¿Cómo vives y expresas tu sexualidad? Las actitudes sexuales.

Cada ser humano vive su sexualidad de manera idiosincrática, basándose en su carácter, experiencias previas, creencias y personalidad. El conjunto de todas estas variables promueven unas actitudes concretas hacia el hecho sexual humano.

Las actitudes pueden definirse como la valoración positiva o negativa de un objeto, persona o cosa. Tal valoración nos impulsa a acercarnos a dicho objeto o por el contrario a mantenernos distantes. Las actitudes poseen tres componentes:

·         Componente cognitivo: creencia que tenemos respecto a algo, en este caso hacia la sexualidad (la sexualidad es algo bueno, es algo malo, nos es indiferente).

·         Afectivo: es el componente emocional que nos hace tener preferencias y motivaciones hacia los objetos de nuestro interés o emociones de rechazo y evitación.

·         Conductual: la acción motivada por el componente afectivo y cognitivo (si la sexualidad nos avergüenza o sentimos rechazo, no realizamos conductas en este sentido).

Una persona que crea que la sexualidad es algo negativo, que perjudica nuestras mentes, manifestará una emoción negativa hacia esta, llevándole a realizar acciones de evitación o rechazo. Esta persona manifiesta una actitud erotofóbica[1] de la sexualidad, la cual repercutirá en su vida cotidiana cada vez que se enfrente al hecho sexual humano.

En general podemos encarar la sexualidad a través de tres tipos bipolares de actitudes:

  • Actitud de normatividad: actitudes basadas en la norma que impone o impera en la sociedad. Dos polos: actitudes prohibitivas y actitudes permisivas. Las actitudes prohibitivas están basadas en normas morales y religiosas, censurando determinadas conductas sexuales; y por razones políticas, como el control de natalidad. Las actitudes permisivas se basan en dos premisas, la primera, la reivindicación y pensamiento reaccionario ante las normas morales impuestas y segundo, el esnobismo: acabar con el peso de la represión pero sin una actitud crítica y reflexiva de la sexualidad. Estas actitudes se basan en, el: “debería hacer o ser”. Por otro lado, otra normatividad, proviene de los consejos que damos a los demás sobre sexualidad, basados en lo que nos ha ido bien o mal a nosotros, lo que nos agrada o desagrada, pudiendo condicionar la sexualidad del otro. Consejo desde la experiencia como modelo, con el riesgo de caer en un reduccionismo egocéntrico: “A mí eso no me supone un problema, tu deberías hacer lo mismo, pruébalo”.
  • Actitud de combatividad: Si las anteriores actitudes se basaban en normas que establecemos, en este caso también se sigue el mismo criterio, con la diferencia de que, esta vez, se pasa a la acción, con la intención de cambio real. No propone sino que intenta imponer. Dos polos: ataque a la sexualidad y defensa a ultranza de esta.
  • Actitud de comprensividad: Este enfoque es multipolar, pues viene determinado por una visión empática, comprensiva y de tolerancia hacia el hecho sexual humano. La sexualidad se cultiva, se estudia, se comprende, no se juzga, ni se critica, ni se silencia. Cada uno tiene su propio modo de pensar en sexualidad, y hay que comprender que existen otros modos igual de validos, siempre que se respeten las libertades y derechos.
Parece lógico que la educación sexual se decante por este último modelo actitudinal. Cada ser humano cultiva su propia sexualidad, lejos de los prejuicios, estereotipos y reglas dogmáticas morales. Cultivar significa comprender, aceptar y valorar nuestra sexualidad así como la diversidad sexual de los demás. No generalizando, ni juzgando al otro, y huyendo de los “tengo que…” “debo de…”

Estos tres tipos de actitudes dan como resultado o subproducto, 6 tipos de actitudes a la hora de vivir la sexualidad, en los que cada uno de nosotros se asienta. Sería necesario reflexionar sobre el tipo de actitud que poseemos para así reconocer cómo vivimos nuestra sexualidad, cómo la expresamos y la proyectamos, pues cada uno de nosotros funciona como modelo para los demás. Modelo de hermano/a, modelo de padre o madre, modelo de profesor/a, modelo de pareja. Nuestras actitudes modulan, transforman y educan a los demás, sea a nuestra familia, nuestros amigos o en el trabajo. Por ello, plantéate en que modelo actitudinal te encuentras para hacer una posterior reflexión de  cómo este condiciona tu vida y la de los demás:

