jueves, 26 de mayo de 2016

Relaciones de pareja del siglo XXI: la monogamia serial o sucesiva. Pros y contras.

Las relaciones de pareja, tal y como las concebimos en la actualidad, son un hecho muy reciente. Apenas hemos comenzado a entenderlas y muchos son los tropiezos, sinsabores y contriciones en los que nos vemos abocados a vivir, pues aun no comprendemos como manejarnos con el otro, desde el nosotros.

La concepción de relación de pareja del siglo XXI, basa su premisa esencial, en dos conceptos: el sentimiento de amor hacia el otro y la libre elección. No concebimos mantener una relación interpersonal que se asiente en la coacción. Nadie nos impone con quien debemos relacionarnos, ni mucho menos anidarnos eróticamente. Hoy, sin amor y sin libre elección, no hay vínculo aceptable.


El comienzo de este cambio, en lo referente a las relaciones de pareja, surgió en la época del renacimiento (XV-XVI). Este movimiento cultural apostaba por la búsqueda y defensa de la felicidad individual. Entre esta felicidad, se encontraba, la libre elección de pareja, animándonos a encontrar, aquella que nos hiciera más feliz, desde la atracción erótica y no desde la elección impuesta por el clan familiar.

Con la llegada del capitalismo moderno, se entiende el matrimonio por amor como un derecho humano de mutua libre elección, basado pues, en el sentimiento amoroso. Así es como hoy entendemos las relaciones de pareja.

A estos cambios históricos hemos de añadirle tres hitos, que repercuten en la independencia y empoderamiento femenino: la búsqueda de la igualdad entre hombres y mujeres,  la aparición de la píldora anticonceptiva y el asentamiento del divorcio como mecanismo para la disolución del matrimonio.

Con el auge del feminismo (finales del siglo XIX) hombres y mujeres empiezan a considerarse iguales. Seres humanos bajo las mismas condiciones y estatus. En lo que respecta a las relaciones de pareja, si estas están basadas en el amor mutuo y la libre elección, han de tener una premisa obligada: ninguno de los dos miembros debe ser superior al otro, puesto que el amor ha de basarse en la simetría. Si uno de los miembros de la pareja se cree superior, la relación como tal deja de ser simétrica, convirtiéndose en tóxica. Desde la nueva perspectiva tanto renacentista como feminista, una relación no puede basarse en la asimetría de poder adquirida unilateralmente por uno de sus miembros.

La píldora anticonceptiva (1960), ha sido el otro gran hito para el empoderamiento femenino. La década de los 60, fue un tiempo histórico para la concepción moderna de las relaciones de pareja, pues gracias a la píldora, las mujeres eligen cuándo y cómo mantener relaciones eróticas, basadas en funciones diferentes a la mera reproducción. La sexualidad se libera del reduccionismo reproductivo y se abre el camino al placer. El nuevo concepto de relación de pareja basado en la atracción, libertad y consentimiento mutuo, comienza su andadura hasta nuestros días.

El divorcio (1981 en España) propició entender las relaciones desde la disolubilidad del matrimonio. Ya no estamos obligados a permanecer unidos hasta el día de nuestra muerte, pudiendo elegir la separación y/o el divorcio respectivamente. 

Hoy nos encontramos con este tipo de relaciones. Nuevas, esperanzadoras, y más que presumiblemente necesarias, con respecto a la arcaica historia de la humanidad, pero también por ello, en ocasiones, tambaleantes y difusas, pues no son pocos los nuevos conflictos y sinsabores que se originan desde la perspectiva del amor romántico.

Aun así, hemos logrado alcanzar la libertad de elección, la posibilidad de separarnos de las personas que no nos hacen bien, de mantener relaciones eróticas basadas en algo más allá de la reproducción, de la simetría de poder en las relaciones de pareja. Una gran revolución, que debe seguir manteniéndose, por la que merece la pena luchar. Por este motivo, debemos tener en cuenta un tipo de relación que acontece en la actualidad, provisto de  pros y contras, las cuales pasaremos a desgranar: las relaciones basadas en la monogamia serial o sucesiva.


Con la suma de todos estos momentos históricos e hitos, nace un tipo de relación de pareja (entre otros, que no son objeto de este artículo) que se asienta en la mutua fidelidad, mientras dure el sentimiento de pasión y las ganas de intimidad. Mientras persista el enamoramiento. La idea central de la monogamia serial podría describirse como: “Estoy contigo mientras sienta esa chispa, cuando esta se difumine, dejo la relación y cambio de pareja”. Por lo que podemos definir monogamia serial como aquella relación que se basa en la pasión y la intimidad inicial (amor romántico para los autores anglosajones) y una vez acabada o mermada esta pasión, el miembro de la pareja decide abandonar y buscar otra nueva relación.

La fase pasional, es en la que se basan estas nuevas parejas, cuando el enamoramiento decrece, decrece con él, el interés en mantener la relación. Es la búsqueda del placer pasional sobre la gratificación a largo plazo, del sentimiento de unión y compromiso con el otro.

Como Martin Seligman (2011) en su libro “La autentica felicidad”, diferencia entre placer y gratificación, así mismo podemos hacer nosotros en lo relativo a las relaciones de pareja. Para este autor, el placer es algo fácil de adquirir, no cuesta trabajo, produce un efecto agradable inmediato y es breve en el tiempo. Por el contrario, las gratificaciones, a corta distancia no producen un efecto agradable, son más costosas, requieren tiempo, esfuerzo y necesitan de atención constante. A largo plazo, vivir tan solo del placer produce un vacío existencial, pues no avanzamos, no maduramos, no adquirimos experiencias nuevas valiosas. Sin embargo con las gratificaciones, acabamos sintiéndonos bien con nosotros mismos, adquirimos nuevas competencias, sentimos que crecemos. Hemos evolucionado. Un placer es deleitarse con una onza de chocolate, algo efímero que se saborea por los sentidos, una gratificación es aprobar unos estudios, después del esfuerzo que estos conllevan. Quedarnos viendo la televisión, es un placer, salir a hacer deporte, una gratificación.

En cuanto a las relaciones de pareja, un placer es obtener un orgasmo, o vivir los inicios apasionantes, pues estos conllevan poco sacrificio. Una gratificación, es luchar por una relación que merece la pena, a pesar de las sucesivas crisis que se irán atravesando (luchar siempre y cuando no estemos metidos en una relación toxica o asimétrica).

Las personas que se nutren de esta monogamia serial, viven el presente, del placer que les producen esos inicios fulgurantes cargados de pasión e intimidad, pero cuando esta se agota, termina con ellos el “falso compromiso” que parecían estar adquiriendo junto al otro. Viven por y para las experiencias placenteras iníciales, desilusionándose cuando la idealización comienza a declinar.  Y aunque cada uno es libre de elegir el tipo de vida que desea llevar, parece que ciertas personas, acaban acudiendo a terapia, pues este camino, les acaba conduciendo a un vacío existencial, cegados en el placer, y yermos en gratificaciones.

Por otra parte, la monogamia serial tiene algún pro matizable. Este es: la idea de permanecer con una sola pareja, sin cometer infidelidades explicitas, mientras se mantiene el vínculo. Podemos entender esta, como más ética, que las relaciones que se basan en una aparente fidelidad perenne e inmortal, pero que en realidad, andan preñadas de engaños, subterfugios e hipocresía, y más si cabe, si estas infidelidades se llevan a cabo unilateralmente, y una parte de la pareja, yace en el engaño y la falsa creencia de vivir en una relación mutuamente comprometida y fiel. La monogamia serial, al menos, promete fidelidad mientras permanezca la chispa. Es menos hipócrita.

Sin embargo, para evitar, este futuro sentimiento de vacío existencial, presumiblemente venidero, y para no ir dejando continuos cadáveres humeantes de odio y desamor a ambos lados de nuestra carrera amorosa, proponemos, el interesante concepto que Antoni Bolinches (2001), describe en su libro “Sexo sabio. Cómo mantener el interés sexual en la pareja estable”. Para este autor, la clave sería abandonar la monogamia serial y abrazar la denominada “monogamia selectiva”. Bolinches la define como el tipo de monogamia que “intenta seleccionar mejor la idoneidad de sus componentes y está dispuesta a trabajar para acoplarse (…) antes de caer en el recurso fácil de separarse (…) se plantee primero mejorar la dinámica interna de la pareja”.