·         Actitud tabuizadora: basada en cuestiones morales y religiosas, donde la sexualidad es vista como enemiga del ser humano. Negación, culpa, vergüenza, obsesión. El concepto de sexualidad que subyace es el de sexualidad como instinto peligroso. Una persona asentada en esta actitud no habla de sexualidad y si hace alguna referencia a ella, es para coartarla, prohibirla y descalificarla. Un profesor/padre/madre con esta actitud no desea que en su centro educativo se haga educación sexual, pues cree que hablar de sexo incita a malos pensamientos (pecaminosos) de los jóvenes. La mejor educación es el silencio.
·         Actitud de dependencia: se encara la sexualidad desde la evitación y huida, se delegan las responsabilidades en otros, Miedo a tomar decisiones al respecto. El concepto de sexualidad que subyace es que este tema es muy delicado y del que mejor no opinar ya que se carece de conocimientos suficientes para ayudar. Es la típica respuesta de un padre o madre que delega en el otro la responsabilidad de hablar de sexualidad con los hijos: “este tema mejor háblalo con tu padre/madre”
·         Actitud de falso naturalismo: actitud permisiva con un falso halo de progresismo. Postura que en apariencia es extremadamente liberal pero que en realidad subyace un miedo a afrontar la sexualidad con naturalidad y comprensión crítica. El clásico comentario de un padre/madre que manifiesta su apertura de mente pues dice que puede hablar con sus hijos de sexualidad de forma abierta y usa frases del estilo: “yo a mis hijos les compro los condones, soy muy abierto/a en este tema” pero en realidad no se hace una valoración crítica ni comprensiva de la sexualidad, dando como resultado una manifestación superflua y de cara a la galería, nada profunda.
·         Actitud individualista: solo se valoran las propias vivencias y creencias. Basado en lo que le ha ido bien y lo que no. Se obvian las conductas sexuales que le son ajenas. Subyace la idea de que solo hay un tipo de sexualidad válido. Esta persona solo valora como válida su postura sobre la sexualidad. Si es heterosexual, solo entenderá la posibilidad de que sus hijos sean heterosexuales, no se le pasa por la cabeza otras orientaciones.
·         Actitud impositiva: reivindicación de libertad sexual, más como lucha política que como verdadera búsqueda de conocimiento y visión critica de la sexualidad. Rechazo manifiesto a las personas que no cambian sus actitudes sexuales, ancladas en el modelo represivo. Es una defensa de la sexualidad superflua sin ánimo de profundización ni visión crítica. La sexualidad se usa como arma política. Esta persona utilizará la revolución sexual para azuzar a las mentes retrogradas y menos progresistas, pero no hace una valoración real de lo que es el hecho sexual humano.
·         Actitud abierta: la sexualidad no asusta, tampoco asusta no saberlo todo, se busca el conocimiento continuo, el diálogo, la comprensión y la empatía. El concepto de sexualidad que subyace es que la sexualidad humana es una dimensión con múltiples posibilidades, se entiende la diversidad humana como valor. El placer es entendido como un bien legítimo, sin imposición, ni represión.  Esta es la actitud que muestra una persona abierta y sincera, que no tiene miedo a conocer su sexualidad y a comprender de sexualidad de los otros. La educación sexual actual se posiciona desde este marco.

Seguramente, mientras leías los tipos de actitudes sexuales, habrás pensado en personas que conoces: padre, madre, profesorado, amigos… y habrás podido encasillarlos en alguno de los tipos, pero ¿dónde te ubicas tú? ¿Desde cuál tipo de actitud vives tu sexualidad? A través de una reflexión profunda de este tema, podrás conocerte mejor y vivir una sexualidad más plena y satisfactoria, ayudando, como modelo a seguir, a las personas que tienes a tu alrededor, pues por aprendizaje vicario, aprendemos y nos empapamos de las conductas y actitudes de los demás. Se responsable con tus actitudes sexuales, para ser más feliz y libre.

martes, 24 de febrero de 2015

La importancia de la Educación Emocional en la Educación Sexual.

La educación formal, entendida como el tipo de educación reglada que se concretiza en un currículo (con objetivos, competencias, contenidos, etc.) tiene como objetivo fundamental el desarrollo integral de la persona. Pero, en la actualidad, nuestro sistema escolar parece prestar una atención superlativa a lo puramente académico (asignaturas de Matemáticas, Lengua, etc.) dejando en un segundo plano, otros aprendizajes que sin duda tienen una fuerte repercusión en el bienestar y el desarrollo integral humano, como son la educación emocional y la educación sexual.

Rafael Bisquerra define la educación emocional como: “un proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo de las competencias emocionales como elemento esencial del desarrollo integral de la persona, con objeto de capacitarle para la vida. Todo ello tiene como finalidad aumentar el bienestar personal y social[1]”. Por su parte Félix López nos dice que la educación sexual: “entrena en habilidades interpersonales, fomenta valores y enseña criterios de salud, para ayudar a los menores a reconocerse como chico o chica, conocer los diferentes aspectos de la sexualidad humana. Su fin último es ayudar a las personas a vivir de forma satisfactoria su sexualidad[2]”. En ambas definiciones, podemos observar claramente, que atienden al fin último de la educación: el desarrollo integral de la persona.

Pero, en la actualidad, ambos tipos de educaciones aparecen por separado, debido a que el concepto que aun se posee de educación sexual parece quedar relegado al estudio de la genitalidad, las infecciones y métodos anticonceptivos. Un modelo basado en la biología y aposentado en el campo de la medicina. Hoy apostamos por otra fórmula más integradora de la educación sexual, donde no solo se habla en estos términos, sino que abre el abanico, como no podía ser de otra forma, a la enseñanza de la afectividad, la erótica, el autoconocimiento, al estudio de  mitos y errores, tanto en lo que concierne al sexo, como a las relaciones de pareja. Hablamos de habilidades sociales, de toma de decisiones y de cómo resolver conflictos que nos puedan surgir en el ámbito interpersonal. Como exponía Howard Gardner en su Teoría de las Inteligencias Múltiples, la educación sexual  estudia dos de sus conceptos más brillantes: la inteligencia interpersonal e intrapersonal.

La inteligencia interpersonal es la capacidad de entender a los demás, de empatizar.  Capacidad para reconocer y responder a las emociones, sentimientos y personalidades de las personas que nos rodean. La inteligencia intrapersonal la entendemos como la capacidad de conocernos a nosotros mismos, de controlar nuestras emociones. Conocemos nuestra vida emocional y sentimental y actuamos acorde a ella, sin dejarnos arrastrar. Ambos tipos de inteligencia son estudiados y enseñados, tanto por la educación sexual como por la educación emocional. Este es el principal nexo de unión entre ambas.

Por ello, no sería baladí, empezar a concebirlas como dos educaciones hermanadas, pues comparten objetivos paralelos, semejantes, e incluso en gran medida, idénticos.  Ambas intentan alcanzar objetivos como:

  • Adquirir mejor conocimiento de las propias emociones.
  • Prevenir los efectos nocivos de las emociones negativas.
  • Identificar las emociones de los demás.
  • Trabajar la escucha activa y la capacidad de empatía.
  • Adoptar una actitud positiva ante la vida.
  • Mejorar la autoestima y conseguir un autoconcepto saludable.
Ambos tipos de educación favorecen que la persona pueda conocerse mejor y mantener relaciones sanas con los demás, conociendo, reconociendo y comprendiendo al otro. Por ello apostamos por un tipo de educación global que aúna ambos conceptos: una Educación Emocional y Afectivo-Sexual. Donde emociones, afectos y sexualidad queden integrados y complementados dentro del currículo oficial, para alcanzar el gran objetivo del bienestar personal y social.

¿Y por qué se hace necesaria en la actualidad dicha educación?

Nuestros jóvenes, a pesar de la numerosa información que poseen a través de los medios de comunicación, internet y de la educación informal en general, siguen mostrando comportamientos problemáticos, como violencia (bullying, violencia de género…), conductas de riesgo (no protección en las relaciones sexuales, SIDA, abuso de sustancias…) y variadas conductas asociales. La etiología de estos comportamientos, en la mayoría de los casos, son consecuencia de una baja autoestima, pobre autoconcepto, el no saber decir no ante la presión del grupo, y asumir como normas y conductas establecidas aceptadas, ciertos mitos sobre las relaciones de pareja y sexuales.

La violencia de género sigue siendo una de las lacras que la sociedad intenta combatir. Los datos de víctimas mortales por violencia de género[3] (a fecha de 31 de diciembre de 2014) muestran que han sido un total de 53 víctimas mortales, de las cuales tan solo habían puesto denuncia en 17 de los casos. En 35 de los casos, la violencia había sido ejercida por la pareja actual de la víctima. En esta lucha, tanto la educación emocional como la sexual, tiene mucho que decir y ofrecer.

Por todo ello, la educación formal debe responsabilizarse. Ha de utilizar las herramientas y recursos necesarios para prevenir todos estos problemas y riesgos que rondan a nuestros jóvenes, y por ende, a la sociedad en general. Hoy disponemos de personas expertas, formadas en educación, en sexualidad y en inteligencia emocional, que se han nutrido de los avances científicos en estos campos y que se convierten en una herramienta fundamental para la educación. Cada vez salen a la luz nuevos proyectos y programas que inciden en la importancia de conseguir que nuestros jóvenes tengan una vida más sana, feliz y que adquieran competencias emocionales suficientes, para perseguir una vida menos violenta y más tolerante, complacientes consigo mismos y responsables con los demás.