Esta monogamia selectiva se consigue en primer lugar, a través del autoconocimiento y la aceptación de uno mismo. Si uno alcanza a comprender el valor de su propio conocimiento, acepta sus virtudes y reconoce sus defectos, sabe vivir en soledad, no necesita al otro para llenar su vida, sino que esta, ya permanece completa, es en ese instante cuando uno puede seleccionar con mayor idoneidad con qué tipo de pareja puede acoplarse afectiva y sexualmente de manera positiva y no toxica.

 La monogamia selectiva implica la madurez y responsabilidad de escoger a una pareja, no por la mera atracción sexual inicial, sino que va más allá de este aspecto fugaz. Uno es responsable de la pareja que escoge, de su propia capacidad de amar, de comprometerse y de esforzarse por ir solventando los problemas por los que toda relación atraviesa, sabiendo que el enamoramiento es solo una fase placentera del proceso hacia la gratificación posterior, de lograr una unión con el otro, basada en el esfuerzo mutuo, la comunicación fluida y las ganas de innovación moderada.

Hay muchas maneras de relacionarse, de vivir en pareja, de entender el amor. En este artículo, solo deseamos esbozar una dicótoma, entre dos tipos de monogamia, para aquellas personas que desean vivir en ella. Sin animo de menospreciar otras formas de convivencia.  Somos libres de ir buscando el camino que nos reporte la mayor gratificación. Lo importante es, que en el transcurso de este camino, uno no vaya dejando pedazos de sí mismo, avocándose al vacio interno. Vacio que podemos evitar, conociéndonos mejor a nosotros mismos, pues esta es la clave del amor saludable.

domingo, 27 de diciembre de 2015

La competencia sexual masculina: la promesa continuamente incumplida.

El hombre que solo goza de su miembro viril en el acto sexual, está destinado al continuo fracaso de una esperanza que nunca llega: el débil clímax de su orgasmo. El orgasmo basado en el pene, es una suerte inconclusa que le deja desesperanzado, abandonado y semifrustrado.


Antoni Bolinches en su ponencia “la competencia sexual como fuente de autoafirmación” efectuada en Málaga (2015), en las IV JORNADAS DEACTUALIZACION EN SEXOLOGÍA, exponía que la competencia sexual es la capacidad de disfrutar y de dar disfrute al otro/a, siendo está capacidad la que más tarda en desarrollarse en el ser humano pues necesitamos experiencia, una cantidad suficiente de encuentros eróticos con un balance positivo para que esta nos reporte una autoafirmación equilibrada. Pero ¿qué ocurre si el hombre basa su competencia sexual tan solo en la virilidad de su miembro fálico?

El mismo autor, expone que para que se produzca satisfacción sexual debe haber un equilibrio entre la inversión energética y el disfrute alcanzado. Es decir, si los movimientos sexuales, con el gasto energético que conllevan, comienzan a superar la sensación de disfrute, la excitación sexual empieza a declinar, pues el esfuerzo es superior al goce. Cuando el acto se vuelve mecánico pierde su potencial erótico y se convierte en mero ejercicio físico, basado en la musculatura eréctil del pene, reforzado todo este proceso por la creencia errónea (mito sexual) de que el hombre es más macho cuanto más dura la relación sexual, cueste esta lo que cueste y a expensas del propio placer erótico. Entonces, la mecánica supera a la imaginación y la promesa de la explosión orgásmica se difumina, se pierde dentro del mismo funcionamiento; el “fin último” llega desposeído de energía erótica; es un balón desinflado que no da más juego del que prometía. Cuando la meta no es el orgasmo sino el goce del roce del cuerpo bañado en la imaginación de dos seres que juegan, la mecánica se desvanece, el pene pierde su papel protagonista y puede surgir el estallido anhelado.


Como afirma José Antonio Marina en su libro El rompecabezas de la sexualidad”:

“La relación sexual para el hombre es la historia siempre dramática de un ser que quiere gozar del cuerpo de una mujer y acaba invariablemente por gozar de sus propios órganos. Y lo menos que puede decirse del placer masculino es que es breve y débil. La eyaculación es una promesa incapaz de ser mantenida; el hombre tiene la impresión de que alzará el vuelo y estallará, pero se desploma, se derrumba, se ahoga (…) En relación a lo que esperaba, no es eso, la crisis más intensa y al mismo tiempo más insignificante, fácil de obtener, rápida de satisfacer, pobre en sensaciones”.