Proponemos el nacimiento de una Educación Emocional y Afectivo-Sexual que luche por conseguir el autoconocimiento, la mejora de la autoestima, la eficaz toma de decisiones, la búsqueda de soluciones ante conflictos interpersonales, que batalle por una sexualidad sana, positiva y satisfactoria y en definitiva, una lucha por alcanzar al fin, el desarrollo integral de la persona.


[1] Datos hallados en: Bisquerra, R. (2006). Estudios sobre Educación. Nº11 (pág. 9-25).Universidad de Navarra.
[2] Datos hallados en: López, F. (2009). La Educación Sexual. Madrid: Biblioteca Nueva.

viernes, 30 de enero de 2015

¿Educación sexual, educación afectivo-sexual o educación de las sexualidades? La importancia de conocer la educación para el sexólogo que imparte charlas.

Entre los expertos en sexualidad, debatimos como ha de denominarse al hecho de impartir charlas, talleres, jornadas, simposios, cursos y programas sobre sexualidad, ya sea para la Educación Infantil, Educación Primaria, para la Secundaría, como en la educación postobligatoria, incluso desde la educación informal (una charla amena en un bar) como en la no formal (charlas en un centro cultural, por ejemplo).

El debate se instala en la definición de dicho cometido, para la gran mayoría este ha de denominarse Educación Sexual, otros desean hacer hincapié en la importancia de lo afectivo a la hora de programar los objetivos de una charla o curso, por lo que la designan como Educación Afectivo-Sexual, y no contentos con estas dos maneras de nombrarlo, una nueva corriente ha emergido para denominar a este hecho como Educación de las Sexualidades.

Veamos a continuación las escuetas diferencias entre ellas:

·         Educación Afectivo-Sexual: los expertos que defienden esta terminología, abogan por ensalzar la parte afectiva de la sexualidad, para dejar claro que esta es mucho más que reproducción, biología y contenidos médicos, pues muchas veces reducimos la educación sexual  a problemas médicos y hechos biológicos, como son las Infecciones de Transmisión Sexual, la respuesta sexual humana, las posibilidades de embarazo, métodos anticonceptivos, etc. Dejando de lado la implicación emocional que conlleva la sexualidad y reduciendo las charlas a pura información sexual biológica. Los expertos desde esta perspectiva defienden que de momento es necesario remarcar el término afectivo, hasta que la comunidad educativa y la sociedad en general, una el vocablo sexualidad a afectividad, y poder denominarla entonces como Educación sexual. Por otro lado, manifiestan que como estrategia de márquetin, a veces, en determinados centros educativos, parece que se acoge con menos ansiedad un programa que contenga la palabra afectivo, ya que rebaja el tabú social que mantenemos hacia la sexualidad.

·         Educación sexual: Para los expertos que defienden este concepto, juntar afectivo con sexual les es redundante, pues la sexualidad abarca lo afectivo, por lo que se aboga por una economía del lenguaje. Por otro lado, separar afectivo de sexual puede causar la impresión de que ambos términos van por separado, por un lado estarían las manifestaciones emocionales y afectivas y por otro lo sexual médico y biológico. Para este sector, denominarla como afectivo-sexual, hace un flaco favor al objetivo de ver la sexualidad como un hecho integrador y global. También critican el márquetin de la Educación Afectivo-Sexual, pues tampoco ayuda a desbancar tabús sobre el término sexualidad, que tengamos que poner la palabra afectivo para que un programa se vea con mejores ojos, es una manifestación más de la hipocresía y desconocimiento que vivimos ante el hecho sexual humano.

·         Educación de las sexualidades: una nueva concepción de la educación sexual se abre paso, defendiendo que no solo hay un tipo de sexualidad, sino que cada uno la vive a su manera, siendo una parte idiosincrática de la persona. “Customizamos”  nuestro erotismo y  la forma de vivirlo. Como seres únicos y singulares, tenemos una sexualidad única y singular. Para estos expertos, el énfasis se pone en la diversidad: heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad, etc. La palabra sexualidades incluye muchas posibilidades y lo importante es conocerse, aceptarse y expresar de forma sana la erótica singular que todos llevamos dentro.

Esta discusión terminológico-científica  pone de manifiesto la importancia del término sexual, pero ¿qué pasa con la educación? Muchos sexólogos o expertos en el tema sexual, llaman educación a lo que llevan a cabo, pero realmente lo único que dan es información sobre sexualidad y recordemos que la información es la hermana inferior de la educación, es el nivel más bajo. Entendemos por información sexual al hecho de transmitir unos contenidos sobre sexualidad que no promueven el cambio de actitudes por muy rigurosa y de candente actualidad que sea esta información. Un panfleto que anuncia las ventajas del uso del preservativo, es un tipo de información sexual pero que no mueve, al sujeto que lo lee, a un posible cambio de actitudes hacia el uso de este. La educación sexual por su lado, aparte de procurar información rigurosa, promueve el cambio de actitudes y la eliminación de tabús, esto se consigue haciendo una buena planificación de objetivos y contenidos, realizando una encuesta de necesidades y de preocupaciones de la población a la que va dirigida esta educación, basándonos en sus conocimientos previos, sus intereses y evaluando las necesidades del contexto.

Todo profesional que acude a un centro a impartir educación sexual, ha de conocer y manejar cierta  terminología educativa como: constructivismo, aprendizaje significativo, Plan de Acción Tutorial, Proyecto Educativo de Centro, Currículo, sondeo de necesidades y un sinfín de términos que ha de controlar en cuanto a teoría para saberlo aplicar en la práctica. Porque al final nos encontramos con expertos externos a la educación (campañas publicitarias de compresas o preservativos, profesionales ajenos a la educación como enfermeros, médicos, sexólogos sin formación en educación, etc.) que lo que acaban llevando a cabo en los centros es un listado de conocimientos varios, con buenas intenciones en la mayoría de casos, pero que no calan en el alumnado, pues obvian la importancia de tener conocimientos sobre metodología y educación. Denominan educación a lo que es una mera transmisión de conocimientos, provocando en la sociedad una vaga y perjudicial visión de lo que realmente es la educación sexual y de su importancia en los centros escolares, así como en la educación informal y no formal.

Contratemos  profesionales que tengan conocimientos sobre sexualidad pero no obviemos la importancia de la educación, estos expertos han de tener una formación rigurosa sobre este aspecto, si lo que desean llevar a cabo es una educación sexual de calidad, que promueva el cambio de actitudes y no una mera información sexual, rigurosa pero sin poder de cambio.  

sábado, 3 de enero de 2015

Cinco sugerencias “HOT”. Sugerencias eróticas para empezar el año sexualmente activos.

¿Has empezado en año con buen pie? ¿Te dio tiempo a tomarte todas las uvas, lentejas o Lacasitos? ¿Te atragantaste con el champan? ¿Tuviste la mala suerte de ver las campanadas en Canal Sur? No te preocupes aunque creas que has empezado el año torcido, porque te vamos a  sugerir cinco escenas eróticas para empezar 2015 de manera positiva, al menos, en lo referente a tu mundo sexual.

Las siguientes ideas son invitaciones a disfrutar de tu sexualidad, algunas contigo mismo y otras necesitaras a alguien que te ayude a lograrlas. Tómalas como posibles consejos y customízalas a tu gusto, siempre partiendo de una visión de la sexualidad sana y erotofílica, sin imposiciones ni  exigencias, pues la sexualidad no es una obligación, sino una manera más de disfrutar de nuestros cuerpos, de conectar con uno mismo y con el otro y de pasarlo bien,  una experiencia amorosamente amena. Cada uno disfruta de la cantidad y calidad de sexualidad que cree necesitar.

A continuación te hacemos las siguientes sugerencias para empezar el año erotizado:

    Autoerotismo ante el espejo. ¿No tienes pareja o a alguien que comparta su sexualidad contigo en este momento? No pasa nada, puedes disfrutar de tu autoerótica de múltiples maneras. Te sugerimos la de: “tu reflejo erótico ante el espejo”. Solo tienes que desnudarte delante de un espejo lo suficientemente grande como para contemplar toda tu piel y deleitarte con las formas de tu cuerpo, erecciones, monte de Venus, silueta en la penumbra. Observa como te acaricias, como la piel cambia su textura al pasar tus manos, como se ereccionan ciertas partes del cuerpo, puedes disfrutar hasta acabar rendido/a…

2    Cine para dos. Si tienes pareja, invitaos mutuamente a pasar una velada de cine, pero esta vez subida de tono. Por desgracia el precio de los cines también anda algo subido de tono, por lo que la audiencia en este sector ha descendido, así que  podrás ir al cine y,  dos butacas más abajo, encontrarte únicamente con bola de matorral de los desiertos. Podemos aprovechar esta tesitura para tener cierta intimidad erótica. Con los chaquetones o jerséis estratégicamente colocados, nos deleitaremos con tocamientos y caricias, mientras hacemos como que nos interesa lo que se proyecta en la  pantalla. Te sugerimos, si tienes mucha complicidad con la persona a la que acudas al evento, y posee dotes de un sentido del humor algo absurdo,  la técnica: “Sorpresa en el bol de palomitas”. Ciertos boles de palomitas tienen una abertura en el fondo, la idea es introducir el miembro erecto dentro y esperar a que en un descuido, la mano, en vez de coger palomitas, agarre otra cosa. Solo se recomienda realizar este experimento, si la complicidad con la pareja es muy alta, pues puede causar la ruptura automática de la relación.