 El hombre busca sexualidad, pero corre el riesgo de encontrar desilusión. Ha de cambiar el mapa de sus prioridades y empezar a dar sentido a todo su cuerpo. No es una máquina de provocar goce, no es un esclavo de la erección, es un ser con miles de milímetros de piel por recorrer y recorrerse.

Cuando solo tiene en cuenta una parte de su cuerpo, el orgasmo es menos orgasmo y la fantasía una falacia. Mira con encanto y a la vez con sorpresa y estupor la fuerza orgásmica de su compañera, la duración efímera y a veces banal de su propio clímax, le hace envidiar el estallido fulminante de ella, que en comparación, parece eterno y continuo. El suyo no es más que un leve espasmo débil. La diferencia es abismal si solo tiene en cuenta un órgano con capacidad eréctil y olvida el conjunto de piel que le envuelve. Cuando sea capaz de pasar de la mecánica a la erótica, dejará de envidiar lo que aun no es capaz de conquistar: su propia sexualidad. 

jueves, 5 de noviembre de 2015

Sistema de cuidados en la pareja. Una vinculación necesaria para las relaciones amorosas.

Cuidar y ser cuidados, es una necesidad convertida en costumbre para el ser humano, desde que nacemos. Los neonatos son seres completamente indefensos que necesitan de un sistema de vinculación sustentado, evolutiva, fisiológica, cultural y socialmente, con el objetivo de promover el cuidado, afecto y atención necesarios para que los recién nacidos tengan cubiertas sus necesidades vitales y afectivas.


Esta vinculación nace desde la asimetría, damos todo al recién nacido sin esperar nada a cambio, bueno, hay que apostillar que, la sonrisa del bebé que mira a la madre/padre, le obnubila y llena de júbilo, siendo un gran reforzador del vinculo. Nacemos con la necesidad de vincularnos, pero ¿llegamos a perder esta necesidad en algún momento de nuestra existencia?

Somos seres sociales, tan sociales, que si estuviéramos solos en el mundo, a nuestro cerebro le resultaría muy difícil seguir configurado en el modo cordura. Las personas con necesidades afectivas, que tienen poco contacto con otras personas, desarrollan la costumbre de hablar en voz alta para sí mismas, posiblemente para seguir estimulando el cerebro, pues necesitamos continuos estímulos para no caer en la enajenación. Somos sociales por placer y por pura necesidad.

Dejada atrás la niñez, parece que uno de los grandes esfuerzos mentales de los recién llegados a la pubertad, es buscar pareja. Encontrar un vínculo especial, que les ayude a expresar sus emociones, sentimientos, a reafirmar su autoestima. Un lazo exclusivo que les introduzca en el mundo del amor y del cuidado del otro. Parece que seguimos necesitando una vinculación concreta con otro ser humano. Y para que esta vinculación tenga consistencia ha de apoyarse en lo que conocemos como sistema de cuidados de la pareja.


Entendemos por sistema de cuidados de la pareja al conjunto de comportamientos que promueven el cuidado, protección y demostraciones de afecto para que nuestra pareja sienta bienestar a nuestro lado. Ambos miembros de una pareja  están atentos, cuidan y manifiestan sus sentimientos, de tal modo que se produce un mutuo bienestar, procurando que la relación sea equitativa y justa, evitando la explotación del otro, la violencia y cualquier tipo de agresión. Por desgracia, como bien sabemos, no en todas las relaciones de pareja aparece este sistema de cuidados (violencia de género, maltrato psicológico y físico, indiferencia ante los problemas del otro, odio…) siendo una ausencia grave en las relaciones tóxicas asimétricas.

Cada pareja establece el grado de simetría afectiva que desea, puede que un miembro de la pareja desee dar mucho pero se contenta con recibir poco o que ambos deseen dar mucho y recibir mucho, etc. Estos vínculos son respetables siempre que cada miembro sienta que no se están violando sus derechos humanos y sexuales, pues en el caso de sentirse agraviado, violado o en inferioridad, automáticamente, deben de reajustar su manera de comunicarse para alcanzar de nuevo la equidad deseada (equidad que puede ser real o percibida subjetivamente). Preferimos, en este caso, hablar de equidad y no de igualdad, pues esta refleja lo que cada parte de la pareja necesita del otro, siendo en algunos casos, necesidades no igualitarias.