Masturbación en pareja. A ciertas personas les excita ver a su pareja masturbándose, quizás no lo digan por vergüenza, miedo al qué dirán o porque desean solo mantenerlo como fantasía mental sin llevarla a la práctica. Con una buena comunicación sexual podremos saber lo que nuestro/a compañero/a piensa al respecto. Este tipo de diálogos manifiestan la complicidad, el afecto y la empatía que la relación contiene. No pierdas la oportunidad de conversar sobre el erotismo que ambos poseéis.  Al dialogar, podréis ponernos de acuerdo en que es lo que os enciende más: masturbación individual con la mirada del otro puesta en los tocamientos, masturbación mutua, masturbación ante una película erótica… Las posibilidades son variadas, va a depender de vuestras preferencias.

      Automasaje. Hoy no ha venido nadie a tu casa y tienes ganas de “marcha” pero no te apetece la misma masturbación de siempre, recréate automasajeándote. Toma un tiempo para ti, tu intimidad, sin prisas, bríndate la oportunidad de quedar contigo mismo y disfrútate. Tumbado/a recorre tu cuerpo lentamente con tu mano, una pluma o una pelota de masaje (incluso puedes tener diferentes herramientas e ir combinándolas como te apetezca), siente cada parte de tu cuerpo y como va cambiando, recréate en las zonas que más placer te produzcan, pero de momento deja los genitales fuera del juego, lo importante es saborear el resto del cuerpo a través de caricias, los genitales pueden hacernos perder el rumbo en un primer momento. El automasaje puede acabar o no en masturbación u orgasmo, pero lo importante es haber disfrutado de las diversas sensaciones que se producen en tu piel.

     Sexo desenfadado en las escaleras de un piso cualquiera. Practicar sexo en lugares no habituales incrementa la sensación de “subidón” erótico, pues muchas veces se produce cierta habituación si siempre realizamos prácticas sexuales en los mismos lugares y la fuerza del deseo sexual puede verse muy castigada. Antes de llegar a casa, si vivimos en un piso, podemos recrearnos con juegos eróticos entre planta y planta. Las escaleras pueden ser una herramienta para practicar posturas que pueden costar más en una superficie plana. Descubre lo que puede dar de sí un edificio a oscuras en medio de la noche.

    Con estas sugerencias eróticas tu inicio de año, ya sea solo o en compañía, puede resultar amenamente diferente y excitante. Tú decides el rumbo de tu sexualidad.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Siete reglas de oro para vivir una sexualidad sana y satisfactoria.

No sabemos cuánto tiempo le dedicamos diariamente, a pensar, sentir, hablar y mantener comportamientos y acciones eróticas al cabo del día, por más famosas que se hayan hecho este tipo de investigaciones, que por la naturaleza de las mismas, dejan bastante que desear en cuanto a lo rigurosamente científicas que puedan llegar a ser. Lo que sí es cierto es que pensemos  mucho, poco o demasiado, lo importante no es la cantidad de tiempo que le dediquemos a la sexualidad sino la calidad de esos momentos.


La sexualidad es una parte inherente de nuestra personalidad, pues la vivimos desde lo más profundo de nuestro ser, formando parte de ella. Desfasadas teorías han expresado que, al ser la personalidad un elemento tan estable, es imposible de modificar, sin embargo, podemos cambiar pensamientos y comportamientos eróticos a través del aprendizaje y la educación, si le ponemos, a este deseo de cambio, una dosis de motivación y entusiasmo. Por lo tanto, podemos mejorar, siempre que nos lo propongamos, nuestra forma de vivir y experimentar la sexualidad, aprendiendo unas pautas o reglas que nos pueden ayudar en dicho cometido.

¿Cuáles son estas pautas básicas que nos ayudarán a vivir una sexualidad sana y satisfactoria? A continuación exponemos las siete reglas básicas para conseguirlo:

  1. Primera regla: Conócete a ti mismo.
La primera regla está basada en el aforismo griego de “conocerse a uno mismo”. El día a día puede ser muy estresante y quizás no hayas tenido tiempo de ponerte a pensar en ti mismo.  Solo tienes que detener, por unos minutos, el tiempo, relajarte, tumbarte y pensar en lo que te gusta, pues si tu no conoces tus preferencias, va a ser muy difícil que los demás puedan conocerlas, ya que, la ciencia infusa solo funciona con los seres humanos muy creyentes y a veces Dios parece estar muy callado, por lo que, quizás, no pueda ayudar a las personas que desean hacerte un poco más feliz. Explora tu mundo interior, investiga tu cuerpo, tus preferencias eróticas, descúbrete y comprobarás que cinco minutos contigo mismo/a pueden ser los minutos más maravillosos de un largo día. Descubrir tus preferencias eróticas y tus prioridades es el primer paso para ayudarte a ti y a la persona con la que deseas compartir tu sexualidad a encontrar el camino del erotismo más satisfactorio. 

  1. Segunda regla: Conoce tu mapa erótico.
El erotismo, al que dejamos fluir a través del cuerpo, se conoce como mapa erótico. Este se compone de las coordenadas erógenas de nuestra piel, todos aquellos puntos sensibles que nos hacen  flotar y elevarnos hacia el hedonismo más sano y placentero. Indaga sobre tu propio cuerpo y deja que el otro explore tus puntos sensibles, que conquiste todas las colinas de tu piel y elimine las fronteras del miedo hacia el goce personal. Déjate conquistar, pues, en esta usurpación consentida de tu cuerpo, sois ambos los que os enriquecéis. El conocimiento de nuestra piel nos hace más libres, más sanos y felices. Te damos una pista de donde se hayan estos puntos, pero tenla solo como un soporte orientativo, pues lo ideal es averiguarlo con la persona elegida, ya que cada mapa erótico corresponde a un mundo único e idiosincrásico: orejas, hombros, zona axilar, senos femeninos y pezones masculinos, cintura, articulación del codo, monte de Venus, clítoris, labios mayores y menores, manos, boca, nuca, cuello,  pene, escroto, perineo y muslos.

  1. Tercera regla: Cultivar la erotofilia.
Entendemos por erotofilia[1] a la actitud positiva que mantenemos hacia todo lo erótico y sexual, no teniendo sentimientos de culpa, ni rechazando dichos comportamientos, por lo que, una persona erotofílica puede mantener conversaciones sobre sexualidad sin sentirse avergonzado o ridículo por ello. En el otro extremo hayamos a la erotofobia: actitud negativa hacia lo sexual y erótico, la persona erotofóbica se niega a hablar de estas cuestiones y mantiene sentimientos de culpabilidad ante ello. Estas personas no disfrutan plenamente de su sexualidad pues el sentimiento de culpa, la negación de  conocerse a sí mismos o de dejarse conocer es tan grande que viven con mucha ansiedad su erotismo, apareciendo disfunciones sexuales como: vaginismo, dispareunia, disfunción eréctil, etc. Todos nos movemos en un baremo graduado entre ambos extremos, cuanto más tendamos hacia la erotofilia mayor probabilidad obtendremos de poseer una vida sexual satisfactoria y saludable. Una actitud erotofílica se consigue, en gran medida, abriéndose camino hacia  las dos primeras reglas mencionadas: conociéndonos más a nosotros mismos y explorando nuestro mapa erótico.

  1. Cuarta regla: Cultiva tu autoestima sexual.
La autoestima sexual[2] es la valoración positiva o negativa, de aceptación o rechazo de nuestro cuerpo, desempeño e intimidad sexual. Está basada en experiencias previas, creencias, valores y aprendizajes vividos al respecto, por el cual nos sentimos bien o mal cuando pensamos en nosotros como referente erótico. Como todo tipo de autoestima que se precie, ha de cultivarse para mantenerla equilibrada y así poder vivir en paz con nuestro cuerpo y deseo sexual. Debemos buscar experiencias placenteras para reforzarla. Si nos sentimos a gusto con nuestro cuerpo, no nos provocará ningún miedo o ansiedad mostrarlo y explorarlo o dejar que lo exploren para encontrar nuestro mapa erótico. Si nos sentimos bien con nuestro desempeño sexual, no mantendremos conductas ansiógenas a la hora de aproximarnos a una relación erótica, pues nos veremos cualificados para llevarla a cabo satisfactoriamente. La autoestima sexual es clave para vivir relajados ante la sexualidad y el erotismo.