Parece claro pues, que seguimos queriendo vincularnos a otro ser humano durante toda la vida. Sin embargo, otros autores, se resisten a este hecho. Parten de la hipótesis de que el apego o la necesidad de vinculación, es una necesidad que nace desde el egoísmo, provocando que veamos al otro, no como un ser humano libre, sino como un objeto a amar, una posesión. Argumentan que para amar de verdad debemos separarnos y superar la necesidad de vinculación queriendo al otro desde la más pura e inmensa libertad. No hay un vínculo de apego que les une, están con el otro, por encima y a pesar de la necesidad humana de apego. Para amar, hay que despojarse de la necesidad de poseer al otro. Sin un vínculo de apego se consigue un amor más puro y real. Es un enlace más espiritual que material “yo soy libre, tu eres libre”. Desde esta visión, el apego viene diseñado como un sistema egoísta de vinculación, que se nutre de la necesidad de necesitar al otro para sobrevivir, para ser feliz, perdiendo la autonomía y la capacidad de ser independiente tanto afectiva como físicamente. Nos invitan a que aprendamos a desapegarnos, a perder los vínculos con las cosas materiales que nos atrapan, pues en este caso, utilizamos al otro como un bien material más y no como un ser humano libre e independiente. Un pensamiento o  corriente, posiblemente, más utópica que real.

Quizás lo más sensato es estar en un punto medio, lo que podríamos llamar como interdependencia afectiva. En la cual existe el sistema de cuidados de la pareja, pero no se pierden en él. Cada miembro mantiene otras actividades y afectos que cubren sus necesidades, separados de la pareja. La pareja no lo es todo, mantenemos vínculos afectivos con amigos, familiares, vecinos, que también refuerzan nuestras ganas de comunicarnos y vincularnos. Tenemos hobbies, trabajos, otros quehaceres que podemos llevar a cabo sin la necesidad constante de ir en pareja. Conseguimos una balanza entre nuestra independencia y la necesidad de vinculación especial o concreta con otro ser humano. Damos amor, recibimos amor, dejamos espacio, nos otorgamos espacio. Convivimos con el otro sin perdernos a nosotros mismos y sin que el otro se pierda en nosotros. 

viernes, 9 de octubre de 2015

La lucha interna del sexólogo: entre lo científico, lo divertido y lo chabacano.

A todos nos interesan los temas que tratan de sexo, pero puede que no de la misma manera. Nuestros muros de facebook, la televisión, las revistas, los periódicos, los programas de radio, todos los medios de comunicación suelen dejar un buen espacio para la temática sexual, ya sea contratando profesionales sexólogos, humoristas o tertulianos, a través de charlas animosas, que en la mayoría del tiempo, están basadas en posturas y creencias pseudocientíficas. La sexualidad, el sexo, está en boca de todos, todos opinamos, pero por desgracia no todos sabemos, pues en la mayoría de los casos la lógica es enemiga de la ciencia.

Félix López. 
El sexólogo o, mejor dicho, el especialista en sexología, pues aun no existe un cuerpo específico como para poder denominarnos como tales, es un ser que trata la sexualidad de una manera amplia y holística. Se rige por patrones basados en el método científico, aprende lo que otros investigaron desde antaño (Masters y Johnson, Kinsey, Kaplan) hasta nuestros días (Félix López, Francisco Cabello…) e interioriza una manera de entender la sexualidad desde un modelo integrador y ecléctico. Pero hoy, este sujeto, hijo de la ciencia, abre un debate consigo mismo, remueve sus fueros internos, tratando de delimitar donde están los límites entre lo científico, lo divertido y lo chabacano.

Parece que en el transcurso de los años, los sexólogos aprendemos que es lo que vende, y esto puede quedar algo apartado del modelo integrador-científico, acercándose a posturas más radicales de corte revolucionario, lo que entendemos en nuestra jerga como sexología revolucionaria. El objetivo de esta es, que todos los seres humanos se conviertan en máquinas del sexo, en tener mejores orgasmos, en cómo hacer mejores felaciones/cunnilingus. La idea central podría describirse usando pocas palabras, como: “el que no se masturba es tonto”. Ahí fuera, todo se llena de cursos, talleres, charlas, artículos de revistas, blogs,  impregnados de esta postura revolucionaria, que antes o después llegará a  saturar al lector, al realizador de cursos y al público en general.