  1. Quinta regla: practica el egoísmo funcional.
Esta será la primera vez que la palabra egoísmo no vaya cargada de connotaciones negativas. Hablamos de egoísmo funcional cuando, al mantener una relación erótica, nos centramos en el placer que nos produce internamente, dejándonos abandonar por él. Nos centramos en nosotros mismos, con lo que nuestra excitación se eleva, promoviendo, a su vez, que la excitación y el deseo de la otra persona aumente, al vernos en este estado efervescente. Esta regla está enfocada sobre todo a las personas, que, al centrarse tanto en el placer de su pareja, pierden el rumbo de su propia erótica olvidando su propio estado y promoviendo, incluso, que la relación sexual se convierta en un acto mecánico, en el que se desea que el otro llegue al orgasmo cuanto antes. La finalidad de esta actitud errónea es la de sentirse gratificado por el buen desempeño al provocar el orgasmo en el otro, dejando a un lado las propias sensaciones y disfrute. A medio o largo plazo mantener esta actitud de entrega completa al otro, para no sentirse mal valorado, puede acarrear problemas en el deseo y la función sexual. No está de más dejarse abandonar por las sensaciones que el otro/a nos brinda, pues con ellas alcanzaremos puntos de excitabilidad tan enaltecidos que conseguiremos elevar la temperatura de la persona con la que estamos jugando. El autodisfrute no ha de ser censurable.

  1. Sexta regla: Comunícate con asertividad.
La comunicación productiva y positiva es la regla primordial para conocer al otro y darnos a conocer. Cada cuerpo es un mundo, cada mente un misterio, por lo que creer que el otro, por el hecho de ser nuestra pareja, ha de saber todo lo qué  nos gusta y cómo nos gusta, es uno de los mayores errores que podemos cometer y que mayor frustración va a provocar en ambos. Como ya hemos explorado la primera y segunda regla, estamos en disposición de mostrar al otro qué nos hace felices sexualmente, siendo capaces también de mantener una escucha activa sobre lo que al otro le interesa y le place. Las reglas fundamentales para la comunicación positiva de nuestros anhelos eróticos pasan por: mantener una actitud empática, no burlarnos de los deseos del otro, crear un clima de confianza para que nuestra pareja pueda soltarse, perder el miedo a exponer sus preferencias y ser flexibles y razonables.

  1. Séptima regla: Protege tus derechos sexuales.
 Somos dueños y responsables de nuestra sexualidad, hemos de saber que tenemos unos derechos que nos protegen y amparan. Estos derechos sexuales son derechos universales basados en la igualdad, dignidad y libertad. La declaración se redactó en Valencia con el nombre de: “Declaración Universal de los Derechos Sexuales o Declaración de València (XIII Congreso Mundial de Sexología, 1997; València (España)[3]”. Estos son los siguientes:

1. El Derecho a la Libertad Sexual.
2. El Derecho a la Autonomía Sexual, Integridad Sexual y Seguridad del Cuerpo Sexual.
3. El Derecho a la Privacidad Sexual.
4. El Derecho a la Equidad Sexual.
5. El Derecho al Placer Sexual.
6. El Derecho a la Expresión Sexual Emocional.
7. El Derecho a la Libre Asociación Sexual.
8. El Derecho a Hacer Opciones Reproductivas, Libres y Responsables.
9. El Derecho a Información Basada en el Conocimiento Científico.
10. El Derecho a la Educación Sexual Comprensiva.
11. El Derecho al Cuidado de la Salud Sexual.

Cada uno de  nosotros es responsable de su propia satisfacción y felicidad erótica, no dependemos de nadie para ser autodidactas en nuestro descubrimiento sexual. Jugar individual o colectivamente son dos maneras de disfrutar del placer de nuestros cuerpos igual de válidas y saludables. Cada uno pone el acento en la cantidad y calidad de la erótica que desea en su vida, pues hemos de ser los dueños de nuestra propia felicidad.


[2] Para saber más sobre autoestima sexual acudir a: http://jalomanda.blogspot.com.es/2014/09/que-es-la-autoestima-sexual.html
[3] Para saber más sobre los Derechos Sexuales acudir a: http://www.fess.org.es/derechos-sexuales.php

DELIRIOS Y LOCURA

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Delirios y otros problemas

Bienllegados a la pagina donde todos vuestros delirios serán recompensados con miradas de incomprensión y rechazo amable.
Nos movemos incesantemente por sendas incautas, ataques de locura anonimos y vulgaridades encendidas por el alcohol de cualquier cantina.
No vengo a vender nada de valor ni a regalar una sonrisa verdadera, vengo para quedarme sentado mientras tu disfrutas de la ignorancia de los demás.
Vengo para quedarme sentado entre tus historias de a media tarde, para escucharlas, leerlas y enmudecer al ver que todos somos tan parecidos, tan complejamente simples.....
Me siento y te escucho. Sientate y escuchate. Sentemonos a escucharnos.Escuchame si puedes.