La barrera entre lo científico y la chabacanería se difumina. Podemos hacer talleres utilizando el sentido del humor, pobre de aquel educador, profesor, docente que no use el sentido del humor en sus clases y más pobres, los alumnos, público, discentes, que entre bostezos, mostraran el interrogante de cómo un tema tan interesante, este profesor/educador, lo puede convertir en un suplicio inaguantable. La ciencia ha de convertirse en el mejor amigo del sentido del humor, juntas pueden llegar más lejos, a más oídos, a más ojos y en definitiva a más cerebros. Son un complemento, tan necesario, como para el invierno un abrigo acogedor. Pero la barrera empieza a difuminarse cuando para atraer al público, utilizamos ganchos que rompen la estética científica, cuando rebajamos o reducimos una ciencia, tan maravillosa como es el estudio de la sexualidad, a la pura anécdota, cuando lo que prima es atraer al público antes que dar un mensaje útil, riguroso y positivo.

Es presumiblemente cierto, que cuando hacemos unas jornadas crudamente formales, con temáticas sexuales ensambladas en palabrería científica, ahuyentamos al público en general. Lo ideal es poder atraer tanto a expertos refinados como a personas de la calle que desean aprender algo riguroso pero agradable, sobre sexualidad. Este equilibrio, puede parecer sencillo de alcanzar, pero se torna una tarea ardua.

Nos debatimos continuamente entre, elegir un título con gancho, aunque luego la temática real no vaya de eso, es decir, vamos a engañar un poco al público, haciendo honor a Maquiavelo, les engañamos un poco, pero es por su bien, así vendrán y aprenderán verdades como puños. O poner un título, sin salsa pero real y científico, el cual, solo leerlo puede causar astenia primaveral.

Lo importante, sería intentar solidificar la labor y el rol del sexólogo, no nos convirtamos en chistes andantes. Nadie puede tomar una profesión en serio, si los profesionales son motivo de mofa. Crear talleres, charlas, jornadas titiriteras promueve que el colectivo posea una imagen mental de nosotros, burlona y chabacana. No enraicemos esta creencia, no provoquemos más profecías autocumplidas. Tomémonos en serio nuestra maravillosa labor, con humor, pero desde el rigor y la búsqueda de la verdad como bandera primigenia. 

sábado, 5 de septiembre de 2015

La importancia de la inteligencia emocional en las relaciones de pareja.

Si las emociones juegan un papel primordial en la vida cotidiana, moldeando nuestras respuestas ante las situaciones que nos acontecen, en las relaciones de pareja, las emociones son el anclaje que da sentido a nuestra elección de empezar, continuar o poner fin a tal idilio romántico. Son el núcleo, el alma mater que nutre y sustenta nuestro comportamiento amoroso.

Por ello, la inteligencia emocional, se convierte en una herramienta indispensable para toda relación de pareja que no quiera caer en la toxicidad, la incomprensión y la impulsividad. Pero ¿qué entendemos por inteligencia emocional?

Son varias las teorías más influyentes y contrastadas sobre inteligencia emocional. Sin ánimo de ser exhaustivo, vamos a exponer dos de las más  acreditadas por el mundo científico:

·         Mayer y Salovey entiende la inteligencia emocional como: “la capacidad para percibir, valorar y expresar las emociones con exactitud; la capacidad para acceder a, o generar sentimientos que faciliten el pensamiento; la capacidad para comprender las emociones y el conocimiento emocional; y la capacidad para regular las emociones promoviendo el crecimiento emocional e intelectual”
·         Para Bar-on, la inteligencia emocional se divide en cinco grandes áreas: Inteligencia intrapersonal: asertividad, autoestima, independencia; inteligencia interpersonal: empatía, relaciones interpersonales; adaptabilidad: solución de problemas, flexibilidad; gestión de estrés: tolerancia al estrés y gestión de impulsos; estado de ánimo general: optimismo y felicidad.

Podemos decir que una persona posee inteligencia emocional cuando sabe gestionar una serie de competencias emocionales:

1.       Conciencia emocional: la persona conoce sus emociones, piensa en ellas, se pregunta por ellas, posee capacidad de introspección y reconoce las emociones en los demás, observa adecuadamente las emociones en la pareja. Un miembro de una relación de pareja que posee conciencia emocional, es aquel que cuando siente una emoción, es capaz de identificarla y darle el valor apropiado. Y no solo autoidentifica sus emociones, sino que es capaz de estar atento a las emociones de su pareja, puede identificar como se siente la otra persona y en consecuencia, puede actuar acorde a esta emoción.

2.       Regulación emocional: su respuesta es apropiada al contexto. Es la conducta opuesta a la impulsividad. Son personas con una alta tolerancia a la frustración, no se dejan arrastra por las emociones, las controlan, pero no las reprimen. Un miembro de una pareja que posee regulación emocional, ante un conflicto o discusión, no se deja arrastra por las emociones negativas, controla su ira y no responde impulsivamente. Sabemos que cuando nos dejamos llevar por una emoción negativa podemos caer en el error de responder con un ataque impulsivo, poco meditado, haciendo un daño en el otro, que en realidad no deseamos. Cuando baja nuestro nivel de enfado, nos damos cuenta de lo inoportuno de nuestra frase y es el momento, si no somos muy orgullosos, de pedir un perdón necesario.  

3.       Autonomía emocional: capacidad de no dejarse arrastrar por los estímulos del entorno. Mantiene un equilibrio entre la dependencia emocional y la desconexión con el otro. No se deja arrastrar por sus emociones y sentimientos, dentro de la relación de pareja, por lo que no cae en una dependencia afectiva sobre el otro, pero tampoco se convierte en un tempano de hielo, que nada le resquebraja, perdiendo la capacidad de empatía. Alcanza un equilibrio, una interdependencia emocional, necesaria para evitar las relaciones toxicas, basadas en la dependencia o las relaciones inconexas, movidas por la despreocupación absoluta y la desvinculación emocional.

4.       Competencias o habilidades sociales: el miembro de la pareja posee la capacidad de escucha activa, no interrumpe, conoce los pasos de un buen diálogo, los silencios necesarios. Tiene la capacidad de empatizar con el otro, de entenderle y hacer ver que comprende las emociones de la pareja. Se muestra asertivo, no siendo ni pasivo ni agresivo en sus conductas y acciones.

5.       Habilidades para la vida y el bienestar: búsqueda del bienestar personal y social. Reclama para sí y para su pareja la exploración  de emociones positivas, las ganas de encontrar un equilibrio y una felicidad que garantice la armonía tanto para sí mismo como para su relación. Comprende la necesidad de las emociones negativas y su expresión, aunque desea conectarse con sus emociones positivas de manera regular[1].

Estas competencias, no aparecen en nosotros por arte de magia, han de ser cultivadas y enseñadas. La escuela es el lugar perfecto para que nuestros pequeños vayan conociendo sus emociones, sabiendo regularlas, adquiriendo habilidades sociales para tratar con los demás y alcanzando un placer por la búsqueda de su propio bienestar. La educación emocional es una necesidad básica que debe ser cubierta por nuestro sistema escolar ¿cómo sería nuestra vida de pareja si desde pequeños nos hubieran educado tanto en matemáticas como en competencias emocionales? ¿Cuántas situaciones de abuso, maltrato, incomprensión, sufrimiento, desentendimiento, nos hubiéramos ahorrado? No es tarde para, tengamos la edad que tengamos, empezar a cultivar nuestra inteligencia emocional, pero si desde la escuela comenzamos a trabajarlo, estaremos haciendo un bien superlativo a las futuras generaciones, a los futuros gobernantes del timón de nuestro planeta.



[1] Para profundizar en este tema acudir a: Bisquerra, R. Pérez, J.C. García, E. (2015). Inteligencia emocional en educación. Madrid: Síntesis.

domingo, 5 de julio de 2015

Las parejas Dinks: otro modelo de pareja.

Vivimos en la era del cambio continuo, de la reivindicación de la libertad por encima de las obligaciones impuestas de cómo tiene que ser el mundo en general, y  de cómo tiene que ser nuestro mundo en particular.

Hoy, hay parejas que desean romper con el estereotipo de relación tradicional, donde impera que uno de los miembros (suele ser el hombre) trabaje y el otro desee tener hijos, deteniendo su actividad laboral en pro del cuidado y la educación del neonato. Otras parejas deciden, que ningún miembro de la relación tiene porque interrumpir su proyecto de vida laboral, tras el nacimiento de un hijo, intentando, ambos, reconciliar lo mejor que pueden la vida laboral y con la del hogar.

Desde hace unas décadas, ha aparecido, otra forma de entender las relaciones, las denominadas parejas Dinks. Es un acrónimo anglosajón que significa: Double Income No Kids, y viene a decir: Doble sueldo sin hijos. Son parejas que deciden no tener hijos, siendo su prioridad seguir creciendo académica y profesionalmente, utilizando su tiempo de ocio en viajar y mantener un estilo de vida económico medio-alto. Ambos trabajan, viven para esto y desean seguir creciendo psicológica y económicamente sin la necesidad de descendencia. Ninguno de los miembros de la pareja se siente realizado con la maternidad/paternidad.

Esta forma de entender las relaciones, ha recibido la férrea crítica de la Iglesia y del pensamiento judeo-cristiano, basando su argumento en que este tipo de comportamientos son hedonistas, egoístas y desatiende a una de las leyes naturales del ser humano, su capacidad y obligación de dar al mundo una nueva vida, que refuerce el amor entre la pareja.

Por su lado, la filosofía de las parejas Dinks, se encamina hacia la creencia de que lo realmente egoísta es tener hijos, puesto que parten de la premisa de la superpoblación y la mala repartición de recursos. Para estas personas, traer un nuevo niño al mundo, es una forma egoísta de sentirse realizado.

Las características básicas de una pareja Dinks, son las siguientes:

  • Parejas jóvenes de edades comprendidas entre los 25-35 años.
  • Huyen de los estereotipos clásicos sobre las relaciones de pareja.
  • Tienen una fuerte motivación por crecer académica y profesionalmente, sintiéndose realizados cuantos más logros alcancen, en este sentido.
  • Sus conductas de ocio se encaminan a viajar, salir a comer/cenar sin importar demasiado cuanto gastan, ir al cine, teatro.
  • Desean mantener una vida económica media-alta, pero no son del tipo ahorrador, prefieren el gasto al ahorro compulsivo.
  • No se sienten realizados personalmente con la maternidad/paternidad.

En definitiva, hoy podemos decir que hay otros modelos de pareja y que ninguno en si mismo tiene que ser el ideal, cada cual debe pensar en que desea para su futuro y escoger una pareja que se asemeje en este tipo de cuestiones.

La idea importante que subyace a lo comentado en este artículo, es la diversidad. El modelo de sociedad que en antaño se estilaba, se nutria de la necesidad obligada de la homogenización, todos iguales para no crear confusión social. Ese formato filosófico/político/religioso ha pasado a mejor vida. La tolerancia, el respeto y el entendimiento de la diversidad, son plenamente necesarios en una sociedad que se precie de  moderna y libre. No hay una manera concreta para vivir una vida satisfactoria, cada uno ha de ir buscando su camino y encontrando sus preferencias, ningún formato nos da el convencimiento absoluto de que ese es el único camino correcto.

jueves, 25 de junio de 2015

Artículos para la revista digital TERCER CHECK, sobre sexualidad y pareja.

Ya podéis disfrutar de la recopilación de los 9 DELIRIOS, escritos para la revista digital Tercer Check. Pincha el enlace y accede de manera gratuita.



DELIRIOS Y LOCURA

DELIRIOS Y LOCURA

Delirios y otros problemas

Bienllegados a la pagina donde todos vuestros delirios serán recompensados con miradas de incomprensión y rechazo amable.
Nos movemos incesantemente por sendas incautas, ataques de locura anonimos y vulgaridades encendidas por el alcohol de cualquier cantina.
No vengo a vender nada de valor ni a regalar una sonrisa verdadera, vengo para quedarme sentado mientras tu disfrutas de la ignorancia de los demás.
Vengo para quedarme sentado entre tus historias de a media tarde, para escucharlas, leerlas y enmudecer al ver que todos somos tan parecidos, tan complejamente simples.....
Me siento y te escucho. Sientate y escuchate. Sentemonos a escucharnos.Escuchame si puedes.